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FINALY FINISHED THE WEEK
i can not do anything in time
A thing that was supposed to be quick but took longer than I thought whoops.
Rayemma week Day 1: Head pats
Yes yes I know head pats are Ray’s thing but Emma probably does it when he’s least expecting too and you can’t tell me otherwise—
Here is my late submission for Rayemma Day! I wasn't able to finish it in time :/ So I still really love the headcanon that in postcanon, Emma falls in love with Ray as he's telling her the stories of her old life. I also experimented with this watercolor style of coloring, which worked well with the bright and soft atmosphere that I'm going for. I posted one with tree shade and one without. Without shade felt kind of empty, but the shade would obstruct the careful coloring I worked so hard on.
Eyyy Happy Rayemma Day!
So this is a scene is set in the Goldy Pond arc in the manga. Inspired by Chapter 91's cover. Goldy Pond is an arc that I love dearly and had SO MANY Rayemma moments. So I take any chance I have to let anime onlies be aware that this arc existed since they completely cut it out in the anime.
So I know I wanted them in Goldy Pond, fighting against Leuvis, and I really wanted to have the tense, dangerous atmosphere but at least they're there for each other, and even though they're scared, they'll fight to protect each other.

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RayEmma Day 2021
I made this as quick as I could because I still need to finish the rest of the RayEmma Week prompts I didn’t do yet. Also, I had Furuba in the head for inspiration with this.
Sleeping next to you
A lo largo de los años, dormir uno junto al otro pasa de ser una costumbre a una necesidad.
Capítulo 1
Abrió la puerta muy despacio, intentando no hacer ruido, incluso si lo más probable es que la persona a la que no quería molestar no se fuera a dar cuenta de nada. La luz del pasillo iluminó pobremente la habitación, completamente a oscuras y vacía salvo por una figura acurrucada de espaldas en la cama del fondo.
Ray sabía que aquella era la cama de Norman, porque la suya era la que estaba justo a su lado. Y también sabía que era Emma quien estaba allí acostada.
Sus sollozos eran audibles desde la entrada. Ray sabía lo que iba a encontrar allí, pero no pudo evitar sentir como su destrozado corazón se rompía un poquito más, y le costó horrores contener sus propias lágrimas. Pensaba que ya había llorado todo lo que podía llorar la pérdida de Norman. Se había asegurado de llorar todo lo posible antes a solas, para no preocupar a ninguno de sus hermanos, y en especial porque cuando fuera a ver a Emma quería estar lo más entero posible.
Cerró la puerta con cuidado, la oscuridad inundando de nuevo la habitación. Esperó unos instantes a que sus ojos se acostumbraran a la penumbra y luego se acercó hasta la cama del fondo.
Emma tenía la cara enterrada en la almohada, sus sollozos ahogados por el tejido, los hombros temblándole en pequeños espasmos. Tenía la pierna enyesada colocada en una postura rara, le debía estar doliendo horrores.
Desde el otro lado de la cama Ray extendió una mano para tocarle el hombro, para hacerle saber que estaba ahí, que estaba con ella y que ambos se encontraban en la misma situación, pero se encontró sin poder pronunciar palabra alguna. Tenía un nudo en la garganta, y se dio cuenta, con una percepción ajena sobre su propio cuerpo, de que volvía a llorar, las lágrimas le caían silenciosas por las mejillas.
No podía decirle nada. No había nada en realidad que pudiera consolarla, y lo sabía porque no había nada en el mundo que pudiera consolarle a él tampoco. Norman se había ido. Se había ido para siempre.
Le cayeron encima la presión, la tensión y los miedos acumulados durante los últimos once años. Tanto planificar, tanto crear, tanto ingeniárselas y aguantar callado y ver como sus hermanos se dirigían uno a uno hacia la muerte… para nada.
Para al final perder a una de las personas que más quería.
Y pronto perder a la otra, pensó, mirando a Emma, cuyo cuerpo seguía moviéndose espasmódicamente. Porque ya sabían que no había forma. No había solución.
Estaban derrotados. Todos condenados a muerte.
Fue a apretar los puños pero descubrió que no tenía energía para ello. No tenía energía para nada.
Así que se dejó caer con cuidado en el hueco libre que el encogido cuerpo de Emma había dejado en la cama de Norma. Apoyo la cabeza en la almohada. Todos usaban el mismo jabón y la misma colonia, pero el olor de Norman siempre había sido más suave, más pacifico. Aquella paz lo cabreo, sintió la sangre hervir. Podría haberse salvado, incluso si lo hacía él solo. No todo habría sido en vano.
Sabía que era un pensamiento estúpido, pero no pudo contenerlo.
Enterró la cabeza en la almohada, y se acomodó en la cama hasta que su espalda tocó la de Emma. Sintió su cuerpo tensarse ante el contacto, quedarse quieto durante un instante, acompañado de un ruido de papel arrugarse. Ray esperó, esperó que Emma le dijera que se fuera, que lo echara, que le dijera que quería estar sola.
En cambio, sintió como la espalda de Emma se presionaba contra la suya hasta quedar pegadas. El cuerpo de la niña se relajó, y Ray sintió como el suyo también se relajaba.
Emma siguió llorando durante largo rato, ahogando su llanto lo mejor posible, aunque Ray, pegado a ella, podía escucharlo perfectamente. Su propio llanto era silencioso, se mordió el labio hasta hacerlo sangrar, los puños aferrados a la almohada y las lágrimas cayendo sin parar.
Finalmente, el llanto de Emma cesó, su respiración se calmó y su cuerpo se quedó tranquilo. Ray siguió despierto durante un rato más, escuchando la respiración de Emma, las lágrimas secas en las mejillas, hasta que finalmente su cuerpo cedió y se quedó dormido.
