Perder la razón, la cabeza, la vida y sangrar por un hombre, por su capricho, por su irresponsabilidad, por su propia culpa porque se dice que la mujer está destinada a salvarles de algo que siempre resulta ser ellos mismos.
La Virgen de Magallón, en su leyenda y en la canción de Juanjo, huyó aterrorizada ante la ira de unos hombres que la amenazó a ella también. Huyó ante el egoísmo de otro hombre que creyó que ella podría salvarlo cada una de las veces sin pedir permiso, sin pedir perdón, sin arrepentirse solo por miedo, por pánico, porque la fe tiene la puerta abierta y promete que te va a proteger. Y su trágico final, fue el final trágico de la virgen. Una virgen que tuvo que correr, que marcharse y por primera vez no protegió y sintió ira y dejó a todo un pueblo sin lugar donde buscar perdón, alivio y respuestas.
Huyó por culpa de unos hombres que la entendieron como una compasión sin límite, que creyeron que ella lo entendería, que les perdonaría, que sería el lugar al que correr cuando la culpabilidad no les dejase dormir. Se esperó, como históricamente se ha esperado, que una mujer soportarse el peso de errores ajenos, que tuviese la gracia para comprender, de aliviar el dolor y la culpabilidad, que fuese lugar seguro como una madre, como una virgen.
Y esto también ocurre en la literatura.
Melibea en La Celestina ve anulada su propia voluntad por el capricho de un hombre. Calisto, después de ser rechazado por ella, acude a Celestina en busca de algún método para lograr que Melibea se enamore de él. No tiene en cuenta sus deseos, su voluntad porque no le importan, porque no le interesan y porque van en contra de los suyos propios, porque se ha encaprichado y no parará hasta conseguir lo que se propone. Un conjuro usando un hilado y una prenda de Melibea será aquello que le robe la voluntad y también el elemento que la convertirá en aspecto y personaje trágico de la obra convirtiendo así a La Celestina en una tragicomedia.
Es la muerte absurda de Calisto la que termina por culminar el final trágico de Melibea. Está perdidamente enamorada de él, lo entiende como su razón de ser, está completamente entregada a él y hay que entender también que en la Edad Media —aunque nos encontramos al final de esta— el amor era comprendido como una enfermedad, una enfermedad con consecuencias físicas e incluso como una causa de muerte. Por ello, Melibea no se ve capaz de soportar la profunda tristeza que le provoca la muerte de Calisto y termina por suicidarse. Este suicidio tiene aún más peso teniendo en cuenta que este tipo de muerte es considerado pecado, a Melibea un hombre le robó la voluntad y también el perdón y la paz en la muerte. Su propia muerte contrasta con la de Calisto que muere por caerse de un pequeño muro, es absurda, es evitable y es estúpida haciendo énfasis en el carácter patético del propio personaje.
Encontramos otros muchos ejemplos como por ejemplo Adela de La Casa de Bernarda Alba. No es tan obvio y puede que sea más una interpretación personal pero nos lleva a un hombre que su propia madre, la identidad de esta, haya sido construida con la herencia de un sistema sustentado por hombres como el sistema patriarcal y las represiones que este conlleva para una mujer. La falta de libertad, no poder vivir un amor, tener que sentir culpa por “la falta de pureza” antes del matrimonio, el luto denso, silencioso y largo que su madre impuso a la fuerza, con violencia y aplastando su necesidad de respirar. Así es como Adela prefiere la muerte antes que no ser libre, un sistema construido por hombres y que solo beneficia a hombres le robó la libertad, le robó vivir y quizá decidió que al menos la muerte iba a elegirla ella.












