Ahí va de nuevo ese chico perdido caminando por el centro de la ciudad a las 2:37 am, con sus jeans rotos y correa de cuero a la que se le notaba el uso diario, una franela blanca recién sacada de la ropa sucia que desprendía un olor entre lo agrio de su transpiración y lo fresco de su perfume, reloj de segunda mano, capucha vieja, y un par de tenis en el mismo estado que sus jeans; El outfit perfecto para representar su alma y ambiciones.
Iba caminando por las aceras de su ciudad con ritmo sigiloso y calmado, pasando por encima de los vagabundos en sus camas de cartón, encontrándose otros pocos haciendo expediciones en contenedores de basuras buscando algo de comer, viendo pedreros darse su banquete en bandeja de lata. Con el cielo escaso de estrellas y llenos de algodones purpura oscuro, anunciando una pronta lluvia, postes de adornos más que funcionales, algún automóvil haciéndole compañía involuntaria unas milésimas de segundos dependiendo de la velocidad que este fuera, mientras que los semáforos no ejercían la autoridad ni el respeto pleno. De resto las calles parecían pasarelas abandonadas en decadencia. En una esquina las traffic-whores esperando su turno de montarse en un auto y canjear alguna mamada o follada por unos cuantos billetes, en la otra esquina los transfor en las mismas que las anteriores pero con otro tipo de target. Su camino también lo dirigía a ver conocidos fuera de algún local nocturno en algún cotilleo casual, otros sumergidos en sus charlas etílicas entre botellas y cigarrillos confirmando tal intuición. Se ven también taxistas con sus cafecitos y sus charlas de intermedio y sus códigos.
Nuevamente volvía a coger el sendero de las calles oscuras y desoladas chocando con algún ladronzuelos armado; Uno le puso en su pecho un revolver calibre 38, mientras le escupía en la cara su respectivo monologo:
-¡Manda botín maldito antes de que te deje el pecho lleno de huecos!
El chico perdido adopto un tono de piel mas pálido que el propio. Con el pulso tembloroso, le dijo con un tono de voz alertante y poco fluida: “Gente de calle” mientras sacaba de sus bolsillos unos billetes de poca denominación, la cédula y media caja de cónsul ya empezada. A lo que el ladrón le respondió:
-¡Pira de aquí mamaguevo!
Mientras le daba una patada en el culo. El chico se volteo lo miro frunciendo el ceño, inmediatamente el ladrón le dijo:
-¿Que? no te gusto, quieres que te llene ese culo e’ plomo. -Mientras daba pasos en reversa.
10 minutos de andar el chico perdido sacaba un cigarrillo, el yesquero que tenía en su bolsillo trasero para así darle rienda suelta a la continuación de sus millones de paso a la deriva, encendió ese cilindro toxico que le escoñeta los pulmones, pero le calmaba a media máquina el desespero sin sentido que le saltaba en su mente como demonio en cocaína. O lo que es lo mismo: Que le calmaba sus ansias y el estrés postraumático. Claro! en este viacrucis de libertad personal que se daba el chico no podían faltar los policías en sus motos con sus miradas becerras creyéndose Dioses del asfalto, cruces de mirada corta para ahorrarse el despliegue de poder que le concedía el estado y que le reafirmaba su armamento.
