Esos gestos era su forma de decirle que quería algo más que unos besos en un sofá, quería volver a lo que tenían, seguir con todas las cosas que habían dejado en pausa durante aquellos años por su propia estupidez. Tenerlo de nuevo bajo su brazo se sentía fantástico, incluso cuando el frío le estaba calando los huesos por su elección de vestuario de aquel día. Sus palabras le hicieron reír suavemente, sin dudarlo ni un momento, acercó su mano libre al rostro del más joven para dejarla allí mientras le daba un beso en la mejilla.
—No solo es que no me importe, es que quiero que nos vean —afirmó entonces al más joven, esperando que cayese en la cuenta de lo que quería implicar con aquello. Era cierto que debía hacerle una pregunta más formal, pero esa era su forma inicial de decirle “no quiero dejarte ir otra vez”, en aquel momento no se le ocurría una mejor forma de decírselo y quería que todo fuese digno de recordar.
Al llegar a la puerta, alargó el brazo para agarrar el pomo y abrir para que el otro pasase antes, lo principal para él era que Amédée estuviese en un entorno seguro, lo suyo era más que secundario.
Allí estaban, sin Francia, ni teniendo años menos, pero con el mismo sentimiento, era como volver al pasado, en ese momento, en su presente parecía que volvía a haber un futuro juntos, uno dónde las promesas estaban a flor de piel, donde una vez más los brazos fuertes de Manu serían capaces de protegerle en las noches de tormenta, era un alivio en su corazón y mente saber que ya nada importaba, que podrían besarse en los descansos y cruzar el campus agarrados de la mano. Amé estaba seguro que era lo que quería, lo que siempre había necesitado. Él era la cura para su alma, por eso sus palabras no salieron, solo era capaz de acurrucarse en ese agarre y quedarse allí para mantenerse cercano, para darle calor, para todo lo que pudiera ocurrir.
Un pequeño murmuro con un “te amo” en chino salió de sus labios, bajito en un secreto entre ellos antes de poder entrar dentro de la estancia, esperándole unos pasos por delante de él con una fina sonrisa en los labios. Miró a sus lados, percatándose de que no había nadie más que ellos para alzar sus palmas y acunar su rostro, dejándole un beso rápido en sus labios. No había forma de expresar mejor lo feliz que se sentía que con esos detalles repentinos que salían de él.
Amédée miró al mayor tras eso y bajó la vista a sus pies, necesitaba distraerse, dejar a un lado las desapariciones, la policía y el demonio que acompañaba su mal estar. El chino quería un momento de paz, para él, para su pareja y su futuro juntos. — ¿Deb-beríam-mos dec-cirselo junt-tos a l-los niñ-ños?