demon days

Origami Around
taylor price

tannertan36

Janaina Medeiros
Acquired Stardust
Misplaced Lens Cap
AnasAbdin
art blog(derogatory)

@theartofmadeline
Stranger Things
Sweet Seals For You, Always
NASA
Sade Olutola

Game of Thrones Daily
Today's Document

★

blake kathryn
PUT YOUR BEARD IN MY MOUTH
Not today Justin
seen from Türkiye

seen from Türkiye
seen from United States
seen from United States
seen from Albania

seen from Malaysia

seen from Malaysia

seen from United States
seen from United States
seen from United States
seen from Malaysia
seen from United States
seen from United States

seen from United States

seen from Brazil

seen from Brazil

seen from Türkiye
seen from United States

seen from Malaysia

seen from Brazil
@stu-pot
demon days

Anya is live and ready to show you everything. Watch her strip, dance, and perform exclusive shows just for you. Interact in real-time and make your fantasies come true.
Free to watch • No registration required • HD streaming
Hello Tumblr.
sibling shenanigans
who’s ready for spooky season 👻
PB 2Ds

Anya is live and ready to show you everything. Watch her strip, dance, and perform exclusive shows just for you. Interact in real-time and make your fantasies come true.
Free to watch • No registration required • HD streaming
Arepo, su templo, y su sacerdotisa.
Este cuento corto en tres partes tiene su origen en el blog writing-prompt-s («sugerencias de escritura») en Tumblr. En este lugar cualquier usuario puede escribir la continuación de un cuento corto (u otro tipo de texto) a partir de una de las sugerencias que se publican a diario.
La historia de Arepo se volvió viral casi inmediatamente después de su publicación en enero de 2018, y ha estado circulando por redes sociales desde entonces.
Yo he compartido esta historia a menudo con mis amistades angloparlantes, y la he descrito con todo detalle a mis allegados que no leen inglés. Por fin he decidido poner manos a la obra y traducirlo para que todos puedan disfrutar de esta pequenna obra de arte.
Notas del traductor: He obtenido permiso explÃcito de todos los autores originales que han contribuido a este cuento. Menciono a cada uno de los autores al inicio de su correspondiente parte. Para realizar la traducción de este texto he utilizado un motor de traducción automática, cuyo resultado he revisado personalmente para asegurar la consistencia y calidad.
Sugerencia inicial en [writing-prompt-s]
Los templos se construyen para los dioses. Sabiendo esto, un granjero construye un pequeño templo para ver qué clase de dios aparece.
Primera parte, por [sadoeuphemist]
Arepo construyó un templo en su campo, algo humilde, algunas piedras amontonadas para formar un mojón, y dos dÃas después se mudó un dios.
«Espero que seas un dios de la cosecha», dijo Arepo, erigió un altar y quemó dos tallos de trigo. «SerÃa bueno. ¿Sabes?» Miró la ceniza esparcida sobre la piedra, las rocas todas torcidas, tosió y se rascó la cabeza. «Sé que no es mucho», dijo, con el sombrero de paja en las manos. «Pero… haré lo que pueda. SerÃa bueno pensar que hay un dios cuidándome».
Al dÃa siguiente dejó un par de higos, y al siguiente pasó diez minutos de su mañana sentado junto al templo en oración. Al tercer dÃa, el dios habló.
«DeberÃas ir a un templo en la ciudad», dijo el dios. Su voz era como el susurro del trigo, como los chillidos de los ratones de campo corriendo por la hierba. «Un verdadero templo. Uno bueno. Consigue que algunos dioses reales te bendigan. Yo no soy nadie, pero tal vez pueda interceder a tu favor.» Arrancó una hoja de un árbol y suspiró. «Quiero decir, no quiero ser grosero. Me gusta este templo. Es lo suficientemente acogedor. La adoración ha sido agradable. Pero honestamente no puedes creer que todo esto vaya a traerte ningún beneficio.»
