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—De hecho, venía a intentar renovar tu ánimo —replicó, alzando una de sus cejas con diversión. El caótico carácter de Manu era evidente, incluso a distancia. —Pero puedo marcharme por donde vine —sugirió, encogiéndose de hombros mientras extendía una bebida energizante en su dirección.
El francés abrió un ojo al reconocer la voz de su amigo, suspirando antes de aceptar la bebida que el otro le ofrecía—. Creo que no estaré de buen humor hasta que tenga la funda de mi guitarra en las manos y compruebe que está de una sola pieza —mencionó el hombre, ese instrumento era muy importante para él, en parte porque sus hijos habían escrito sus nombres en el mástil cuando eran unos niños.