En cambio, su mente no paró ni un instante, y cuando despertó horas después, la espalda de Emma todavía presionada contra la suya y su respiración pausada, ya tenía un plan en la cabeza.
Un plan loco y caótico. Porque esta vez no era un plan de escape. Era un plan de venganza.
Esta idea lleva en mi cabeza desde hace meses pero no planeaba escribirla hasta dentro de bastante tiempo. Sin embargo el otro día la escritura fluyó de manera natural así que aquí esta el primer capítulo, justo a tiempo para el #RayEmmaDay. Espero que os guste.
𝓡𝓪𝔂𝓔𝓶𝓶𝓪 𝓦𝓮𝓮𝓴 2021 𝓓𝓪𝔂 1: 𝓓𝓻𝓮𝓪𝓶
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“I… I can’t remember anything or anyone. In my dreams, faceless souls confront me, calling a name that doesn’t belong to me anymore, I think. And although it hurts and I want to let finally go, I can’t. Whenever I try to move on, to leave the darkness that was once my past, strong yet gentle hands grap mine, don’t letting me go. I know I shouldn’t look back anymore, but I wonder… whose hands can’t let me go? Where will they drag me to? And most importantly, what did these hands mean to me if I can’t let them go, too?”
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First day of RayEmma week, yohoo! It’s always so much fun to create artworks to certain prompts and this week was no difference ^^ I struggles a bit with the first prompst Reuinion or Dream. In the end I choose the second, having the chance to not only create something angsty, but also drawing Emma in her new pyjamas 🤩
Witnessing how Emma struggled with her dreams during her amnesia was so difficult to watch and I like to think her interactions with her dream-friends were thrilling, but also comforting. And of course, not even dream-Ray would let Emma go nor suffer all alone.
He estado soñando contigo (aunque no sabía tú nombre)
Él quiere dejar de soñar con ella. Y ella lo único que quiere es soñar con él. RayEmma Week 2021 Day 1: Reunion/Dream
Una semana después de llegar al mundo humano, Ray deja de dormir. O al menos lo intenta. Intenta por todos los medios no dormir, pero como sabe que es imposible vivir sin hacerlo, intenta la mejor opción alternativa: llegar a la cama tan agotado que sea incapaz de soñar.
Porque el problema en verdad no es tanto dormir como soñar. Porque cada vez que entra en el mundo onírico, ella está allí.
No quiere verla. Probablemente sea el único de todos los niños que piensa así, pero Ray no quiere verla.
No quiere porque cada vez que sueña con ella siente rabia. No quiere soñar que le sonríe, recordando que le estaba mintiendo mientras lo hacía. No quiere soñar con sus ojos, sabiendo que no va a volver a verlos nunca más.
La odia, pero en verdad la persona que más odia en el mundo es a sí mismo. Una voz en el fondo de su cabeza, una que suena escalofriante parecida a la voz de su madre le dice que es su culpa, que debería haberse dado cuenta. Hay viejos hábitos que es difícil dejar morir, y la autoculpabilidad es uno de ellos.
Pero hay otro motivo, uno más importante todavía, por el que se niega a soñar con ella. Y es que no quiere consolarse con una versión suya hecha de sueños e ilusiones. Porque construirla a base de recuerdos cada noche significa que no está ahí en su día a día para crear unos nuevos. Significa que nunca la va a volver a ver.
Quiere abrazar a la versión real, a su yo de carne, hueso y cabezonería, quiere abrazar un cuerpo que no se deshaga en humo cuando la estreche entre sus brazos, desvaneciéndose como sus esperanzas e ilusiones.
Pero no importa lo que Ray quiere, nunca importa, no cuando se trata de ella. Da igual lo temprano que se levante, lo mucho que trabaje, estudie y juegue con sus hermanos, da igual lo agotado que caía en la cama al anochecer. Da igual, porque cuando cierra los ojos, ella siempre lo está esperando, haciendo con él lo que quiere sin ni siquiera tener que esforzarse por ello, incluso cuando no está verdaderamente ahí.
Una semana después de que Alex la acoja, empiezan los sueños. Empiezan como vagos trazos de imágenes inocentes, casi bucólicas: un enorme jardín, extendido más allá de la vista, lleno de brillante césped verdes y árboles con frondosas copas, una casa gigantesca y bonita, sábanas blancas que se agitan con la brisa, la risa y los pasos acelerados de los niños al jugar. La sonrisa amable de una mujer hermosa.
Son tan tenues, como imágenes superpuestas con rapidez, que podría pensar que son sueños, salvo que está segura de que no lo son. Son recuerdos de una vida, toda una vida perdida pero que ni siquiera puede asegurar haber perdido.
Solo tiene una única certeza, y es que es incapaz de recordar nada. Sabe que cada noche sueña con los rostros de las personas, pero cuando abre los ojos sus imágenes están difuminadas y es incapaz de verlas con claridad. Alcanza a recordar destellos, como cuando se gira muy rápido y el mundo es borroso pero se puede entender que se está viendo: hay una voz suave, hay el reflejo de la luz sobre los cristales de unas gafas, una mano morena sobre su hombro. Hay cientos de voces de niños que gritan un nombre que se deshace en el aire, como briznas de hierba arrancadas y arrastradas por la corriente. Un nombre que nunca llega hasta ella.
No está particularmente feliz por los sueños, pero tampoco son una incomodidad, así que acaba acostumbrándose a ellos. Cada noche se va a dormir con la esperanza de poder recordar algo, aunque sea mínimo. Al menos, cuando sueña, no se siente perdida, como si le faltara una parte de sí misma que no recuerda dónde dejó y por lo tanto es imposible de recuperar.
Puede calificar los sueños hasta de apacibles, en cierto modo, porque la hacen añorar, pero son tan poco claros que lo hace de una manera platónica y lejana, casi ajena a ella.
