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Emma Thomsen, Danish (1820-1897)
Bueno como deben saber cayo el gobierno hace una semanas y ya. ajajaja ahora estamos expectantes. Saludos
⭦ ESTA ES UNA CUENTA DE ROL INDEPENDIENTE ACTIVA EN ESPAÑOL .
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En el momento en el que el otro comienza a compartir su vida con él, el pelinegro asiente, porque realmente se le hace algo bastante interesante, nunca había conocido a nadie con aquel conocimiento ancestral. ""Eso me parece bastante genial y terapeuta como psicólogo o algún tipo de terapeuta del estado físico"Pregunta sin más para luego de eso acabar regalarle una mirada llena de curiosidad.
Por lo demás, pensaba que era más que interesante el trabajo ajeno. "A mí la acupuntura me parece algo muy entretenido, la verdad, sin embargo, debo admitirte que la primera vez que lo hice, realmente me daban mucho miedo las agujas, pero a diferencia de quizás un pinchazo, no duele demasiado, eso hace las cosas más fáciles". Refiere sin más procurando estar calmado.
Un leve murmullo de meditación brotó de la garganta del hombre. Entornó los ojos; en realidad, la respuesta era sencilla.
—Terapia física: masajes, ejercicios con peso y asistidos —enumeró con sobriedad.
TaiBao lo observó con una expresión apacible.
—Las agujas no gozan de buena fama —continuó el hombre—. Muchos les temen, aunque en verdad no duelen después; al menos no las de acupuntura. Todo depende de saber aplicarlas.
Hizo una breve pausa antes de preguntar:
—¿Por qué motivo empleo acupuntura en usted? ¿Sufrió alguna lesión?

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Jara la observó por un instante, pero negó con serenidad. —No será necesario —respondió al fin.
Poco después, la inmensa figura de Tanu se aproximó, revelándose por completo ante ellos. Su presencia imponía silencio. Era una criatura alargada, de líneas verticales oscuras que podían confundirse con los troncos del bosque. Sus pies eran grandes, pero su andar no producía el más mínimo sonido. Todo su cuerpo parecía envuelto en una materia espesa, semejante a una lana antigua que absorbía la luz.
Jara dio un paso al frente y comenzó a comunicarse con Tanu en un idioma olvidado por los siglos; tan antiguo que parecía carecer de sonido. Sus labios se movían, sus manos trazaban gestos, y aun sin voz, el aire se estremecía. Era el idioma del Otro Mundo, aquel que existía antes del viento y de las palabras.
Tras un largo intercambio silencioso, Jara volvió el rostro hacia su compañera. —Dice que se ha desplazado por la amenaza de nuevas entidades en la región —explicó con gravedad—. Al parecer, criaturas desconocidas han emigrado desde otras latitudes. Sospecho que son criaturas antiguas, tanto como para incomodas a Tanu.
Céline permaneció inmóvil mientras Tanu se revelaba por completo, como si incluso su respiración pudiera resultar una falta de respeto. La ligereza juguetona que solía rodearla desapareció. Sus ojos lilas seguían cada pliegue de aquella materia oscura que envolvía al gigante, intentando comprender cómo algo tan vasto podía moverse con tanta delicadeza.
Cuando Jara comenzó a comunicarse, Céline no entendió el idioma, pero sí el peso de su importancia. Cerró los ojos apenas un segundo, dejándose atravesar por esa resonancia antigua, y en su interior surgió una sensación inesperada: inquietud. No miedo, exactamente.
Al oír la explicación de Jara, frunció el ceño con preocupación.
—Entonces no importa si logramos alcanzar el portal, si la amenaza no desaparece, seguirá desplazándose... En ese caso, ¿hay algo que podamos hacer?
Bueno, eso tenía lógica: Tanu se había desplazado a causa de la migración de otras especies poco amistosas. Jara ladeó la cabeza, reflexionando sobre cómo podría resolver la situación. Aunque Tanu no corría un peligro inmediato, permitir que el portal continuara alejándose no sería justo.
