Te veo de espaldas al miedo que provoca mi presencia en tu ser, conocedor del destino próximo a padecer.
Me acerco lentamente a ti, mientras el calor del deseo asciende por los estrechos caminos de mi helado interior.
Mis ojos inyectados en rojo carmesí brillan en la obscuridad, observando tu desprevenida debilidad.
La distancia se estrecha y mi apetito aumenta, consciente de tu destino te volteas.
Admiro el pánico en tus ojos mientras en los míos permanece la locura y el deseo.
Observas mi palpitante mirada cazadora y brillante sonrisa con hambre devoradora.
Pegándome a ti atravieso tu pecho con profundo entusiasmo e inmensa alegría.
La calidez de tu interior se esparce con fervor como una rejuvenecedora explosión de vida.
Las lágrimas de Lázaro caen sobre mi desnuda piel, dotándola de la fuerza y juventud que tanto añoraba.
Tu cuerpo despojado de calor se desvanece ante mis brazos mientras intenso el mío arde.
Con entusiasmo y rudeza devoro el cascarón maltrecho de tu pobre alma.
Reconozco el dulce sabor metálico recorriendo la suavidad de mis carnosos labios.
En tus ojos permanece el vacío, mientras de tu pecho brota todo aquello que me alimenta.
Sacio mi voraz apetito, pero las ansias del placer prohibido aumentan ferozmente en mi ardiente interior.
Recorriendo con lentitud la suavidad de mi piel inundo mis venas con imparable placer.
Caigo ante la madre tierra estremecida mientras la muerte a mi lado observa inquietante mi salvaje acto de perversión.
Tu interior que mi apetito alimentó, ahora sobre mi suavidad permanece, dotándome de ansiedad y lujuria.
Las ventanas de mi alma se cierran mientras la fuerza de mi espíritu aumenta.
Mis suaves garras acarician los pétalos de mi cuerpo, moviéndose como olas en el mar de mi ardiente interior.
Me encuentro inquieta, agitada y estremecida mientras mis aullidos de placer invaden el silencio de este limbo desolado.
La muerte permanece atenta al ardiente vapor que se desprende de la prisión de mis deseos prohibidos.
Mis manos se cubren de sudorosas lágrimas estando al borde de mi momento final.
Impaciente me esperan, al tanto de la decadencia de mis actos más impuros.
Mi cuerpo rápidamente se acerca a las puertas de un abismo sin retorno.
Mi hambre de placer dará como resultado la perdición que tan lejana me parecía imposible.
En mi momento final exploto en implacable y candente agonía.
Ahora, salvaje y pecadora caigo en el vacío infinito, mientras las almas perdidas se ríen de mis primitivos deseos mortales.










