* evangelina.
genuina sonrisa se pincela sobre comisuras ante noticia, sabiendo que felicidad probablemente rebozaba en pecho opuesto pero, por sobre todo, tranquilidad de que hermano volvía a estar en casa y no atrapado en jaula. o por lo menos eso pensaba ella, aunque lejos estaba de alguna vez enterarse cómo se sentiría tener familiar tras las rejas. quiere expresar alegría al respecto cuando nuevos dichos transforman gesto en facciones, negativa de cabeza que se asoma de inmediato. “no,” por eso no se lo dio a él, por eso recurrió a megara. no busca que se lo retribuyan, se la pasa derrochando en estupideces y una vez que había utilizado poder adquisitivo para colaborar en algo mayor, lo que menos quería era ver de nuevo billetes. “no me interesa ese dinero, beau” y no lo está diciendo para hacerse la héroe, o para conquistar un corazón a través de obsequios. por primera vez se ve reflejado quién es realmente, detrás de las dolencias que oculta, de las mierdas que se mete: es buena, aunque no siempre tome las decisiones correctas. “no lo voy a aceptar,” reitera, “¿sabes cuánto gasto por semana en cosas superficiales? déjame servir de algo una vez.”
“está bien” cede, al menos por el momento. pequeña curvatura en comisuras en lo que vuelve a observarle, esta vez prestando mayor atención a distancia que se presenta entre ambos. ésta sintiéndose casi kilométrica a pesar de beso finalmente compartido hace un par de días. pensamientos que regresan a cabeza propia en busca de hacerle hablar ( o más bien escupir ) sobre todo lo aquello que se cruzó interior en noches de insomnio. “pensé en llamarte hace unos días” confiesa entonces, mirada que casi atina a regresar al suelo pero que de todas formas se fuerza en mantener en contraria, porque se lo merece, quiere que sea capaz de identificar honestidad de cada cosa que se atreva a decirle “me habría gustado tenerte más cerca en todo este proceso” y va más allá de sentimientos que todavía se debaten en su interior, va más allá de si ella le quiere a él o si de él le quiere a ella ( aunque lo hace, y lo sabe bien ). se trata de simple necesidad de compañía, de no sentirse solo cuando carga tanto sobre la espalda. y en parte no lo cree ni él, porque se ha visto batallar con cosas peores en edad que le dejó decisiones con las que el día de hoy debe cargar. “a veces nos siento como una banda elástica que la vida estira a su propio parecer” vocablos que denotan la profundidad que le dieron noches de pensamientos e idas y venidas, pero no le importa, tampoco le avergüenza “de pronto nos deja coincidir y estar cerca, pero luego la estira y estira, todavía unidos, pero tu allí y yo acá” leve risa nasal, sin siquiera saber si menor será capaz de entender algo de lo que dice.













