Alguna vez, Cerati dijo:
"No es soberbia, es amor. Poder decir adiós, es crecer."
Y tenía mucha razón.
No es orgullo, es dignidad.
No es egoísmo, es amor propio.
Porque aferrarte a lo que te rompe no es valentía, es miedo a soltar lo que ya no te pertenece.
Poder decir adiós no es perder,
es salvarte.
Es entender que algunos amores pesan más de lo que suman,
que hay historias que deben cerrarse con punto final,
y que marcharte también es una forma de amor.
Porque a veces, la lección más difícil de aprender
es que la mayor prueba de amor…
no es quedarse,
es saber irse sin volver la vista atrás.
















