Fiel amiga
Te conozco. Me suena el delineado de tu perfil recortado contra la ventana. Reconozco el deslizar de tus dedos por el cristal, y la carencia arrítmica de tu respiración.
Te he estado echando en falta. O quizás era de más. Ni yo misma me aclaro. Pero siempre es agradable ver qué los hábitos antiguos no mueren, y que encontramos consuelo la una en los suspiros de la otra.
No tengo nada que decirte, porque no son palabras lo que nos une. Tiro de ese suave hilo lila que ata tu dedo meñique con mi cuello y, como siempre, me arrimo a tu impertérrita presencia. Siento el familiar sabor a cobre en la boca. Presiento el hormigueo que precede a la punta de la navaja.
Me siento a tu lado, en el alféizar del balcón de lo que una vez fue mi casa. Tu aliento flota dejando anillos de humo a su paso. Anillos como los que guardo en aquella caja olvidada en el fondo del armario, esperando que el tiempo emborrone las iniciales.
Tus uñas serpentean por mis hombros, por mis clavículas, por mis brazos, dejando senderos de furiosos arañazos de lágrimas no derramadas. Tienes la misma sonrisa en los labios. Esa misma que me recuerda que llevas toda la vida diciéndome que siempre vamos a tenernos la una a la otra.
Eres bella, pero cruel, amiga Soledad. Siento cómo el paso del tiempo me va anclando en aquellos pensamientos que llevan tu sello de identidad. Antes me daba miedo. Luego me dieron tristeza. Ahora me dan compañía. Es un lujo tener una amistad tan fiel como la nuestra.
Aprietas el puño, y se me encoje el corazón. Sueltas una carcajada, y se esconde mi alma tras varias capas de piel, músculo y hueso. Mueves las manos al ritmo de una melodía tensa y nostálgica, y con cada movimiento, se va cerrando aún más la soga.
Toca nuestra canción, que quizás así termine antes todo esto.
Solamenteelena
















