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su cuerpo intenta liberar estrés por todas las formas posibles, siente los músculos tensos, contraídos todos a la vez, haciendo que el respirar sea difícil para él, que instintivamente lucha más por deshacerse del dolor que lo recorre de pies a cabeza que por encontrarle algún sentido a todo aquello. cuando la tortura cesa, su pecho delata la respiración alterada mediante la que todo su sistema pretende recuperarse; entreabre sus párpados, hasta entonces firmemente cerrados por el dolor que lo ha recorrido de pies a cabeza, tiene los ojos cubiertos por lágrimas que le nublan la vista y le impiden ver, con claridad, las facciones de aquel rostro que vuelve a aparecer frente a él ( y que está seguro, también, permanecerá grabado en sus retinas, atado al recuerdo de aquella ridícula secuencia que puede imaginar una y otra vez repitiéndose en sus pesadillas ). su mirada se clava en el vacío que hay en los ojos de su atacante, y en contra de toda lógica cree reconocer esa mirada, el significado que hay detrás de ella, lo perdido que debe estar en su locura, y aquello sirve de recordatorio para que sepa lo perdido que acabará él, también, si lo escucha. ‘ cállate ’ quiere gritarlo, pero no tiene fuerzas, y en cambio su voz abandona su cuerpo en el sonido más plano y falto de emoción que alguna vez se haya podido oír en él. si el dolor que ha recorrido su cuerpo ha sido difícil de tolerar, el que las palabras contrarias se incrusten en el centro de su pecho como una daga es la peor tortura que ha tenido que soportar, porque para alguien con tanto temor a la simple idea de causar daño a los demás, el pensar que podría dañar a las personas que más amó en su vida lo desgarra por dentro, y sabe que está cayendo en su juego, sabe que ante palabras como aquellas se aferrará a su vida sin importar qué, y hará más atractiva para el contrario la idea de arrebatársela; pero tiene todas las de perder. y tal vez un poquito de su cordura ya se perdió, porque al escucharlo decir que pretende usarlo para transmitir un mensaje, suelta una risa seca, que sólo se interrumpe cuando aquel dolor insoportable en su mano le roba uno más de aquellos alaridos que han desgarrado su garganta. todo su cuerpo se tensa de nuevo, como si los umbrales del dolor se encontraran por mucho más sensibles de lo normal, y pudiera sentir los efectos de la maldición cruciatus recorriéndolo de pies a cabeza por un instante más. encorva su figura, acabando en posición fetal, y con el puño de su mano sana cerrándose hasta que sus propias uñas se clavan en su palma, propina un golpe con todas sus fuerzas contra el suelo. cuando recupera un poco de su aliento, agitado, ahogado por el dolor que hace rodar aquellas lágrimas, finalmente, por sus mejillas, se las arregla para volver a hablar. ‘ ¿y crees que funcionará? sería… gracioso… ’ habla pausado, con pocas fuerzas. ‘ …si hago todo lo que dices, y al final, fallas igual ’ no duda que existan aquellos que se espanten con su amenaza; pero puede jurar que serán más aquellos que se enfurecerán. ‘ muy bien ’ dice, al final. ‘ tu mensaje les llegará ’
La maldición comenzó a bajar, revelando la verdad escondida detrás de la identidad falsa. Poco a poco un nuevo rostro comenzó a verse detrás de la farsa, mostrando así al dueño del envase. / INTERVENCIÓN.
el sonido de sus carcajadas se mezclan con los gritos de la niña, cántico fúnebre que sirve como advertencia de un augurio cercano. la cadena de infortunios se desata cuando observa al menor en el suelo, mas no es suficiente para siwoo. el deseo de verle sufrir hasta desquebrajarse y cruzar el puente que lo mantiene cuerdo se presenta como núcleo de pensamientos, observándolo desde las alturas con una ancha sonrisa decorando labios. y si ríe es porque disfruta, de forma primitiva y obligada, de lo que frente a él se presenta; casi puede observar al cuerpo que lo contiene desde un tercer plano, sintiéndolo como un extraño sueño cargado de confusión. cuando la cortina de humo comienza a disipar y la claridad busca entrada en su cabeza, retrocede un paso y lleva una mano a su cabeza, cerrando los ojos con fuerza al no reconocer lo que sucede. sus pensamientos dejan de sonar como propios y su cuerpo se siente atado a cables invisibles, siendo una simple marioneta que lucha por liberarse de un agarre en su cuello que se presiona. ‘ no. ’ dice al aire, pues no se refiere al hangil en el suelo. tampoco escucha lo que le dice, ni presta atención a las palabras que pronto se convierten en susurros molestos que se unen a manchas negras nublándole la vista. cuando su voz comienza a distorsionarse, su propio rostro hace lo mismo. inicia como un cambio tenue y apenas visible, modificándose su cuerpo cuando el mareo toma posesión de anatomía. tiene que sujetarse del filo de una mesa para controlar las oleadas de confusión que lo atacan, mordiendo su lengua al sentir la viscosidad ácida reptar por su garganta. ‘ ¿qué está pasando? ’ pregunta, de nuevo al aire, y toda la furia que mantiene escondida en su pecho despierta junto a la bestia que llama temor. se propaga por su cuerpo un sentimiento de desolación tan enorme que no consigue dar crédito a la escena frente a él, ni a las manos ahora manchadas de tinta invisible que llevan consigo pecados de los que no fue partícipe. de nuevo retrocede y su espalda choca con un librero, dejando caer un par de libros al suelo creando un sonido seco que se une a su agitada respiración. lucha, mentalmente, por ganar la batalla contra lo que lo mantiene poseído y deja escapar un jadeo que le abre la garganta en dos. el fin, sin embargo, aparece frente a él cuando consigue observar su reflejo en un ventanal cercano, rostro siendo el de un desconocido. parpadea. no consigue borrar la imagen, hasta que poco a poco un borrón de facciones trae a él un par de cabellos azulados y la mirada de un monstruo observándolo desde el otro lado. entonces el pánico se adueña de su cuerpo y camina lejos de la escena, llevándose consigo la sensación de desconcierto y asfixia. huye sin mirar atrás, confundido y aterrado, mientras su rostro revela la verdad escondida detrás de una identidad arrebatada —— no; forzada en él. se apresura por pasillos, dobla en esquinas e ignora la imagen que observa de reojo frente a los espejos. porque, en el fondo, se niega a creer que ha sido él, sangje, causante de todo aquello.


















