Muchas veces no decimos lo que sentimos, lo que quedó por decir o lo que admiramos o reconocemos de alguien. Una vez tuve la oportunidad de expresarle a alguien lo mucho que la admiraba; aunque él no me recordara del todo, tuve la valentía de decírselo. Al escucharme y ver su cara con tanta emoción y su sonrisa de oreja a oreja no tenía precio. Allí entendí que el silencio vive en la eternidad, en el “quizás”o en el que “hubiera pasado”. Di lo que sientes, expresa lo que piensas, atiende tus dudas y resuelve lo pendiente. No dejes que el silencio se adueñe de tus adentros.
Misteriosa como el mar.