De vez en cuando se sentaba con algún vagabundo conocido a escuchar sus desviaros mientras compartían algún licor barato, dejando que su lucifer personal le gritara en la cara todos sus fracasos y culpas recopilados en su álbum de vida. Otras veces era en las esquinas de otras putas que de alguna manera sus caras se transformaban en rostros de sus amores más intensos y de otros que nunca había visto en plano físico pero que conocía de hace mucho. Se levantaba y seguía su camino, a veces la calle no era calle, si no un mar al que no quería colocar un pie y esperar que tal realidad cesara para cruzar de una cera a otra. El camino también le servía para expresar sus dolores físicos sin explicaciones médicas que se hacían presente. Tales como: ardores viscerales, dolores pulso-penetrantes en algunos órganos y puntadas cerebrales como si se trataran de millones de alfileres chapoteando en sus sesos. Retorcerse a esa hora en las penumbras asfáltica, es mejor que retorcerse en algún lugar público con algún conocido cerca que lo llevase a un recinto hospitalario para que luego le dijeran que no tiene nada. Luego de que pasaban dichas torturas fisica-mentales, se levantaba, se sacudía, encendía un cigarrillo y seguía como si no hubiera más destino que esas aceras despejadas y sus esporádicos compañeros nocturnos. Saben; toda esa escoria transeúnte a la que el pertenecía.
El ambiente perfecto para el, este mosaico desesperanzado, distopico y caótico, significaba lo que para un fanático religioso significaría un retiro espiritual en Belén, miles de pasos más en un guetto donde no cualquiera se desplaza hasta llegar a una pequeña puerta de acero vieja y oxidada, tres toque, luego se abriría una ventanilla y junto a ella se asoma el cañón de un 9 mml, preguntando nombre. A lo que el pobre diablo ambulante responde:
-Coca rosa y coñazos negros.
Inmediatamente La puerta de acero oxidada se abre dejando al descubierto un pasillo con luces rojas y opacas. Dos jóvenes entre 16 y 23 años con grandes armas de fuego respaldándolos hacían de porteros, cruces de miradas cortas. El chico saluda a uno con un choque de palmas y puño, mientras que el eco de gritos, porras y choques parecido a palmadas pero mucho mas seco empañaban el pasillo, también un olor agrio y denso entre miaos, plástico quemado, y cerveza piche. Al llegar al final se encontraba una sala repleta de hombres haciendo un rombo; sudados, algunos sin camisa gritando y aplaudiendo. Unos con billetes en mano, otros con botellas de alcohol barato y cigarrillo. Unos sangrando, otros con grandes hematomas en diferentes partes del cuerpo, otros tantos tirados en alguna esquina casi desfallecidos o quien sabe si ya fallecidos. El chico rodea el rombo humano de sudor, gritos y sangre, encontrándose con unas escaleras de acero oxidado para luego subirlas. Entre el trayecto el chico echa una ojeada hacia abajo pudiendo observar lo que se encontraba entre ese tumulto de parias sudadas; Allí vio un hombre negro de unos 120 kilos, corte plata-banda y un tatuaje en la nuca que a distancia no se distinguía del todo pero lo poco que se notaba era un circulo naranja y negro con una ralla verde saliendo en la parte superior; descifrando lo que seria una calabaza de halloween. El tipo estaba encima de un joven fornido blanco con afro, disparando puñetazos a donde cayeran, en un radio que abarcaba el rostro y el cuello, mientras el joven intentaba escudarse con sus ante-brazos aquellos balazos de nudillos que caían a mansalva sobre si. Al llegar al final de las escaleras se encuentra con otra puerta de acero forjado para luego tocarla, coloca su cara en el perfil exacto del mirilla, seguidamente se abre la puerta, entra y se encuentra con tres tipos uniformado de policía, un hombre calvo y obeso sentado detrás de una mesa, dos de los policías con mas veteranía según resaltaba su apariencia física y sus insignias, tenían par de tragos y jovencitas sentadas de lado y lado. Cuerpos muy curvilíneos, ropa ajustada resaltando cada línea cruzada de su anatomía y un maquillaje que parecía empastado en su cara, choreto y espeso. Dificultando el reconocimiento facial de las mismas; Unas prepas de medio estatus. El tercer policía estaba parado sobre una esquina cargando una Heckler & Koch G41. El tercer policía es de inteligencia, lo sabia por su uniforme y solo estaba expectante a cada movimiento. En la mesa había cuatro grameadoras, una montaña de polvo blanco con matices rosas. Tres botellas Johnny Walker: Red Label, Blue Label, y Platinum Label. Todas ya empezadas, cajas con habanos, y cuchillas corta tabaco en la misma mesa, una laptop y una fila de carpetas y papeles.
