—…sin ningún resultado. Paralelamente, esta mañana la vocera de los Laboratorios Nascience sostuvo que las piezas robadas carecen de valor; se trata de un simple prototipo discontinuado que formaba parte de un experimento genético. Pasamos ahora al ámbito deportivo de la mano de Patricio Gómez Picardi.
—Gracias, Claudia. Tengo que decirte que este fue un fin de semana muy caliente en el mundo del fútbol porque por fin llegó el día: el gran Lionel Messi alcanzó los quince millones de goles. Fue en el partido que jugó este domingo contra el Club Unión Sur. A esto se refirieron numerosas celebridades, como el popular Imaneo Felino, que publicó en su cuenta de Tw…
Apagó el televisor y arrojó el control remoto tan lejos como pudo. No hizo ruido, así que seguro había caído sobre la alfombra. Miró su reloj y suspiró: todavía no tenía que vestirse. Contempló la lámpara del techo unos minutos hasta que sonó el timbre. Antes de levantarse a abrir, se limpió las migas que tenía en la barba.
—¡Lio, querido! —habló el visitante no bien vio abierta la puerta.
—Te traje buenas noticias. ¿Puedo pasar? —preguntó y pasó—. Vestite, Lionel, das pena en calzoncillos. ¿No está tu mujer?
—Bueno, después le contamos.
El representante sacó de su maletín un libro (más de 400 páginas) y lo ofreció a su interlocutor. La portada consistía únicamente en una foto en primer plano del futbolista y la inscripción “Quince millones de sonrisas” en brillantes y enormes letras blancas.
—¿Qué es esto? ¿Mi autobiografía?
—“Autobiografía” sería si la hubieras escrito vos, Lionel. Esto es tu biografía, la hizo un periodista que se quedó sin trabajo hace poco así que nos cobró muy barato.
—Qué bien —balbuceó sin que su rostro sufriera más alteraciones que las necesarias. El representante bufó y se levantó del sillón súbitamente.
—Mirá, Lionel, yo soporto que te deprimas cualquier día, nunca te dije nada. Pero ahora es distinto, después del partido del domingo nos van a llover las ofertas, las publicidades, los tuits. Así que vestite, cambiá la cara o tomate un antidepresivo y salí de tu casa porque las entrevistas no se van a responder solas. Te veo en un rato.
Cinco horas después, Lionel Messi se fotografiaba junto a Amalia Gallardo, una trabajadora de la prensa deportiva que acababa de entrevistarlo en la redacción de un canal de noticias. Antes de poder salir de ahí, tuvo que firmar algunos autógrafos a los niños, niñas y personas no tan jóvenes que se habían acercado para tener contacto con él. Mientras lo hacía, la mirada se le posó en uno de los tantos televisores encendidos que el canal tenía como decoración. En aquel se reproducía un combate entre un Gliscor y otro ser alado cuyo nombre Lionel no recordó. Inmerso en la batalla, sonrió por primera vez en el día. Su mano izquierda, mientras tanto, escribía “Con cariño, Lio” en un papelito.
Momentos más tarde, regresó a su hogar. Su mujer todavía no había vuelto y el silencio reinaba en el ambiente. Decidido, buscó el teléfono y marcó un número.
—¡Lio, querido! Vi lo de los quince millones de goles, ¿cómo estás?
—Bien, mamá, no te llamo por eso. ¿Vos te acordás del hombre que contrataste cuando creíste que papá te engañaba?
—Ay, hijo, dijimos que no íbamos a hablar más de eso…
—S… sí… en algún lado lo debo tener, ¿pasó algo?
—No estarás ayudando otra vez a ese Ronaldo, ¿no?
—Bueno, esperame un ratito que te busco el número. Eso sí, te tengo que decir que… la persona que contraté no es precisamente… una persona…
Esa misma noche, Lionel llegó sin custodios ni choferes al punto de encuentro pactado. Según sabía, el agente era capaz de resolver cualquier problema. Cuando lo vio, se sintió un poco intimidado, pero de igual forma logró poner en palabras su problema:
—Yo… no suelo… No suelo hacer estas cosas… eh… Yo… Quiero… Me aburro, mi casa… Quiero empezar a entrenar bichitos… quiero un desafío, algo en donde no todos me… griten y… quiero un Pokémon, pero… Bueno… ¿usted puede… eh… ayudar?