No sé quién soy ni cuántas versiones de mi
se quedaron a morir en las noches que ya no recuerdo.
No sé si la palabra es tristeza, vacío o esa resaca muda que me envuelve al despertar sin ganas de estar.
Hay días en los que dudo si realmente quise lo que digo querer. Y no sé.
No sé que camino elegir, porque todo me pesa, todo me llama y nada me contiene.
No sé si quedarme aquí o irme sin aviso, aunque no sepa hacia donde.
No sé si este plato es el que quería, ni si alguna vez tuve un color favorito, o solo elegí el menos ajeno.
Es una angustia pequeña y tenaz. Cada decisión es una traición a todas las otras vidas posibles.
Cada si, borra infinitas formas de haber sido.
¿Y si nada de esto importa? ¿Y si soy apenas una confusión hermosa envuelta en piel, un animal de pensamiento que se pregunta demasiado?
A veces quisiera ser piedra, o viento, o pájaro. No pensar, no preguntarme si esto es felicidad, o apenas una tregua entre dos hundimientos. Hay noches en que me hablo en voz baja, como quien calma a un animal asustado.
Me digo que mañana, tal vez, entenderé algo.
Pero no, mañana es otro día cubierto de la misma niebla.
Y sé al menos eso síque somos muchos caminando con este hueco en el pecho, disfrazándolo de rutina, de risa, de palabras ensayadas.
Que hay multitudes cargando la misma duda: ¿Y si nunca sé? Y tal vez ahí esté todo. En aprender a habitar la pregunta.
En aceptar la belleza sombría de estar perdidos. Y, aún así, seguir.
*Alejandra Pizarnik*