Entonces él aparece en sus sueños.
La primera mañana tras soñar con él su pecho está lleno de un sentimiento extraño, le tiemblan las piernas y le hormiguean las manos. Tiene los ojos llenos de lágrimas que no derrama pero no por ello dejan de ser amargas.
Y todo ello es porque en verdad no recuerda absolutamente nada de esa persona al despertar. No puede estar segura si de verdad es un él, tal vez sea un ella, pero lo que más la agobia es que es incapaz de rememorar nada, ni una sola pincelada, de esa persona. Es extraño, porque se siente como si todo su sueño hubiera girado en torno a él, pero donde debería estar él lo que hay es una enorme mancha blanca, un montón de nieve sobre la hierba. Y sin embargo juraría que su sueño había estado lleno de oscuridad hasta que una cerilla se había prendido.
A diferencia de los demás, no hay destello alguno, no hay una mirada perdida, un lunar travieso, no hay nada que recuerde. La única prueba de que no se está imaginado esta nueva presencia que puebla sus sueños es el enorme vacío en su interior, todavía más grande que antes, y el loco latido de su corazón, que galopa perdido sin rumbo, buscando algo que no encuentra nunca en las horas de vigilia.
El día a día se convierte en un tormento, y añora la llegada de la noche como nunca había pensado que lo haría. Desde que aparece por primera vez, no deja de estar presente en sus sueños, cada pequeño detalle parece pertenecer, y todo lo que le pertenece se fractura y se aleja de ella. Su subconsciente no le permite tener ni un solo recuerdo de esta persona aunque su corazón muera un poco cada día al despertar y no encontrar ni rastro de él en sus recuerdos.
Sueña cada noche con él, pero con su aparición también vienen el resto de sueños. Sueños de agonía y desesperación, de correr por un bosque de árboles que se extiende más allá del cielo. Sueños de criaturas escalofriantes que parecen sacadas de cuentos de terror, de ojos vacíos sin vida que no ven nada flotando tras un cristal, sueños de flores rojas empapadas en una sangre que palidece en contraste con el color de sus pétalos. Sueños de un mundo lejano y que a la vez parece grabado en sus venas.
Se despierta agitada, sudando y con el corazón desbocado. No por la muerte y el terror, nunca por ello. Siempre por él.
Intenta despertarse de sobresalto varias veces, utilizando relojes para marcar las horas. Espera que al despertarse de golpe, pueda recordar algo, lo que sea.
Pero esa misteriosa persona sigue siendo misteriosa.
Se despierta una mañana más agotada de lo que se fue a dormir, y es incapaz de hacer otra cosa más que acurrucarse sobre sí misma y llorar desconsoladamente hasta quedarse dormida de nuevo.
Cuando abre los ojos, despertada por Alex diciéndole que se apresure que tienen que ir al mercado, hay un destello de una mirada oscura en el fondo de su mente. Su corazón se salta un latido, pero el anciano la apura y cuando sus pies tocan el suelo, el recuerdo se ha desvanecido de su mente, como si nunca hubiera estado allí.
Ha sido incapaz de ver su rostro, de oír su voz o de sentir sus manos, pero cuando por fin lo tiene frente a ella, mirándola como si fuera el mayor milagro jamás contemplado, solo puede pensar que el milagro es él. Porque es él, está aquí por fin. Su persona misteriosa. Incluso sin recuerdos algunos habría sabido que el chico que tiene delante, pelo negro, ojos profundos y el menor de los indicios de una bellísima sonrisa, es la persona que lleva apoderándose de sus sueños desde hace meses.
El chico la envuelve en sus brazos, la estruja tan fuerte que parece temer que se escape.
Susurra un nombre.
Emma.
Su corazón late desbocado pero esta vez no es porque esté perdido buscando un camino que seguir. Es porque por fin lo ha encontrado, y corre apresurado. Corre para llegar a casa, por fin.
Cuando por fin la abraza, cuando por fin estrecha su cuerpo contra el suyo con mucha más fuerza de la que debería, cuando entierra su rostro en su cabello y susurra su nombre, ahí es cuando descubre que no hace falta cerrar los ojos para soñar.
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𝓡𝓪𝔂𝓔𝓶𝓶𝓪 𝓦𝓮𝓮𝓴 2021 𝓓𝓪𝔂 2: 𝓡𝓮𝓶𝓲𝓷𝓲𝓼𝓬𝓮
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No angst for today only cuddles and sparkles and the feeling of being loved 💗 Nothing too special but drawing Emma and Ray happy is such a blessing. And to think Emma’s loved ones couldn’t go on without her and doing everything to find her again is such a wonderful yet not surprising thought. She truly is the luckiest gild in the world, even without her memories.

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𝓡𝓪𝔂𝓔𝓶𝓶𝓪 𝓦𝓮𝓮𝓴 2021 𝓓𝓪𝔂 3: 𝓨𝓸𝓾𝓽𝓱/ 𝓗𝓪𝓷𝓭𝓱𝓸𝓵𝓭𝓲𝓷𝓰
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What’s better than Baby!Emma and Baby!Ray having the time of their lives (at least for Emma’s part) in their youth? Them holding hands as if the little girl had to drag this moody young man with her to explore the meadows and forests 🦋
I always wanted to draw them in the clothes the toddlers used to wear and these prompts were the perfect opportunity! It’s not half as good as I hoped it would turn out, but at least my two darlings are the cutest things in the world 💗
I just want to hold your hand
Cinco veces que Emma y Ray se tomaron de la mano, y una vez que no lo hicieron.
RayEmma Week 2021, Day 3: Handholding.
Manga Spoilers.
1
El humo es visible por encima de las copas de los árboles, la luna brilla generosa esta noche, augurando un buen futuro para su huida.
