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Anya is live and ready to show you everything. Watch her strip, dance, and perform exclusive shows just for you. Interact in real-time and make your fantasies come true.
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About the earthquake in Turkey and Syria:
I am gathering information because I have no way to contact my loved ones at the moment so at least I’ll help this way. Check this post from its root (not reblogs) as it will keep getting updated.
And I send all my love and hope for those affected and those awaiting for answers. đź’”
NEWS
I won’t add a lot because many have same source and no live updates.
[The Guardian] There’s pinned updates live on top of the website.
[CNN] Live updates aswell
This i write will become outdated yet, right now: Gaziantep, Hatay and Antakya are the most damaged, difficult for rescuers to get in, and disconnected. It snows heavily as well. So far we know there are happenning aftershocks right now in several cities, reaching Adana and Mersin. Aleppo and Idlib have suffered it strongly as well.
DONATIONS
Turkey
AFAD’s website (Disaster and Emergency Management Presidency of Turkey) Which @timeturnerturns explains very helpfully how to donate in THIS POST. [atm loads slowly, high traffic probably, yet it DOES work, be patient.]
AKUT Research and Rescue Association: akut.org.tr/en/donation
Turkish Red Crescent / TĂĽrk Kızılay  ( website works in ENG / TR / العربية )Â
Syria *UPDATED
(Thanks @halfwar-halfpeace!: via Hadi Nasrallah on twitter) Red cross Syria appeal  ,  SOS ChrĂ©tiens d’Orient  , UN crisis reliefÂ
OTHER:
@pathsofoak : For any Dutch people wanting to donate, the red cross has opened a GIRO number, it’s GIRO 7244 [Rode Kruis]
I'M OPENING EMERGENCY COMMISSIONS
MY LAPTOP BROKE DOWN AND WON'T TURN ON.
I'M SENDING IT TO FIX BUT I CAN'T TRUST IT ANYMORE SO I NEED A NEW ONE ASAP AS I HAVE EXTREMELY TIME SENSITIVE PROJECTS THAT NEED TO BE FINISHED IN TWO WEEKS AND I DON'T HAVE ANOTHER COMPUTER OF MINE TO WORK ON (I'm borrowing my brother's while he's on a small vacation). THIS IS VERY IMPORTANT. I NEED A COMPUTER SO THAT I CAN WORK. ALL MY WORK CAN ONLY BE DONE IN A COMPUTER.
I NEED HELP PLEASE, SHARE IT!
Contact me here or through [email protected]
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Happy Birthday Antena 🦒🎉
Zutara Week 2021, Day 6: Spirits
“Under the Northern Lights” es el fic correspondiente a esta ilustraciĂłn escrito por mi alucinante @sarapb . Encontrareis el fic en los siguientes enlaces:Â
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Under the Northern Lights
Durante una visita diplomática al Polo Norte, Zuko y Katara aprovechan para visitar el Oasis Espiritual.
Zutara Week 2021, Day 6: Spirits.
Tercera y última parte de la serie “Under the Lights”, necesario leer los otros dos fics: “Under the Street Lights” y “Under the City Lights”.
Leer en AO3Â Â Leer en Wattpad
—¿Estás seguro qué podemos estar aqu�
Zuko se volviĂł a mirarla mientras mantenĂa la puerta de acceso al Oasis Espiritual del Polo Norte abierta. HacĂa un rato que habĂa aprovechado que tenĂan la tarde libre de cualquiera de las reuniones programadas en su visita diplomática y la habĂa llevado a dar un paseo que habĂa acabado en la puerta del oasis, con la insistencia de que podĂan estar allĂ. La habĂa abierto con cuidado y sigilo, lo que invitaba a Katara a pensar que nadie sabĂa que estaban allĂ y que estaban incumpliendo al menos cuarenta normas de cortesĂa. De ahĂ hacerle esa pregunta a su novio.Â
Zuko se puso un poco más recto y cuadró los hombros al responder con rapidez:
—Por supuesto que sĂ. Le he preguntado al Jefe y ha hecho una excepciĂłn para que podamos estar un rato.
FinalizĂł sus palabras con un movimiento de brazo indicando que entrara, pero Katara se mantuvo en su sitio, brazos cruzados y ceja arqueada en desconfiada. Le sostuvo la mirada durante un momento, pendiente por si intentaba desviar la vista. Aunque habĂa mejorado bastante o al menos lo justo para que los consejeros no supieran cuando estaba harto de propuestas egoĂstas o para no desatar un conflicto internacional, Zuko seguĂa siendo un mentiroso bastante lamentable. A pesar de eso no habĂa mejorado tanto como para que su cĂrculo más cercano no supiera cuando estaba mintiendo, y Katara era una experta en eso. Quizás no fuera tan bueno como Toph, pero podĂa decir cuando su novio mentĂa, aunque normalmente no era a ella a quien le contaba una mentira en cuestiĂłn. Le habĂa tocado disimular muchas risas cuando detectaba mentiras descaradas del Señor del Fuego.
No parecĂa que estuviera mintiendo en aquel momento, asĂ que finalmente se rindiĂł y atravesĂł la puerta. Zuko la siguiĂł tras cerrar la puerta tras ellos con cuidado. La alcanzĂł en el puente y la tomĂł de la mano. Aparte de la comodidad que su toque siempre le ofrecĂa, envuelta en el frĂo polar tenĂa el añadido de que le transmitĂa calor.Â
Al llegar al Oasis pudieron comprobar que, aunque hacĂa mucho tiempo que ninguno de los dos visitaba el lugar, no habĂa cambiado absolutamente nada. No solo el cĂ©sped tenĂa su brillo verde, las plantas crecĂan a pesar de las impertinencias del tiempo, el agua cristalina en el que los peces koi nadaban en apacibles cĂrculos eternos, sino la sensaciĂłn que emanaba de Ă©l. TransmitĂa paz y serenidad, te invitaba a relajarte en cuanto ponĂas un pie en el jardĂn. Era una sensaciĂłn que Katara recordaba, incluso si la primera y Ăşnica vez que habĂa estado en el Oasis lo Ăşltimo que habĂa hecho era meditar. Su misiĂłn habĂa sido proteger a Aang, defender al Avatar a toda costa. De la persona que tenĂa a su lado justo en ese momento, suspirando tan profundamente como ella, respirando la paz del lugar.
Era increĂble cĂłmo las cosas habĂan cambiado en los cinco años que habĂan pasado desde la guerra. Pero sobre todo cĂłmo habĂan cambiado en los cuatro años que llevaban juntos.
DebĂa estar pensando lo mismo que ella, porque volviĂł a mirarla con una sonrisa.
—¿Te trae buenos recuerdos?
—Me recuerda a cuando te patee el trasero replicó Katara, chocando juguetonamente su hombro contra el suyo. Zuko le pasó el brazo por los hombros y la apretó contra su cuerpo. Incluso a través de las gruesas capas de las parkas pudo notar su temperatura elevada. Ser novia de un maestro del fuego era una maravilla cuando estabas en algunos de los polos.
Los ojos de Zuko brillaban reflejando el resplandor del atardecer.
—¿Algunas cosas sà que cambian, ¿no?
—Bueno, sigo pateándote el trasero —bromeĂł Katara, pero se puso de puntillas y depositĂł un pequeño beso en los labios de Zuko—. Pero sĂ que las cosas han cambiado. Y para bien.Â
—Toda la razĂłn. Pero creo que pueden mejorar todavĂa más.
Katara se volviĂł a mirarlo, especialmente cuando Zuko se deshizo del abrazo con suavidad y le dio la espalda antes de que ella pudiera hacer cualquier pregunta, perdiĂ©ndose entre la vegetaciĂłn del fondo.Â
ÂżQuĂ© mosca le habĂa picado? ÂżLa habĂa hecho venir hasta allĂ para luego dejarla sola?
No tardĂł en reaparecer, su rostro con una máscara neutra difĂcil de leer, lo que preocupĂł a Katara, y las manos tras la espalda de manera sospechosa. ParecĂa que estuviera ocultando algo. GuardĂł silencio hasta que Zuko se colocĂł junto a ella, todavĂa con las manos tras la espalda. Se habĂa movido tal manera que su espalda siempre estuviera oculta de su vista, pero Katara era curiosa por naturaleza, asĂ que se puso de puntilla y ladeĂł la cabeza con la esperanza de ver lo que sea que su novio estuviera ocultando, pero debĂa ser pequeño porque no alcanzĂł a ver nada. Y de todas formas antes de que pudiera hacerlo Zuko extendiĂł una mano, confirmando que aquello que tuviera era lo suficientemente pequeño como para sostenerlo con una sola mano, para evitar que siguiera intentando cotillear.
—No seas impaciente —. Sus palabras eran de protesta pero su tono era de felicidad. Como si la conociera tan bien que esperaba justo ese comportamiento.
SoltĂł un suspiro de fastidio, pero contuvo su curiosidad.
Se mantuvieron la mirada durante unos instantes, Zuko con una pequeña sonrisa un poco nerviosa, lo que confundiĂł todavĂa más a Katara. No entendĂa por quĂ© estaba nervioso. La nerviosa en todo caso deberĂa ser ella, que no entendĂa absolutamente nada. Otra cosa que tampoco entendĂa era porque tenĂa una sensaciĂłn de dejĂ vu, como si hubieran vivido un momento parecido, aunque no podĂa recordar exactamente cuándo ni dĂłnde. Un destello de luz verde cruzĂł su memoria, pero todavĂa no conseguĂa identificar que recuerdo estaba intentando reflotar.
Entonces Zuko se aclarĂł la garganta y Katara supo a quĂ© le habĂa recordado.
Al dĂa en que le pidiĂł ser su novia.
Quizás la mirada en los ojos de Katara le dijo a Zuko que habĂa descubierto sus intenciones, o que al menos sospechaba, porque soltĂł un suspiro que era mitad alivio y mitad fastidio.
—Está bien, no se te puede ocultar nada. Asà que esta vez me ahorraré el discursito.
Aquello fue la confirmaciĂłn que el corazĂłn de Katara necesitaba para lanzarse de nuevo al galope, incontrolable. Dentro de su pecho latĂa el oleaje de un rebelde mar en medio de una tormenta. Pensaba que nunca jamás iba a estar más nerviosa que aquella noche en una terraza del castillo de Ba Sing Se. HabĂa habido situaciones nerviosas a lo largo de estos cuatro años, claro: ataques de los opositores de Zuko, algunos especialmente peligrosos, un resfriado que Gran Gran pasĂł especialmente mal, el nacimiento del primer bebĂ© de Suki y Sokka, que habĂa venido con muchĂsimas complicaciones… TambiĂ©n habĂa habido momentos de batalla, porque la guerra habĂa terminado pero eso no tenĂa contento a todo el mundo. Pero esto eran otro tipo de nervios. Eran los nervios de la anticipaciĂłn, de la espera, de saber que todo podĂa acabar en alegrĂa… incluso si tenĂa una pequeña, pequeñĂsima parte que seguĂa diciĂ©ndole que todo era un sueño y que acabarĂa por despertar.
—Solo dirĂ© —dijo Zuko, interrumpiendo los pensamientos de Katara. No pudo evitar soltar un bufido a pesar de sus nervios porque no podĂa evitar añadir algo—. Que a pesar de los problemas, los inconvenientes y todo cuanto haya podido surgir, he sido inmensamente feliz durante estos cuatro años, porque los he compartido contigo. Incluso cuando no estábamos fĂsicamente juntos, incluso cuando nos hemos peleado, sabĂa que estábamos juntos. Y me gustarĂa, si tĂş quisieras, que estuviĂ©ramos juntos para siempre.
Acompañó sus palabras finales extendiendo la mano y mostrando finalmente aquello que le habĂa estado ocultando.Â
Katara tenĂa sus sospechas de lo que Zuko pretendĂa hacer, pero resultaron ser certeras y a la vez errĂłneas. HabĂa esperado que le pidiera matrimonio con un collar de compromiso. Y le estaba pidiendo matrimonio, pero no con un collar.
Muchas personas de otras naciones habĂan acabado por generalizar que la costumbre de regalar un collar de compromiso era algo tanto de la Tribu del Norte como de la Tribu del Sur. En parte Katara suponĂa que ella misma era culpable de haber extendido aquella suposiciĂłn, dado el colgante que llevaba con ella en todo momento y que, para momentos incĂłmodos, mucha gente de a pie que conocĂa en un pueblo y otro y que conocĂan poco sobre su historia o la cultura de las tribus, daba por hecho que estaba prĂłxima a casarse. Le pasĂł con Yugoda todos estos años atrás, y le habĂa pasado más veces.
Pero lo cierto es que la costumbre del collar era una tradiciĂłn Ăşnicamente del Norte, algo que no se practicaba en el Sur. En el Norte, quizás con sus mejores construcciones, con su sociedad más patriarcal y con su ansia de mantener a las mujeres en el hogar, un collar era un regalo apropiado, una manera de mostrar que una mujer ya estaba ocupada, de volverla invisible al resto de hombres. Las cosas habĂan mejorado un poco en estos Ăşltimos cinco años, pero Katara seguĂa luchando contra la sociedad patriarcal de su tribu hermana.
En el Polo Sur, el hombre tambiĂ©n ofrecĂa un regalo a la mujer, pero era algo mucho más simple y mucho más Ăntimo, más acorde tambiĂ©n al ritmo de vida que allĂ se llevaba: se hacĂa un pequeño tĂłtem con un trozo de hielo, y en Ă©l se tallaba algĂşn dibujo que fuera representativo de la pareja, un momento u objeto o sĂmbolo importante para la relaciĂłn de ambo. El hombre se lo ofrecĂa a la mujer y, si ella aceptaba, ambos lo enterraban en la nieve, para que el frĂo lo conservara intacto para siempre, como deseo de que asĂ tambiĂ©n se mantuviera su amor.
Zuko en aquel momento le estaba tendiendo un tĂłtem que mostraba una enorme y redonda luna, un sol con largos rayos que se entrelazaban con un oleaje. No debĂa haberse sorprendido de que Zuko hubiera investigado, que hubiera averiguado la manera correcta, la manera de su gente para pedirle aquello, pero aun asĂ la emocionĂł, inundando sus ojos de lágrimas rebeldes que a duras penas pudo contener mientras Zuko le explicaba:
—A pesar de la conexión que siento con el sol, nunca me he sentido demasiado como él. Pero cuando estoy contigo, creo que puedo serlo. Y eres indudablemente la luna, porque como ella mueve las olas, tú consigues mover el mundo. Conseguir moverlo para hacerlo un lugar mejor, siempre estás luchando por ello.
