Jack el Destripador
Así como hay costumbre de abreviar por whatsapp (xq es + rápido y fácil), también reina la costumbre de abreviar a las personas. Simplificarlas. Reducirlas a una o dos letras. Estereotiparlas. Ahorrarse el significado de la palabra “pensar”, si es que todavía saben lo que eso significa. Es más sencillo tomar las únicas tres o cuatro cosas que conocen del otro y con eso ir al fichero de personalidades prefabricadas y pum: juicio sintético. Ya lo saben todo sobre vos. De pies a cabeza. Brillante. Filósofos contemporáneos. Luminarias de nuestro tiempo. Herederos de Jack el Destripador, solo que esta vez, como todo es más virtual, se limitan a descuartizar nuestra alma y quedarse apenas con lo que les conviene. Me refiero a la conveniencia de opinar sobre titulares, para luego descansar en paz (como muertos que son esos jueces), convencidos de que lo saben todo del mundo, de que no hay nada que escape a su índice de personas. Malleus Maleficarum. Cualquier dato sobre nosotros que los refute, que nos declare inocentes a su juicio sintético, es negado, despreciado, minimizado. Se nos acusa de desacato contra la autoridad de su dedo que lo señala todo con total omnipotencia. Pretenden vestir sus mejores ropas: la impunidad. No sea cosa que tengan que aceptar que se equivocaron, en su mundo perfecto ellos también son perfectos y como consecuencia de eso, jamás se equivocan y quien afirme lo contrario será condenado a cadena perpetua o algo peor. Su absolutismo los encamina, sin saber que descaminan.
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