Ray no mira ni a la luna ni al humo, sino que contempla perplejo a los niños, a sus hermanos, que le sonríen y le saludan desde el otro lado del abismo. Un abismo que pensó era insalvable, imposible de cruzar.
El abismo que ahora los lleva a la salvación.
Sonríe. Supone que es un gesto más irónico que otra cosa, pero solo hay sinceridad tras él. Ray sonríe. Le sonríe a Emma, le sonríe a Thoma y Lannion, y le sonríe a la asustada Jemima mientras se acerca a ella.
—Cruzaremos juntos —dice.
Hay algo que se agita en su pecho, algo que le dice que por primera vez va a contribuir en salvar a uno de sus hermanos, que no va a dejar que se dirija derecho a la muerte sin poder hacer nada.
Emma susurra su nombre, con emoción y alegría en los ojos. Ray cree que también ve orgullo, pero no cree merecerlo así que decide pasarlo por alto.
No obstante, antes de cruzar, agarra la mano de Emma. Es tan solo un momento, un apretón fuerte de unos solos segundos de su mano sobre la mano de la chica, sin ni siquiera girarse a mirarla, pero espera que ella entienda todo lo que quiere decirle con ese gesto.
Gracias. No te voy a fallar. Voy a estar aquí. Gracias.
Cruza con Jemima bien aferrada entre sus brazos, y después los otros dos no tardan en llegar junto a ellos.
Emma viene la última. Hace un aterrizaje perfecto con una sonrisa enorme en el rostro. Pasa la vista por todos sus hermanos, pero la detiene finalmente en Ray.
Ella entiende.
Mientras Mamá Isabella contempla el abismo, aquel que pensó sus hijos, su hijo, nunca cruzaría, los niños corren por el bosque hacia la libertad como un solo ser.
2
Emma no odia demasiadas cosas, pero estar convaleciente es una de ellas. No se arrepiente del acto que la llevó a recibir la herida que la obliga a estar en cama pero eso no hace que las semanas se le hagan interminables.
No está sola, nunca lo está. Don, Gilda y Anna se turnan para hacerle compañía y contarle qué tal van las cosas en el refugio. Yuugo pasa todos los días para saludar, y poco a poco se queda más tiempo a charlar con ella, aunque sigue siendo huraño y quejica, pero siempre se asegura de decirle que todos los niños lo están haciendo bien. Los chicos de Goldy Pound, que ahora supone son parte de la familia, también la visitan, pero de uno en uno, obligados por Gilda desde aquella tarde en que se juntaron demasiados en su cuarto y aquello parecía una fiesta y no el cuarto de una chica herida. Sus hermanos más pequeños vienen a visitarla en pequeños grupos vigilados por los mayores, y aunque Emma adoraría tenerlos con ella todo el tiempo, los obligan a salir pronto porque tiene que descansar.
Son muchos pero también tienen muchas cosas que hacer para sacar el refugio adelante, y aun así se las arreglan para que siempre haya alguien con ella durante el día.
Ray siempre la acompaña por las noches.
El muchacho se queda a hacerle compañía todas las noches, solo falta un par de ellas y es única y exclusivamente porque se pelea a gritos con Yuugo, quien le dice que si quiere aguantar en pie durante el día debería dormir un poco más. Parece ser que está tan o más ocupado que los demás, seguro que casi todos los niños acuden a él en busca de consejo, así que suele llegar después de cenar, así que tienen muy poco tiempo para hablar, ya que Emma siempre se queda dormida muy pronto, cayendo rendida ante los sedantes que la ayudan a sobrellevar el dolor del tirante tejido que cicatriza lentamente. Siempre se queda dormida con Ray sentado en la silla junto a la cabecera de su cama. Al despertar, la silla siempre está ocupada, pero nunca por Ray.
Emma odia pocas cosas, pero ver a Ray solo unos pocos minutos al día es una de ellas.
Es lógico, dado que llevan pasando casi todos sus días juntos desde que tiene memoria. Además, los últimos meses antes de la huída habían estado muy separados, y luego vino el bosque, y luego Goudy Pound, y aunque todavía tiene un agujero en el estómago ahora se puede decir que el ambiente es más tranquilo y por fin pueden relajarse, y Emma quiere pasar tiempo con Ray.
Lo echa de menos.
Desea poder bajar el nivel de la morfina, pero sabe que como se atreva a decir algo Ray es capaz de subirle la dosis, así que prefiere callarse y atesorar con cariño esos pocos minutos de su compañía.
Esa noche no es diferente. Ray aparece por la puerta poco después de cenar con un libro bajo el brazo y una sonrisa cansada para hacerle el relevo a Gilda. Emma siente el tirón en su corazón que siempre aparece al ver a Ray, pero su cuerpo está muy cansado (no sabe de qué, si no ha hecho nada en todo el día) y siente que no va a durar mucho tiempo despierta.
Ray se sienta a su lado y habla un poco con ella. Emma intenta ponerle todo el entusiasmo posible a la conversación, ignorando la pesadez de su lengua en su boca. Intenta beber con sus ojos a Ray, pero siente que los párpados se le cierran en contra de su voluntad.
El chico sonríe y estira las manos. Emma cree que le va a dar uno de sus acostumbrados capones, pero no tarda en notar que lo que hace es extender las mantas para arroparla.
—Debes estar cansada —le dice con suavidad—. Duerme, no te preocupes por nada.
Quiere protestar, por supuesto que quiere, pero su cabeza se acomoda en la almohada. A través de sus ojos entreabiertos puede ver como Ray coge su libro, dispuesto a leer.