Katara estaba luchando por mantener los ojos abiertos, si parpadeaba los rĂos se desatarĂan por su rostro, pero estaba siendo muy difĂcil. ÂżCuándo el chico tartamudeante de Ba Sing Se se habĂa convertido en el hermoso hombre que decĂa esas hermosas palabras ahora mismo frente a ella? Palabras que eran para ella, solo para ella.
—SĂ© que conmigo vienen muchas normas, protocolos y un consejo de viejos que nos llevan poniendo impedimentos desde que empezamos a salir —Katara rĂo, y con acciĂłn acabĂł sorbiendo mocos que no sabĂa ue tenĂa, probablemente provocados por el llanto, las lágrimas corriendo ya con libertad por sus mejillas. Se preguntĂł quĂ© cara tendrĂa en aquel momento tan importante, y si quizás Zuko se replantearĂa su propuesta al verla asĂ. Lejos de parecer contrariado, Zuko estaba firme, sus ojos fijos en ella, como si no existiera nada más en el mundo. O como si supiera que existĂa un mundo entero fuera de ella, pero para Ă©l lo Ăşnico importante era Katara—. Pero si estás conmigo, estoy dispuesto a enfrentar lo que sea.
—Por estar contigo —dijo Katara recuperando su voz, aunque le sonó un poco temblorosa por el llanto, sus manos rodearon la de Zuko, para que entre los dos sostuvieron el tótem—, estoy dispuesta a enfrentar lo que sea.
—¿Quieres casarte conmigo? —preguntĂł Zuko, la necesidad de verbalizarlo para hacerlo realidad. Katara descubriĂł que aquellas palabras eran mĂşsica para sus oĂdos y que a pesar de todo, ella tambiĂ©n sentĂa la imperiosa necesidad de contestar:
—SĂ, por supuesto sĂ.
Toda la escena era una versiĂłn más madura de la que habĂan vivido años atrás en Ba Sing Se, en especial cuando Katara se alzĂł de puntillas y Zuko se inclinĂł y se besaron, aunque esta vez no hubo torpeza alguna. Sus labios, sus cuerpos, se conocĂan a la perfecciĂłn despuĂ©s de haberse encontrado y explorado una y otra vez en el tiempo que llevaban juntos, asĂ que se besaron con la experiencia de los años pero con la chispa del primer dĂa.Â
Katara enterrĂł las manos en el cabello de Zuko, feliz de que no se hubiera puesto la corona para aquel paseo y pudiera despeinarlo a placer. Zuko le mordiĂł el labio con suavidad y Katara abriĂł la boca con un gemido para recibir su lengua, bajando las manos por sus hombros. Odiaba el frĂo que hacĂa que ambos llevaran tantas capas, tanta distancia entre su cuerpo y el suyo. Estaba presionada firmemente contra Ă©l, su propio brazo acariciándole la espalda de arriba abajo, bajando a veces demasiado.
Le asaltĂł el pensamiento de que quizás aquel no era el mejor lugar para besarse, y menos de la manera que lo estaban haciendo. DebĂan estar ofendiendo a mil espĂritus por lo menos, pero tampoco es que le importara mucho en aquel momento. Su prioridad era Zuko: sus brazos envolviĂ©ndola, sus labios sobre los suyos.
Por eso lanzĂł un gemido de protesta cuando Zuko se apartĂł, aunque fueron solo unos centĂmetros. Enseguida depositĂł un beso en sus labios. Katara volviĂł a protestar cuando este fue mucho más breve y se volviĂł a apartar.
—Lo sĂ©, lo sĂ© —dijo Zuko antes de que pudiera protestar, y volviĂł a darle un breve beso. Katara intentĂł alargarlo lo máximo posible, pero era demasiado alto y habĂa un lĂmite de lo que podĂa alzarse de puntillas—. Pero tenemos que completar la ceremonia —alzĂł el tĂłtem que todavĂa tenĂa en la otra mano— y no podemos hacerlo aquĂ.
En aquel momento Katara maldijo la segunda parte de la ceremonia y que estuvieran en el Ăşnico lugar de todo el polo norte donde no habĂa nieve. —Y además no nos conviene estar mucho tiempo aquĂ o nos descubrirán que nos hemos colado.
—¡Zuko! —reclamĂł Katara dándole una palmada en el brazo—. ¡SabĂa que no habĂas pedido permiso! ¡Era demasiado raro que no hubiera ningĂşn guardia en la puerta!
—Puede, o puede que no, no estoy confirmando nada... que haya sobornado al guardia —Zuko se encogió de hombros con inocencia mientras Katara lanzaba una exclamación ahogada— Creo que en esta ocasión el fin justifica los medios, ¿no te parece?
Compuso su mejor mueca de inocencia, pero Katara todavĂa estaba pegada a Ă©l, y podĂa notar como se agitaba su pecho en una risa muda. O quizás fuera su respiraciĂłn acelerada por los besos que acababan de intercambiar.
De cualquier manera, Katara no pudo evitar reĂr al contemplar a su prometido.
Su prometido. Eso es lo que era ahora. Se iba a casar con él. El estómago le dio un vuelco de la felicidad pura y sin adulterar que la inundó por completo. Se lanzó de nuevo a Zuko y le dio un fiero beso presa de la emoción. Si él se sorprendió, no lo mostró.
—Si, lo justifica —susurró contra los labios de su prometido cuando se separaron para respirar—. Y ahora vámonos, no quiero que nuestro matrimonio cree una guerra entre naciones incluso antes de que nos hayamos casado.
Zuko soltĂł una risa y la agarrĂł de la mano con la que tenĂa libre, el tĂłtem firmemente sostenido en la otra.
—Por supuesto que no, futura Señora del Fuego —. Tras esa palabras Zuko se quedĂł pensativo por un instante, como si dudara, y Katara contuvo el aliento, preocupada—. Bueno, quizás deberĂamos buscarte otro tĂtulo, uno más adecuado para ti, Maestra Katara.
Katara se puso tan roja que sus mejillas se podrĂan haber horneado un pastel. Zuko rĂo todavĂa más, aunque la mirada de sus ojos estaba llena de dulzura. TodavĂa un poco con incredulidad. Como si siguiera sorprendido de que hubiera dicho que sĂ. No lo podĂa culpar cuando ella se sentĂa todavĂa asĂ. Si esto era un sueño no querĂa despertar.
Katara lo empujĂł.
—¡Hasta que enterremos el tótem no, asà que más nos vale darnos prisa!
Zuko le soltĂł la mano solo para pasarle el brazo sobre los hombros, estrechandola de nuevo contra su cuerpo mientras se dirigĂan a la salida. Le dio un beso en la frente, pura suavidad comparado con los que intercambiaron antes.
—A la orden, mi señora.
Katara pensĂł que podrĂa acostumbrarse a eso. En realidad, estaba deseando acostumbrarse a eso. No importaba cuantos obstáculos pudieran venir o les tuvieran que cambiar, o lo difĂcil que serĂan sus vidas en muchas ocasiones. No importaba nada. TenĂa a Zuko a su lado, su brazo sobre los hombros y sus corazones latiendo a la vez con el ansia de unirse para siempre.
PodrĂan ganar cualquier batalla. Ya lo habĂan hecho.
Mandándose a callar el uno al otro las risitas que no podĂan contener, intentando, y fallando, ser sigilosos, ambos abandonaron el Oasis espiritual, y fue un verdadero milagro, un regalo de los espĂritus, que nadie los descubriera.
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Y asĂ termina esta serie de tres one-shot, los primeros Zutara (pero espero que no los Ăşltimos) que escribo. Espero que los hayáis disfrutado tanto de leer como yo de escribir.Â
Recordad que la ilustraciĂłn que acompaña este fic (mi favorita de las tres) la podĂ©is encontrar tambiĂ©n en la cuenta de la maravillosa mermazing.art ¡Id a darle amor!Â
¡Muchas gracias! ¡Nos leemos pronto!
Zutara Week 2021, Day 3: Glowing
“Under the City Lights” es el fic correspondiente a esta ilustración escrito por mi alucinante @sarapb . Encontrareis el fic en los siguientes enlaces:
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Zutara Week 2021, Day 2: Disguised.
“Under the Street Light” es el fic correspondiente a esta ilustración escrito por mi alucinante @sarapb . Encontrareis el fic en los siguientes enlaces:
AO3: https://archiveofourown.org/works/33135655 // Wattpad: https://www.wattpad.com/story/280739467-under-the-street-lights // Tumblr: https://sarapb.tumblr.com/post/659041465991921664/under-the-street-lights
Under the City Lights
Un año después de la guerra, en un baile por el aniversario del fin de la misma, Katara recibe un regalo inesperado.
Zutara Week 2021, Day 3: Glowing
Segunda parte de la serie “Under the Lights”. Aconsejable leer antes “Under the Street Lights”.Â
Post Ending. Compatible con el canon salvo por la escena del balcĂłn.
Leer en AO3Â Â Leer en Wattpad
La fiesta de celebraciĂłn que el rey Kuei habĂa decidido organizar para celebrar el aniversario del final de la guerra estaba resultando ser mucho más divertida de lo que Katara habĂa esperado. Con tanto dignatario, nobles y embajadores, la joven habĂa esperado más bien una reuniĂłn más de polĂtica y tratados de paz que una noche de mĂşsica, comida y buen ambiente. Por una vez no le molestaba admitir que se habĂa equivocado de lleno: la noche estaba siendo magnĂfica. Era cierto que muchos autodenominados “hombres importantes” de las distintas naciones la habĂan parado algunas veces a lo largo de la noche para hablar de temas de trabajo, pero habĂa conseguido escaparse de manera ágil y elegante de esas conversaciones para volver a las de tema festivo. Katara trabaja casi todos los dĂas sin apenas pausa, porque se tomara una noche libre no le iba a pasar nada.
A pesar de la diversiĂłn, Katara necesitaba parar por un momento para despejar la cabeza y darle un poco de reposo a sus pies. Las zapatillas nuevas a juego con su elegante vestido la estaban matando. Se disculpĂł con una sofisticada pareja de una importante ciudad del Reino de la Tierra, que estaba muy seguro intentaban a toda costa que accediera a conocer a su hijo mayor, y se perdiĂł entre el gentĂo. Conocer con anterioridad el palacio le facilitĂł la tarea de encontrar un sitio donde pudiera despejarse un poco y estar a solas con sus pensamientos. La sala de baile en la que se celebraba la fiesta tenĂa una pared llena de pequeños balcones que daban de lleno a la ciudad, y con suerte encontrĂł pronto uno con las puertas abiertas, señal de que estaba desocupado. O al menos esperaba que lo estuviera.
AsomĂł primero solo la cabeza en silencio, por si acaso habĂa algunos jĂłvenes aprovechando la soledad para intimar, y con las prisas se habĂan dejado las puertas abiertas. No serĂa la primera pareja descubierta, y para su absoluto bochorno, uno de los descubiertos de la noche habĂa sido su hermano, con el pelo revuelto, la cara manchada de carmĂn y rostro de no estar para nada arrepentido. Al menos Suki habĂa tenido la decencia de parecer algo azorada por la situaciĂłn. Sokka tan solo habĂa seguido sonriendo como el ser más feliz sobre la faz de la tierra.
Para su buena suerte el balcĂłn estaba vacĂo. EntrĂł, dejando entrecerrada la puerta tras de sĂ para desalentar a posibles muchachos dispuestos a acompañarla en las actividades que el resto habĂan decidido era el objetivo de los balcones.
La suave brisa nocturna la recibiĂł como un fresco abrazo, agitando los cabellos que se salĂan de su elaborado peinado y agitándole las faldas. No acostumbraba a llevar ni ropa tan bonita, ni peinados complejos con joyas en el pelo, pero en la invitaciĂłn habĂa rezado que serĂa una fiesta elegante, por lo que no habĂa habido más que buscarse un atuendo adecuado. No habĂa querido gastarse demasiado, pero su padre habĂa insistido que como representante de la Tribu del Agua del Sur (porque no, Sokka no contaba demasiado) debĂa ir tan elegante como el resto.
Muy a su pesar Toph la habĂa puesto en contacto con la diseñadora que trabajaba para su madre y allĂ le habĂan hecho un vestido precioso, elegante, exclusivo y que a pesar de todo sentĂa que encajaba con ella. El vestido era largo, con capas superpuestas de seda en tonos azules y pĂşrpuras, las superiores translĂşcidas y las interiores opacas. TenĂa las mangas largas pero transparentes, y el escote era lo suficiente para mostrar solo un poco más abajo que su clavĂcula, no creĂa sentirse cĂłmoda con nada más. Llevaba tan solo un poco de kohl en los ojos, y el cabello, aunque con sus pequeñas trencitas de siempre, atrás estaba recogido en una elaborada trenza adorando con un broche, el resto suelto en bucles por su espalda.
En el fondo se sentĂa feliz de haber cedido ante su padre: se sentĂa preciosa, como una princesa. Nunca en su vida se habĂa preocupado por su aspecto, ni habĂa tenido oportunidad de preocuparse. La vida en el Polo Sur ya estaba bastante limitada, y las prioridades de toda la tribu estaban muy claras. La Ăşnica belleza que allĂ se podĂa ostentar era a cabelleras trenzadas y toscos bordados en las parkas. HabĂa sentido verdadera envidia al ver la hermosa parka de Yue por primera vez, comprobando que lo práctico no tenĂa por quĂ© estar alejado de lo hermoso. Pero en medio de la guerra no habĂa tiempo para lo segundo, solo para lo primero.
HabĂa disfrutado aquel dĂa de spa con Toph en la misma ciudad en la que estaba ahora, pero en la actualidad sentĂa aquella experiencia como la de una niña jugando a disfrazarse de adulta. Esta noche Katara se sentĂa de verdad como una mujer. No una adulta, porque todavĂa no lo era, pero sĂ como una adolescente hermosa ataviada con sus mejores galas y divirtiĂ©ndose sin una preocupaciĂłn en el mundo.
