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LA GENTE AVANZA Y TE DEJA ATRÁS
La clase comenzó como todos los días. El sol entraba por las ventanas, se oían murmullos, risas, lo normal en una clase de Merlí. Lo único que escapaba a lo cotidiano y común de la jornada escolar, era Pol.
Sentado en su banco, su cabeza estaba a gachas, sus dedos jugaban con una lapicera, y su mente no podía estar más alejada de la clase de Filosofía. Sus pensamientos estaban en Roma exactamente, y en aquel chico que había abandonado la ciudad para irse a vivir allí. Hacía una semana que Bruno se había marchado, y no sabía absolutamente nada de él. Cuando Merlí informó que su hijo se había ido, se escucharon algunos comentarios por lo bajo, pero nada que pudiera considerarse escandaloso o siquiera acercarse a un reclamo.
Pol no había estado durmiendo bien desde entonces. Había pasado los últimos días con Bruno sin siquiera sospechar que se iría, y sí, sabía que su mejor amigo había cambiado mucho ese último año, pero jamás pensó que de pronto tomaría una decisión tan drástica como irse a vivir a Roma, como si no estuviera dejando un año de Bachiller a medias, como si no estuviera dejando a su padre, como si no estuviera dejando amigos atrás… Como si no lo estuviera dejando a él atrás.
Pol siempre había sido una persona muy desconfiada y jamás se aferraba a nada. Tenía muy presente que nada era para siempre, la muerte de su madre había sido una buena lección. Pol era un chico desprendido, un chico imposible de cazar. Pero con el tiempo, casi sin saberlo, se fue aferrando a pequeñas detalles de su vida. No sabía si llamar a eso, o alguna de esas cosas: ‘amo’, pero le gustaba pensar que le hubiera agradado pasar más tiempo con Bruno. A veces, cuando en vacaciones se iba con su madre, lo extrañaba, pero jamás iba a decirlo. Tampoco iba a mencionar el hecho de que su relación con Bruno era y siempre sería muy distinta a la que tenía o llegaría a tener con sus otros amigos. Bruno tenía un toque especial, un toque atrapante y encantador, algo que lo hacía querer más de su compañía, de sus comentarios, de sus consejos, de su risa y sus bromas, y de su corazón. Bruno no era el chico más atractivo que había conocido, pero sí el único que lo atrajo de verdad.
Con el tiempo empezó a pensar que tal vez nunca se había sentido atraído por nadie: Berta había sido su novia un tiempo considerable, pero ahora que la veía, se sentía más feliz viéndola dibujando en su banco, que a su lado. Tal vez todo lo que había experimentado en su vida amorosa no había sido más que pura basura, miles de ensayos fallidos arrugados y arrojados al suelo con frustración. Quizás Bruno no había sido si quiera un intento, tal vez, Bruno había sido algo que vino de afuera, y no de dentro de sus desalineadas ideas que siempre terminaban en fracasos. Tal vez Bruno había sido la única persona que de verdad se le había acercado.
Sintió que le tocaban la espalda y giró extrañado creyendo que se trataba de una broma, pero cuando volteó a ver a Marc, este tenía la mirada en alto, hacía adelante, cuando Pol se dio vuelta siguiendo su mirada, vio que Merlí lo observaba con su tiza desgastada en la mano, su camisa azul oscura y los ojos preocupados.
“Pol, ¿cuál es la respuesta?” Preguntó serio.
En otro momento hubiera elaborado algún chiste para salvarse del momento, pero ahora no se le ocurría nada. Las pocas horas de sueño y el continuo pensar, lo tenían exhausto, no creyó poder producir una respuesta creativa.
“No estaba escuchando” dijo sinceramente.
Merlí se le quedó viendo, estaba esperando una especie de broma que lo culpara de su falta de concentración, pero ni eso.