-Bueno compañeros, les presento mi jugador estrella -Dice el gordo calvo- ¿O acaso miento Marcos?
Un silencio se apodera del sitio, a pesar de que abajo no cesaba el interminable bullicio, pero no eran más que un zumbido, los policías sonreían en mute, sin dejar escapar un sonido de sus bocas, pero exhibiendo gratificación y ambición en tal gesto.
-Pero si es todo un profesional y hasta modesto- prosiguió el gordo calvo. -Marcos es todo lo que necesitamos para este negocio: Hace el trabajo y no habla mucho. Deseas algo la casa invita, tenemos lo habitual. Whisky escoses, cocaína, Algo de yerba o una mamada por parte de esos dos pivones que ves ahí.
-Jajajaja. Risas por parte de todos a excepción de Marcos y el tercer policía.
-Señor Esposito, podría por favor darme mi parte de trabajo, que de verdad no sé qué tiempo tardare en salir de ello y mientras más pronto mejor.
-No faltaba menos Marcos. Lo que ud diga es orden, siempre y cuando el negocio siga viento en popa… Lo tuyo son aquellas cuatro mochilas, Águila te llevara y luego nos vemos pronto.
El gordo calvo cogió su teléfono y al primer repique dice: Sube, se van.
De una llega un tipo fornido con una bolsa de billetes y sin camisa, descalzo, sudado, con una cicatris adornándole de la boca al pómulo. Deja la bolsa a un lado, mientras se pone la camisa de policía y sus botas, agarra dos mochilas y su bolsa de dinero, se marchan.
Esta vez el policía, apodado como águila guía el camino hacia para un garaje.
Mientras se están yendo uno de los policías veterano le dice a Marcos:
-Hey se acuerda que si lo agarra la guardia ya no es peo de nosotros, así que con cuidado y ese pico cerrado a toda costa cuando se trate de nosotros, dígale a los suyos también. Marcos asiente con la cabeza y prosigue.
Llegan al garaje, abren el carro y montan los bolsos, de camino águila dice:
-Son las 3:23 am,. La hora del diablo, primero tenemos que hacer un mandado, y ya me pitaron que nuestro mandado esta por aquí.
Pasa lento por un callejón, y casualidad Marcos reconoce que fue el callejón por donde el hampón le pateo el culo. Todo está oscuro. Estaciona el carro en la esquina y se baja en dirección a la zona mas oscura.
-Hey Champe…- grita águila.
-Mientras responde y sale de la oscuridad con una sonrisa, el mismo tipo que intento robar a Marcos, y por ende el mismo que le pateo el culo. Solo se concentro a observar, se dan un abrazo, al separarse del abrazo, águila lo empuja y saca su pistola, sin mediar palabras dispara por lo menos once veces a la cara y el torso, dejando que caiga abatido el pobre desgraciado.
Mientras se monta Águila y dice: Muchacho te daré un concejo. Nunca juegues con la policía. Terminaras muerto, o en una celda, pero existen muy pocas posibilidades para salvarse.
Ese pobre pendejo pensó que era muy divertido hacerse el gracioso y fíjate. Mañana aparecerá en primera plana, por ajuste de cuenta y entre mafia y mafia y la policía no tiene nada que ver.
Marcos, en milésimas de segundo, piensa que ese será su destino en cualquier momento, sin importar que las cosas vayan bien o no. Esta gente está condicionada para esto, es su oficio y no hay excepciones. Marcos lo sabía, y la verdad es que aún no estaba preparado para el momento, pero lo tenía claro.
-Aquí te quedas tu. Bueno muchacho, con cuidado, y déjese de estar poniendo en su Wall de Facebook las gafedades esa de “Fuck Police” y más mierdas de rebelde intenso, todo esto mientras despojaba una carcajada...