—En estos casos, lo más adecuado es eliminar la amenaza —indicó con una lógica fría, casi cruda—. Sin embargo, si abandonaron su antiguo territorio, significa que algo los obligó a hacerlo. Y ahí reside la verdadera raíz del problema.
Sin embargo, Jara no parecía del todo preocupado, en gran parte porque Tanu se encontraba a salvo. Investigar lo ocurrido en el origen del problema era una tarea que apenas comenzaba; quizá debía consultarlo con otros.
—De momento no puedo hacer nada —indicó—. El asunto es más complejo de lo que pensé; tendré que reflexionar.
Y reflexionar era algo que siempre le llevaba tiempo.
—Al menos Tanu está bien —añadió—, y eso me tranquiliza. ¿Que quieres hacer tu? -Le preguntó casualmente.
Mikhail aceptó las hojas sin prisa, revisándolas una por una con una atención casi desinteresada. La tinta corrida no parecía disgustarle tanto como cabría esperar; de hecho, en algunos trazos el accidente había añadido algo de originalidad.
—Si eso cuenta como arte… supongo que sí.
Deslizó las hojas de nuevo dentro del cuaderno, separando con cuidado las que aún estaban húmedas.
—Es solo un pasatiempo. Uno que me ayuda a mantener cierto orden mental.
Alzó la mirada hacia él, ladeando apenas la cabeza.
—¿Siempre analizas lo que no te concierne, o soy una excepción?
La pregunta, por un momento, lo tomó desprevenido; casi sintió que había hecho algo mal. Bueno, en realidad, aunque Louis lucía como un humano común, sus comportamientos a veces resultaban… peculiares, sobre todo cuando se entusiasmaba de más.
—Ah, lo siento, no era mi intención incomodarlo —admitió con franqueza—. La verdad es que me gusta mucho el arte, en casi todas sus formas… excepto el moderno; ese sí que me resulta extraño.
¿Cómo podía considerarse arte moderno pegar una banana a la pared con cinta adhesiva?
La idea lo dejó en silencio durante un instante, atrapado en la imagen absurda de aquella maldita banana. Al final, comprendió que no era eso lo que lo había desconcertado, sino la pregunta del artista, tan directa y singular, que lo había vuelto inesperadamente tímido.
—Me llamo Louis, por cierto… ¿podría saber tu nombre, artista peculiar? —dijo con una sonrisa algo tímida, aún prisionero del temor de volver a equivocarse.
by Igor Svibilsky
NGC 6357, Cathedral
first meeting sentence starters.
send one to have our muses meet for the first time.
“Sorry, were you just talking to me?”
“I think you dropped this.”
“You look lost. Need some help?”
“I don’t usually talk to strangers, but…”
“You’re sitting in my spot.”
“Whoa! Careful!”
“We’ve never met, right? You seem familiar.”
“Is that seat taken?”
“Sorry, I think I just spilled something on you.”
“You’re blocking the doorway.”
“Were you just staring at me?”
“Excuse me, do you know the time?”
“Wait — are you the person I’m supposed to meet?”
“I’ve been sent to find you.”
“Please don’t be alarmed, but I think we have the same bag.”
“Do you work here?”
“I’m fairly certain that’s mine.”
“You’ve got something on your face.”
“Sorry, I thought you were someone else.”
“Do you know the way to ___?”
“You’re hurt. Do you need help?”
“That’s a fine ___ (cloak/hat/book/etc.). Where did you get it?”
“This might sound strange, but can I hide behind you for a moment?”
“You look like you could use a friend.”
“I think your dog just stole my lunch.”
“Hey, you dropped your coin purse.”
“I think we’re stuck in here together.”
“Sorry, I didn’t mean to overhear, but…”
“Are you the new neighbor?”
“First time in town?”
“I’m not sure if this belongs to you, but…”
“You look like you’ve seen a ghost.”