“La respuesta es Sócrates” dijo Merlí mientras caminaba de vuelta a la pizarra, pensativo. Se oyó la queja de algunos alumnos, y otros simplemente volvieron la vista a Pol, que sorprendido por su impresionante distracción, tomó la lapicera con la que antes jugaba y comenzó a escribir lo que el profesor anotó en la pizarra.
Apenas escribió algunas palabras, miró a ambos lados y vio que Tania lo miraba preocupada, y algunos de sus otros amigos sentados cerca de él también lo hacían. A todos les dirigió una mirada de molestia. Lentamente, los emisores de tan intensas miradas, volvieron a sus respectivas hojas, y la clase continuó.
Ni bien tocó el timbre, Pol se levantó de su asiento y salió con su mochila al hombro. La mayoría de los que allí se encontraban lo miraron asombrados. Algunos de sus amigos esperaban al menos poder intercambiar algunas palabras con él, pero no iba a ser posible, porque Pol parecía estar escapándoles.
Días después, uno de los profesores lo detuvo para decirle que fuera al laboratorio, allí lo esperaba Merlí para una pequeña charla. Preocupado por lo que tuviera su profesor que contarle, y algo cansado las miradas sospechosas que le lanzaba en clase, y conociendo lo que a Merlí Bergeron le gustaba hablar y convencer, se dirigió arrastrando los pies, hasta la sala que le habían indicado.
Al llegar se lo encontró sentado en la mesa, con un lápiz en la mano y una carpeta desbordada de hojas. Parecía estar haciéndose el distraído, como si no lo hubiera visto, porque cuando levantó la vista, Pol supo que no había heredado nada de la abuela de Bruno.
“Pol” ese tono de sorpresa no fue creíble en ningún universo, Merlí sabía que vendría, no entendía por qué fingía extrañeza.
Pol señaló la carpeta con las hojas mientras se encaminaba a hacerle compañía.
“Sus exámenes” respondió. “¿Qué? Algún día los entregaré a tiempo, hoy no es ese día. Ya casi te pareces a Bruno”
Ese nombre le retumbó en la cabeza, le movió unas cuantas ideas de lugar, creyó que no se había notado, pero luego vio la cara divertida de Merlí, y supo que obviamente se había dado cuenta.
“¿Por qué me has citado aquí?” preguntó Pol para desviar un poco la atención de su reacción.
“¿Por qué crees que estás aquí?” le respondió. Odiaba que le hiciera esa especie de trampa.
“Mira, Merlí, si es porque el otro día no prestaba atención, déjame decirte que-“ Pol paró de hablar cuando vio que el profesor alzaba la mano en señal de alto.
“Tus compañeros están preocupados por ti, dicen que los evitas, que ya no les hablas, que estás desaparecido, ¿es así?”
Pol bajó la mirada, y luego la subió con una sonrisa.
“¿Están estudiando clases de teatro con Marc o qué? ¿Tanto drama solo porque he estado algo disperso estos días?” preguntó Pol riéndose.
Merlí extendió sus manos y no agregó nada más.
Pol lo observó unos segundos, y notó la naciente sonrisa sobre los labios de su profesor.
“Espera, ¿tú también crees lo mismo?” Merlí dejó salir su débil sonrisa, y Pol se rio sarcásticamente. “Solo están aburridos porque no hago más putas bromas, por-“
“Deja de hacer eso” lo interrumpió Merlí calmadamente.
“Deja de menospreciar el amor que te tienen tus compañeros” Pol se quejó mientras miraba para ambos lados queriendo escapar de la situación cuanto antes. No quería ser partícipe de la típica escena melosa y sentimental a la que siempre lo arrastraba Merlí. “Ellos se preocupan por ti, y lo sabes. Yo también te he notado raro. ¿Qué pasa?”
“Solo fue una puta pregunta que no respondí, ¿te vas a enojar tanto?” respondió Pol enojado.
“No estoy enojado” respondió el profesor. “Y si quieres hablar de la pregunta, adelante, ¿por qué no la respondiste?”
