Aun con las constantes divagaciones referentes a lo efímero del tiempo, sigo sorprendiéndome al encontrarme en los estados de lucidez que caen en mi cuando el tacto de la temporalidad se torna áspero y genera fricción en la consciencia. Lento pero continuo, la percepción del tiempo hace presencia y causa una implosión caótica mental, ineludiblemente se cae en un abismo de realidad, en donde los relojes escurren como densos fluidos y donde el presente ya escurrió como pasado, donde ese pasado es tan solo empujado y sometido a una temporalidad lejana y el futuro se torna como una vision abstracta. Allí, justo en el ensimismamiento de la divagación, renace como un ave fénix la esperanza ilusoria de un cambio, de un genesis de consciencia que exalta la vida, que concede un bosquejo de un propósito de la existencia, pero, así como llega, se va y justo al despertar recae en cenizas ofuscándose en opio de la rutina una vez mas.