Información que a nadie le interesa.
Después de perder a mi bebé, le siguieron los otros dos.
Era de esperarse, ya tenían más de 10 años, pero es difícil hacerle entender a mi tonto corazón. A los tres los tuve desde cachorros; al último, de hecho, lo ayudé a nacer.
Ahora es bastante difícil despertar en un lugar que se mantiene en silencio. Despertar, dormir, vivir.
Cómo extraño sus patitas corriendo por la casa o sus gemidos a mitad de la noche exigiendo atención.
Evidentemente me he quedado estancada con el libro, aunque las escenas siguen llegando, la trama se sigue desarrollando y mis manos pican por escribir, cuando me tomo el tiempo para hacerlo simplemente nada fluye.
Debería existir un botón para solo poder seguir adelante.
La depresión apesta. También la vida en general, a pesar de lo que puede ofrecer.