“I’ve been hearing a lot about you.”
“Do you mind if I join you?”
“I think you’re in the wrong place.”
“You seem… out of place.”
“Don’t take this the wrong way, but are you following me?”
“That was a close call.”
“Not to alarm you, but someone’s watching you.”
“Mind if I walk with you?”
“You look like you’re in trouble.”
“Was that your doing back there?”
“You don’t look like you’re from around here.”
“That was impressive. How’d you manage it?”
“I’m guessing you’re not here by accident.”
“Do I want to know what just happened?”
“You might want to keep your voice down.”
“Is it always this strange around here?”
“I have a feeling we’re about to become acquainted whether we like it or not.”
“Looks like we’re in this together now.”

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Asiente en la situación, porque la verdad son cosas que pueden pasar, y eso lo sabe. "Está bien, entonces, aquí lo que nos queda es simplemente es darnos una plática de esto para reírnos un poco"Le dice para luego ponerse a pensar un poco. "Le parece si es que le invito a comer algo, me parece que aquí cerca hay algún restaurante de fideos que podría ser bastante delicioso"
""¿Al menos que estuviese muy ocupado?" En ese caso ya no sabría que podría hacer algo al respecto, quizás darle su número. Pero espera brevemente la respuesta con una mirada de curiosidad y expectativa propia para la situación.
Sus ojos se entrecerraron apenas unos milímetros, un gesto tan leve como el pensamiento que lo provocaba: curiosidad ante aquella conclusión tan ingenua. Tai Bao guardó silencio, no como quien reprime la palabra, sino como quien prefiere contemplar antes de pronunciar juicio.
—He comido ya —dijo con tranquila cortesía— pero puedo acompañarlo con una taza de té.
No era su deseo parecer descortés ni mucho menos deshonesto; acaso lo movía la curiosidad, esa sutil inquietud que lo llevaba a observar hacia dónde lo conduciría aquella inesperada interacción.
—Mi nombre es Tai Bao —añadió con serenidad—. ¿Cuál dijo que era el suyo?
En el momento en el que el otro le menciona que ha comido ya, no puede evitar preguntarse a qué lugar ir, en el momento en el que el otro refiere una taza de té, de pronto recuerda una pequeña cafetería con temática de Alicia en el país de las maravillas.
"Perfecto, puedo llevarle a un lugar que conozco si es que no le molesta"Refiere para luego de eso comenzar a caminar. "Si no es mucha molestia, me gustaría que me siga hasta el lugar, no queda tan lejos"Sí, no sabía como hacerlo esto menos extraño.
"Joseph"Le dice. "Y creo que no me presenté, soy músico, violinista, toco en una orquesta sinfónica, ¿usted?"
Si Tai Bao no hubiera sido lo suficientemente capaz de defenderse —y, en caso de peligro, de dejar inconsciente al chico o a cualquiera de sus posibles cómplices— quizá jamás habría aceptado. Aquella forma tan espontánea de encontrarse, invitar a comer y continuar la conversación habría sido, en otros tiempos, peligrosa y profundamente sospechosa. Pero el viejo híbrido creía haberlo visto ya todo.
Apenas dejó entrever una expresión cuando reanudó el paso tras él. —Oh… eres músico —comentó, con las cejas suavemente arqueadas. Luego, con la misma serenidad de siempre, añadió:— Soy acupunturista y terapeuta. Tengo un pequeño consultorio cerca del metro…nada extraordinario.
"Oh, discúlpame… qué descuidado soy." Louis se apartó con delicadeza, cuidando de no pisar nada. A pesar de su prudencia, se movía con agilidad; se agachó enseguida para separar las hojas del charco de tinta derramada. Solo logró rescatar algunas, pero no pudo evitar quedarse intrigado por los trazos y figuras que contenían. "¿Eres artista?" preguntó, alzando la vista.