TodavĂa habĂa preocupaciones, por supuesto. La paz, aunque presente, era inestable muchas veces, se tambaleaba allá en los bordes de las naciones que habĂan estado en guerra. Los lĂderes no siempre eran altruistas y los motivos egoĂstas eran lo que los impulsan en muchas ocasiones en lugar de la preocupaciĂłn por el bienestar de sus pueblos. No todos eran asĂ, pero habĂa los suficientes como para que le pusieran traba en el trabajo a los demás. Katara lo sabĂa bien, habĂa estado actuando como embajadora de la Tribu Agua del Sur. No la habĂan nombrado oficialmente, cosa que a su homĂłlogo del Norte le gustaba recordarle cada dos por tres, pero a efectos prácticos era el cargo que ostentaba. La mayorĂa de los miembros de su tribu eran ancianos, guerreros que no tenĂan madera para la polĂtica y niños. A su padre se le darĂa bien el cargo, pero ya estaba ocupado dirigiendo, y prácticamente levantando la Tribu. Y Sokka estaba junto a Ă©l, preparándose para ser un buen lĂder en el futuro. Y Tui y La los libraran a todos de un Sokka embajador. Si tan solo el consejo de la tribu se decidieran de una vez a darle el cargo. A veces le hacĂa sentir que estaba donde estaba Ăşnicamente por ser amiga de Aang, por ser amiga del Avatar, y no porque ella tambiĂ©n hubiera luchado y sangrado en esta guerra como todos los demás. Mucho más que todos los demás.
Pero aquella noche no querĂa preocuparse por nada de eso. QuerĂa permitirse pasarlo bien y distraerse de las obligaciones diarias. Pero incluso para poder volver a la diversiĂłn necesitaba antes unos minutos de aire y tranquilidad.
A diferencia de otros balcones, aquel estaba desprovisto de sofás, para mala suerte de Katara y de sus pies doloridos. La fiesta habĂa comenzado hacĂa un par de horas y Katara habĂa pasado casi todo el tiempo bailando. Primero con Aang, quiĂ©n la habĂa llevado a la pista sin preguntarle siquiera. Las viejas costumbres tardaban en morir. Por lo menos se habĂa disculpado y le habĂa preguntado, aunque despuĂ©s. TambiĂ©n habĂa bailado con su hermano, cosa que lamentaba porque tenĂa dos piez izquierdos y gran parte de la culpa de sus pies doloridos la tenĂa Ă©l. Y despuĂ©s con un montĂłn de personas más, amigos, conocidos y desconocidos. Incluso Zuko se habĂa animado a bailar.
HabĂa sido toda una sorpresa girarse al final de una canciĂłn dispuesta a abandonar la pista de baile para ir a por algo de beber y encontrarse cara a cara con Zuko. Ya lo habĂa visto aquella noche, pero no dejaba de sorprenderse al contemplarlo con su tĂşnica de gala de Señor del Fuego. Era la elegancia y el poder personificado.
Y no podĂa negar la manera en la que su estĂłmago se retorciĂł de puro gozo al ver que tenĂa la mano extendida hacia ella.
—¿Me concedes este baile?
Su postura habĂa sido la de un perfecto noble, y una vez que ella le habĂa dado la mano la habĂa conducido al centro de la pista como un caballero, pero la comisura de su labio luchando por alzarse a cada momento ocultaba una risa. Una broma mantener en pĂşblico tan elegante fachada cuando aquella mañana se habĂan pateado el trasero el uno al otro entrenando en los campos de palacio. Y pese a ello, Katara estarĂa mintiendo si, incluso con la broma, su corazĂłn no se hubiera saltado un latido al verlo tan regio y pidiendo un baile con ella. HabĂa seguido su juego ocultando su propia risa, aceptando su mano con una floritura, pero su corazĂłn habĂa vivido cada paso del siguiente baile como si fuera un regalo para sus más salvajes sueños.
Zuko resultĂł ser un bailarĂn excepcional. Eso en realidad no la sorprendiĂł. No se habrĂa ofrecido a bailar si fuera mediocre, era un perfeccionista. Además, el control del Fuego era muchas veces una danza en sĂ misma. Katara no se habĂa resistido a hacer una broma con “el dragĂłn danzarĂn”. Zuko habĂa fingido fruncir el ceño pero le habĂa durado dos segundos antes de reĂrse. TenĂa una risa preciosa, y Katara agradecĂa que cada dĂa riera un poco más.
El baile fue elegante, la conversaciĂłn fue divertida pero el final llegĂł demasiado pronto. La mĂşsica solo se detenĂa el tiempo suficiente para que se abandonara la pista o se cambiara de pareja, y durante unos instantes no parecĂa que ninguno de ellos dos quisiera hacer alguna de esas dos cosas. Antes de que pudiera pedirle un baile más, o que se lo pidiera ella, Katara no creĂa necesariamente en los roles de gĂ©nero, una multitud de jĂłvenes nobles del Reino de la Tierra rodearon a Zuko suplicando por un baile con el Señor del Fuego, prácticamente arrancando a Katara de sus brazos. Con la indignaciĂłn a flor de pie pero decidida a mostrar más gracia y compostura que estas supuestas chicas de alta cuna, Katara se marchĂł fingiendo una risa, saludando con la mano a un Zuko cuya expresiĂłn gritaba que lo sacara de allĂ.
Volviendo de nuevo a su realidad y a su balcĂłn, respirĂł profundamente y apoyĂł los codos sobre la balaustrada. Quizás deberĂa haberlo salvado. Haberlo sujetado del brazo e insistir en que ya le habĂa prometido a ella otro baile. Pero quizás aquello no habĂa trasmitido una buena imagen. Mucha gente sabĂa, y la que no sabĂa sospechaba, que Aang habĂa estado enamorado de ella. Puede que todavĂa lo estuviera. ÂżQuĂ© pensarĂan al verla agarrarse al Señor del Fuego sin intenciĂłn de soltarlo?
Incluso si esas no eran sus verdaderas intenciones, por supuesto que no.
Solo lo habrĂa hecho como una amiga salvando a un amigo.
De aquello habĂa pasado ya casi una hora, y no habĂa visto ni rastro de Zuko. AgitĂł la cabeza ante el repentino pensamiento de que estuviera en algĂşn otro balcĂłn con alguna de aquellas nobles.
No. Seguro que no.
DespuĂ©s de la guerra Mai se habĂa acercado a Ă©l con intenciĂłn de volver pero Zuko le habĂa dicho que necesitaba tiempo para pensar. Aquel tiempo se terminĂł cuando Mai sentenciĂł que habĂa encontrado a alguien mejor, habĂa superado a Zuko y que ahora le tocaba conformarse con ser solo su amigo. No pareciĂł que Zuko lamentara mucho la pĂ©rdida. ParecĂa más que contento de poder llamarla amiga en lugar de novia.Â
DespuĂ©s de aquello, Zuko le habĂa hablado de cĂłmo su consejo insistĂa mucho en que buscara una buena joven. No hacĂa falta que se casara (aunque eso era lo que pretendĂan en verdad) pero cuanto antes empezara a revisar sus opciones, mejor para la naciĂłn. Zuko le habĂa dicho que no tenĂa intenciĂłn de salir con nadie, no por el momento. No sin una verdadera conexiĂłn con ellos.
Aunque quizás hubiera cambiado de opiniĂłn. HabĂan pasado el Ăşltimo mes sin verse, solo comunicándose a travĂ©s de cartas. Mucho podrĂa haber cambiado en un mes. Quizás…
Katara volviĂł a agitar la cabeza. Aquello no era de su incumbencia. Si Zuko estuviera con alguna chica, le dolerĂa Ăşnicamente que no se lo hubiera contado antes. No por nada más. ÂżNo tenĂa motivos para molestarse por aquello, verdad?
Con un nuevo suspiro, se dio por vencida y se quitĂł las zapatillas, el frĂo de las baldosas fue recibido en sus pies como una bendiciĂłn. Incluso si no habĂa donde sentarse, Katara no podĂa soportar más aquellos zapatos. Iba a reprimir un gemido de alivio, hasta que recordĂł que estaba sola y dejĂł que saliera igualmente. Por fin sentĂa como le volvĂa un poco de sensibilidad a los pies. DeberĂa haber probado las zapatillas antes de aquella noche, pero era un poco difĂcil probar unos zapatos de seda en el polo Sur, y ahora estaba pagando las consecuencias. No importaba, descansarĂa un rato, un largo, largo rato, y despuĂ©s volverĂa a la fiesta.
Unos suaves golpes en la puerta del balcĂłn la sacaron de sus pensamientos. No habĂan sido bruscos en absoluto, mas estaba tan ensimismada que la sorprendieron igualmente. Al darse la vuelta se encontrĂł al objeto de sus pensamientos anteriores con la mano alzada y una pequeña sonrisa.
—Lo siento. ¿Te he asustado?
Katara se recompuso con rapidez: cruzĂł los brazos e intentĂł patear las zapatillas bajo la pesada tela de su vestido para que no viera que estaba descalza.
—En absoluto. Creo que hace falta mucho más que eso para asustarme, Señor del Fuego.
Para su mala suerte, la sonrisa de Zuko se acrecentó y señaló con la mano a sus pies.
—Ni te moleste, ya te he visto.
QuerĂa pretender hacerse la indignada, quizás reprenderlo por no fingir ignorancia, pero al final acabĂł sonriendo sin poder evitarlo. LevantĂł un poco las faldas del vestido y agitĂł un pie en el aire.
—Estos zapatos me estaban matando, No aguantaba más.
Zuko se acercĂł sonriendo Se colocĂł a su lado junto a la balaustrada.
—Si te sirve de consuelo creo que me he apretado demasiado el moño. Siento la corona clavada en el cerebro.
—¿Pero te queda de eso? —preguntó Katara abriendo mucho los ojos, pareciendo verdaderamente sorprendida.
—Ja, ja. Muy graciosa.
No parecĂa en absoluto molesto, no habĂa perdido su sonrisa, asĂ que Katara lo llamĂł una victoria para sĂ misma y se volviĂł para apoyar de nuevo los brazos sobre la barandilla. Zuko hizo lo mismo y durante un rato ninguno de los dos dijo nada. Se quedaron allĂ, con la compañĂa del otro. El silencio no era desagradable. Al contrario, era suave, una burbuja que los envolvĂa y distanciaba del barullo de la sala de baile. Era casi como si solo estuvieran ellos dos en el mundo.
Sintiendo como se le sonrojaban las mejillas, Katara apartĂł su mente de aquella lĂnea de pensamientos y se enfocĂł en contemplar el paisaje. Ba Sing Se por la noche era verdaderamente espectacular. Se lo habĂa sido ya el año pasado, cuando habĂa estado viviendo allĂ durante la guerra, pero ahora despuĂ©s de varias reparaciones e inversiones era más impresionante. Con tiempo y dinero habĂan ido mejorando la ciudad a lo largo de este año, en especial la zona baja (el cĂrculo exteriorÂż?). Gracias a la altura del palacio se podĂa ver la mejora en las infraestructuras.
Poco a poco todo mejoraba, todo el mundo, los pueblos y ciudades levantaban cabeza. Costaba trabajo, pero granito a granito de arena se iba consiguiendo esa mejorĂa. Era agotador luchar dĂa a dĂa, Katara lo experimentaba de primera mano. Sin embargo, al contemplar ahora el precioso paisaje, las casas mejores construidas y más hogareñas, las luces tenues que iluminaban las calles, las gentes paseando con tranquilidad porque la delincuencia habĂa disminuido considerablemente… ver todo aquello hacĂa que el arduo trabajo mereciera la pena. Y estaba segura de que Zuko pensaba igual. Incluso si aquel no era su paĂs, Ă©l habĂa ayudado muchĂsimo tambiĂ©n al Reino de la Tierra.
—Es una vista preciosa —. A pesar de lamentar poner fin al silencio, Katara no pudo evitar verbalizar sus pensamientos.Â
—Si, lo es.
Zuko no parecĂa molesto por la interrupciĂłn. Cuando se volviĂł a mirarlo, vio que no tenĂa los ojos posados al frente, observando la ciudad como imaginaba. Al contrario, la estaba mirando a ella.
Esta vez fue incapaz de contener el sonrojo, las mejillas le ardĂan más a cada segundo. IntentĂł refrenarse pensando que probablemente solo se hubiera vuelto a mirarla cuando habĂa hablado. Seguro que no se referĂa a ella. No podĂa referirse a ella. ÂżVerdad?
—Oye, tengo algo para ti —Zuko interrumpió de nuevo sus pensamientos.
Con bastante alivio al ver cortado su enredo mental, Katara lo mirĂł alzando una ceja al ver como Zuko empezaba a buscar algo dentro de los bolsillos de la tĂşnica de gala.
—¿Y por qué? No es mi cumpleaños ni nada por el estilo.
—No hay que tener un motivo para hacerle un regalo a la gente que se quiere —replicĂł Zuko, sacando al fin una cajita cuadrada y plana del interior de su tĂşnica—. Al menos eso es lo que siempre dice el tĂo Iroh.
El corazĂłn de Katara se habĂa ilusionado con la primera frase, y como no podĂa ser de otra manera acabĂł estrellándose al escuchar la segunda.
DespuĂ©s de sus palabras sobrevino un instante de silencio y, a diferencia del anterior, ese sĂ que fue pesado. Era tenso, espeso. Zuko tenĂa la caja sobre la palma extendida, pero no parecĂa tener intenciĂłn de hacer ningĂşn movimiento. Katara lo miraba fijamente, sin entender nada. ÂżSe suponĂa que era ella la que tenĂa que hacer algo? ÂżCoger la caja ella misma? ÂżO esperar a que Ă©l se la diera?
Finalmente Zuko se aclarĂł la garganta, aunque cuando hablĂł su tono era bajo y rasposo, plagado de una inseguridad que no veĂa en Ă©l desde hacĂa bastante tiempo:
—Aunque… bueno… si una vez que lo veas no lo quieres… no tienes… No tienes por quĂ© aceptarlo —debĂa reconocerle que logrĂł terminar mucho más firme de lo que habĂa empezado.
Quizás era la suave iluminaciĂłn del balcĂłn, pero jurarĂa que se habĂa sonrojado.
—Venga, Zuko, por supuesto que lo aceptaré —respondió ella para tranquilizarlo un poco, pero Zuko negó con la cabeza.
—No, en serio. No quiero que te sientas obligada, Âżde acuerdo? —puso hincapiĂ© en la palabra “obligada”. Sus ojos estaban fijos en ella, con una seriedad ausente segundos antes. ParecĂa estar esperando una confirmaciĂłn por parte de Katara, asĂ que ella asintiĂł.
—Está bien, Zuko. Te lo prometo.