«Esto es más de lo que esperaba cuando lo construû, dijo Arepo, dejando su guadaña y agachándose. «Pero dime, ¿Qué clase de dios eres?»
«Soy de las hojas caÃdas», decÃa. «De los gusanos que se revuelven bajo la tierra. Del lÃmite entre bosque y el campo. Del primer indicio de escarcha antes de que caiga la primera nevada. De la piel de una manzana que cede ante tus dientes. Soy un dios de una docena de naderÃas diferentes, restos que destinados a pudrirse, vislumbres momentáneos. Un cambio en el aire y ya ha desaparecido.»
El dios lanzó otro suspiro. «No tiene sentido adorar nada de eso, no como la Guerra, o la Cosecha, o la Tormenta. Guarda tus oraciones para las cosas que escapan a tu control, buen granjero. Eres tan pequeño en el mundo. Tan vulnerable. Va a ser mejor que reces a algo más grande que yo».
Arepo arrancó un tallo de trigo y lo aplastó entre los dientes. «Me gusta mucho este tipo de adoración», dijo. «Asà que si no te importa, creo que continuaré.»
«Haz lo que quieras», dijo el dios, y se retiró más profundamente entre las piedras. «Pero nunca digas que no te advertà lo contrario.»
Arepo decÃa una oración antes del trabajo de la mañana, y él y el dios contemplaban los árboles en silencio. Asà pasaron los dÃas, y las semanas, y luego llegó la Tormenta, negra, audaz y fanfarrona. Inundó los campos de Arepo, sacudió las tejas de su techo, golpeó su olivo y lo redujo a cenizas. Al dÃa siguiente, Arepo y sus hijos caminaron entre el trigo, rescatando lo que podÃan. El pequeño templo habÃa sido esparcido por el campo, asà que cuando terminó el trabajo del dÃa, Arepo juntó las piedras y las volvió a montar.###
«Trabajo inútil», susurró el dios, pero de todos modos regresó sigilosamente al interior del templo. «No habÃa nada que pudiera hacer para evitar esto».
«Estaremos bien», dijo Arepo. «La tormenta ha pasado. Reconstruiremos. No tengo mucha ofrenda para hoy», dijo, y dejó algo de trigo estropeado, «pero creo que mañana apuntalaré estos cimientos, ¿qué te parece?»
El dios remoloneó en el templo y suspiró.
Pasó un año y luego otro. El templo tenÃa paredes de mamposterÃa y un techo de ramitas tejidas. Los vecinos de Arepo se reÃan entre dientes al pasar. Algunos de sus hijos dejaban frutas y flores. Entonces la Cosecha fracasó y los dioses retiraron su generosidad. En el campo de Arepo el trigo brotó fino y quebradizo. La gente lloraba y rasgaban sus túnicas, sacrificaban corderos y derramaban su sangre, miraban al suelo con ojos atormentados y se acostaban hambrientos. Arepo vino y se sentó junto al templo, las flores ahora marchitas, los frutos arrugados, las costillas de Arepo se veÃan debajo de la piel, sus manos todavÃa temblando, y murmuró una oración.
«Aquà no hay nada para ti», dijo el dios, escondido en la oscuridad. «No hay nada que yo pueda hacer. No hay nada que hacer». Se estremeció y escupió sus palabras. «¿Qué es este templo sino otra carga para ti?»
«Nosotros…» dijo Arepo, y su voz tembló. «Asà que es un año difÃcil» dijo. «Hemos pasado por esto antes, lo superaremos de nuevo. Pasaremos hambre», dijo. «TodavÃa nos tenemos el uno al otro, ¿no? Y mucha gente rezaba a otros dioses, pero eso no los protegÃa de esto. No», dijo, sacudió la cabeza y dejó algunas hierbas marchitas en el altar. «No, creo que me gusta nuestro arreglo».
«Vendrán cosas peores», dijo el dios desde entre los huecos de las piedras. «Y no habrá nada que pueda hacer para salvarte.»
Pasaron los años. Arepo apoyaba una mano arrugada sobre el templo de piedra y algunos dÃas pasaba allà una hora, perdido en la contemplación con el dios.
Y un dÃa fatÃdico, desde el otro lado de los mares oscuros como el vino, llegó la Guerra.
