No espero nada de vos. No espero mensajes. No espero explicaciones. No espero que vuelvas. No espero promesas ni finales distintos.
Porque entendí que no me debés nada.
Hiciste lo que pudiste con las herramientas que tenías, con tus miedos, con tus límites y con todo aquello que no supiste nombrar. Y con lo que estabas luchando que yo no supe. Y aunque me enojé con eso, hoy intento aceptarlo.
Pero hay algo que sí deseo.
Deseo que algún día, en una mañana cualquiera, mientras te preparás un mate o mirás por la ventana antes de empezar tu rutina para ir a cazar, te acuerdes de mí.
Y que por un segundo puedas verme de verdad.
No como la chica que se enojaba. No como la que reclamaba. No como la que sentía demasiado.
Sino como la chica buena que quiso cuidarte.
La que te eligió cuando era más fácil irse. La que tuvo paciencia cuando no entendía. La que te quiso incluso en las partes que vos mismo escondías.
No porque necesite que vuelvas. (Aunque muera porque suceda) Ni porque necesite una revancha. (Aunque estoy segura que la merecemos)
Sino porque me gustaría que algún día entendieras lo que perdiste. Lo que perdimos.
Que veas que detrás de todos mis errores había una persona que estaba intentando amar bien. Que detrás de cada conversación difícil había alguien que todavía estaba apostando por nosotros.
Y quizás ese día te duela. Espero que no.
Quizás te preguntes qué habría pasado si hubieras sido un poco más valiente. Si te hubieras quedado un rato más. Si hubieras arreglado lo que rompiste en lugar de alejarte.
Y no lo digo para que cargues con culpa, ninguno de los dos la tiene.
La culpa no construye nada.
Pero sí para que entiendas que algunas personas aparecen una sola vez en la vida y que no siempre se las pierde por falta de amor. A veces se las pierde por miedo. Por orgullo. Por no hacer nada cuando todavía había tiempo. Por miedo a lo desconocido.
Y si algún día llegás a verlo, espero que no sea solamente un arrepentimiento pasajero.
Espero que sea una decisión.
La decisión de mirar de frente todo lo que rompiste.
Y de querer reparar aquello que un día dejaste caer.
Porque yo no necesito que regreses para saber lo que valgo.
Pero sería lindo que algún día vos también pudieras verlo. Que entendieras que nunca fui perfecta, pero que pocas veces alguien te va a querer con la honestidad con la que yo intenté quererte.
Y que, a veces, perder a una buena persona no se siente el día que se va.
Se siente mucho después.
Cuando ya no está. Cuando la buscas en los ojos de otra. Cuando buscas incluso las cosas que te hacían renegar.
Y lo peor llega cuando entendés que aquello que estábamos viviendo, en realidad, era un regalo. Que no pudimos estar a la altura.
Fer

















