— Estás admitiendo que robas, ¿en serio eres una ladrona? — Dijo con una media sonrisa. Nunca había oído a un ladrón confesando que robaba, demostraba que la chica poseía sinceridad, uno de los pocos valores que el mundo estaba perdiendo.
— No es que no quiera comer, sólo es que… a veces no hay alimento, así que… — Hizo una mueca.
En cualquier caso, eran los experimentos. A veces, lo dejaban realmente cansado, tanto que ni tenía ánimos de comer. O no le daban de comer como una especie de experimento. No era justo. Sólo porque fuera diferente a los demás, no significaba que no le dieran comida. No era justo absolutamente en nada.
Por otro lado, los lentes comenzaban a molestarle, el aumento comenzaba a hacerse borroso, tenía que ponerse los lentes de contacto. Tiró un billete al suelo, a propósito, claro. — Oh, dios. — Dijo con falsa exclamación. Cuando se agachó a recogerlo, sacó sus lentillas y las puso cerca de sus ojos. Tomó el billete y dejó que las lentillas “volaran” a sus ojos, parpadeó un poco antes de quitarse los lentes.
— Es irónico que se vuelva incómodo cuando tienes problemas a la vista, pero bueno… — Se encogió de hombros, guardando sus lentes en uno de los bolsillos de su pantalón.
— No, no soy una... — Ya no valía la pena decirlo más, no cuando sus propias palabras la delataban. Pero aún tenía la idea, como pequeñas espinas punzando su cabeza. Era increíble ver la forma en que había comenzado su día /robando/ y la forma en que ahora lo desarrollaba /hablando con un 'extraño' en media calle cual par de amigos de infancia./
— Si no te dan de comer, ¿por qué continúas allí? Es injusto, es decir, recurrir a la opción que yo tomé es en casos extremos, pero tú no... Repito, no te pareces a una persona que robaría. Salvo por esa señora de hace un momento, claro. —Recordarlo le hizo sonreír, también la extraña forma en que lo había hecho. Ver el billete caer, por acción natural, le hizo ponerse de cuclillas para recogerlo por él. Y entonces lo notó; notó la forma en que los lentes 'volaban' y se adherían a sus ojos. Por supuesto que se asustó, no lo había visto antes, incluso después del suceso del billete, eso le volvía a dar miedo. Se reincorporó con lentitud, como a punto de decir algo, pero dudando de la reacción del contrario ante sus palabras.
— Es... irónico que siga creyendo que eres... un... humano. —Habló con pesadez, sin dejar de ver sus ojos. Quizá el hambre era motivo para alucinar, ¿pero dos veces seguidas? No estaba borracha ni drogada, nada parecido. ¿Quién era /realmente/ él?