“Ya te lo dije, no estaba escuchando” respondió pesadamente.
“No he estado durmiendo bien y tenía sueño, eso es todo”
Merlí se acomodó en el asiento.
“Y ¿por qué no has dormido bien? ¿Problemas con el trabajo y tu padre, problemas con el dinero, Bruno?” a todas las opciones las había rechazado agitando la cabeza, pero a la última simplemente la ignoró.
Merlí suspiró con cansancio. “¿Qué hizo Bruno ahora?”
“No jodas, Merlí, ¿cómo va a ser Bruno?” respondió con un tono autoritario.
“¿Por qué estás tan a la defensiva si no es eso?” dijo el profesor con el mismo tono. Pol se quedó mirándolo. “¿Discutieron?” preguntó por último.
“No, Merlí, no, no hemos hablado desde que se fue a Roma, ¿cómo quieres que discutamos?” respondió Pol esta vez en un tono más alto y furioso.
Merlí lo observó recuperar la calma.
“Ni siquiera contesta mis llamadas” dijo apenado, bajando la mirada.
Merlí se mantuvo callado, una vez que Pol Rubio se abría a alguien había que dejar que dijera todo lo que pudiese, no pasaba muy seguido.
“Tampoco he hablado con Tania, ¡qué se joda!”
Pol dirigió sus ojos hacia sus manos y se quedó así en silencio.
“Mira, Pol, yo no sé por qué Bruno no te ha llamado, y conociéndolo puede haber sido por cualquier cosa” se quejó Merlí. “Pero, Pol, ustedes son amigos, llámalo, tal vez logres aflojarle la cabeza dura que tiene”.
“No me imagino de donde la habrá heredado” bromeó, a lo que Merlí reaccionó poniendo los ojos en blanco.
Cuando Merlí se levantó, Pol lo hizo también y juntó su mochila. Antes de que Rubio cruzara el umbral del aula, el profesor lo llamó.
“Pol,” introdujo. “llámalo, tú sabes que él quiere hablar contigo”.
Pol asintió y sin más se encaminó al pasillo para salir de la escuela.
A eso de las tres de la mañana, Pol aún seguía despierto, sentado en su cama, mirando hacia el frente y con la extrema necesidad de tomar el celular y llamarlo.
Estaba allí, sobre su mesa de luz. En un rápido movimiento lo tomó, encendió la pantalla y vio la hora y que solo tenía que desbloquearlo. Era tan fácil, Pol deseó que fuera más difícil así tendría una excusa para no tener que llamarle. Luego recordó que en una semana, Bruno no se había tomado la molestia de hacer esos tan sencillos pasos y comunicarse con él. Le dio rabia, y de un azote contra la madera, devolvió el teléfono a su sitio original. Se volteó enojado, y se acomodó para dormir, dándole la espalda a su mesa de luz.
Minutos después, su celular comenzó a sonar. Abrió los ojos de inmediato, se giró rápidamente y lo tomó. No se fijó siquiera quien era.
Pol se frotó los ojos tratando de orientarse, se había levantado muy bruscamente.
“Llamaba para preguntar cómo estabas. Hoy te fuiste apuradísimo y no me diste la oportunidad de hablarte”
“Tranquila que Merlí se encargó de hacerlo. No sé qué le están diciendo a Merlí, pero pueden parar”
“¿Yo escapándoles a ustedes? ¿Se escuchan siquiera cuando hablan? ¿Qué clase de ridiculez es esa? A mí me dejan bien tranquilo que yo no soy un niño para que me manden a hablar con el profesor”
“No eres un niño pero bien que actúas como tal cuando te conviene”
“Haz estado actuando raro toda la semana y como tus compañeros nos preocupamos y queremos saber qué pasa y si podemos ayudar”
“¡Ay, a mí no me vengan con sus arrebatos de buenos samaritanos! ¡Los conozco muy bien a todos y-“
“Pol, ¿te escuchas lo que dices? Todos en el curso te quieren y se preocupan por ti, creí que después de todo lo que ha pasado te había quedado claro”
“¿Qué ha pasado?” Insistió ella.
