Azares de tu boca
Si mis flaquezas y el orificio de tu barbilla se platicaran de cuando en vez por la tarde, por la noche y cuando no nos vemos, que es casi siempre, o siempre, ya habríamos roto así el cristal frente a nosotros. Si pudiera saltarme las vidas que me queden hasta llegar a la que te tenga y ser sensato y ser alegre, fumar y tomar café con tus manos y tu vestido de manicomio, ya habría regresado por ti y te hubiera dado un beso en esa nariz tuya. Si encontrara tu perfume del norte y tu color de piedra en piel por la noche, seguro comeríamos siempre juntos y formaríamos torres de pequeñas ramas en el valle y te haría un recuerdo sólo para ti y para tus dientes. Si permaneciera quieto sin buscarte quizá ya habría dado con tus pies, y habríamos hecho un libro y observado por horas como nos despeina el alma el vernos. Cuando vengas trae un cuento, uno largo que parezca rito, trae también un nombre para esto, no sé llevar las cargas sin ponerles apodos, no se toca un acorde sin profundidad, ni se calma un brujo con encantos. Cuando el misterioso porvenir nos prenda y se desarrollen los tallos y las obligaciones de besarnos ya no se puedan retirar y sean gratos todos los minutos para comernos las lenguas, sea el sueño nuestro. Cuando trasnochemos el canto, cuando encontremos el arte en todo sólo por estar cerca nuestros dedos de nuestras piernas, cuando mi temor se case con mi suerte y la historia nos sea devota, no dudes en pegar tu barbilla con la mía y mezclar los azares y el viento. Michel Zura. Noche de Octubre 2015