Los ojos del joven eran, sin duda, lo más llamativo en él… aunque todo en su presencia tenía algo inusual. Louis, por el contrario, se sabía alguien corriente; pero bastó mirarlo a los ojos para comprender que no se trataba de un simple mortal. Sonrió para sus adentros, convencido de que aquel ser debía de ser inofensivo. "Son realmente muy buenos… ¿has estudiado para ello?"
Mikhail lo observó en silencio mientras el otro intentaba rescatar las hojas, sin moverse siquiera para ayudarlo.
—Depende de lo que llames “artista” —respondió con calma, inclinando la cabeza. El tono era neutro, incluso un poco seco—. Supongo que intento plasmar lo primero que se me viene a la cabeza.
Se arrodilló entonces para recoger una de las hojas húmedas. El dibujo era una maraña de líneas que, vistas de cierto modo, sugerían un rostro que no existía.
—No estudié —añadió tras una pausa—. Solo soy un autodidacta.
—¿No es el arte una expresión tangible de la mente y del espíritu? —preguntó el hombre, acercándole con cuidado las hojas que había logrado rescatar y ordenar. El piso estaba manchado, aunque eso, pensó, podría corregirlo el agua… o la lluvia, lo que llegara primero.
Sus ojos se detuvieron un instante en los dibujos, siguiendo con interés las líneas y formas que revelaban más de su autor que cualquier palabra. —¿No es eso, acaso, lo que usted hace? —añadió con suavidad, sin esperar respuesta. Un leve arqueo animó sus cejas castañas al descubrir algo nuevo entre las páginas. —Ah… se formó por sí mismo. Lo felicito —dijo al fin, con una sonrisa.- ¿Es un pasatiempo o trabaja de ello?
Para ese momento, Jara había decidido descender y limitarse a trotar por el terreno. La brisa seguía siendo igual de fría a aquella altura, y la vegetación se volvía más densa y generosa, un contraste evidente a medida que se alejaban de la ciudad. Ya estaban lo suficientemente lejos, más aún de los caminos de concreto y asfalto que lo habían conducido hasta allí.
No hizo falta que ella dijera más. Jara percibió aquello que buscaban: a Tanu. La criatura podía ocultarse de los humanos, pero no de él. Cruzó el terreno y desvió el rumbo hacia el este, donde redujo la velocidad hasta detenerse por completo. Allí, entre los altos pinos que susurraban al viento, se alzaban dos más viejos y majestuosos.
Dejó a la señorita sobre el suelo y señaló hacia el claro. —Mira... —murmuró.
Entre los dos árboles que formaban un umbral comenzó a moverse el aire, y el viento, en su danza, fue revelando los matices nocturnos de una figura. Alta, tan alta como los pinos mismos, se mecía con la brisa sin alejarse del todo.
—Observa bien —añadió—. Tanu es grande, pero sabe esconderse entre el velo y el viento.
Cualquier ojo mortal lo habría confundido con niebla, o con las formas caprichosas del viento. Pero Jara mantenía la mirada alzada, observando a la criatura alargada que solo era visible para quienes compartían su naturaleza. A pesar de que Tanu se hallaba allí, el portal permanecía oculto; no escondido entre los árboles, sino dentro de ella misma.
Céline sintió la firmeza del suelo bajo sus pies y, por un segundo, se quedó simplemente escuchando. Las hojas cantando, el viento acariciando su rostro. Era como si la respiración misma del bosque hubiera cambiado solo para darles la bienvenida.
Cuando Jara señaló hacia el claro, ella siguió la dirección con la mirada… y su expresión se iluminó como si le hubiesen revelado un secreto antiguo y hermoso.
—Oh… —exhaló, sin poder contener una sonrisa que se expandía junto con su asombro.
El aire se arremolinaba entre los troncos, pero aquello no era solo viento ni ilusión. La figura se estiraba, danzaba y se plegaba al bosque mismo, tan grande que parecía tocar el cielo. Céline dio un paso hacia adelante, como una niña curiosa que se acerca a un espectáculo prohibido.
