Donde no hay claridad, me retiro con amor
Hay vínculos que nacen sin nombre, con la promesa silenciosa de descubrirse despacio. Sin presión, sin prisa, solo dos personas caminando hacia algo que quizá podría ser. Y durante un tiempo eso basta. Basta la ilusión suave, las conversaciones que abrigan, la sensación de posibilidad.
Pero el corazón, cuando es honesto, necesita algo más que posibilidades. Necesita presencia, decisión, verdad. No me voy por enojo ni por orgullo. Me voy porque entendí que mi paz no puede vivir en la incertidumbre constante. Porque quedarme esperando que algo se defina también es una forma de perderme un poco.
Hay amores que se construyen con claridad, y hay otros que se agradecen en silencio y se sueltan con ternura. Prefiero irme entera a quedarme fragmentándome en dudas. Y aunque el cariño exista, también existe el amor propio. Hoy elijo eso: retirarme con elegancia, sin reproches, sin ruido, pero con la firmeza tranquila de quien sabe que merece un lugar claro en la vida de alguien.











