“Te he dicho que me dejes en paz, Jean-Claude” la más pequeña de los Sang observaba con una mirada enfurecida a su guardaespaldas (un hombre muchísimo más alto que ella y con ese mismo rostro de pocos amigos) “No necesito un guardaespaldas, puedo cuidarme sola” entonces, por obra de magia fue que la muchacha pudo zafarse del agarre de aquel hombro y rápidamente dar una patada fuerte en la entrepierna del hombre, dejándolo incapaz de seguirle mientras ella corría lo más rápido que pudo, dio la vuelta en la esquina y terminó chocando contra alguien “¡Maldita sea!” exclamó ahora desde el suelo (el impacto había sido fuerte, al menos para ella) “¡Fíjate por--- auch” exclamó desde el suelo, llevando su mano hacia la banqueta, golpeando el asfalto con frustración, seguro su guardaespaldas ya estaba cerca y la regresaría a casa.














