Estoy al borde del abismo. Miro al abismo,siento malestar y vértigo. Mi primer impulso es retroceder ante el peligro. Inexplicablemente me quedo.
No hay en la naturaleza pasión de una impaciencia tan demoniaca como la del que, estremecido al borde de un precipicio ,piensa arrojarse en el.
Si no hay allí un brazo amigo que nos detenga o si fallamos en el súbito esfuerzo de echarnos atras, nos arrojamos, nos destruimos.















