lcdyhcwk:
En cuanto pudo acceder a la habitación del rubio, se apartó a un rincón para finalizar la conversación con su hermana, bajo la promesa de volver a casa antes de lo acordado; aunque antes vería si podía acudir Robby, ella debía acabar otros asuntos. Tras colgar, volvió a acercarse a él, curvando una suave sonrisa al escucharlo. —¿Tanto cariño me has cogido? —cuestionó en tono jocoso, no, encontrarse con él no era una de sus prioridades; mucho menos desde que sabía a ciencia cierta que sospechaba de su tapadera. El resto del personal debía ser muy crédulo o tal vez él demasiado perspicaz. —Según lo que propongas… —respondió sin más. Podía perderse la clase que tenía pendiente y enviarles un e-mail a posterior, así se podría encargar de él de una vez por todas. —Vaya. —no pudo ocultar la sorpresa en su rostro, de todos modos, se acercó peligrosamente a él. —¿Estás seguro de que es lo que quieres, Blythe?
—No podía ser de otra forma. Eres una mujer entrañable —sin disimular la sorna en su diálogo largó una risa, entre desganada y sarcástica. —Lo del otro día… —comenzó, y se detuvo en un silencio escarpado, inseguro de cómo continuaría. —Lo siento —sí, tal vez poseía las formas de un hombre altivo, pero sabía disculparse cuando la verosimilitud de errar parecía obvia. —Jamás he sido bueno descifrando a las personas, pero detecto patrones en ellas. Fue así contigo, ¿«el qué», exactamente? No lo sé, pensé que había «algo», ¿y ahora? No estoy tan seguro. Quizá sólo desacerté —con esto justificó su aparente actitud hosca durante el último encuentro que compartieron. Y si se había equivocado, o no, con Audrey, estaba apunto de saberlo. —Lo estoy. ¿Por qué no? —Chasqueó su lengua, emitiendo un suave bufido después. —Ven aquí —indicó, encaminándose para ocupar la otomana y señaló la butaca frente a él. —De acuerdo. Serán 5 rondas, tú me harás una pregunta a mí, y después otra yo a ti. Si no estás dispuesta a contestarme, sin embargo, deberás tomar de la botella por 3 segundos, y viceversa. De ambos, el que omita más respuestas pierde— pausó de manera momentánea. El enfoque del juego consistía en asediar a tu compañero a través del contenido de los cuestionamientos, orillándolos a no responder. —La única regla es no mentir; en tu caso, no sabré distinguirlo, pero he decidido confiar en ti. Tampoco ahondaré en demasiadas especificaciones al respecto porque considero que nos entendemos. En resumen: sin trucos. Si eliges dar una contestación, tendrá que ser directa y clara, no hay cabida para evasiones, subterfugios, tergiversaciones...— enderezó su postura, acentuando en sus últimas palabras. —Al final, el ganador obtendrá lo que quiera del perdedor— y dejó un espacio vacío, aguardando a que la fémina aceptara las condiciones, se negara a éstas o impusiera las propias.