Aun asĂ tenĂa curiosidad. ÂżQuĂ© podrĂa regalarle Ă©l que ella quisiera rechazar? Los regalos que Zuko hacĂa siempre eran muy buenos, personales y perfectamente escogidos. Todo el grupo habĂa acordado que era difĂcil superar a Zuko en cuanto regalos. ParecĂa invertir mucho tiempo y pensamientos en escogerlos.
El chico volviĂł a aclararse la garganta, mas siguiĂł sin tenderle el regalo. En su lugar, empezĂł a hablar.
—Este regalo viene acompañado de un pequeño discursito, asĂ que espero que no te importe —bromeĂł.Â
Katara no pudo evitar sonreĂr, porque aunque su tono era más ligero todavĂa se lo notaba tenso. Le recordĂł a los primeros dĂas que habĂa pasado con ellos durante la guerra. Aquellos recuerdos ya no eran amargos, en cambio, siempre que los rememoraba lo hacĂa con cariño.
—Hace un año, bueno, no exactamente un año, pero más o menos —. Zuko negĂł y Katara sonriĂł aĂşn más, mordiĂ©ndose el labio para no reĂrse. Claramente lo que iba a decir era importante para Ă©l. ReĂrse lo estropearĂa todo—. El año pasado estuvimos los dos aquĂ, en Ba Sing Se. Y lo que quiero decir es que...
Zuko lanzĂł un profundo suspiro y murmurĂł algo por lo bajo que pareciĂł ser palabras de ánimo para sĂ mismo pero que Katara no alcanzĂł a oĂr.
De repente, cerrĂł la otra mano sobre la caja, y todo su lenguaje corporal parecĂa indicar que iba a darse media vuelta y marcharse ante los sorprendidos y perdidos ojos de Katara, pero lo que hizo fue abrir la tapa de la cajita con un movimiento enĂ©rgico.
En el interior de la caja habĂa un brazalete.Â
Katara sintió su corazón latir tan rápido como si estuviera bailando, como si estuviera peleando. Más acelerado incluso.
Un brazalete no era más que un complemento más en el Reino de la Tierra.
No era más que una joya poco práctica para las Tribus del Agua.
Pero significaba algo en la NaciĂłn del Fuego.
Era el regalo que los nobles se hacĂan cuando querĂan iniciar el cortejo. Cuando le pedĂan a alguien que fuera su pareja de manera formal.
Katara apretĂł los puños, contemplando ensimismada la joya, intentando que su mente no se adelantara a los acontecimientos. Ella sabĂa lo que significaba. Es más, Zuko sabĂa que ella conocĂa el significado de ese regalo. Pero ella no era una noble, mucho menos era de la NaciĂłn del Fuego. No tenĂa por quĂ© significar eso… Además, Zuko no… Por supuesto que Ă©l no…
¿Él no la querĂa, verdad? ÂżNo de esa manera, cierto?
El brazalete era una preciosidad. No era demasiado grueso ni ostentoso, tan solo dos cordones dorados entrelazados entre sà formando una trenza unidas en un pequeño óvalo de oro plano,  decorado con unas pequeñas piedras verdes finamente talladas. Unas piedras que brillaban. Katara abrió mucho los ojos sorprendida.
—Estas piedras son de… —empezó Zuko, pero Katara habló al mismo tiempo, completando su explicación.
—Son de las Catacumbas de Cristal.
HabĂa reconocido las piedras de inmediato. No podĂa olvidarlas en la vida.
LevantĂł los ojos del brazalete y mirĂł a Zuko. El parecĂa más nervioso y a la vez mucho más sereno que antes, si es que esa contradicciĂłn era posible.
—Hace más de un año —empezĂł de nuevo Zuko, y esta vez su voz no se tambaleó— estuvimos en las catacumbas de esta hermosa ciudad, rodeados de estas brillantes piedras. AllĂ sentĂ por primera vez que alguien, alguien aparte de mi tĂo, alguien que además no me conocĂa, pensaba que merecĂa la pena. Que todavĂa quedaba algo en mĂ, por pequeño que fuera, que era lo suficientemente bueno como para salvarlo. Como para arriesgarse a confiar en ello. Fuiste tĂş, Katara.
Siempre habĂa amado como decĂa su nombre. CĂłmo sonaba en sus labios. Recordaba la primera vez que lo habĂa dicho, y como en aquel momento lo habĂa odiado, como habĂa sentido que no tenĂa derecho a llamarla por su nombre, como si se conocieran, como si fueran amigos, porque en ese entonces no lo eran. Ahora lo escuchaba casi a diario, pero aun asĂ no podĂa evitar el aleteo de mariposas que sentĂa, cada vez más a menudo, cuando lo decĂa.
—TĂş luchaste por mĂ mucho antes de que lo hiciera yo mismo. Y justo despuĂ©s de ese momento te demostrĂ© que no lo merecĂa. Pero aquel momento, aquel momento en el que confiaste en mà —los ojos de Zuko brillaban como lo habĂan hecho aquella noche rodeados de piedras brillantes—, aquel momento me persiguiĂł durante meses, y me ayudĂł a tomar la decisiĂłn más fácil de mi vida: luchar por lo correcto. Luchar por mĂ.
Si seguĂa mordiĂ©ndose el labio tan fuerte le iba a sangrar. Además era una estupidez seguir haciĂ©ndolo porque no iba a conseguir aguantar las lágrimas mucho más tiempo. TenĂa demasiadas emociones moviĂ©ndose en su interior como un huracán como para poder controlarse.
—He cometido muchos errores en mi vida, pero pocos me pesan tanto como haberte dado la espalda aquella noche. SĂ© que ahora somos amigos —dijo, y quizás solo fuera Katara, pero habĂa dicho la palabra como si esta tuviera un sabor agridulce—, que me has perdonado, pero yo no me he perdonado a mi mismo. Quizás nunca lo haga. Pero quiero pasar el resto de mi vida demostrándote, y demostrándole al mundo, que llevabas razĂłn. Que hay algo en mĂ que merece la pena.
Con una mano temblorosa tomĂł el brazalete de la caja. ParecĂa aĂşn más valioso en su mano que entre el forro de terciopelo. Katara no pudo contener una lágrima rebelde.
—Si me aceptas claro —. Al final su voz volvió a temblar.
Le estaba dando una vĂa de escape. Hasta en ese momento le estaba dando la oportunidad de decirle que no. De rechazarlo. Como si el pensamiento fuera a cruzar la mente de Katara. Como si no se hubiera negado a sĂ misma esos pensamientos desde hacĂa un año. Como si no se hubiera dado cuenta de la cruda realidad de sus sentimientos un año atrás, arrodillada a su lado y forzando los latidos de su corazĂłn, pensando que serĂa incapaz de vivir en un mundo sin Ă©l.
Como si no hubiera pasado un año conformándose con las migajas de ser su amiga.
Pero, incluso ahora, incluso en este momento, tenĂa que asegurarse.
—¿Me estás regalando este brazalete —empezĂł, y tuvo que tragar saliva para bajar el nudo que tenĂa en la garganta— como los chicos de la NaciĂłn del Fuego se lo regalan a las chicas de la naciĂłn del Fuego? ÂżO me lo estás regalando como un amigo a una amiga?
—Katara —pronunciĂł Ă©l, saboreando su nombre. Tuvo que parpadear para contener las lágrimas de la emociĂłn—. Siempre, siempre serĂ© tu amigo. SerĂ© lo que tĂş quieras que sea —especificĂł. Por suerte para el corazĂłn de la chica, que no podĂa soportar más incertidumbre, no tardĂł en añadir—: pero este brazalete te lo estoy regalando como los chicos de la NaciĂłn del Fuego se lo regalan a las chicas de la NaciĂłn del Fuego.
Katara suponĂa que habĂa muchas cosas que podĂa hacer a continuaciĂłn. Supuso que lo normal era decirle que aceptaba la propuesta y dejar que le colocara el brazalete, o incluso alcanzarla y colocársela ella misma. Quizás incluso podrĂa darle un abrazo. PodĂa hacer muchas cosas que serĂan más socialmente aceptables por el protocolo, pero despuĂ©s de un año de sufrimiento, suspirando y pensando que no habĂa oportunidad alguna para su enamorado corazĂłn, solo habĂa una cosa en verdad que querĂa hacer.
AsĂ que acortĂł la distancia, agarrĂł el cuello de su tĂşnica con ambas manos e hizo que se inclinara hasta que sus labios se tocaron.
Fue un roce brusco por la sorpresa, sus labios y dientes chocaron, y sus narices se torcieron y ambos fueron a girar la cabeza para el mismo lado por lo que acabaron chocando sus frentes.Â
—¡Auch! —gimieron los dos, y Katara dio un pequeño paso atrás para preguntarle si se encontraba bien, pero el brazo de Zuko habĂa encontrado su camino hasta su cintura y la retuvo cerca de Ă©l.
—¿Es eso un sĂ? —fue lo Ăşnico que preguntĂł, mientras en su frente aparecĂa un moratĂłn rojo que seguro era el gemelo del de Katara. No parecĂa importarle. No parecĂa importarle nada más en el mundo que ella y su respuesta.
—Eres un idiota —dijo Katara, alzando los brazos para rodearle el cuello—. Por supuesto que sĂ.
Cuando esta vez se puso de puntillas y Zuko bajĂł el rostro, sus labios se encontraron sin problema alguno. Se rozaron con suavidad, conociendo una parte del otro que habĂan pensado prohibida hasta poco antes, una parte que solo se habĂan permitido tener en sueños, pero que ahora era una realidad.
Se separaron con la respiraciĂłn cortada, si por los besos o por la emociĂłn no estaba muy claro, y Zuko separĂł sus brazos de Katara el tiempo justo para tomar su muñeca y colocar con mucho cuidado el brazalete allĂ. El oro claro y el verde resaltan a las mil maravillas contra su tez oscura. HabĂa sido hecho para ella.
Katara lo contemplĂł durante un momento, asombrada de lo hermoso que era, pero más asombrada aĂşn de lo que significaba. Significaba un comienzo, el inicio de algo. Estaba nerviosa, el futuro era incierto y no sabĂa si aquello podĂa acabar bien. O si quizás nunca acabarĂa, y ella serĂa la chica, la mujer, y más tarde la anciana, más feliz del mundo a su lado.
Pero no se habĂa arriesgado diariamente en una guerra para no arriesgarse ahora por sus sentimientos.
—¿Te gusta?
Katara alzĂł la cabeza, y sin poder evitarlo levantĂł tambiĂ©n su mano para acariciarle el rostro. Para acariciarle la cicatriz, al igual que aquel lejano dĂa en las catacumbas rodeado del brillo de mil minerales. No, igual no. Porque ahora podĂa hacerlo libremente. PodĂa hacerlo cuando quisiera.
—Es perfecto —susurrĂł, y la sonrisa de Zuko le dijo que sabĂa que no hablaba de la joya.
El sonido de unas trompetas vinieron desde el interior de la sala de baile, interrumpiendo su momento.
—El rey Kuei va a dar su discurso
—DeberĂamos volver.
A pesar de sus palabras ninguno hizo indicio alguno de separarse. Zuko habĂa dejado caer antes la caja asĂ que tenĂa las dos manos libres para abrazar a Katara, y no tardĂł en estrecharla más contra su cuerpo. Ella opuso cero resistencia, colaborando felizmente, acercándose más, pasando sus manos por el cabello de su nuca, tan suave como siempre habĂa imaginado, mientras se volvĂan a fundir en un beso.
La fiesta, el rey, el resto de invitados, todo el mundo podĂa esperar. Nada importaba en ese momento, nada más que el otro.
Se quedaron en aquel balcĂłn, besándose y sonriĂ©ndose entre los besos, felices de que aquello que habĂan anhelado durante un año por fin estaba al alcance de su mano, y reprochándose un poquito porque podrĂan haberlo tenido antes.
Y si estuvieron demasiado tiempo perdidos por ahĂ, y al final Sokka los encontrĂł por accidente en el balcĂłn, bueno, ahĂ tenĂa un poco de su propia medicina.
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De los tres fics que tenĂa pensado para la semana Zutara, este es el que cobrĂł forma más rápido y fácil, y todo gracias a mi compinche mermazing.art que tuvo la idea base de la que surgiĂł este precioso fic. Preciosa es tambiĂ©n la ilustraciĂłn que la acompaña, que podĂ©is encontrar en su cuenta.
¡¡¡Espero que os haya gustado mucho!!! ¡¡¡Nos leemos en la próxima (y última) parte de esta serie!!!
Under the Street Lights
Zuko visita Fire Fountain City con la esperanza de encontrar respuestas, pero se acaba encontrando con alguien inesperado.
Zutara Week 2021, Day 2: Disguised
Primera parte de la serie “Under the Lights”.
Ambientado antes del episodio “La Fugitiva” (“The Runaway”) Libro 3 Episodio 7
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Los tres dĂas de Zuko en Fire Fountain City han sido un fracaso. No sabĂa exactamente quĂ© habĂa esperado que ocurriera. ÂżQuĂ© nada más poner un pie en la ciudad se le apareciera una visiĂłn de Roku resolviendo todas sus dudas? ÂżQuĂ© apareciera un espĂritu guĂa y le dijera exactamente quĂ© era lo que tenĂa que hacer? ¡Por supuesto que la cosa no iba a ser asĂ! Era consciente, o al menos lo era ahora, de que habĂa sido un iluso por pensar que visitando esa ciudad hallarĂa las respuestas que necesitaba. ÂżSi ni siquiera su propio tĂo se sentĂa inclinado a solucionar sus dudas, lo iban a hacer unos espĂritus?
La sola idea de que los espĂritus podrĂan solucionarle la vida era ya descabellada. No sabĂa en quĂ© estaba pensando. Nunca habĂa sido muy espiritual, pero la fama y rumores de la espiritualidad de Fire Fountain City, de sus constantes visiones del Otro Lado, le habĂan dado esperanzas de… bueno, de algo. De poder hablar con el Avatar Roku (todavĂa no podĂa pensar en Ă©l como el bisabuelo Roku, era raro).
Poco despuĂ©s de leer los pergaminos, y de que su tĂo le revelara la impactante verdad de su parentesco con el Avatar Roku, Zuko habĂa tomado la decisiĂłn de ir a Fire Fountain City. HabĂa sido una decisiĂłn impulsiva, y Zuko pensaba que ya no tomaba decisiones de aquel tipo. Que habĂa ganado cierta entereza y carácter que le permitĂa ser más correcto y medido. Pero por lo visto seguĂa igual que antes. Otro fracaso más.
