Damian ni siquiera usa las colchonetas o equipo de entrenamiento, va directo a las armas. SegĂșn Ă©l es mejor vivir la experiencia de una pelea verdadera para entender las fallas de uno en su tĂ©cnica que hacerlo pasivamente.
Es un maestro directo, incluso cruel. Si Raven no pudiera percibir lo que piensa y siente podrĂa acabar odiando sus enseñanzas, pero no lo hace, por el contrario, lo entiende mejor que nadie. Por eso sabe que es estricto por una razĂłn, Ă©l quiere que mejore sus habilidades de defensa personal, tiene talento pero el talento no lo es todo, por eso quiere pulir sus habilidades.
Los Titanes tuvieron que acostumbrarse a sus muestras de afecto pĂșblicas, pequeños gestos como perderse en su propio mundo de conversaciones interminables âprofundas o triviales, un simple abrazo repentino, un beso discreto en la frente, un golpecito en el hombro despuĂ©s de alguna frase, una sonrisa o una mueca entre sus chistes locales para reclamarse o recordarse algo. Sus vidas se fueron entretejiendo juntas, quizĂĄs demasiado.
Hay que admitir que verlos juntos resultaba al principio tan extraño por lo diametralmente opuestos que parecĂan ser, incluso algunos de sus compañeros llegaron a creer que no durarĂan nada. Lo pensaron cuando Robin aĂșn era mĂĄs bajo que su compañera, y ahora que habĂa acabado por superarla en estatura âun par de años despuĂ©s, habĂa quedado claro que lo de ellos era serio.
Se podĂan escuchar sus jadeos en la sala de entrenamiento durante horas. El espejo la hacĂa parecer mĂĄs una sala de baile pero tenĂa el fin de poder ver su propia tĂ©cnica, aunque si Damian sospechaba que su novia se distraĂa demasiado al verlo terminaba por ponerle una gasa en los ojos para aumentar la dificultad, no debĂa acostumbrarse al espejo porque no contarĂan con uno en las misiones que tuvieran. Nightwing o Starfire hubieran querido decir algo pero Rachel parecĂa empecinada en continuar, pues al conseguir alguna victoria personal o descubrir su avance estaba encantada con los resultados; y volver a verlos acaramelados era algo que terminaba agotando a los demĂĄs.
Raven detuvo con el antebrazo un golpe, estaba a punto de conseguir un uppercut que Damian supo leer alejĂĄndose con una patada que su novia tuvo la buena suerte de evitar con un salto hacia atrĂĄs. En definitiva entrenar con Damian la habĂa hecho competitiva, agradecĂa la flexibilidad que estaba adquiriendo su cuerpo pero lo mĂĄs interesante de todo fue que resultĂł ser mĂĄs divertido de lo que esperaba.
Damian supo leer donde aterrizarĂa devolviĂ©ndole la patada que ella no atinĂł. LogrĂł tirarla, tuvo que esquivar todavĂa otro par de patadas en el suelo. SabĂa que Ă©l tiraba a matar pero en realidad era bastante suave con ella, no buscaba hacerle daño, solo marcar y remarcar los golpes que acabarĂa recibiendo si no se concentraba. Raven se levantĂł con una tĂ©cnica aprendida de artes marciales, en un salto, todavĂa quiso continuar con otro ataque solo para ser atrapado su pie por su novio. ResoplĂł, ya no tenĂa suficientes fuerzas para tratar de liberarse contraatacando. Se quedĂł en el piso siendo sujetada de la zapatilla por el empeine y el talĂłn. Rachel mirĂł a Damian agotada.
âLo hiciste bastante bien. AĂșn no te acostumbras a contraatacar cuando estĂĄs abajoâ el chico le devolviĂł su pie. La vio sentarse en flor de loto.
âAĂșn no me acostumbro a no volar, pero ya lo conseguirĂ©â asegurĂł. RecuperĂł el aire y pasĂł el pulgar sobre la gema en su frente que brillĂł un poco. Para entrenar con Damian se ponĂa a si misma un hechizo de barrera para bloquear sus poderes y pelear como iguales. Era virtualmente humana hasta que deshacĂa la barrera. De alguna manera era vulnerable, y por esa vulnerabilidad era que Damian tenĂa como objetivo entrenarla. Si en algĂșn momento Raven se veĂa impedida de usar sus poderes debĂa ser autosuficiente para poder valerse ella sola.
Los pensamientos del joven Wayne iban tan lejos que llegaba a imaginar si algĂșn dĂa podrĂa enseñarle a hackear al menos con algo de la maestrĂa que Ă©l tenĂa, pero por el momento disfrutaban en su relaciĂłn entrenar y meditar juntos, porque sĂ, habĂa terminado por meditar a su lado, por leer recostados sobre el cĂ©sped o sobre mullidos cojines fueran novelas, poemas o manga, por ver pelĂculas y escuchar mĂșsica juntos hasta quedarse dormidos en los brazos del otro. La distancia fĂsica entre los dos se habĂa acortado hasta a veces ser casi inexistente.
Damian se sentĂł junto a su novia, habĂa acabado su katana a un lado. Ella se acercĂł un poco luego de mirarse un rato. Le gustaba cuando se quedaba acariciando su cabello. Se acomodĂł mejor a su lado.
âNecesito un baño, estoy toda sudadaâ.
A Damian no le importaba, podĂa sentir con las yemas de los dedos la humedad de su cuero cabelludo pero le gustaba tenerla cerca despuĂ©s de entrenar. Sea su perfume, su shampoo y enjuague o su desodorante, a Ă©l le encantaba como olĂa Rachel. PodĂa quedarse a su lado sintiendo su suave, pĂĄlida y tibia piel cerca, embriagarse con su aroma tan adictivo, quedarse oyendo el mutuo latir de sus corazones.
Raven le puso una mano en el pecho.
âNos estĂĄn viendo por las cĂĄmarasâ le advirtiĂł.
âUh-juhâ pasĂł por alto esa advertencia perdido en el momento, ese momento en el que los dos se perdĂan en el otro lejos del tiempo en que estaban viviendo.
SonĂł una alarma de bajo rango en la torre, una canciĂłn festiva seguida de un mensaje de parte de Nightwing mismo para el equipo. Ăl, en efecto, los habĂa estado viendo por las cĂĄmaras. Desde el centro de vigilancia bebĂa chocolate caliente con un gorro de Santa puesto.
«Atención Jóvenes Titanes. Ya es medianoche. Feliz Año nuevo a todos» se escuchó su carismåtica voz por la bocinas.
Rachel no pudo evitar reĂrse un poco. Damian sujetĂł su barbilla, ella lo rodeĂł con sus brazos y compartieron un dulce beso. Oficialmente su entrenamiento, esa hora privada de ejercicio, habĂa quedado concluida, al igual que otro año juntos.
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Participación para el concurso de #DamiraeHolidays llevado a cabo por @damiraedemonbirds UwU