Reúne toda su fuerza, la poca energía de la que su cuerpo dispone, para abrir los labios y decir:
—Odio esto. Odio verte tan poco tiempo. Y —ahoga un bostezo, sintiéndose más en el mundo de los sueños que en el real— y que cuando despierte, nunca estés.
Está casi dormida, así que no está segura de que sea verdad, pero nota una calidez rodeando su mano. Pronto sus dedos están entrelazados con otros largos y delgados. La aprietan con fuerza, y luego aflojan el agarre, pero nunca la sueltan.
—Estaré aquí. No voy a ninguna parte —susurra la voz de Ray en sus sueños.
Cuando a la mañana siguiente Emma empieza despertarse, lo primero que nota es la mano que sostiene con fuerza la suya. Abre los ojos de golpe y mira a su lado. Ray está sentado en la silla de una manera muy poco cómoda, cuando se despierte seguro que le dolerá el cuello, pero su rostro tiene una expresión pacífica que Emma no recuerda haber visto en mucho tiempo. O que quizás en realidad nunca ha llegado a ver.
Se acomoda mejor en la cama, de lado, para poder mirar a Ray, sin soltar su mano. Se queda dormida de nuevo así, mirándolo. Sin soltar su mano. Si dependiera de ella, nunca la soltaría.
3
Ray todavía no puede creer que hayan encontrado el templo, en especial porque solo han logrado rastrearlo a través de los recuerdos de Emma.
Es un lugar bastante impresionante, debe admitir Ray a regañadientes. Quizás no demasiado llamativo por fuera, más los dibujos de las bóvedas son alucinantes. Intenta, en vano, no sentirse cautivado por el fresco del sol y la luna, la noche y el día, pero es francamente precioso. Es increíble pensar que una civilización cruel y sanguinaria como los demonios tengan también un toque especial para crear arte. Aunque quizás no debería resultarle tan extraño. Han pasado de incógnito por varios pueblos y aldeas, y los demonios que allí han encontrado eran muy distintos a las criaturas terroríficas y frías de Goldy Pound. Eran más parecidas a Sanju y Musica. Más…
A pesar de todo, Ray se niega a terminar ese pensamiento, y en su lugar se deja invadir por la emoción de Emma, que corre de una torreta a otra, queriendo contemplarlo todo a la vez y al mismo tiempo nunca llegando a apreciar los detalles de las cosas.
Se detiene finalmente frente a una de las torretas. Ray solo alcanza a verle la espalda, pero puede ver como sus manos se aferran a los barrotes, apretando con fuerza.
Cuando se acerca a ella, preocupado porque quizás le puede pasar algo, el rostro de Emma está iluminado por un resplandeciente color dorado, pero más resplandeciente todavía es la sonrisa que está dibujada en su rostro, más hermosa que cualquier pintura.
“Es como el sol”.
—Lo hemos encontrado, Ray. Lo hemos hecho —le dice, y en un momento atípico de Emma, su voz es suave y casi reverencial.
Ray se acerca todavía más a ella y contempla el interior de la torreta entre el hueco de los barrotes. Al ver su interior, no puede más que lanzar un suspiro y esbozar una sonrisa.
—Lo encontraste, Emma —afirma él, contemplando la fuente de brillante agua dorada que ilumina todo el lugar, sus rostros, que parece capaz de iluminar el mundo entero.
—No —contradice Emma, y Ray siente como la mano de la chica agarra la suya—. Lo hemos hecho. Juntos.
Desliza sus dedos por el dorso de su mano, y luego su palma en su palma, hasta que finalmente los dedos de ambos quedan entrelazados.
—No podría haberlo hecho sin ti.
Se gira a mirarla, solo para encontrar que los ojos de ella están fijos en él. No ha dejado de sonreír en ningún momento, pero hay una calidez en su sonrisa que es diferente, que no es la sonrisa de “hemos encontrado el templo por fin”, sino otra sonrisa, una con la que siempre mira a Ray. Al instante Ray le corta las alas a la ilusión y se dice que debe estar imaginando cosas.
Aparta la mirada y vuelve a contemplar el agua dorada. Emma lo imita.
Ambos la contemplan durante un buen rato, y luego los demás se unen, fascinados y emocionados de por fin haber encontrado aquello que parecía más una leyenda que una realidad, sintiéndose cada vez más cercanos de encontrar los siete muros.
En ningún momento sueltan la mano del otro.
4
La visión de Emma como una niña es impactante. No tanto por verla de nuevo como cuando era pequeña, sino porque su sonrisa sigue siendo exactamente la misma y eso conlleva un golpe emocional para él. Porque se da cuenta de que Emma nunca ha dejado de ser esa niña que se caía y se levantaba y corría a vendar rodillas ajenas antes de hacerse cargo de sus propias heridas. Sigue siendo la niña brillante que obsequiaba a todo el mundo con su sonrisa.
Y Ray, Ray en verdad nunca se ha sentido un niño. Siempre ha sido un adulto, o peor, siempre ha sido un prisionero. Prisionero de unos recuerdos espantosos, prisionero de su madre, prisionero de un cuerpo pequeño y débil con el que era incapaz de salvar a sus hermanos. Siempre se ha sentido cansado, desde que tiene memoria, y es completamente opuesto a la vitalidad de Emma, más evidente aún viendo a Emma con su cuerpo de niña pero la misma sonrisa de siempre.
Entonces Emma alza las manos, pequeñas, suaves y delicadas, y agarra las suyas, grandes, agrietadas y arrugadas. Lo mira fijamente con esos ojos verdes que no lo dejan dormir y que cuando le dan tregua lo persiguen en sus sueños. Y le dice que confíe en ella.
Hay una cosa que el Ray niño, que el Ray que siempre fue prisionero de un conocimiento más grande que él, nunca hubiera hecho: confiar en que otro le diera la solución.