Céline volvió la vista hacia Jara, con una chispa juguetona en los labios.
—Supongo que me toca abrir la entrada, ¿no?
Jara la observó por un instante, pero negó con serenidad. —No será necesario —respondió al fin.
Poco después, la inmensa figura de Tanu se aproximó, revelándose por completo ante ellos. Su presencia imponía silencio. Era una criatura alargada, de líneas verticales oscuras que podían confundirse con los troncos del bosque. Sus pies eran grandes, pero su andar no producía el más mínimo sonido. Todo su cuerpo parecía envuelto en una materia espesa, semejante a una lana antigua que absorbía la luz.
Jara dio un paso al frente y comenzó a comunicarse con Tanu en un idioma olvidado por los siglos; tan antiguo que parecía carecer de sonido. Sus labios se movían, sus manos trazaban gestos, y aun sin voz, el aire se estremecía. Era el idioma del Otro Mundo, aquel que existía antes del viento y de las palabras.
Tras un largo intercambio silencioso, Jara volvió el rostro hacia su compañera. —Dice que se ha desplazado por la amenaza de nuevas entidades en la región —explicó con gravedad—. Al parecer, criaturas desconocidas han emigrado desde otras latitudes. Sospecho que son criaturas antiguas, tanto como para incomodas a Tanu.
Harvest Supermoon
l ruizu3(1,4,9) l Betul Turksoy(2,5,7) l Sebastian Voltmer(3) l bims_stagram(6) l ania(8) l humanorsouly_yours(10)
“You look like you’re in trouble.” jijiji
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Mikhail se quedó mirando el charco de tinta esparcirse por el suelo, como si tuviera vida propia.
—Problemas… —musitó con un suspiro inaudible mientras cerraba el cuaderno manchado—. Podría decirse…
Levantó la mirada hacia la persona desconocida. Ojos rojos con escleróticas negras.
—Si viniste a ofrecerme ayuda… podrías empezar por no pisar mis dibujos.
"Oh, discúlpame… qué descuidado soy." Louis se apartó con delicadeza, cuidando de no pisar nada. A pesar de su prudencia, se movía con agilidad; se agachó enseguida para separar las hojas del charco de tinta derramada. Solo logró rescatar algunas, pero no pudo evitar quedarse intrigado por los trazos y figuras que contenían. "¿Eres artista?" preguntó, alzando la vista.
Los ojos del joven eran, sin duda, lo más llamativo en él… aunque todo en su presencia tenía algo inusual. Louis, por el contrario, se sabía alguien corriente; pero bastó mirarlo a los ojos para comprender que no se trataba de un simple mortal. Sonrió para sus adentros, convencido de que aquel ser debía de ser inofensivo. "Son realmente muy buenos… ¿has estudiado para ello?"

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Historias, amistades… Jara descendió en un movimiento que fácilmente podría confundirse con la intención de aterrizar para tomar impulso en su andar. El Señor del Indo reflexionó un instante; sin embargo, su atención se mantenía fija en el presente.
—Eres de la tierra de los francos… —dijo Jara, arqueando las cejas—. Ah, Europa. Ahora lo entiendo. De donde yo vengo, ustedes no existen.
No parecía impresionado por aquella revelación. La India y Europa eran mundos distintos: geografías, costumbres y tradiciones que difícilmente podrían tocarse. Un hada como ella no se vería jamás en los ríos sagrados del Indo. Además, a Jara no le agradaban los europeos; sin embargo, ella no era humana, y eso la salvaba de su juicio.
—Sí… supongo que eso lo dirían muchos hombres francos —murmuró con cierta ironía.
—¿Qué es moda? —preguntó Jara, ladeando el rostro. Sus esposas lo habían mencionado alguna vez, incluso Nilufar, pero Jara nunca había prestado atención a tales costumbres—. De momento, no te distraigas… ¿estamos cerca?