“No he dormido bien, Tania, eso es todo.”
Allí el mundo se le detuvo.
“¿Ah, sí? Y ¿qué dijo?” preguntó con ese aire de desinterés que solía aplicar a la mayoría de las situaciones.
“Dijo que está muy bien, que ya está instalado y en el instituto. Me dijo que los extraña mucho a todos y que les manda saludos”
“¿No dijo nada de mí?” preguntó Pol resignado.
“No específicamente, pero estoy segura de que te incluyó en ese “todos”, Pol, él es tu mejor-“
“No se ha molestado ni en contestar una puta llamada mía”
“Tal vez ha estado ocupado”
“Claro, sí, ¿follando con Nicola? Anda, sí. ¡Qué se joda!”
“¿Qué quieres, Tania? ¿Qué esperabas que hiciera después de que me dijeras esto? ¡Haz llamado para que te diga qué me pasa y te lo dije “no he dormido bien”, y no estás ayudando para nada llamando a las tres de la mañana!”
“A mí no me eches la bronca, ¡te he mandado como mil mensajes de WhatsApp y me has ignorado!” Pol cerró los ojos con cansancio.
“¿Cómo quieres que no te ignore si eres pesada a más no poder?, ¡joder!”
Del otro lado solo escuchó silencio. Suspiró.
“Disculpa, no es contigo, ¿vale?” le dijo apenado. “Ahora me gustaría dormir”
“Vale, adiós” respondió ella.
La noche transcurrió tranquila porque no estaba enojado o ansioso… estaba triste, y la tristeza es una emoción pacífica. Se sentía estúpido.
Recordó aquella vez cuando Bruno lo visitó en el trabajo, la primera vez que lo vio, ahí recostado en aquella pared, supo que no era el mismo que había sido el año pasado. Y tuvo miedo, tuvo miedo porque sintió que esta vez las cosas serían distintas. No esperó que así de distintas, pero lo que sí comprobó, es que este nuevo Bruno no pasaría desapercibido. Su mejor amigo tímido, inseguro, y quebrado parecía haberse esfumado con el último viento del año pasado, y este chico, este nuevo chico, había surgido del polvo y se había levantado con la fuerza que nunca creyó tener. Y Pol tuvo miedo, temió que dentro de toda la polvareda que levantara su caminar, estuviera él.
No era un adivino, y tampoco creía en esas cosas, pero digamos que parte de lo que su intuición le dijo, había sucedido.
Él solía ser a quien le gustaba jugar, y el viejo Bruno hubiera hecho cualquier cosa para ser al menos un juguete en su vida, mientras imaginaba que eso era amor. Ahora se sentía patético, ridículo, y solo, sobretodo eso. Y no le importaba que todo el mundo estuviera preguntando y preocupándose, únicamente él sabía todas las batallas que había peleado. Esto no era un simple mal de amor, Bruno había sido una oportunidad, la única que pudo ver a tiempo, y cuando quiso tomarla, Bruno le arrebató el tiempo.
Y por otro lado pensaba, ¿por qué Bruno lo hubiera elegido de todos modos? Había engañado a muchas chicas con ese cabello rubio y ese cuerpo trabajado, pero a Bruno no, él lo conocía mejor que eso.
Había pasado por demasiadas y todo el mundo se había dado por vencido con él. No sabía por qué razón creyó que Bruno sería la excepción.
La gente avanza y te deja atrás, así son las cosas, y Bruno no iba a esperar toda la vida a que él cambiara. Quizás había sido muy tarde o muy temprano, no lo sabía. Bruno estaba mejor sin él, se recordó, y continuó.
Bien, gente! Acá está el “one-shot” que tenía para ustedes desde que fue el último capítulo de Merlí.
Cualquier opinión es aceptada con gusto y muchas gracias desde ya.