Aún podía degustar el sabor de la mantequilla de los hotcakes que formaron parte del almuerzo de ese día. Pippo sabía que eran los favoritos de muchos, incluyéndola a ella y le gustaba prepararlos para su degustación. Cuando Nix llegó al circo no había probado una comida decente en mucho tiempo, y el estruendoso payaso la había recibido con una orden de hotcakes, desde ese momento se habían vuelto su almuerzo favorito.
Ahora sentía el estómago revuelto, nuevamente se sentía expuesta, como esos días en las calles donde tenía que huir para sobrevivir. ¿Era este el final de su lugar seguro? ¿Tenía que huir nuevamente? Y Pippo… no era momento para pensar en eso. Tal vez en el refugio de su camerino podría pensar al respecto.
— ¿Y esa es la versión que también nos van a vender o nosotros sí podremos saber la verdad? — dijo sin dirigirse nadie en particular mientras buscaba entre la multitud a madame Minou.














