En sus ojos habitaba mi sueño más grande:
el dulce vértigo de un beso,
la llama silenciosa de un alma encendida
y esas alegrías nocturnas
que solo nacen cuando el corazón se desvela.
Había en su mirada una tristeza luminosa,
como si guardara universos enteros
detrás de un silencio.
Y aún hoy me asombra pensar
que un solo par de ojos
pudiera ejercer tal dominio sobre mí,
como si mi voluntad
hubiera aprendido a vivir
prisionera de su mirada.
-Angel Garibay.