Céline soltó una risita ligera ante la mención de “los hombres francos”, como si aquel comentario le hubiera resultado más acertado de lo que Jara pretendía.
—La moda es… una forma de expresión. Es expresar quién eres a través de lo que vistes. Tradiciones, emociones, identidad… todo puede estar en un vestido, o en un simple broche. Algunos la usan para impresionar a otros… yo la uso porque es divertido sentirme bonita.
No era vanidad; era identidad. Era arte. Y ella lo decía con una sinceridad inocente.
Pero el cambio en la energía del lugar reclamó su atención. Céline cerró los ojos apenas un instante, como si escuchara un lenguaje que solo la tierra podía pronunciar. El viento se detuvo, o quizás solo fue que ella dejó de oírlo para enfocarse en algo más profundo.
—Sí… —susurró, su voz un poco más baja— estamos más cerca.
Su frente se frunció levemente: preocupación, análisis, alerta.
—Sigue avanzando en esa dirección —Señaló con su mano libre hacia un valle que se abría entre árboles oscuros—. Puedo sentirlo allí. Se esconde porque está débil, pero no podrá permanecer oculto por mucho más.
Para ese momento, Jara había decidido descender y limitarse a trotar por el terreno. La brisa seguía siendo igual de fría a aquella altura, y la vegetación se volvía más densa y generosa, un contraste evidente a medida que se alejaban de la ciudad. Ya estaban lo suficientemente lejos, más aún de los caminos de concreto y asfalto que lo habían conducido hasta allí.
No hizo falta que ella dijera más. Jara percibió aquello que buscaban: a Tanu. La criatura podía ocultarse de los humanos, pero no de él. Cruzó el terreno y desvió el rumbo hacia el este, donde redujo la velocidad hasta detenerse por completo. Allí, entre los altos pinos que susurraban al viento, se alzaban dos más viejos y majestuosos.
Dejó a la señorita sobre el suelo y señaló hacia el claro. —Mira... —murmuró.
Entre los dos árboles que formaban un umbral comenzó a moverse el aire, y el viento, en su danza, fue revelando los matices nocturnos de una figura. Alta, tan alta como los pinos mismos, se mecía con la brisa sin alejarse del todo.
—Observa bien —añadió—. Tanu es grande, pero sabe esconderse entre el velo y el viento.
Cualquier ojo mortal lo habría confundido con niebla, o con las formas caprichosas del viento. Pero Jara mantenía la mirada alzada, observando a la criatura alargada que solo era visible para quienes compartían su naturaleza. A pesar de que Tanu se hallaba allí, el portal permanecía oculto; no escondido entre los árboles, sino dentro de ella misma.
Asiente en la situación, porque la verdad son cosas que pueden pasar, y eso lo sabe. "Está bien, entonces, aquí lo que nos queda es simplemente es darnos una plática de esto para reírnos un poco"Le dice para luego ponerse a pensar un poco. "Le parece si es que le invito a comer algo, me parece que aquí cerca hay algún restaurante de fideos que podría ser bastante delicioso"
""¿Al menos que estuviese muy ocupado?" En ese caso ya no sabría que podría hacer algo al respecto, quizás darle su número. Pero espera brevemente la respuesta con una mirada de curiosidad y expectativa propia para la situación.
Sus ojos se entrecerraron apenas unos milímetros, un gesto tan leve como el pensamiento que lo provocaba: curiosidad ante aquella conclusión tan ingenua. Tai Bao guardó silencio, no como quien reprime la palabra, sino como quien prefiere contemplar antes de pronunciar juicio.
—He comido ya —dijo con tranquila cortesía— pero puedo acompañarlo con una taza de té.
No era su deseo parecer descortés ni mucho menos deshonesto; acaso lo movía la curiosidad, esa sutil inquietud que lo llevaba a observar hacia dónde lo conduciría aquella inesperada interacción.
—Mi nombre es Tai Bao —añadió con serenidad—. ¿Cuál dijo que era el suyo?