Encima, por más que estuviera deseando largarse de esa ciudad, sabĂa tambiĂ©n lo que le esperaba en la capital. Se habĂa peleado con Mai poco antes de irse. En ese momento lo habĂa visto como la oportunidad perfecta para marcharse sin que su novia, o ex-novia en aquel momento, quisiera ir con Ă©l o le hiciera preguntas de a dĂłnde iba, pero cuando volviera le esperaban todas esas preguntas igualmente, más la más que probable pelea de siempre. Estaba cansado de las mismas discusiones. No sabĂa por quĂ© al final del dĂa acababan volviendo si, a no ser que se estuvieran besando, se estaban peleando.
TambiĂ©n le esperaba el interrogatorio de Azula, quiĂ©n querrĂa saber que lo habĂa estresado tanto para necesitar unas vacaciones inmediatamente despuĂ©s de haber vuelto de sus vacaciones de Ember Island.
Lo bueno era que su padre, y la corte en general, pasaban tanto de Ă©l que lo más seguro es que ni siquiera se hubieran dado cuenta de que se habĂa ido.
Ahora, con perspectiva, empezaba a ver la simpleza, y los fallos, de su plan: ir a Fire Fountain City y que los espĂritus se encarguen del resto. Pero la ciudad, con su fama, sus templos y sus conexiones espirituales no habĂa resultado ser lo que Zuko esperaba. En absoluto.
La visita habĂa sido una enorme pĂ©rdida de tiempo. HabĂa visitado y orado en todos los templos, hecho un recorrido por los lugares de la ciudad donde se clamaba que la gente habĂa tenido visiones anteriormente, ¡incluso habĂan visitado a una adivina! Siempre habĂa pensado que no eran más que charlatanas y mentirosas, pero habĂa asistido por si acaso, solo para comprobar que siempre habĂa tenido razĂłn. Además, habĂa salido de los nervios cuando aquella mujer le habĂa tocado demasiado la mano y le habĂa dicho con una voz que aparentaba ser dulce “tienes mucha rabia y rencor acumulado, necesitas liberar el odio de tu corazĂłn”. HabĂa pagado para que le dijeran algo que ya sabĂa perfectamente.
DespuĂ©s de esos dos dĂas perdidos, Zuko estaba deseando volver a la capital. Bueno, quizás no volver a la capital, pero si largarse de aquella ciudad. Por suerte esa tarde salĂa su barco y podĂa decirle adiĂłs a la “ciudad espiritual”, como la promocionaban en muchos de sus folletos de viaje. Si ponĂa un pie de nuevo en Fire Fountain City en los prĂłximos 50 años serĂa demasiado pronto.
Por más ganas que tuviera de irse todavĂa era temprano, asĂ que Zuko estaba vagando con tranquilidad por el mercado de la zona baja de la ciudad intentando hacer tiempo.
Como habĂa sido un viaje repentino y además no querĂa demasiados ojos molestos vigilando sus pasos habĂa escogido a dos guardias de entre los que le parecĂan menos molestos y menos propensos a recibir Ăłrdenes de Azula. Ping y Tonen habĂan considerado el reclutamiento de Zuko como una evidente subida de rango y se habĂan tomado su trabajo muy en serio. Demasiado en serio. Durante los dos dĂas que habĂa pasado recorriendo la ciudad no se le habĂan despegado en ningĂşn momento, incluso habĂan intentado dormir en la habitaciĂłn que Ă©l. Zuko agradece su Ă©tica de trabajo, pero estaba ya muy cansado de ellos, necesitaba respirar un rato.
AsĂ que los habĂa mandado al puerto dos horas antes de la salida de su barco con la excusa de que comprobaran que todo estaba bien y que Ă©l se iba a quedar echando una siesta en el hotel. Esa habĂa sido su intenciĂłn, hasta que se echĂł en la cama y el sueño decidiĂł no presentarse, por lo que habĂa decidido salir para despejarse. Pasear por la zona alta era un riesgo, puesto que no habĂa avisado a las autoridades de la ciudad de que estaba de visita, y un miembro de la familia real siempre debe avisar con antelaciĂłn. La zona baja era lo mejor. Le darĂa un poco de aire, y las gentes de allĂ irĂan tan a lo suyo que no se darĂan cuenta de su presencia.
Era un buen plan. A diferencia del plan de visitar la ciudad, aquel sĂ lo era.
O eso pensaba.
Contra todo pronĂłstico, el mercadillo estaba resultando muy interesante, una muestra de todas las cosas autĂłctonas de la isla: variedades de frutas que solo crecĂan en el suelo de aquella isla, sedas de más de mil hilos en vivos colores y artesanĂa de barro pintada con una mano esplĂ©ndida. Aquel mercadillo no tenĂa nada que envidiarle a las carĂsimas y rĂgidas tiendas de la zona alta.
Estaba en especial bien surtido con una gran variedad de verduras y frutas. Se parĂł a contemplar un puesto bien surtido, sus ojos posándose en unas relucientes frutas rosadas que no sabĂa bien si eran melocotones o albaricoques, parecĂan casi una fusiĂłn entre ambas. AlargĂł la mano para tomar uno justo cuando alguien hizo el mismo movimiento, provocando que su pálida mano chocara con la morena de la otra persona.
—Lo siento —se disculpĂł, justo a la vez que tambiĂ©n lo hacĂa la otra persona. ReconociĂł la voz al mismo tiempo que alzaba la cabeza para enfrentarse a ella, que hizo el mismo gesto.
Quedaron frente a frente, ambos sin creer quien tenĂan delante. Al menos a Zuko le costaba creer que se habĂa encontrado con ella.
Con la Maestra del Agua del Avatar. La campesina de la Tribu del Polo Sur.
Era Katara.
Los ojos de la chica se abrieron mucho, asĂ que supuso que ella tampoco se lo esperaba. Tampoco habĂa que ser un genio para darse cuenta de que la habĂa reconocido. Al fin y al cabo, era muy fácil reconocerlo, en especial para alguien que lo habĂa visto tan de cerca como ella. IntentĂł por todos los medios que el recuerdo de la Ăşltima vez que habĂan estado tan cerca no acudiera a su cabeza, pero fallĂł.
La frialdad y la tenue iluminaciĂłn verde de la cueva. Su reflejo mil veces proyectado en las paredes de cristal. Unos hermosos y compasivos ojos azules que lo habĂan mirado por primera vez al rostro y parecĂan haberlo visto, verlo a Ă©l, de verdad. Ver algo diferente. Los mismos ojos lo miraban ahora, pero con una expresiĂłn completamente diferente. Una expresiĂłn distinta incluso a como lo habĂa mirado antes de la cueva. Peor. Completamente distintos de los que lo miraban ahora.
Todos aquellos recuerdos lo inundaron en un solo instante, instante que ella aprovechĂł para agarrarse de su brazo. En apariencia parecĂa un abrazo de amigos, quizás de algo más, pero le estaba aplicando tal fuerza que seguro le dejarĂa marcas. Su otra mano la llevĂł rápidamente a otro sitio más preocupante: a la base de la columna, donde algo frĂo y puntiagudo estaba presionado contra su piel. Con total seguridad serĂa una daga de hielo, pero no creĂa que pudiera caminar con una bolsa de agua en la NaciĂłn del Fuego sin levantar sospecha. Con veloz vistazo a su alrededor, comprobĂł que las rojas manzanas que antes habĂan estado flotando en un cubo lleno de agua, ahora se apiñaban en el fondo. Chica lista. En especial para hacerlo tan rápido que nadie la hubiera visto. No se habĂa equivocado al pensar que la gente de aquella zona irĂan a lo suyo y no se darĂan cuenta de su presencia, aunque ahora no le estaba resultando tan atractiva la idea.
—¡Pero cuánto tiempo sin verte! —exclamĂł ella en cuanto lo tuvo rodeado con sus brazos y amenazado con su daga. Si su tono sonĂł demasiado alto y demasiado falso una vez más nadie pareciĂł prestar atenciĂłn—. Vayamos a otro sitio para ponernos al dĂa.
Tampoco nadie se volviĂł a mirarlos cuando prácticamente lo arrastrĂł hasta el callejĂłn más cercano. Zuko no tuvo tiempo de oponer resistencia, pero tampoco iba a hacerlo. SentĂa verdadera curiosidad por saber quĂ© hacĂa allĂ. QuĂ© hacĂa en la NaciĂłn del Fuego, además vestida como una ciudadana más. DebĂa reconocer que era un buen camuflaje.
Y si una parte de Ă©l estaba emocionada de volver a verla, bueno, eso lo sabĂa solo Ă©l.
En cuanto estuvieron resguardados en la penumbra del callejón, perdió la frialdad de la daga y el agarre sobre su brazo, más al volverse para saciar su curiosidad se encontró pegado a la pared con un brazo reteniéndolo allà y la daga ahora presionada contra la garganta.
O ella era muy rápida o Ă©l estaba espeso. Quizás un poco de ambas. En cuanto volviera a palacio tendrĂa que reforzar su rutina de entrenamiento.
—Voy a hacerte unas cuantas preguntas —la voz de la muchacha sonó ahora mucho más baja, mucho más amenazadora—. Y quiero que las respuestas sean respuestas rápidas y concisas.
Zuko le respondiĂł con un gesto cuidado de hombros y brazos, indicándole que tenĂa su cooperaciĂłn. No querĂa arriesgarse a hablar y le rajara el cuello.
—¿Está tu hermana aqu�
Ni siquiera se ofendiĂł de que su principal preocupaciĂłn fuera Azula y no Ă©l. PodĂa entenderlo. A Ă©l lo tenĂa a su merced inmovilizado en un callejĂłn. Si Azula estaba por allĂ aquello era una bomba de relojerĂa que podĂa estallar en cualquier momento.
Además, a diferencia de la versiĂłn que su hermana habĂa contado a su padre, la que se habĂa hecho oficial y se habĂa extendido por todo el paĂs, no era Ă©l quiĂ©n habĂa matado al Avatar. HabĂa sido ella.
Quizás la chica estuviera buscando venganza.
—No.
La presiĂłn de la daga no se aflojĂł con su respuesta, el hielo le estaba congelando la garganta.
—¿Estás aquà con alguien más? ¿Alguna de sus amiguitas?
—Nadie de quien debas preocuparte…
El filo de su arma se apretĂł contra su piel. PodrĂa romper su pálida carne en cualquier minuto. Sus ojos azules lo miraban fijamente. Estaban tan cerca que podĂa contar las arrugas de su ceño fruncido.
—Esa no ha sido mi pregunta.
ReprimiĂł el impulso de tragar saliva para no arriesgarse a que con el movimiento le cortara la garganta. ParecĂa muy dispuesta a hacerlo ante el mĂnimo indicio de resistencia. RespirĂł hondo con lentitud y respondiĂł con mucho cuidado.
—Estoy solo.
—PermĂteme que no te crea —la rĂ©plica vino de inmediato, cargada de ácido.
Zuko dejĂł caer los brazos y compuso una mueca de fastidio. ParecĂa indignada ante tal comportamiento.
—Es la verdad, estoy solo. He venido solo con dos guardias de los que me he escapado antes —señalĂł con los ojos a la daga—. DecisiĂłn que ahora clarĂsimamente lamento. ÂżPero quĂ© haces tĂş —remarcĂł esa palabra— aquĂ?
—Eso no es de tu incumbencia.
—¿Qué haces en la nación del fuego? —insistió, incapaz de contenerse—. Sabes que estás en búsqueda y captura. Si alguien te reconoce, estás acabada. Te llevarán a la cárcel. O peor.
—Sigue sin ser asunto tuyo.
Zuko le echĂł un vistazo rápido, recayendo por primera vez en la cuenta de que iba vestida con ropas rojas tĂpicas de la naciĂłn del fuego. Los ojos inexpertos no volverĂan a mirarla dos veces. Bueno, salvo quizás por lo bien que le sentaban las prendas. Era un disfraz inteligente. Pero los soldados habrĂan sido alertados de su aspecto, se darĂan cuenta de quiĂ©n era. Además, la ropa tambiĂ©n le invitaba a pensar que llevaba allĂ un tiempo, en la NaciĂłn del Fuego. No era una cosa repentina. Llevaba allĂ, escondidos a plena vista durante un tiempo. Y si ella estaba allĂ lo más probable es que su hermano y la otra niña maestra de la tierra tambiĂ©n estuvieran ÂżEs que eran suicidas? ÂżNo sabĂan la locura que era aquello?
—No entiendo quĂ© hacĂ©is aquĂ. Ya no hay nada que podáis hacer —su plural le dejĂł claro que se imaginaba que sus compañeros de viaje estaban tambiĂ©n allĂ. NO la veĂa del tipo que los hubiera dejado solos—. El Avatar está muerto.
LogrĂł reprimir un escalofrĂo ante sus propias palabras, pero no logrĂł callar a la voz que le gritaba en su cabeza que era culpa suya.
Ella pareció pensar lo mismo porque apretó más la daga. También apretó los dientes al hablar cuando dijo exactamente lo que el subconsciente de Zuko le estaba gritando:
—¿Y de quién es la culpa de eso?
CerrĂł los ojos y respirĂł profundamente, notando como el filo se hundĂa un poco en su cuello. Sin llegar a rasgar la piel, lo suficiente para recordarle la situaciĂłn en la que se encontraba. Los abriĂł de nuevo y la mirĂł. SeguĂa tan cerca y tan enfadada como antes.
Zuko no pudo resistirse a decĂrselo.
—Vas a acabar muerta si sigues aquĂ.
Aquello pareció irritarla más que cualquier cosa que hubiera dicho antes.
—Como si eso te importara —espetó con la rabia centelleando en sus ojos—. Dejaste muy claro que no te importaba.
PronunciĂł las palabras con claridad, dejando que el peso de cada una de ellas cayera sobre Zuko. LogrĂł su cometido. Él sabĂa perfectamente a quĂ© se referĂa, y su mente se vio devuelta por segunda vez en aquel dĂa, en un lapso tan breve, a aquel momento en las catacumbas de cristal de Ba Sing Se. Al recuerdo de la comprensiĂłn, del sentirse afĂn a otra persona, al entendimiento con alguien que habĂa pasado por cosas que, aunque diferentes, en el fondo eran similares.