Arepo llegó tambaleándose a su templo, con una mano presionando el estómago, ungiendo el lugar sagrado con su sangre. Detrás de él ardÃan sus campos de trigo y los huesos ardÃan negros en ellos. Llegó arrastrándose de rodillas a un templo de piedra labrada, y el dios salió corriendo a su encuentro.
«No pude salvarlos», dijo el dios, su voz era un gemido bajo. «Lo siento. Lo siento. Lo siento mucho.» Las hojas caÃan quemadas de los árboles, una suave y lenta lluvia de cenizas. «¡No he hecho nada! ¡Todos estos años y no he hecho nada por ti!»
«Silencio», dijo Arepo, saboreando su propia sangre y con la visión borrosa. Se apoyó contra el templo, con la frente apoyada en la piedra en oración. «Dime» murmuró. «Dime de nuevo. ¿Qué clase de dios eres?»
«Yo…» dijo el dios, y extendió la mano, acunando la cabeza de Arepo, cerró los ojos y habló.
«Soy de las hojas caÃdas», decÃa, y evocaba la imagen de ellas. «Los gusanos que se revuelven bajo la tierra. El lÃmite del bosque y del campo. El primer indicio de escarcha antes de que caiga la primera nevada. La piel de una manzana que cede bajo tus dientes». Los labios de Arepo se abrieron en una sonrisa. «Soy el dios de una docena de nadas diferentes» decÃa. «Los pétalos en flor que llevan a pudrirse, los vislumbres momentáneos. Un cambio en el aire…» Se le quebró la voz y lloró. «Antes de que desaparezca».
«Hermoso», dijo Arepo, su sangre manchando las piedras y filtrándose en la tierra. «Todos ellos. Todos eran tan hermosos».
Y mientras los campos ardÃan y el humo tapaba el sol, mientras los hombres eran pisoteados y la guerra sangrienta rugÃa, mientras los cielos desataban su ira sobre la tierra, Arepo el sembrador yacÃa en su humilde templo, con la cabeza protegida. por las piedras, y regresó a casa con su dios.
Segunda parte, por [ciiriianan].
Sora encontró el templo con los huesos dentro y el techo caÃdo sobre ellos.
«Oh, pobre Dios», dijo, «sin nadie que entierre a tu último sacerdote». Luego hizo una pausa, porque venÃa de muy lejos. «¿O es asà como se honra aquà a los muertos?» El dios salió de su contemplación.
«Se llamaba Arepo», decÃa, «era sembrador».
Sora se sobresaltó un poco, porque nunca antes habÃa escuchado la voz de un dios. «¿Cómo puedo honrarlo?» Ella preguntó.
«Entiérralo», dijo el dios, «debajo de mi altar». «Está bien» dijo Sora, y fue a buscar su pala.
«Espera», dijo el dios cuando regresó y comenzó a recoger los huesos de entre las ramitas rotas y las hojas caÃdas. Los colocó sobre un rollo de lana sin teñir, la única tela que tenÃa. «Espera», dijo el dios, «no puedo hacer nada por ti. No soy un dios de nada útil».
Sora se sentó sobre sus talones y miró al altar para escuchar al dios.
«Cuando vino la tormenta y destruyó su trigo, no pude salvarlo», dijo el dios, «Cuando falló la cosecha y él tuvo hambre, no pude alimentarlo. Cuando llegó la guerra», la voz del dios vaciló. «Cuando llegó la guerra, no pude protegerlo. Vino sangrando de la batalla para morir en mis brazos». Sora volvió a mirar los huesos.
«Creo que eres el dios de algo muy útil», dijo.
«¿Qué?» preguntó el dios.
Sora levantó con cuidado el cráneo sobre la tela. «Tú eres el dios de Arepo».
Tercera parte, por [stu-pot]
Pasaron generaciones. El pueblo se recuperó de sus tragedias: casas reconstruidas, jardines replantados, heridas curadas. El anciano que una vez vivió en la colina y hablaba con piedra y escombros hacÃa tiempo que habÃa sido olvidado, pero el templo estaba a su nombre. La mayorÃa creÃa que estaba vacÃa, ya que el dios que residÃa allà hacÃa mucho tiempo se habÃa quedado en silencio. Sin embargo, cualquiera que pasara por el santuario en ruinas sentÃa un dolor en el corazón, como si estuviera de luto por un amigo perdido. El frÃo que se filtraba desde la entrada del templo los desanimó y ahuyentó a cualquier visitante potencial, salvo los raros y especialmente inconscientes niños que dejaban pequeños racimos de flores rosadas y blancas que recogÃan del prado circundante.