Pero, se da cuenta, ya no es ese Ray. Emma sigue siendo la misma Emma de siempre, pero él lleva cambiando, evolucionando, desde la noche en que se bañó en gasolina.
Este Ray devuelve el agarre a Emma, y entrelaza sus manos, ahora iguales de pequeñas e inocentes, con las de ella. Le sonríe y cierra los ojos. Y confía.
Confía en el mundo, en el destino, en las infinitas posibilidades que este les ofrece.
Pero sobre todo confía en Emma. Confía en ella como nunca jamás ha confiado en nadie.
El mundo cambia a su alrededor, puede sentirlo. El tiempo se acelera, se detiene, retrocede. El mundo crece y se destruye. Fluye nueva vida, que florece y acaba en muerte. Brilla el sol, brilla la luna, brillan las estrellas.
El mundo cambia a su alrededor, pero la calidez de las manos de Emma entre las suyas no cambia, y Ray piensa asegurarse de que, si algo va a ser fijo, inamovible indiscutiblemente permanente en su vida, será ella.
5
Cree que podría estar perdida. Bueno, está casi segura de que se ha perdido. Eso es lo que pasa cuando vas de excursión de un lugar a otro sin parar en un mismo día: que al final alguien se acaba extraviando Y por supuesto tenía que ser ella.
Están ahora mismo en una enorme y bonita ciudad costera en la que han decidido hacer un poco de turismo antes de ver el plato fuerte (¿Una iglesia? ¿Una catedral?). Es una ciudad que bulle de vida, y entre toda la gente de la ciudad, y toda la gente de su grupo, el parque en el que están ahora mismo está abarrotado de gente. Y cuando vas con tanta gente, es normal que te confundas y te acabes perdiendo. En especial si son personas con las que todavía luchas día a día por poner nombres a sus rostros. Al final, se había quedado contemplando ensimismada una de las vistosas esculturas del parque pensando que Don y Hilda eran los dos que estaban a su lado y cuando se había girado a mirar se había dado cuenta de que eran personas completamente distintas que ni siquiera hablaban su idioma. Encima la habían mirado como si fuera tonta.
Aunque quizás lo fuera.
No quería moverse demasiado de ese sitio, pero quedándose quieta tampoco iba a encontrar a nadie. Salió casi corriendo cuando vio unos niños en la distancia, pensando que podrían ser Phil y el resto, a unos pocos metros se dio cuenta de que no lo eran, y que al lado de ellos había un par de señoras que la miraban con cierto aire de preocupación. Les sonrió, se dio media vuelta antes de crear problemas y empezó a caminar sin rumbo.
Definitivamente, estaba perdida.
No sabía que iba a hacer en aquella enorme ciudad para encontrar a los chicos. Sí, eran muchos pero también había muchos metros y metros en los que podían estar y podrían incluso estar andando en círculos buscándose mutuamente.
Lanzó un profundo suspiro.
De pronto una mano se cerró con fuerza en torno a la suya. Era una mano más grande que la de ella, más áspera, de largos y delgados dedos que encontraron su camino rápidamente entre los suyos, afianzando su agarre, como si hubiera hecho eso muchas veces antes.
Y de hecho, así era.
Podría haber saltado, sobresaltada por ser agarrada de repente en medio de la multitud, pero su cuerpo hizo lo contrario: se relajó de inmediato al contacto. Conocía a esta persona. Sabía quién era.
Lo supo incluso antes de que Ray se colocara junto a ella y la mirara con el ceño fruncido.
Todavía se peleaba con los nombres de algunos de los chicos, pero el de Ray nunca había supuesto un problema.
—Debí haber imaginado que te quedarías embobada en algún sitio y te acabarías perdiendo —masculló con tono de reproche.
—Lo siento, Ray —dijo ella esbozando una sonrisa lastimera, a lo que él suspiró.
—Vamos, vamos a unirnos a los demás antes de que piensen que te hemos perdido y les dé un ataque.
Empezó a andar y ella lo imito, caminando a su par. Sus manos seguían entrelazadas, el agarre de Ray sobre ella más fuerte de quizas lo estrictamente necesario.
Quizás él también estaba preocupado por pensar que la había perdido.
La había perdido una vez ya, al fin y al cabo.
“Y yo lo perdí a él” pensó repentinamente, y aquella idea le acelero el corazón.
Lo había perdido una vez, lo había perdido y ni siquiera tenía sus recuerdos, había sido una sombra en las luces de sus sueños, una nube que al alcanzar con la mano se desvanecía.
Lo había perdido, y saber que había perdido algo pero no saber el qué, o a quién, la había matado por dentro.
Apretó su agarre sobre él.
Ray se volvió a mirarla con los ojos muy abiertos.
—Oh, lo siento —dijo y bajó la mirada hasta sus manos unidas—, no me he dado cuenta, lo siento yo…
Empezó a aflojar sus dedos con la clara intención de soltarla pero ella alzó su otra mano y la cerró sobre la de él, impidiéndoselo.
—¡No!
Ray parpadeo confuso.
—No, no me sueltes —dijo ella, y su voz acabó siendo apenas un susurro, sus mejillas calientes y no por el brillante sol de España—. No quiero que lo hagas.
“No me sueltes nunca” era lo que de verdad quería decirle, pero no se atrevía.
El chico la miraba fijamente, y ella sentía su sonrojo crecer por momentos, pero entonces un poco del rojo de sus mejillas pareció contagiarse a las de él, que apartó la vista, azorado.
—No lo haré entonces —aseguró él, y volvió a tomar su mano con la misma fuerza de antes—. No quería hacerlo, tampoco —confesó.
Ella sonrió y su corazón siguió latiendo acelerado pero esta vez por otro motivo muy distinto. Uno mucho más feliz y emocionante.
