“Porque soy tu hermana y me doy cuenta. ¿Qué pasa?” Luego de decirlo coloca sus dedos unidos en la comisura del labio y con los mismos finge cerrar su boca con un cierre invisible. No piensa decirle a nadie lo que sea que tenga Aitana para contar, como tampoco tiene intenciones de revelar sus secretos tampoco. Toma una bocanada de aire cuando su hermana empieza a ser su hermana nuevamente, advirtiéndole sobre las posibles reacciones que puede tener al respecto. Seguro que le dirá algo con lo cual no estará de acuerdo, probablemente sí querrá actuar como un juez pero, de hacerlo, no volverá a hablarle sobre su vida. “Haré mi mejor intento.” No puede prometer nada ya que no tiene idea de la gravedad del asunto. “Claro que me acuerdo, dijiste que lo tomaste pero jamás se volvió a saber dónde estaba.” Imposible olvidarlo, a cualquiera se le iba la vista al mismo cada vez que su madre lo tenía puesto. Cuando Aitana mencionó que jamás lo tendría de nuevo pedió la cabeza. Pero bueno, al final solo fue un día más en la vida de los Castelo. Abre los ojos más de la cuenta cuando confiesa su paradero. “¿Cómo sabes que esa chica no va detrás de ti por tu dinero?” Pregunta entonces, le da igual si lo hizo para que su madre explotara (cosa que logró), se preocupa más por la rubia y las intenciones que pueda tener con Aitana quien, hasta ahora, solo ha demostrado estar realmente enganchada con ella. Puede que no lo sepa pero que le haya regalado la joya realmente dice mucho, conoció a la chica y su impresión no fue buena, no quiere que le rompa el corazón o que se aproveche de ella. “¿Por qué odias tanto a mamá? No es la culpable.” Las dos saben que aquí hay solo un hombre a señalar: su padre. La mujer es solo otro peón, uno que está muy cómodo disfrutando de los lujos, como ella pero peor.
poco a poco se siente más cómoda, más que nada porque se percata de que no hay ni siquiera la intención de señalarle brutalmente su egoísmo, ni siquiera parece que la otra mexicana esté por poner el grito en el cielo, y tampoco se le nota decepcionada. eso le genera algo de tranquilidad y la sensación de libertad para seguir hablando. le sorprende incluso, que su pregunta se haya dirigido a los intereses en su ilegítima relación ( porque no sabe dónde están paradas ), y no a en qué diablos pensaba. niega con la cabeza despacio, casi con la expresión de una niña insegura. “no— léo no necesita el dinero. tampoco es de las que buscan a alguien de su nivel para volverse una especie de... no sé, power couple” y sin querer se le cuela una sonrisa, porque si lo pensaba bien, tenían todo el potencial para ser uno de esos clichés: dos mujeres hermosas, poderosas y sobresalientes. se acomoda un mechón de cabello tras la oreja, mirando hacia el techo y descansando la cabeza en su almohada solo un instante. “es— es muy buena conmigo, margarita. te lo juro” se le escucha tan segura, y cuando mira en dirección a su hermana, se le nota un brillo especial en los ojos. se traga el resto de las palabras, se muerde la lengua, porque aitana a veces abraza su fachada de « cero sentimientos, solo sexo » y le avergüenza mostrarse contraria a eso. suspira ante la pregunta y vuelve a mirar al techo. “¿tú no te enojas con ella?” pregunta genuinamente. “no me gusta que critique mis decisiones” pero entiende que no podrán estar de acuerdo siempre, mucho menos con la actitud de la castelo menor. “ya sé que papá es peor— pero a él ni siquiera lo veo lo suficiente como para joderlo de la misma manera,” se ríe con languidez, como si fuese un chiste que no le hace gracia. “lo he intentado, neta. pero...” frustrada, se pasa una mano por el rostro. “no se me olvida que me prohibió andar con léontine” seguro que la señora castelo ni siquiera recuerda el rostro de la francesa. y claro que aitana no le hizo caso. pero le tiene rencor, entre tantas cosas, por haberle prohibido ( sin darse cuenta, quizas ) algo que la estaba haciendo feliz. entonces deja caer el rostro, ladeando, para poder ver la cara de la mayor. “¿segura que no quieres compartir algo con la clase?” pregunta después. “he leído lo que dicen de ti, hermanita. no te hagas pendeja” pero más que firmeza o exigencia, le lanza una sonrisita cómplice.