RecordĂł sus dedos sobre su rostro, sobre su cicatriz. Y su ofrecimiento, un acto tan altruista y desinteresado. RecordĂł sentir con aquello que quizás habĂa algo en Ă©l que merecĂa la pena.
Y despuĂ©s, para variar, le habĂa dado la espalda y la habĂa cagado como siempre.
ÂżPero cĂłmo podĂa pensar que la habĂa cagado si con aquello habĂa conseguido todo por lo que siempre quiso? ÂżTodo por lo que habĂa luchado durante tres años?
ÂżPor quĂ© entonces se sentĂa tan culpable al verla a los ojos?
—Yo... —empezó sin saber muy bien qué decir. Suspiró y sin darse cuenta se le escapó de sus labios—: Katara…
—No —lo cortĂł ella de inmediato. Su postura no aflojĂł, pero cerrĂł los ojos, apretando los párpados con fuerza, como si se obligara a no abrirlos—. No quiero oĂrlo.
Zuko pegĂł los labios y siguiĂł su orden. Se hizo el silencio en el callejĂłn.
ParecĂa estar pensando algo, deliberando una decisiĂłn por unos instantes. Finalmente abriĂł los ojos y sin perder su agarre sobre la daga controlĂł el agua con la otra mano, empujándola hasta Ă©l. El olor a residuos tĂłxicos y otras cosas asquerosas le cosquilleo la nariz a Zuko. Contuvo una mueca, en especial cuando le envolviĂł el cuerpo, desde el cuello hasta las rodillas, con el agua. Se notaba que la habĂa extraĂdo de aquel callejĂłn olvidado por Agni. La congelĂł, dejándolo encarcelado y atrapado entre la pared y el hielo, pero Zuko casi lo agradeciĂł: congelada no apestaba tanto como en estado lĂquido.
Se separĂł un poco de Ă©l, dejando todavĂa una mano posada en el hielo.
—Me voy a marchar —declaró—. Si se te ocurre seguirme o delatarme, eres hombre muerto.
Zuko fue a encogerse de hombros pero se encontrĂł el cuerpo rĂgido retenido por el hielo asĂ que simplemente puso los ojos en blanco. Ella no se quedĂł para verlo, sino que se encaminĂł hasta la entrada del callejĂłn.
Antes de salir, se detuvo un momento. Zuko temió que se hubiera arrepentido de dejarlo con vida y volviera a matarlo, pero se quedó quieta sin intención aparente de regresar junto a él. Tras un instante de incertidumbre que se le hizo eterno, lanzó una pregunta al aire que indudablemente iba dirigida a él.
—¿Mereció la pena? ¿Aliarte con Azula? ¿Volverte contra…
“Contra mĂ” era lo que estaba implĂcito en aquella frase inacabada. Era lo que querĂa decir. Pero no lo dijo. Quizás por el mismo motivo por el que a Zuko le costaba hasta pensar su nombre.
No dijo nada, dejĂł que el silencio cayera sobre ellos como su Ăşnica respuesta.
—Eso imaginaba —dijo finalmente ella
Con eso, desapareció al salir del callejón, su figura mezclándose entre los viandantes del mercadillo.
Una vez que se fue, Zuko casi deseĂł quedarse allĂ, en aquel callejĂłn, solo y en silencio, todo el tiempo que pudiera. Se lo merecĂa. O quizás simplemente es que no tenĂa ganas de volver a la corte. No querĂa enfrentarse a la realidad de su pregunta ni a su falta de respuesta. No querĂa que supiera que habĂa acertado de lleno. No querĂa regresar a pasar largas horas mirando el techo de su dormitorio, un lugar que no se sentĂa suyo, rodeado de personas que no se sentĂan familiares aunque dijeran ser su familia.
No querĂa nada de eso pero al final, tras el tiempo suficiente para que ella se hubiera marchado y no pensara que la estaba siguiendo, concentrĂł calor en sus puños y derritiĂł el hielo que lo detenĂa. SecĂł su ropa con cuidado, aunque un poco de ese desagradable tufillo se le quedĂł pegado. Con suerte podrĂa camuflarlo entre el olor a mar y pescado del muelle. TendrĂa que irse ya, antes de que su barco zarpara y antes de que sus guardias dieran la voz de alarma a Fire Fountain City porque habĂa perdido al PrĂncipe de la NaciĂłn del Fuego.
Con un suspiro cansado, Zuko abandonó también el callejón.
No quedĂł ningĂşn indicio de que aquella conversaciĂłn hubiera ocurrido.
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¡Primer fic Zutara que escribo! TenĂa muchas ganas de participar en esta week pero la verdad es que le di muchĂsimas vueltas antes de ponerme a escribir porque sentĂa que no serĂa capaz de hacerle justicia a esta pareja que me gusta tanto. Al final, he quedado contenta con el resultado.
Recordad que podéis encontrar una preciosa ilustración que acompaña a esta historia, realizada por la maravillosa mermaizing.art

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Sleeping next to you
A lo largo de los años, dormir uno junto al otro pasa de ser una costumbre a una necesidad.
CapĂtulo 1
AbriĂł la puerta muy despacio, intentando no hacer ruido, incluso si lo más probable es que la persona a la que no querĂa molestar no se fuera a dar cuenta de nada. La luz del pasillo iluminĂł pobremente la habitaciĂłn, completamente a oscuras y vacĂa salvo por una figura acurrucada de espaldas en la cama del fondo.
Ray sabĂa que aquella era la cama de Norman, porque la suya era la que estaba justo a su lado. Y tambiĂ©n sabĂa que era Emma quien estaba allĂ acostada.
Sus sollozos eran audibles desde la entrada. Ray sabĂa lo que iba a encontrar allĂ, pero no pudo evitar sentir como su destrozado corazĂłn se rompĂa un poquito más, y le costĂł horrores contener sus propias lágrimas. Pensaba que ya habĂa llorado todo lo que podĂa llorar la pĂ©rdida de Norman. Se habĂa asegurado de llorar todo lo posible antes a solas, para no preocupar a ninguno de sus hermanos, y en especial porque cuando fuera a ver a Emma querĂa estar lo más entero posible.
CerrĂł la puerta con cuidado, la oscuridad inundando de nuevo la habitaciĂłn. EsperĂł unos instantes a que sus ojos se acostumbraran a la penumbra y luego se acercĂł hasta la cama del fondo.
Emma tenĂa la cara enterrada en la almohada, sus sollozos ahogados por el tejido, los hombros temblándole en pequeños espasmos. TenĂa la pierna enyesada colocada en una postura rara, le debĂa estar doliendo horrores.
Desde el otro lado de la cama Ray extendiĂł una mano para tocarle el hombro, para hacerle saber que estaba ahĂ, que estaba con ella y que ambos se encontraban en la misma situaciĂłn, pero se encontrĂł sin poder pronunciar palabra alguna. TenĂa un nudo en la garganta, y se dio cuenta, con una percepciĂłn ajena sobre su propio cuerpo, de que volvĂa a llorar, las lágrimas le caĂan silenciosas por las mejillas.
No podĂa decirle nada. No habĂa nada en realidad que pudiera consolarla, y lo sabĂa porque no habĂa nada en el mundo que pudiera consolarle a Ă©l tampoco. Norman se habĂa ido. Se habĂa ido para siempre.
Le cayeron encima la presiĂłn, la tensiĂłn y los miedos acumulados durante los Ăşltimos once años. Tanto planificar, tanto crear, tanto ingeniárselas y aguantar callado y ver como sus hermanos se dirigĂan uno a uno hacia la muerte… para nada.
Para al final perder a una de las personas que más querĂa.
Y pronto perder a la otra, pensĂł, mirando a Emma, cuyo cuerpo seguĂa moviĂ©ndose espasmĂłdicamente. Porque ya sabĂan que no habĂa forma. No habĂa soluciĂłn.
Estaban derrotados. Todos condenados a muerte.
Fue a apretar los puños pero descubriĂł que no tenĂa energĂa para ello. No tenĂa energĂa para nada.
AsĂ que se dejĂł caer con cuidado en el hueco libre que el encogido cuerpo de Emma habĂa dejado en la cama de Norma. Apoyo la cabeza en la almohada. Todos usaban el mismo jabĂłn y la misma colonia, pero el olor de Norman siempre habĂa sido más suave, más pacifico. Aquella paz lo cabreo, sintiĂł la sangre hervir. PodrĂa haberse salvado, incluso si lo hacĂa Ă©l solo. No todo habrĂa sido en vano.
SabĂa que era un pensamiento estĂşpido, pero no pudo contenerlo.
EnterrĂł la cabeza en la almohada, y se acomodĂł en la cama hasta que su espalda tocĂł la de Emma. SintiĂł su cuerpo tensarse ante el contacto, quedarse quieto durante un instante, acompañado de un ruido de papel arrugarse. Ray esperĂł, esperĂł que Emma le dijera que se fuera, que lo echara, que le dijera que querĂa estar sola.
En cambio, sintió como la espalda de Emma se presionaba contra la suya hasta quedar pegadas. El cuerpo de la niña se relajó, y Ray sintió como el suyo también se relajaba.
Emma siguiĂł llorando durante largo rato, ahogando su llanto lo mejor posible, aunque Ray, pegado a ella, podĂa escucharlo perfectamente. Su propio llanto era silencioso, se mordiĂł el labio hasta hacerlo sangrar, los puños aferrados a la almohada y las lágrimas cayendo sin parar.
Finalmente, el llanto de Emma cesó, su respiración se calmó y su cuerpo se quedó tranquilo. Ray siguió despierto durante un rato más, escuchando la respiración de Emma, las lágrimas secas en las mejillas, hasta que finalmente su cuerpo cedió y se quedó dormido.
En cambio, su mente no parĂł ni un instante, y cuando despertĂł horas despuĂ©s, la espalda de Emma todavĂa presionada contra la suya y su respiraciĂłn pausada, ya tenĂa un plan en la cabeza.
Un plan loco y caĂłtico. Porque esta vez no era un plan de escape. Era un plan de venganza.
Esta idea lleva en mi cabeza desde hace meses pero no planeaba escribirla hasta dentro de bastante tiempo. Sin embargo el otro dĂa la escritura fluyĂł de manera natural asĂ que aquĂ esta el primer capĂtulo, justo a tiempo para el #RayEmmaDay. Espero que os guste.
The Rose Song 🌹🎶
Here you have the fanart that I have made inspire by one of the best moment in the series. I have expent the second season crying almost all the time, but if I have to chose a scene and a song is definitively this one. Olivia was simply magical. Please, share It and mention her so she can get to see it.
Whats your favorite part of the song? Mine is the one written in the fanart. Let me know in the comments!
El amor es lo que nos mueve
Kanao sabe lo que es el amor.
Kanao sabe lo que es el amor, no es ajena a ello. Puede que la primera parte de su vida la pasara rodeada de miseria e inmundicia, pero ha tenido la suerte, una suerte que es consciente no todo el mundo tiene, de que esa etapa fuera breve, y la que siguiera fuera una Ă©poca de alegrĂa y color. De amor.
A pesar de que Kanao sabe lo que es el amor, es un sentimiento que ha tenido que ir descubriendo con los años. Desentrañándolo poco a poco. No ha crecido con Ă©l presente desde el primer dĂa de su vida como otros bebĂ©s y niños más afortunados, pero cree que por eso puede apreciarlo más. Puede identificarlo mejor porque ha ido descubriendo poco a poco que es.
El amor es dos extrañas que la miran con pena a los ojos y la toman de la mano, arrastrándola con ellas en una carrera desesperada, alejándola de la cruel vida que le esperaba y poniéndola a salvo, aunque en ese entonces no sabe muy bien de qué se trata esa calidez en su pecho.
Pero Kanao, a pesar de su mudez y de sus ojos perdidos es inteligente y a partir de ese momento deja de estar perdida.
AsĂ que aprende.
Aprende del amor de Kanae. Una sonrisa preciosa y llena de luz en su rostro mientras le acaricia la cabeza y le dice que todo estará bien. Un fuerte abrazo, una palabra que también tiene que aprender, y con la que ahora está fascinada. “Abrazo”, susurra en la oscuridad de su habitación mientras rememora los que ha recibido en su corta vida. Los va enumerando, sumando cada uno nuevo a su colección de abrazos como si fuera un tesoro, hasta que son tantos que deja de contar, y se siente privilegiada por poder dejar de hacerlo.
Aprende que amor también es Shinobu, con una belleza igual a su hermana pero un ceño fruncido y labios crispados gritándole. Aprende que el amor no siempre es caricias y abrazos, que a veces también es preocupación y desesperación. Aprende a identificar el tono de Shinobu, las grietas en su voz cuando le explica a su hermana mayor que teme porque sea incapaz de decidir, que quede para siempre sujeta a las decisiones de los demás. Aprende que tras su irritación esconde una profunda preocupación.
Para demostrarle que puede tomar decisiones pro sà misma, que no está completamente perdida, decide por primera vez. Decide su propio apellido. Tsuruyi. Se siente bien, y se siente aún mejor recibir las miradas de afecto y de orgullo de Kanae y Shinobu. De sus hermanas. También se siente bien tener algo que es propio, que su suyo, porque a veces su nombre se siente como una modificación de Kanae.
(Se siente horrible la primera vez que piensa eso, pero aprende, más tarde, que tambiĂ©n es humano sentir cosas agrias a veces. Aun asĂ, intenta alejar todos esos sentimientos de ella).
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Amor, descubre con el corazĂłn bombeando el pecho y la emociĂłn en sus ojos, es ver llegar a otra pequeña niña a la Finca Mariposa. Es más pequeña que ella cuando llegĂł, pero está en clarĂsimas mejores condiciones. FĂsicas, quizás, porque no deja de llorar.
Kanae y Shinobu se la presentan casi con miedo, pisando cáscaras de huevo pues no saben como puede ser su reacción. Nunca ha compartido mucho tiempo con otras personas salvo ellas dos, y mucho menos otros niños. Mucha gente pasa por la finca, gente en recuperación sobre todo, pero si no está con sus hermanas pasa la mayor parte de su tiempo sola, acompañada de su moneda, practicando como lanzarla al aire. Es normal que teman como se va a comportar ahora que va a tener que convivir todo el tiempo con otra persona. Que tendrá que compartir sus atenciones con ella.
Su reacciĂłn es la siguiente: abraza a la pequeña, cuyo nombre todavĂa no sabe, y le dice que todo va a estar bien con suaves palabras que se lleva el viento y que sus hermanas mayores no alcanzan a escuchar. Pero la pequeña sĂ.
