RESISTIR ..
Hablan de la vida como si fuera un regalo,
pero nadie menciona el costo de abrirlo.
Nacemos con una deuda invisible: existir.
Y desde entonces, cada decisión es una especie de juicio,
aunque no haya juez,
aunque nadie esté mirando,
aunque finjamos que no importa.
Hay días en los que uno quiere ser bueno.
Lo intenta, incluso.
Sostiene la puerta, sonríe, perdona…
pero en el fondo hay algo que se pudre lento,
una voz que susurra:
“todo esto es inútil”.
Y lo peor…
es que a veces tiene razón.
Porque la vida no premia al justo,
ni castiga al miserable con la precisión que nos prometieron.
Es un juego sucio, desordenado,
donde el dolor cae como lluvia…
sin preguntar a quién moja.
He visto hombres destruirse por amor,
y otros que jamás amaron vivir tranquilos.
He visto fe en los ojos de quien lo perdió todo,
y vacío en aquellos que lo tienen todo.
Así que dime,
¿dónde está la lógica?
¿Dónde está ese orden divino del que tanto hablan?
Quizá no existe.
Quizá la vida es esto:
un cuarto mal iluminado,
una botella a medio terminar,
y pensamientos que no te dejan dormir.
Pero hay algo curioso…
algo casi ridículo.
A pesar de todo,
uno sigue despertando.
Sigue buscando algo—
una mirada, una palabra,
un instante que justifique todo el caos.
Y a veces lo encuentra.
No en grandes revelaciones,
ni en milagros…
sino en cosas pequeñas:
una risa inesperada,
una canción que golpea justo donde duele,
el silencio compartido con alguien que no te exige nada.
Y entonces, por un momento,
todo ese absurdo…
parece soportable.
No hermoso.
No justo.
Pero sí… soportable.
Tal vez ese es el verdadero sentido de la vida:
no entenderla,
no redimirla,
ni siquiera vencerla…
sino resistirla
sin perder del todo la capacidad de sentir.
Porque el día que ya no duela,
el día que ya no importe…
no será paz lo que hayas encontrado,
será el final de ti mismo
mucho antes de morir.
