El dios estaba sentado en su apacible hogar, contemplando la carretera distante, los peatones, los caballos de carga y los carruajes, mientras llovÃan hojas que se arremolinaban alrededor de pies bulliciosos. ¿Cuánto tiempo habÃa pasado? El mundo habÃa progresado sin él, porque sabÃa que no habÃa ayuda que brindar. El mundo debe ser un lugar cruel, que incluso los dioses útiles han abandonado, si las granjas pueden inundarse, las cosechas pueden resultar estériles y las casas pueden arder, pensó.
HabÃa llegado a comprender que los humanos son criaturas sin sentido, que rezarÃan a un dios que no puede concederles deseos ni bendecirles la buena suerte. ¿Quién mantendrÃa un templo y traerÃa ofrendas sin nada a cambio? ¿Quién compartirÃa su compañÃa y meditarÃa con una deidad tan infructuosa? ¿Quién enterrarÃa a un extraño sin esperanza de obtener ganancias? Qué bondad tan extraña e inútil habÃan desperdiciado con él. Qué criaturas tan maravillosas, tontas, virtuosas y desesperadas eran los humanos.
Asà que pintó el atardecer con hojas amarillas, atrajo a los gusanos a bailar en su suelo, floreció el lÃmite entre el bosque y el campo con flores y bayas, bautizó el aire con un frÃo cortante antes de que llegara el invierno, maduró las manzanas con pecas rojas y crujientes para romper bajo los dientes hundidos, y una docena de otras naderÃas, en memoria del hombre que una vez alabó la obra del dios en su último aliento.
«Hola, Dios de cada humilde belleza del mundo», llamó una voz familiar.
Las esquinas entrecerradas de los ojos del dios lloraron sobre sus labios curvados. «Arepo» susurró, porque su voz estaba ronca por su mutismo de cien años.
«Soy el dios de la devoción, de las pequeñas bondades, de los vÃnculos inquebrantables. Soy el dios del amor desinteresado e incondicional, de las amistades eternas y de la confianza», confesó Arepo, tranquilizando al otro con cada palabra.
«Eso es maravilloso, Arepo», respondió entre lágrimas, «Estoy tan feliz por ti; una figura tan poderosa seguramente necesitará un gran templo. ¿Irás a la ciudad para reunir más fieles? Serás adorado por todos».
«No», sonrió Arepo.
«Más allá de eso, ¿a la capital, entonces? Gracias por visitarme antes de tu partida».
«No, yo tampoco iré allû, Arepo sacudió la cabeza y se rió entre dientes.
«¿Más lejos aún? Qué objetivos tan ambiciosos debes tener. Sin embargo, no tengo ninguna duda de que tendrás éxito», continuó el dios mayor.
«En realidad», interrumpió Arepo, «me gustarÃa quedarme aquÃ, si me permites».
El otro dios se quedó sin palabras. «…. ¿Por qué querrÃas vivir aquÃ?»
«Soy el dios de los vÃnculos inquebrantables y de las amistades eternas. Y tú eres el dios de Arepo».
♪
Adore G-Sides and Noodle's design. OMG she's so cute!! If you haven't listened to this album yet, I highly recommend to do it!
And there's a special edition for those of you who hate guitairs ahaha (also I can't decide which one is better)
shoutout to the first fictional man that made me so so so fucking unwell

Anya is live and ready to show you everything. Watch her strip, dance, and perform exclusive shows just for you. Interact in real-time and make your fantasies come true.
Free to watch • No registration required • HD streaming
uhh redraw of that one scott pilgrim panel but with 2-D and Ace I guess
and when the mc rhyme and the dj spin I want y'all to just get downnnn
various cyborg noodles
summer don't know me no more
Stu doodle strikes again.

Anya is live and ready to show you everything. Watch her strip, dance, and perform exclusive shows just for you. Interact in real-time and make your fantasies come true.
Free to watch • No registration required • HD streaming
Noods
this guy