Reanudaron la marcha, sus manos bien agarradas para no perderse entre la multitud, para asegurarse de que nunca volverían a perderse el uno al otro.
+1
Años más tarde, durante unas vacaciones de verano, Emma y Ray volvieron a Barcelona. Volvieron a visitar la Sagrada Familia, y Ray volvió a llorar al verla. Volvieron a bañarse en sus playas, volvieron a recorrer las callejuelas llenas de arte y colores, y volvieron pasear.
Sin embargo, esta vez no iban tomados de la mano. A pesar de ello no había sentimiento de lejanía, sino que se sentían más cerca del otro de lo que se habían sentido la primera vez que estuvieron en la ciudad. Porque puede que no fueran agarrados directamente de la mano del otro, pero sí que tenían las manos unidas. Tenían las manos unidas, pues entre ellos siempre caminaba una personita, con una mano bien agarrado a Emma, y con la otra bien agarrado a Ray.
(Este fic va acompañado de una ilustración que podéis encontrar en el tumblr de la maravillosa https://mermazing-art.tumblr.com/ )
𝓡𝓪𝔂𝓔𝓶𝓶𝓪 𝓦𝓮𝓮𝓴 2021 𝓓𝓪𝔂 4: 𝓑𝓾𝓽𝓽𝓮𝓻𝓯𝓵𝔂
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“A butterfly… the shape the soul takes when it leaves the body… That’s why souls have linked to butterfly since ancient times… and now, we have to let them go, too…”
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Halftime of the RayEmma week! Butterfly was such a complicated prompt but I had an idea relativly fast. I like to imagine their lost ones also took the form of a butterfly after their death, finally free of the bounds of their cruel world. And sadly enough, Ray and Emma had to let them go, in one way or another.
Day 4 - Eden/Butterfly🦋🌷
Butterfly
Así que está ahí, tumbado leyendo, aunque no todo el tiempo sus ojos están sobre las páginas. De vez en cuando, cuando las risas y los gritos son especialmente escandalosos, Ray levanta la vista y mira con una sonrisa a sus hermanos. Le agrada verlos felices.
RayEmma Week 2021, Day 4: Butterfly
Manga Spoilers
Ha llegado la primavera, la nieve se ha descongelado y los enormes campos de hierba están a disposición de los niños para correr y jugar en ellos. La visión es muy similar a cuando todavía estaban todos en Gracefield, con la evidente diferencia de que ya no van todos vestidos exactamente iguales. Hay otras diferencias, las heridas que todos cargan después de las experiencias vividas, pero esas no son tan obvias. Algunas son físicas, otras son internas, corren por sus cerebros y sus corazones torturándolos con recuerdos de la agonía que han vivido cuando parece que por fin van a aprender a vivir con tranquilidad.
Ray intenta no pensar en ello, e intenta superponer la nueva imagen de todos sus hermanos sonrientes sobre sus amargos recuerdos. Él no se ha unido a la diversión, sino que está recostado bajo la apacible sombra de un gran árbol con una pequeña pila de libros. Ha descubierto que hay muchas, muchísimas más obras literarias en el mundo humano de las que disponían en el mundo de los demonios, y cada vez que se pone a mirar títulos su lista de libros por leer aumenta considerablemente. Sin embargo, no hay presión alguna al leer. Ahora es libre, lee porque quiere, porque le apetece, porque le ayuda a escapar de los terrores nocturnos. No tiene que leer para asegurarse qué será lo suficientemente inteligente, para estar seguro que estará al nivel de Norman y Emma, para tener el conocimiento necesario para mantener a sus hermanos con vida.
Ahora lee porque puede, porque quiere y porque lo disfruta.
Y esa es la mayor liberación de todas.
Así que está ahí, tumbado leyendo, aunque no todo el tiempo sus ojos están sobre las páginas. De vez en cuando, cuando las risas y los gritos son especialmente escandalosos, Ray levanta la vista y mira con una sonrisa a sus hermanos. Le agrada verlos felices.
Una chica pelirroja entra en su campo de visión justo en ese momento, y Ray se admite a regañadientes que la risa de sus hermanos lo hace feliz, pero es la visión de ella lo que le hace sonreír como un bobo.
Emma está corriendo por el prado, sus hermanos tras ella, todos con enormes expresiones de felicidad. Ray deja apartado un momento el libro que está leyendo para agarrar la cámara de fotos y capturar el momento. Ahora también las cosas que tiene no forman parte de un plan elaborado de escape; las tiene porque le gustan.
Está decidido a seguir con el libro (lo había dejado en la mejor parte) cuando alguien se interpone entre él y el sol.
Sabe que es Emma incluso antes de levantar la vista, la sombra que proyecta su pelo es inconfundible.
La chica solo le sonríe mientras se tumba a su lado en el césped lanzando un suspiro de cansancio.
—Estoy agotada. ¡Tienen una energía que no se acaba nunca!
Ray está a punto de decirle que ella es exactamente igual, pero se muerde la lengua y tan solo le sonríe. Emma, aunque la puedan seguir llamando Emma, no es por completo la chica que todos conocen y recuerdan. Ray es consciente de que está luchando lentamente por adaptarse a esta nueva realidad en la que hay un montón de personas, en especial un montón de niños gritones, que dicen que son sus hermanos. Emma lo afronta todo con una sonrisa que es dolorosa de ver porque es, bueno, es puramente Emma, pero sabe que ella no recuerda que antes sonreía así, y eso lo hace doloroso.
Él solo quiere hacerle las cosas fáciles, así que intenta que los comentarios como ese no salgan demasiado a menudo como para que la chica sufra o se sienta culpable.
—Mejor que se cansen ahora que después por la noche tengan ganas de fiesta —es lo que dice en su lugar provocando que Emma se ría.