Las miradas sorprendidas y orgullosas que intercambian las hermanas quedan a sus espaldas, pero los puñitos de la pequeña agarrándose a ella quedan con ella para siempre.
Kanzaki Aoi es el nuevo miembro de la familia de las Mariposas, y Kanao acaba de convertirse en hermana mayor.
Acaba de sumar un nuevo amor a su vida.
Descubre que el amor de hermana mayor es diferente. No es que te protejan todo el tiempo, sino proteger todo el tiempo y, para su sorpresa, descubre que le gusta. Le gusta el cosquilleo de atrapar a Aoi justo antes de caerse. Le gusta explicarle cosas sintiendo que posee una sabidurĂa infinita ante la curiosidad de sus grandes ojos azules. Le gusta que sea tan instintivo comportarse asĂ con ella que muchas veces olvide para quĂ© tiene la moneda, no le hace falta tomar una decisiĂłn cuando se trata de su hermanita.
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La vida es feliz y brillante, o lo es hasta que Kanae muere.
La vida sigue siendo brillante porque los colores de las flores y de las hojas, del cielo y las nubes, siguen siendo los mismos.
Shinobu no.
Su hermana se encierra. En su habitaciĂłn y en sĂ misma.
Mucha gente viene a casa, y Kanao los recibe, siempre silenciosa pero eficiente, dándose cuenta con rapidez del papel que tiene que representar.
Shinobu no sale, no mucho, y a veces ella y Aoi, más veces de las que le gusta admitir, fingen no escuchar su llanto, o sus gritos de rabia.
Kanao es inteligente, siempre se lo han dicho, pero no sabe cómo actuar o qué decir.
Y tampoco sabe que hacer con ese agujero negro que tiene ahora en el pecho, el sitio donde antes tenĂa el amor de Kanae.
AsĂ, Kanao aprende tambiĂ©n que con el amor viene la pĂ©rdida.
Por primera vez en su vida, no está tan segura de que compense amar.
No sĂ el resultado va a ser ese infinito dolor el resto de lo que dure su vida.
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Decide, que sĂ, que sĂ que merece la pena. Lo decide un dĂa, el primer dĂa despuĂ©s de la muerte de Kanae en el que Aoi sonrĂe, y ella sonrĂe al verla. Merece la pena porque mientras viva quiere sentir eso, y quiere sentir que todos a su alrededor pueden vivirlo.
Quiere amar y sentirse amada, y que todos los niños del mundo lo puedan sentir.
No quiere que nadie tenga que sufrir pérdidas.
Cuando esa noche va a llevarle la cena a Shinobu, se sienta frente a ella y le dice que quiere convertirse en cazadora de demonios. Que quiere luchar contra los demonios.
Shinobu parece sorprendida por un instante. Luego vuelve a su expresiĂłn ausente.
Kanao piensa, con el corazĂłn en un puño, que asĂ debĂa lucir ella cuando era una niña desamparada y olvidada por todos.
Su hermana asiente pero sigue pareciendo tan lejana que Kanao duda que la haya escuchado.
A la mañana siguiente cuando se despierta ya hay olor a comida caliente y dulce en el aire. Shinobu está en la cocina poniendo los platos sobre la mesa. Lleva el haori de Kanae, y ahora también lleva su expresión dulce y amigable, aunque hay grietas.
Ni a Aoi ni a ella se les pasan ambos detalles, pero fingen que no ha pasado nada relevante, tan felices de tener a su hermana (o al menos aparte de ella) de vuelta que Aoi casi no puede contener las lágrimas mientras desayuna.
Shinobu le dice a Kanao todavĂa con la sonrisa de su hermana mayor en los labios que más tarde empezaran con su entrenamiento.
Kanao está feliz y triste a la vez, porque ha recuperado a Shinobu ha perdido una parte de ella.
Se pregunta si alguna vez volverá la explosiva y cabreada chica que le grito al hombre que la tenĂa en la calle.
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Los siguientes años transcurren con rapidez, una sucesión de entrenamientos y preparación.
También de risas, en especial cuando llegan las tres pequeñas a la familia.
TambiĂ©n hay llanto. Vivir en la finca Mariposa significa que muchos luchadores vienen a recuperarse o curarse ahĂ, pero no siempre se recuperan o se curan.
TambiĂ©n viven con el recuerdo de Kanae. Hay dĂas en que es más fácil y dĂas en que es más difĂcil.
Shinobu no vuelve nunca a mostrar su personalidad, la máscara de la amabilidad de su hermana cada vez mejor asimilada. Incluso Kanao ya es incapaz de ver las grietas.
Kanao se entrena con verdadero ahĂnco, y a pesar de que entrena con chicas mayores que ella, es sin duda la mejor. Hay un destello en los ojos de Shinobu cuando la mira que le dice que está orgullosa a la par que preocupada, esa preocupaciĂłn que siempre ha asimilado va unido a su amor.
Kanao está decidida a luchar, a defender y a proteger.
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Crece, y con ella crece tambiĂ©n Aoi. Descubre en ella lo que es tener no solo una hermana, sino tambiĂ©n una amiga. Ninguna de las dos es especialmente sociable, Kanao por su mudez voluntaria y Aoi por su mal genio, y ambas ahuyentan a gran parte de los jĂłvenes que visitan la finca, asĂ que encuentran a la mejor amiga en el corazĂłn de la otra. No hay problema con eso, pues se habrĂan seguido escogiendo incluso si tuvieran todos los amigos del mundo.
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Kanao tiene dieciséis años cuando conoce a Kamado Tanjiro.
SegĂşn Ă©l, se conocen en un oscuro y frĂo bosque una noche de muerte, sangre y lucha contra demonios, cuando ella se abalanza sobre Ă©l como un destello blanco y detiene su espada.
SegĂşn ella, se conocen una soleada tarde de primavera, las abejas zumban en el jardĂn y el viento fresco huele a flores. Él la toma de las manos y la mira directamente a los ojos y provoca que su corazĂłn se acelera con locura, con una emociĂłn, con una vivacidad que no ha experimentado antes.
Kanao lo mira, indefensa y sin barreras frente a la franqueza de sus ojos y la luz de su sonrisa, y recuerda ser pequeña y descubrir lo que era el amor. Se siente igual y diferente al mismo tiempo.
Cuando Tanjiro suelta sus manos, hay un hormigueo en ellas, algo que le dice que el contacto ha durado demasiado poco. Y cuando le sonrĂe, es lo más hermoso que Kanao ha visto en toda su vida, y se siente como si el mayor secreto del mundo se le hubiera revelado con esa sonrisa.
No sabe exactamente qué es este sentimiento, pero sabe que es diferente a cualquier cosa que ha sentido antes. No mejor, no peor, pero si definitivamente diferente. Tiene que serlo, porque su corazón se va a salir de su pecho, y se pregunta si quizás le esté dando un infarto, a pesar de que sabe que es demasiado joven para eso.
Tanjiro se va con esa misma sonrisa camino a una nueva misiĂłn, y el corazĂłn de Kanao se encoge ante la idea de peligro, aunque sabe que no puede hacer nada. Es su trabajo tanto como es el suyo.
Pero esa sensación persiste, incluso cuando él está fuera de su vista.
Piensa que quizás con los dĂas se le pasara. Se le pasa. En parte. Porque está tan tranquila viviendo su dĂa a dĂa con normalidad y de repente recuerda su sonrisa, el tacto de sus manos entre las suyas, el destello de su mirada, y siente que le tiembla todo el cuerpo, que el corazĂłn se le va a derretir dentro del pecho y que el sol apunta directamente a sus mejillas.
Empieza a preocuparse tanto que acaba hablando con Shinobu. Si es algo grave, no quiere preocupar a Aoi. Tampoco quiere preocupar a Shinobu, pero es la mayor, ella seguro que sabe qué hacer.
Cuando Kanao termina su explicaciĂłn y levanta la vista, pues ha sido incapaz de hacer contacto visual mientras le contaba, su corazĂłn se encoja.
Shinobu la mira con picardĂa en los ojos y mordiĂ©ndose el labio. Parece desbordante de felicidad. Y parece ser la Shinobu gritona y mandona que la salvĂł de las calles. La Shinobu que era antes de la muerte de Kanae.
Eso le dice que sin dudas lo que le ocurre no es nada malo.
Pero no la prepara para las palabras de después.
—Eso es amor, Kanao.
Su pensamiento inmediato es que no, no puede serlo porque ella ya sabe lo que es el amor y no se siente asĂ. Se siente parecido si, pero no asĂ.
—Un tipo diferente de amor —aclara Shinobu y toma una de sus manos.
Kanao las contempla. Lo que siente ahora no se parece a lo que sintió con Tanjiro. Esto es familiar, es el calor de años de confianza, el cariño de su hermana mayor, de la persona que más admira en el mundo, de aquella que desea tener la fuerza suficiente para proteger, a quien quiere hacer orgullosa.
Con Tanjiro ni siquiera tiene claro exactamente que sintió: un torbellino de emociones tan intensas, tan breves y espontáneas que se siente incapaz de nombrarlas a todas.
Solo es capaz de decir que quiere sentirlo de nuevo.
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La prĂłxima vez que Kanao ve a Tanjiro, Ă©l aparece tan de sorpresa que cree que se le va a salir el corazĂłn del pecho, aunque sospecha que incluso con un sobre aviso su inquieto corazĂłn se habrĂa comportado igual.
Tanjiro la saluda con una sonrisa y Kanao le corresponde con otra, más suave, pero más auténtica que la que mantiene siempre. Sospecha que es la sonrisa que aparece en sus labios cada vez que piensa en él.
Deja que su corazĂłn lata incontrolable, que todas las emociones que la presencia del chico trae consigo la inunden, sin molestarse en identificarlas. Quiere sentirlas, quiere sentirse asĂ. Siempre, sĂ es posible.
Kanao conoce el amor pero se da cuenta quĂ© todavĂa le queda mucho, muchĂsimo, por descubrir sobre Ă©l.
Y no puede esperar a hacerlo.
Escribà este fic como regalo de cumpleaños para https://mermazing-art.tumblr.com/. ¡Espero que os guste tanto como a ella! ¡Gracias por leer ^^!
DĂa 6: Scars
Esta ilustración acompaña al fic “Scars Made of Love” escrito por mi alucinante @sarapb. Encontraréis el fic en los siguientes enlaces:
AO3:Â https://archiveofourown.org/works/32177092 // Wattpad:Â https://www.wattpad.com/1090554156-scars-made-of-love // Tumblr: https://sarapb.tumblr.com/post/654978248922497024/scars-made-of-love
DĂa 8: Secret
Esta ilustración acompaña al fic “Big Girls Don’t Cry” escrito por mi alucinante @sarapb. Encontraréis el fic en los siguientes enlaces:
AO3:Â https://archiveofourown.org/works/32216635 // Wattpad:Â https://www.wattpad.com/story/275192615-big-girls-don%27t-cry // Tumblr: https://sarapb.tumblr.com/post/655153193727279104/big-girls-dont-cry

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Big Girls Don't Cry
No va a llorar. No puede permitirse llorar. No si quiere que todo salga bien.
RayEmma Week 2021, Day 8: Secret.
Manga Spoilers
“No puedo llorar”
"No voy a llorar”
Los pensamientos se repiten en la cabeza de Emma, versiones diferentes pero todas con la misma intención: prevenirse a sà misma de llorar en público. No puede permitir que ninguno de sus hermanos la vean llorar o si no le preguntaran por qué está llorando y entonces todo habrá sido en vano.
Entonces todo lo luchado, arriesgado y sufrido, todas las lágrimas que ha derramado antes, todas las vidas perdidas, todo será en vano. Porque si la ven llorar no podrá lograr su objetivo.
En contra de la opiniĂłn de todos Emma sĂ que piensa las cosas. Bueno, quizás no todo, y quizás no tan meditadamente como Ray o tan frĂamente como Norman, pero Emma tambiĂ©n piensa y reflexiona (la mayorĂa de las veces) antes de actuar.
La promesa ha sido una de esas cosas que ha meditado mucho, ha pensado antes de decir que sĂ. O al menos lo ha pensado tanto como ha podido, pues ha tenido que tomar la decisiĂłn en un momento, no se podĂa posponer, tenĂa que tomarla ahĂ y ahora, y Emma ha sentido su cerebro funcionando más rápido y eficientemente que en toda su vida.
Cree sinceramente que la oferta que le ha hecho el Rey Demonio es justa. No ha aceptado simplemente porque era la única alternativa (aunque era la única alternativa que estaba dispuesta a aceptar), lo ha hecho porque de veras considera justa la propuesta. Sus recuerdos a cambio de respetar la vida de todo el mundo, humanos y demonios por igual, además de que sus hermanos acaben en un sitio seguro donde nunca más volverán a irse a dormir con la incertidumbre de sà algo los atacara mientras duermen. Con el “quizás no lleguemos todos juntos”. Un mundo donde los más pequeños y los bebés nunca tengan que conocer esos sentimientos, donde ningún niño cargue nunca jamás con semejante responsabilidad en sus hombros.
Emma está de acuerdo. Pero entonces, ¿por qué siente que va a romper llorar en cualquier momento?
En el fondo tambiĂ©n sabe que es normal que estĂ© deseando llorar. Está de acuerdo con que es lĂłgico y más que aceptable, pero estar de acuerdo con los tĂ©rminos del contrato no tiene por quĂ© estar completamente de acuerdo con sacrificar su vida asĂ. Quiere que todos vivan felices, quiere que todos puedan crecer en paz y armonĂa, pero ella tambiĂ©n quiere ser feliz, tambiĂ©n quiere crecer en paz y en armonĂa, y sobre todo quiere estar con su familia para siempre. Por siempre jamás. Y eso es algo que ese trato le va a arrebatar.
AsĂ que se siente al borde del llanto todo el tiempo, y se odia a sĂ misma por estarlo. Al fin y al cabo es su decisiĂłn, Âżno? Es ella quien quiere que todos vivan bien, humanos y demonios, asĂ que es ella quien debe pagar el precio.
Es ella quien debe hacerlo.
Aun asĂ, parte de ella quiere correr y pedirle ayuda a Ray. Quiere correr y contarle que ha hecho, que ha prometido, pedirle que por favor la ayude. Es Ray, siempre puede contar con Ă©l, siempre estará ahĂ para ella y si alguien puede ayudarla es Ă©l.
