Digamos que mi vida ha tomado un rumbo incierto.
Bueno no se que tan incierto en realidad, a fin de cuentas,es solo intentar llevarla por donde mis sueños me llaman.
Podrán decir que soy demasiado ilusa al creer eso de que los sueños están para ser cumplidos, y… para ser sincera, gran parte de mi también lo cree, cree que eso es sólo publicidad, “los sueños los pueden cumplir algunos con suerte”, porque tienen ésto o lo otro... pero por otro lado, mi otro “yo” me dice lo contrario, me dice que si otra gente puede cumplir sus sueños, sus metas y objetivos yo también, por qué razón estaría excluida de eso? Además seamos sinceros, yo soy una persona CON SUERTE!
Durante gran parte de mi vida quise siempre encajar en el estándar de la sociedad, quise ser ese prototipo ejemplar, con las mejores notas, con un título universitario, con un trabajo de renombre. Quería ser alguien destacado, sentía que de esa forma la gente me valoraría, me tomaría en serio y me apreciaría. Sentía que todos esperaban más de mí. Con el tiempo, los golpes, las caídas y una condenada“depresión” , me di cuenta que en verdad en vez de ser lo que prentendia ser, poco a poco me estaba convirtiendo en un ser gris. Triste y miserable. Deje los grandes títulos y esas ideas absurdas de querer encajar en la sociedad, dí un vuelco a mi vida, me deshice de esa hipocresía con la que convivía en mi ser. Me di cuenta que no quería fingir más ser quien en verdad no era.
Encontre a modo de manotazo de ahogado una carrera que se convirtió en amor a primera vista, ese mundo quería yo, por ahí sentía que iba mi vida. Llegué al punto de máxima felicidad.
Me sentí superpoderosa, capaz de poder hacer todo lo que me propusiera.
Hasta que se termino mi estudio, me gradué amando/odiando la tesis. Y trabajando. Trabajando.
Conseguí entrar en una imprenta, algo que añoraba desde que estudiaba diseño. Y aprendí, aprendí muchísimo. Me hice de mi lugar en la imprenta. Debería haber estado feliz, quien quisiera tener mi suerte de trabajar en una imprenta. Pero en lugar de estar feliz, me apague.
No se como pasó, es como si alguien poco a poco me hubiera ido absorbiendo. Empezó por quitarme mis hobbies, amo dibujar, tener una hoja un lápiz a mano siempre significaban la combinación perfecta para llenar una hoja de garabatos. Pero de repente ya no podía, cada vez que quería dibujar tenía la mente en blanco. Mi imaginación, mi creatividad, lo que más feliz me hacía ya no estaba conmigo. Desapareció, me la habían quitado. Después me quito mis amigos. Dejé de tener ganas de verlos, era como una obligación moral visitarlos, y preguntarles cada tanto como están como para saber en qué andaban. Llegué al punto de no querer hablar con nadie. Logró hacerme odiar salir a la calle, detestar a cada persona que me rodeaba. Luego me quitó mis ganas de diseñar, haciéndolo algo tedioso, porque ni una bendita idea se me ocurría, ni siquiera podía comenzar a armar algo, porque no tenía nada. Y así siguió, me fué quitando poco a poco lo que yo era, lo que me hacía ser yo. Quede vacía. Sentía que era solo un recipiente vacío. Sentía un gran peso cada día que pasaba, me despertaba en la mañana y luego de lavarme la cara, me ponía el traje de “no pasa nada, viva la vida” y salía a la calle, pasaba el día y sólo añoraba volver a acostarme para poder quitarme de encima el traje pesado que llevaba puesto y poder ser yo, ser el ser triste y vacío, para poder llorar en soledad y darme ánimos para seguir adelante, aunque en verdad lo que más quería era no tener que despertar al día siguiente.
Por suerte a pesar de lo miserable y despreciable que me veía en esa situación, había una llamita dentro mio que nunca se apagó y que me hizo ser más fuerte.
Sonaré idealista pero veamos, la vida de una persona es bastante corta en relación a la vida del mundo, la vida es demasiado corta para no vivirla. Uno habita la Tierra sólo un puñado de años y digo yo, para que carajo quiero vivir si voy a despertar cada mañana deseando que ya sea la noche para volver a soñar, para refugiarme en mis ideas, mis anhelos. No me parece lógico.
Hay quienes sueñan con sus grandes casas, sus autos 0K, con una familia, con un ascenso en el trabajo, con trabajar, trabajar, trabajar, para comprar, comprar, comprar y “vivir bien”.
Hay quienes soñamos con vagar por el mundo, con conocer, con entender las cosas desde otra perspectiva, que no nos gusta la idea de ser simples observadores del entorno, y queremos ser partícipes.