Vivimos entre risas y miradas tenues, le damos sentido a nuestra existencia juntos, bailamos la danza de la vida perdidos en los momentos más sublimes, cómplices el uno del otro compartimos los secretos en el aire, flotamos con las caricias que se hacen fuego, soñamos con la verdad de nuestra realidad y cada día vivimos en el idílico amor de ser los mejores amigos.
Se cumplen las más preciosas fantasías, palpitantes en nuestras manos, se siente cómo el corazón es más fuerte que la mente y el pasado se desvanece con el roce de la piel, con los susurros del alma, con la intensa sensación de ser felices cada mañana y así explotan las palabras para hacerse magia en el encuentro de nuestras almas que se buscan y se aman.
Llenos de heridas hemos ido conteniendo la sangre que ellas dejaron, bellas cicatrices que quedaron para marcar el destino, terreno ganado en el camino de espinas que en innumerables ocasiones se ha vuelto rosa; retos, desafíos y grandes emociones con el paso de los años se han hecho rocas para edificar el amor.
Victoriosos, alegres, amantes, cómplices de las horas, viajeros del presente, maestros de los segundos, unión perfecta, complemento ideal, respiración profunda en las mañanas y suspiros por poderte abrazar; dueños de la luz sumergidos en el cielo, conocedores de los caminos y aventureros del mañana.
Amor platónico, amor real, amor verdadero, creíble y sin afán; dejando la tinta en las palabras y el papel en las fragancias, deseando ser uno cada día en la sutileza del silencio, en el encuentro profundo de nuestras almas, en el anhelo incontable de las miradas.
Ana María Suárez Pérez
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