Hoy te volví llorar,
yo que empezaba a creer que ya no dolías,
que podía hablar de vos
sin que tu nombre se me anude en la garganta y me deje muda.
Me di cuenta que hay heridas que no sanan,
que no cicatrizan.
Que hay vacíos tan profundos
que ni con una vida entera de felicidad vamos a poder tapar.
Que el tiempo no cura una mierda sino que intensifica esas ganas de volver a escuchar tu voz.
Y me duele,
me duele un montón porque ya ni siquiera sé si eso que suena en mi cabeza es como sonaba tu voz,
si ese verde que recuerdo es el verde que tenían tus ojos,
si esas palabras que recuerdo
son las que alguna vez salieron de tus labios,
si esos recuerdos que tengo no me los armo sola para no dejarte ir;
y es que en este momento
de lo único que estoy segura
es de eso: que yo jamás
te voy a (querer)
dejar ir
.





















