agradece interiormente que el menor no tome personal ni con real molestia su comentario. la realidad era que el filtro entre su cerebro y su lengua rara vez se ponía en funcionamiento. y sí, pensaba eso de cayetana, tampoco quería ocultarlo. eso no significaba que iba a molestar o atosigar a romeo por ello. es por eso que lo escucha hablar sin interrumpir, prestando atención a sus palabras. divertida sonrisa se alza en comisuras cuando le escucha decir que pensar que cayetana es divertida suena repulsivo, porque a pesar de no tener una buena relación con ella, considera que puede ser una persona decente. “no sólo te agrada, romeo.” comenta, con seguridad que no posee, pero cree tener. “yo te agrado, o al menos eso quiero creer.” aclara, sin perder el tinte divertido en palabras. “con ella es diferente. te agrada de otra forma. pero no tienes que decidir si te gusta o no tan pronto, tienes que conocerla mejor, y no sólo tener sexo en armarios —no que no sea válido, pero se necesita más para saberlo. en especial cuando son tan… distintos.” sabía que no era necesario aclarar de qué estaba hablando, a qué se refería, incluso podía asegurar que era parte de lo que contemplaba romeo. porque, ¿cómo no hacerlo? imposible en casos así, cuando hay distancias que parecen imposibles de recorrer. “y, honestamente, lo de la fianza, las cosas que dices que hace por ti, probablemente le gustes, romeo. o, al menos, está en una situación como la tuya.” concluye, porque por lo que ha escuchado, tendría sentido que así fuese. no cualquiera haría lo que cayetana hizo por él, y duda que se trate de amistad, como la intención que ella misma había tenido. “a ella no le agrado, quién sabe por qué, ella no me agrada. nada grave.” o al menos, ella no lo consideraba así.
escuchar a amiga resulta confuso porque cada palabra tiene total sentido y no sabe si sólo sea habilidad de contraria por convencer, pero tiene razón, y no está seguro de si quería que la tenga. no por española, sino por él. se rasca la nuca porque incomodidad se siembra en boca de estómago, quizás porque tori se ha animado a poner en palabras lo que él en el fondo ya pensaba y no se atrevía a pronunciar. no es fácil, no para alguien como romeo, quien para colmo nunca se ha recuperado de primer corazón roto. “¿debería preguntarle?” a este punto es notorio que confía más de lo esperado en mayor, no escoge a cualquiera antes que a propios hermanos a la hora de pedir por consejos, y no sabe si castaña podría considerarse afortunada ante el privilegio, pero ya es suyo. “si le gusto, digo” le da un poco hasta de pudor, pero es lógico que debe enfrentarse a escenario. no sabe qué haría con esa información, piensa que mejor cortar asunto de raíz, pero al mismo tiempo no está seguro de querer hacerlo. por un momento deja en segundo plano relación entre ambas féminas y vuelve tópico egoísta y sobre él mismo.