Nunca me van a convencer de que hacer desaparecer a Jay durante más de un año fue una buena decisión. Nunca.
Porque al desaparecerlo no solo sacaste a un personaje de la historia, también hiciste desaparecer la conversación que lo rodeaba. Les diste a otros escritores la oportunidad perfecta para no mirar el problema, para seguir adelante como si nada hubiera pasado y para excluir con facilidad a alguien que jamás debió ser apartado.
Jay es una víctima de la colonización. Su historia habla de violencia, de deshumanización. Sin embargo, en lugar de profundizar en ello, elegiste esconderlo. Escondiste el tema de los demás, pero también de tu propia narrativa. El especial del Mes del Orgullo terminó sintiéndose como una oportunidad perdida: se convirtió en una ocasión para volver a desviar la mirada y aliviar el peso de quienes participaron en lo ocurrido, mientras la víctima seguía cargando sola con las consecuencias.
Lo que más me duele es la diferencia de trato. Los personajes que fueron cómplices reciben comprensión. Se nos invita a entender sus emociones, sus conflictos y hasta su sufrimiento. En cambio, Jay continúa siendo reducido al "villano", al personaje incómodo, al que todos parecen tener permiso para despreciar. Sus sentimientos son ignorados, su dolor es minimizado y su historia permanece enterrada.
Y entonces me pregunto: ¿cómo se supone que debo creer que esos personajes sienten culpa? ¿Dónde está? Porque la culpa no existe solo porque un autor diga que está ahí. Existe cuando transforma la forma en que un personaje actúa, piensa y enfrenta aquello que hizo. Si nunca vemos ese cambio, entonces el arrepentimiento termina sintiéndose como una idea vacía.
También me cuesta aceptar la explicación sobre su desaparición. Ojalá esa capacidad de no poder ser detectado no haya sido simplemente un recurso para sacarlo de escena. Ojalá tenga un propósito real y, cuando llegue el momento, le permita sobrevivir y defenderse de un mundo entero que lo señaló, lo rechazó y lo convirtió en el enemigo de una historia en la que él también fue una víctima.
Hay algo profundamente contradictorio en hablar de representación de minorías mientras otras minorías son borradas de la narrativa cuando resultan incómodas. Porque la representación no consiste solo en dar espacio a ciertas historias, también implica tener el valor de permanecer cuando esas historias obligan a enfrentar aquello que nadie quiere reconocer.
Esto es tan frustrante...
Además, hay algo que sigo sin entender.¿Cómo pasamos de "Jay está muy lastimado, y ese dolor lo lleva a hacer las cosas mal" a "Jay tiene razón"? Dicho por la propia escritora, primero en una entrevista y después en Discord.
Y aclaro: Jay sí tiene razón. Ese no es el problema. Lo que no entiendo es el cambio en el discurso. ¿Qué ocurrió entre una afirmación y la otra? Porque, sinceramente, no puedo evitar sentir que ese giro se parece más a un intento de cauterizar una herida que la propia historia abrió. Como si, después de darse cuenta de que ciertas decisiones narrativas fueron cuestionables, la solución hubiera sido cambiar el discurso en lugar de afrontar las consecuencias de esas decisiones dentro de la obra.
Quizá me equivoque. Quizá solo estoy demasiado enojado con la situación para verlo con claridad. Pero, desde donde lo miro, ese cambio nunca se sintió construido; se sintió reactivo.
Al final, solo queda agradecerle a la escritora por contribuir a borrar a un personaje cuya historia merecía ser contada. Y, de paso, por volver a caer en una narrativa que hemos visto incontables veces: la de centrar el foco en el sufrimiento de las personas blancas que participaron o fueron cómplices de un sistema de opresión, mientras las víctimas quedan relegadas al fondo de la historia.
¿Cuántas historias existen donde el verdadero conflicto termina siendo que los blancos se sienten mal por haber contribuido a un genocidio o a un sistema colonial? ¿Cuántas veces se nos pide empatizar con su culpa, con su dolor y con su proceso de redención, mientras las personas que realmente sufrieron esa violencia apenas existen como un recurso narrativo para hacer que esa redención resulte más emotiva?
Ese es el problema. Las víctimas dejan de ser personas con una historia propia y se convierten en el escenario sobre el que otros encuentran su desarrollo emocional. Y cuando eso ocurre, no estamos hablando de representación. Estamos hablando de una historia que, una vez más, decidió que el dolor de quienes ejercieron o sostuvieron la opresión era más importante que la voz de quienes la padecieron.