Sus ojos se dirigen a Ray casi con voluntad propia. Está charlando animadamente con Don y otros de los chicos. Parece despreocupado e incluso tranquilo, pero Emma sabe que está alerta, nunca deja de estarlo esperando el momento en que quizás tenga que salir corriendo para salvarlos a todos. Siempre ha sido asà desde que tiene memoria, porque Ray, para bien o para mal, tiene más memoria que todos ellos juntos.
Debe sentir su mirada sobre él, porque vuelve el rostro y sus ojos se encuentran.
Ray le sonrĂe y el corazĂłn de Emma se detiene un instante.
No sonrĂe muy a menudo, pero cuando lo hace tiene la sonrisa más brillante y radiante que Emma ha visto nunca. Le gustarĂa que sonriera siempre.
"Quiero verlo sonreĂr siempre".
Es la sonrisa de Ray lo que Emma va a proteger cumpliendo su parte del trato, se da cuenta. Protegerá a Ray, que nunca más tendrá que estar alerta todo el tiempo, que por fin podrá relajarse. Que podrá fotografiar y recorrer el mundo humano, y estar charlando con sus hermanos con despreocupación.
Es esa sonrisa, y la de Norman, y la de Gilda, y la de Don, y la de Phil, y la de todos los chicos que forman parte de su familia. Es a su familia a quien Emma está protegiendo.
“No voy a llorar”, se dice Emma, y esta vez se lo dice más en serio que nunca. “Cada vez que quiera llorar, pensaré en la sonrisa de Ray”.
Y eso hace, piensa en la sonrisa de Ray. Piensa que asĂ Ă©l podrá sonreĂr siempre, que nunca tendrá que volver a sufrir. Piensa en la sonrisa de Ray, y cuando viajan al mundo humano, sabiendo lo que le espera allĂ, Emma tambiĂ©n sonrĂe, tranquila y en paz consigo misma, porque piensa que ha protegido la vida de sus hermanos, que ha protegido la sonrisa de Ray.
Sobre la arena de la playa, en un mundo humano que les es ajeno, Ray llora. Se deja caer al suelo y llora todas las lágrimas que Emma se ha guardado, toda la agonĂa, todo el sinvivir de la mentira que ha mantenido, todo aquello que ha ocultado a sus hermanos. En la playa, las lágrimas de Ray se pierden en el ocĂ©ano y su sonrisa se entierra en la arena. Se siente incapaz de sonreĂr, ahora que ya no tiene junto a Ă©l a la persona por la que siempre lo hacĂa.
(Este fic va acompañado de una ilustración que podéis encontrar en el tumblr de la maravillosa https://mermazing-art.tumblr.com/ )
Scars Made of Love
Papá tiene una cicatriz en la oreja. Mamá también.
RayEmma Week 2021, Day 6: Scars
Post-Finale. Manga Spoilers.
Tiene cinco años cuando ve la cicatriz de su padre por primera vez.
Están tumbados en el sofá, Ă©l está estirado encima de papá, mientras papá lee y Ă©l ve dibujos animados. El siguiente capĂtulo que retransmiten es repetido (lo ha visto tantas veces que ya se lo sabe de memoria) pero está muy a gusto tumbado con papá y no tiene ganas de moverse, asĂ que se dedica a mirar a su padre. El adulto tiene un brazo echado sobre la espalda del niño para impedir que se caiga, pero sus ojos están puestos en el libro, que sujeta de tal forma que el pequeño pueda verle el rostro a la perfecciĂłn. En su aburrimiento se dedica precisamente a eso, a mirar la cara de su padre. En clase están aprendiendo a nombrar todas las partes del rostro y aunque Ă©l ya es más que capaz de recitarlas todas sin pensar las mira con detenimiento y las va nombrando: la frente, la nariz, las cejas, los ojos, los labios, las mejillas, las orejas…
Es ahà cuando se da cuenta por primera vez de que a la oreja de su padre le pasa algo. Inclinando la cabeza para ver mejor, comprueba que lo que le pasa es que parece como si le faltara un pequeño trocito. Como cuando estás haciendo un puzle, te falta una única pieza y puedes ver la mesa a través de ese hueco.
Antes de que pueda pararse a pensar (cosa que según papá no hace muy a menudo) extiende la mano y le roza la oreja. Su padre da automáticamente un respingo, suelta el libro que cae al suelo con un golpe sordo y el brazo que lo envuelve se aprieta a su alrededor, afianzándolo contra él.
—Lo siento —susurra cuando su padre lo mira con los ojos muy abiertos.
—No pasa nada. Me has hecho cosquillas —le explica, y al instante procede a hacerle cosquillas en las costillas, provocando lágrimas de risa.
—¡No! ¡Papá, para! —le suplica entre carcajadas, y su padre se detiene con una sonrisa enorme.
Él lo mira sonriendo, pero ahora que sabe que esa extraña muesca está en la oreja de papá no puede evitar que sus ojos se desvĂen a mirarla. Su padre, la persona más inteligente que conoce (incluso más que el tĂo Norm) se da cuenta de inmediato y toma su mano y la devuelve al sitio que habĂa tocado instantes antes.
Le ayuda a pasar el dedo por el contorno de la oreja, notando a la perfección el hueco, el trocito que falta. Papá lo ayuda a rozar con más profundidad el hueco, lo invita a tocarlo sin reparos. Sorprendentemente, es bastante suave al tacto.
—¿Te duele? —pregunta, como una ocurrencia repentina.
Papá niega con suavidad para no mover su mano.
—En absoluto.
—¿Pero dolió? —insiste.
Su padre lo mira con los ojos entrecerrados pero una sonrisa en los labios. Es la expresión que pone cada vez que dice algo que es “demasiado inteligente para su edad”. Sin embargo, no importa que tan extraña puedan ser sus preguntas a veces, papá siempre responde a todas.
—SĂ, doliĂł.
El pequeño aparta la mano para contemplarla mejor. Resulta muy evidente ahora que sabe qué buscar.
—¿Cómo te la hiciste? —pregunta, sus ojos fijos sobre la herida.
El pecho de su padre se mueve en pequeñas respiraciones. Sabe que se está aguantando las ganas de reĂr, asĂ que no se espera lo que responde.
—Tu mamá me la hizo.
—¿¡Mamá te hizo daño?! —exclama el pequeño con toda la potencia de su voz.
Mamá es la persona más buena y amable del planeta, en su pequeña cabecita es imposible que le haga daño ni a una mosca.
Su padre suelta una carcajada mientras se incorpora para sentarse en el sofá, todo ello mientras lo sujeta fuerte para que no se caiga y lo deja sentado en su regazo.
—Sip. Tu mamá lo hizo. Pero lo hizo para protegerme.
—¿Para protegerte de quĂ©? —. Ahora está todavĂa más confuso.
Papá le acaricia la cabeza y le aparta distraĂdo mechones de cabello de la cara. Lo está mirando, pero a la vez parece estar viendo algo muy muy lejano. Es una expresiĂłn a la que se ha acostumbrado, porque papá, mamá, y tambiĂ©n sus tĂos, la ponen a veces, cuando se piensa que Ă©l no está mirando.
— De alguien malo. Pero no debes preocuparte, porque tu mamá, tus tĂos y yo, conseguimos ganar —le explica con una sonrisa, e incluso alza el puño como hacen los hĂ©roes de sus pelĂculas. El pequeño se pregunta vagamente si quizás sus papás sean hĂ©roes y se lo hayan ocultado todo este tiempo. Sin embargo, tiene otra pregunta más urgente.
—¿Y no te molesta? Tener una herida fea en la oreja —aclara cuando su padre lo mira con duda, y se avergüenza al instante. No es una herida fea, no en verdad. Ya ni siquiera es una herida, es otra cosa, ha escuchado la palabra antes pero no…
—Es una cicatriz —dice papá, que parece leerle el pensamiento—. Yo no la considero fea. Y no, no me molesta en absoluto.
—¿Por qué?
Papá sonrĂe, una sonrisa pequeña pero llena de cariño y amor.
—Porque es un sĂmbolo el de amor de tu madre.
—¿Del amor de mamá?
—Ajam.
Mira la herida, la cicatriz, ahora con unos ojos muy distintos. No termina de entender qué quiere decir papá con sus palabras, hay muchas muchas veces en las que no entiende a papá, o a los adultos en general. A veces insiste, porque quiere comprender, pero esta vez no lo hace. Simplemente se queda mirando la herida, hasta que papá le hace unas pocas cosquillas más y le dice que si quieren leer algo juntos.
Antes de que papá termine de hacer la pregunta, el pequeño ya ha saltado al suelo y está corriendo en busca de sus cuentos favoritos.
Tiene siete años cuando ve la cicatriz de su madre por primera vez.
Es una tarde de agosto y el sol por fin está dando un poco de tregua, asĂ que mamá sugiriĂł que salieran al jardĂn a jugar al tenis. A su madre le encanta cualquier cosa que implique movimiento, es una gran aficionada al deporte, muy atlĂ©tica, y aunque Ă©l es bastante flojo (o al menos eso es lo que dice su profesor de EducaciĂłn FĂsica) sĂ que hace mucho deporte con su madre, más porque le gusta pasar tiempo con ella que por otra cosa.
Están en el jardĂn, su madre va ganando por un punto y aunque no haga el mismo calor que a las cuatro de la tarde todavĂa la temperatura es alta, asĂ que su madre usa un coletero para apartarse del rostro el cabello que le cae sobre los hombros en brillantes ondas. Siempre ha pensado que el pelo de su madre parece el sol, y le da bastante envidia no tener su mismo color.
No le da demasiada importancia y siguen jugando durante un rato, hasta que en un momento su madre se agacha para recoger la pelota y entonces la ve.
Lo primero que piensa es que es imposible que no la haya visto antes, porque es bastante grande, ocupa gran parte del lateral de su rostro, una cicatriz de un rosado que destaca bastante contra su piel. Se va estrechando en los extremos hasta acabar en una delgada lĂnea para luego desaparecer. El centro es lo peor, porque es un pequeño agujero rodeado de cicatrices pequeñas.
La cicatriz está donde deberĂa estar la oreja de su madre. A su madre le falta una oreja y nunca habĂa recaĂdo en ello, y tiene que ser algo que ocurriĂł antes de nacer Ă©l, o cuando era muy pequeño, porque no hay manera que durante los Ăşltimos años su madre haya recibido una herida semejante y Ă©l no se haya dado cuenta. No cuando dicen que es un chico muy inteligente para su edad.
Todos los pensamientos transcurren en un solo instante, en el momento en que su madre se agacha y recoge la pelota, pero cuando se incorpora Ă©l todavĂa la está mirándola fijamente.
—¿Te encuentras bien, cariño? —pregunta su madre preocupada.
Sus ojos se dirigen sin poder evitarlo a la cicatriz y su madre se da cuenta. Se lleva una mano a la zona, no con la intención de ocultarla, parece más bien un gesto inconsciente. Esboza una pequeña sonrisa y se acerca hasta quedar junto a él.
—Fue hace mucho mucho tiempo —le explica con una dulce sonrisa sin que él tenga que preguntar—. Mucho antes de nacer tú. Siento si te ha disgustado verla.
Niega enérgicamente con la cabeza, recuperándose del shock. No quiere que su madre piense mal de él.
— No, no es eso. Me ha sorprendido. No… no sabĂa de ella.
Su madre le aparta un mechón rebelde del rostro, colocándoselo detrás de la oreja. Ahora que sabe que a su madre le falta una, es extremadamente consciente de las suyas.
—Casi siempre la llevo tapada. No es que me avergüence de ella, en absoluto. Es más una costumbre.
—¿Quién te lo hizo? —pregunta antes de darse cuenta.
De repente, está recordando otra conversación, en ese ocasión con su padre, hace mucho tiempo sobre algo muy parecido.
Su madre no deja de sonreĂr ni de acariciarle el cabello, y por eso la respuesta le sorprende.
—Me la hice yo misma.
La mirada de su rostro no debe tener precio porque su madre empieza a reĂrse.
—¿Cómo? ¿Tú misma? ¿Pero por qué?
Su madre incluso se retira una lágrima sin dejar de sonreĂr antes de responder.
—Lo siento, me has recordado mucho a… No importa —dice su madre—. Y sĂ, me lo hice yo misma. Era necesario para poder escapar de alguien que nos tenĂan atrapados.
Recuerda la conversaciĂłn con su padre. Las similitudes no se le escapan. No sabe exactamente quienes engloba ese “nos” aunque casi seguro que además de sus padres incluye a sus tĂos. Tampoco se le pasa por alto la parte de “escapar” y “atrapados”. De repente tiene mucha curiosidad y miles de preguntas peleándose en su cabeza, pero al final lo que acaba preguntando es…
—¿Y no te importó?
—Por supuesto que no —la sonrisa de su madre es aĂşn más grande ahora si cabe—. En su momento no lo sabĂa, pero cortarme la oreja fue una declaraciĂłn de amor.
—¿Una declaración de amor?
Ahora está tremendamente perdido, ni siquiera puede fingir que entiende a dónde quiere llegar su madre. Esta se inclina y le da un beso en la frente.
—SĂ. Una declaraciĂłn de amor a tu padre, por supuesto.
No lo entiende. Bueno, entiende que sus padres son muy bobos el uno con el otro, pero no termina de entender por quĂ© las cicatrices que tienen pueden ser un sĂmbolo de su amor. Pero tiene siete años, y el amor todavĂa es algo asqueroso que no quiere experimentar, que no quiere que le pase a Ă©l nunca o si no acabará como en las pelĂculas románticas que a la tĂa Anna le gustan tanto.
Su madre se ha vuelto a poner en posiciĂłn, dispuesta a aprovechar las Ăşltimas horas de sol antes de que anochezca, asĂ que corre rápido a su sitio y reanudan el partido. Su madre gana, por supuesto, pero Ă©l se siente ganador de simplemente estar con ella y verla sonreĂr.
Nunca olvida sobre las cicatrices de sus padres, ni tampoco los motivos que le dieron, ni que nunca llegaron a explicar por completo la historia. AlgĂşn dĂa preguntará, y algĂşn dĂa, en el futuro, sus padres le explicarán y le contarán, cuando tenga la edad suficiente.
Por el momento, sabe que sus padres se quieren, y que lo quieren a él, y con eso es más que suficiente.
(Este fic va acompañado de una ilustración que podéis encontrar en el tumblr de la maravillosa https://mermazing-art.tumblr.com/ )