—A mi me encantan las palabras —murmuró. Sí, le gustaban las palabras. Le gustaba leer palabras, oír palabras… pero eso no significaba que fuera bueno diciéndolas o escribiéndolas (según su experiencia personal, a pesar de no tener el talento de la escritura, esto último era más fácil que decirlas). A veces era buenos con éstas (o viceversa, éstas eran buenas con él), pero otras no tanto. Todo dependía de la situación. Hizo una mueca divertida cuando el muchacho estiró sus mejillas—. Ah, deja de hacer eso —gruñó con una sonrisa, fingiendo molestia.
—Prefiero las notas —comentó, como quien no quiere la cosa. A veces se sentía egoísta respecto a su gusto por la música. Como si fuera un secreto que no quisiera compartir. Pero era lo último que le quedaba, después de todo. Aunque varias veces casi lo llevaron a reformatorio por lo mismo. O, incluso, en su época, había un poco de miedo. ¿Qué pasaba si, por tocar de un modo la música, creían que eras comunista y te mataban? De todas maneras, por eso habían matado a su madre. Cuando vivía, eso lo atormentaba, pero otras veces sólo quería que creyeran que era comunista y lo mataran. —¿Y si no quiero? —Le hizo ojitos, y le estiró un poco más las mejillas con cuidado para que le quedaran un poco rojas, después lo soltó, pero sólo un poco.











