La industria del huevo niega, por interés económico, las conclusiones científicas, que señalan abrumadoramente que el consumo de huevos tiene efecto letal en el organismo humano. Los documentos que los identifican como aptos para el consumo son los publicados por la propia Industria. Lapágina web chilena de la asociación de comerciantes de huevos publica como referencias científicas un artículo de un diario mexicano donde se menciona un estudio que alaba la grandeza nutricional del huevo… pagado por la asociación avícola mexicana. Y la lógica es: `como tenemos ya un documento certificado por señores de bata blanca que dice que el huevo es estupendo para la salud, ya podemos basar nuestras campañas en publicaciones científicas`. Es una actualización de otra era de lo que sería la ciencia. Y la ética. Un uso interesado, tergiversado, falseado, indebido de los medios disponibles (gracias al progreso del espíritu humano), con el objeto de satisfacer los intereses de un grupo, minoritario, de individuos –la Industria-, capaces de matar conscientemente a un porcentaje de la población –¿genocidio se podría llamar a esta epidemia provocada de males y muertes? ¿genocidio mediático?-, y sobre la base de pura codicia y egoísmo descarnados. Una industria inmoral en todo su proceso, un proyecto que parte del encierro, tortura y asesinato de gallinas y de sus hijos, hermanos nuestros en esta familia que somos los terrícolas. Algo que tampoco reconocen. Y no quieren que tú reconozcas. Interfieren en los procesos cognitivos de la gente al nivel más íntimo, donde se forman los conceptos morales, donde el individuo procesa la información que recibe y la ordena en un sistema de valores. La estrategia más efectiva es mantener fuera de la vista a los animales, y mantener fuera de alcance cualquier información relacionada.
Y entretanto –qué tristeza tan intensa, y qué poderosamente indignante- el Estado y los medios y los médicos, tontamente bailando al son de esta comparsa macabra y sinvergüenza y delincuente. También ciudadanos informados (informados?) y hasta progresistas caen inconscientes en el engaño maligno y destructivo, (insolidariamente, podrías decir incluso, si no fuera porque te explicas que las razones de que los `ciudadanos informados` actúen así es el desconocimiento de la verdad. Y desconocer la verdad, ¿es reprochable?).
El ciudadano que es consciente de este momento de inflexión en que estamos, en que de una vez hay que terminar con la explotación, por insostenible (en diversos sentidos: sanitario; ecológico; espiritual: por la identificación con la violencia como modo de hacer, de estar y relacionarse con nuestros hermanos), tiene la obligación moral de abrirle los ojos, — y del modo más amable e inteligente- al resto. Esta obligación es una (auto)imposición, íntima y libre; individual. Te das cuenta o no te das cuenta de que hay que convertir el sistema.
Un activismo efectivo en profundidad, reconociendo la causa verdadera de lo disfuncional, facilitará que otros se den cuenta, y que libremente opten por aceptar el tema como propio. El tema exige introspección: profundizar en él es sinónimo de conocerse, de conocer la verdadera identidad del individuo, que es compartida, colectiva; conocer tus procesos cognitivos, saber por qué ves como ves al planeta y sus habitantes. Y si no reconoces la igualdad y los lazos con el resto no tendrás razones para dejar de destruir sus vidas. ¿Qué razones podrían ser esas, si no reconoces que todos los animales somos lo mismo: somos lo que tú experimentas como tú mismo? Solo saber tu verdad es comprender que ellos tienen su verdad, es comprender que su vida es tan `sagrada` como la tuya. De otro modo — sin tu experiencia personal de lo que es estar vivo y experimentar la realidad- no podrías identificar a un animal de otra especie como una entidad con derecho alguno, porque no sabrías designar cuál es su valor. Su valor te lo indica tu propia experiencia de ti mismo. Tu experiencia te lo dice.
[Nota para activistas confundidos]:
En este contexto es que se denuncian aquí las mentiras de la industria del huevo. Por supuesto que las gallinas -y los humanos- no son las únicas víctimas de la Industria en el reino animal. Pero lógicamente, una vez hayas reconocido la terricolidad –la igualdad inopinable por ser terrícolas [nota: más allá del ser sintiente: mirando por él] –; una vez hayas entendido íntimamente la causa de la disfuncionalidad, la causa de la violencia institucionalizada y aplicada a todo, actuarás social y políticamente cada vez que encuentres oportunidad y vías, de modo creativo, no programado como se podría ansiar desde algunos panfletos. Es el aspecto social de esta lucha, que es espiritual –aunque la palabra también haya sido eliminada de nuestra cultura por los mismos que quieren ver a los animales tan solo como seres desalmados, dándose la paradoja de que desde algunos textos se reclama el valor del cuerpo sutil, no material, de los seres usando un argot materializante, que desconoce todo lo que no se registra con los sentidos clásicos -.
Somos seres sociales, y políticos, y tenemos que convertir este sistema desajustado usando las herramientas que hemos construido progresivamente como cultura (nuestros valores democracia y ley). Y estas herramientas tienen su propio funcionamiento, que conviene conocer y saber modular, si queremos ser efectivos.
Y siempre que nuestro actuar sea reflejo de nuestra identidad verdadera.
En este contexto, pues, es que hablamos de huevos y no de todos los animales explotados. En este contexto es que estudiamos y denunciamos también la violencia hacia los humanos de parte de los mismos explotadores de gallinas o cerdos, pues los humanos también son nuestros hermanos. Y violencia solo hay una. Y los señores explotadores son su actualización. A como dé lugar hay que terminar con su papel en nuestra Historia, que es la historia de todos.
Del compendio Huevos y Mentiras:
https://medium.com/huevos-y-mentiras?source=logoAvatar-26115ed0a006-16421776fe13