Se apoya sobre los codos para poder mirarlo mejor y entonces se queda muy quieta, mirando algo por encima de la cabeza de Ray.
—No te muevas —susurra, y Ray obedece, más que por conciencia por memoria muscular. Una orden similar a esa le ha salvado la vida varias veces.
Emma extiende la mano y roza algo en su cabeza y luego la retrae. Para sorpresa de Ray, posada sobre la mano de Emma hay una enorme mariposa de alas violetas. La mariposa agita levemente las alas y vuela desde la mano de la chica hasta Ray de nuevo.
Se posa en su nariz, arrancándole una nueva risotada a Emma.
—Vaya, parece que te quiere mucho.
Antes de que pueda pensarlo, Ray se pone bizco para contemplar al insecto que tiene en la cara, lo que hace que Emma se ría aún más. Él finge una mueca de desagrado, aunque por dentro está feliz. La risa de Emma es la mejor música del mundo.
Esta vez es él quien aparta con suavidad a la mariposa de su rostro, pero el insecto no parece querer alejarse. Se queda apaciblemente posado en la palma de su mano, agitando las alas con lentitud, sin intención alguna de volar.
—No parece herida —es extraño que no haya huido ya de ellos.
—Quizás simplemente es que le gustes.
Emma acompaña su comentario con una sonrisa, y Ray de repente recuerda algo. No es el recuerdo de algo vivido, sino de algo leído hace mucho mucho tiempo. Una información sin aparente importancia, como muchas otras que se quedan rondando por el fondo de su cerebro y que salen a flote cuando menos se lo espera.
Emma debe notar la repentina tensión de su cuerpo, pues se incorpora hasta quedar sentada, sus rostros a la misma altura, y le pregunta con preocupación que qué le pasa.
Ray niega con la cabeza, sus ojos todavía posados en la mariposa, que parece comodísima en su mano.
—Nada es solo que… una vez leí que algunas culturas consideran las mariposas como las reencarnaciones de las almas. Y está en particular… —contempla las luminosas alas de la mariposa, de un tono violeta que le es extremadamente familiar—. El color de sus alas me ha recordado a alguien, eso es todo —termina Ray, intentando que no le tiemble la voz. Con la mano libre, agarra la hierba con fuerza.
Los ojos de Emma brillan con ternura bajo la luz del sol mientras se deja caer contra el hombro de Ray con lentitud, para que el chico sepa que va a hacer y se pueda apartar si quiere. El cuerpo de Ray entra y sale de la tensión en escasos segundos y cuando la cabeza de Emma está tan cerca de él que puede sentir su cabello rozándole el hombro, siente una paz y tranquilidad que aleja todos los pensamientos de angustia anteriores.
Emma no lo mira a él, sino que contempla a la mariposa.
—Debió haber sido una persona hermosa —dice simplemente.
No es una invitación a que le cuente, es un simple comentario. Es consciente de que hay muchas cosas que Ray oculta, no porque no quiera que las sepa pero quizás porque ella todavía no está preparada para escucharlas, o porque él no está preparado para decirlas, o quizás por las dos cosas. Puede que Emma todavía no tenga sus recuerdos, que haya días en los que sigue sin responder al nombre de “Emma”, pero entre Ray y ella hay una comprensión que juraría ha trascendido más allá de la pérdida de los recuerdos, que pervive todavía en ellos. Así que deja caer con suavidad su cabeza en el hombro de Ray, y deja que el silencio los envuelva mientras el chico mira la mariposa con una expresión agridulce en su rostro.
Ray quiere hablarle a Emma de Isabella. Quiere hablarle a Emma de su madre. Y lo hará, solo que no en ese momento. Puede que ni siquiera esa semana. Lo hará cuando crea que ella está preparada, y cuando él esté preparado, y entonces le contará todo lo que ansía decir en voz alta y responderá a todo cuanto ella quiera preguntar.
Pero hoy no es el día en que abre su corazón y descarga todos sus sentimientos encontrados por esa mujer. Hoy, hoy simplemente se queda mirando la mariposa y sus alas violetas y piensa en sus ojos.
La tranquila respiración de Emma le dice que se ha quedado dormida sobre su hombro, y funciona como el mejor de los calmantes, porque cuando se va a dar cuenta sus ojos también se están entrecerrando, los sonidos de los juegos de sus hermanos son lejanos, lo arrullan como una nana.
“Todos están bien, todos están a salvo” se repite en la cabeza como un mantra. Viejos hábitos difíciles de morir.
Se rinde en su lucha contra sus párpados.
Su mano permanece abierta sobre su pecho, encima descansa la mariposa que alza el vuelo, pero no se marcha, se queda revoloteando por alrededor de los dos niños, y su vuelo es pronto acompañado por un montón de más mariposas, todas de un blanco puro e inocente. Entre todas, vigilan que tengan un sueño tranquilo.
(Este fic va acompañado de una ilustración que podéis encontrar en el tumblr de la maravillosa https://mermazing-art.tumblr.com/ )

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Day 4: Butterflies
This will just a sketch until the new cord for my tablet comes in.
𝓡𝓪𝔂𝓔𝓶𝓶𝓪 𝓦𝓮𝓮𝓴 2021 𝓓𝓪𝔂 5: 𝓜𝓪𝓰𝓲𝓬/ 𝓓𝓪𝔂&𝓝𝓲𝓰𝓱𝓽
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Wow, this took so long but was also a lot of fun to do! First time me trying to use colours fitting to the surroundings and it even looks halfway decent 😅
Anyway, Emma and Ray’s journey to the Seven Walls was stressful, exciting and so beautifully done! I wished we could have seen this in the anime too, especially the two skies touching each other at sunset. The best thing was how these two stayed together through all obstacles and overcame the miracles of HIM’S dellusion 🌞🌠🌛