varoathâ:
â Messi, Âżel futbolista? âpreguntĂł dudosa. ConocĂa ese nombre como el mayor peligro en las finales de propio equipo nacional, aunque no sabĂa nada mĂĄs de su vidaâ. ÂżEres argentino o⊠sĂłlo te gusta Messi? âahora agradecĂa los mundiales de fĂștbol que habĂa visto con su padre, pues de otra forma seguro que el joven se ofendĂa. Labios se apretaron apenas ante respuesta contraria, imagen de la corriente tirando de ella, arrastrĂĄndola y reclamĂĄndola para siempre, imposible de evitar. TardĂł un segundo en reponerse y sonreĂr como si nadaâ. Claro, todo va a estar bien. ÂĄPor algo estĂĄn los botes y otro rescate en camino! AdemĂĄs, nada pasarĂa antes de que tengas la chance de conocer a Messi, el universo no es tan cruel âlo era, sĂ que lo era, pero esperaba que sonrisa llena de ĂĄnimo fuese suficiente para convencerle de lo contrario.Â
âQuizĂĄ debĂ haber mencionado a mi madre. âAdmite. Ahora que lo piensa, lo tacharĂa de arrogante y fantasioso, que podrĂa ser (o no) un veredicto sesgado. A Rodrigo no le preocupa demasiado confesar dos cosas como las que siguen, tan simples, y responde: âArgentino y simpatizante de Messi. âLo asegura como un comentario al pasar, de todos modos, porque la idea no es hablar de las divisiones A y B de los clubes de fĂștbol nacionales. A lo siguiente, la sonrisa se eleva pero se asoma sin ser muy verocĂmil. De todos modos, le causa gracia el Ășltimo comentario y se denota con el resoplido que nace por la nariz. âNo me siento muy sincero con el gesto. âAdmite, y señala la sonrisa ajena: â ÂżTĂș sĂ?














