Fronterismo intangible, la promesa de la literatura, volver; quedarse
TÃtulo: La asimetrÃa poblacional y el "round-trip ticket": sobre el discurso de ser puertorriqueño por Ineke Phaf-Rheinberger
Me intriga que las tendencias de hoy no han sido suplantadas en los pasados 25 años desde la publicación de este artÃculo. Más bien, se han agudizado con el marco de La Crisis contemporánea. Su multiplicidad me dificulta nombrarla (neoliberal, neocolonial, desplazadora-expulsora, entre miles más) pero la he notado apoderarse casi por completo de la literatura contemporánea, o al menos, la que yo encuentro que vale la pena leer y discutir.
La eterna pregunta de la puertorriqueñidad se disputa hoy más que nunca, desde las canchas y los campos deportivos hasta la sección de comentarios de videos verticales en redes sociales. Y por el medio la Ley 20/22/60 que busca saquearnos hasta la identidad misma (El Gallito de Dorado, el dueño gringo de ProSolar que "lives here just like you", según sus anuncios de televisión). Esto sucede mientras en el congreso del imperio proponen legislación para eliminar la ciudananÃa de nacimiento a las colonias estadounidenses. Si se formalizara la secundad ciudadana de los puertorriqueños--porque esa es la meta--¿cómo redifinirÃa la puertorriqueñidad cuando se restrinja el vaivén, el "round-trip ticket" (de los cuales he comprado muchos) y nos convertimos, innegablemente, en seres sin estado?
Durante mi maestrÃa en El Paso, Texas, ciudad fronteriza con Ciudad Juárez, México, se hablaba hasta las náuseas sobre la frontera y la literatura. Siempre me costó un poco el tema, siendo de un lugar en que la frontera no es una lÃnea arbitraria y en eterna tensión, si no que el mar mismo. Llevo años, con éxito dudoso, escribiendo poemas, cuentos y novelas que logren matizar esas diferencias geográficas y cómo impacta el relacionarse. Admito que siempre me pareció medio necio la santificación del borderland, aunque sà entendÃa su importancia, vitalidad y fertilidad ambas literaria y polÃtica. Algo simpelemente no me cuajaba. Este párrafo del artÃculo me comienza a desmenuzar el tema:
Al parafrasear el Middle Passage, visualiza en el mapa de su portada la lÃnea de transporte aéreo desde Nueva York a Puerto Rico como una distancia de 1.380 millas. El objetivo de Soto-Crespo es racionalizar las implicaciones emocionales de su concepto de habitar un borderland, parte integral de un mundo globalizado. Este borderland relacionado con el nacionalismo cultural, el Estado polÃtico, el federalismo, la muchedumbre y la soberanÃa, se manifiesta como la representación del Estado polÃtico en la pintura de José Campeche y Francisco Oller, interpretada como tal en la obra de Edgardo RodrÃguez Juliá. Luego el autor dedica un capÃtulo al gobernador de Puerto Rico, Luis Muñoz MarÃn, un teórico radical del concepto de borderland y representante de la filosofÃa de la transformación de Puerto Rico en el primer objeto trans-americano. Soto-Crespo considera el estadolibrismo o la Constitución Commonwealth de Puerto Rico de 1952 como una polÃtica de escape, como una relación federalista anormal con los Estados Unidos. Demuestra en el último capÃtulo la majiera en la que los poetas residentes en Nueva York enfrentan esta situación al verbalizar una sensibilidad que vive este problema como experiencia dolorosa.
No puertorriqueños, si no que "trans-americanos". El "borderland" boricua es el coloniaje mismo pero en un espacio intangible que, en vez de ser potencial fructÃfero e imaginativo, utiliza la ambiguedas para seguir saqueando con impunidad. Por eso los reclamos flojos de dizque xenophobia cuando se habla, muy justificadamente, de los gringos desplazadores en el archipiélago.
El Puerto Rico como referente al que alude la introducción del artÃculo se vuelve más borroso con los años, más difÃcil de precisar. En cuanto a la literatura, la relación con el inglés entra en una nueva etapa de tensión. Durante mi crianza en el archipiélago el inglés (y por consecuente, el spanglish) era un sÃmbolo de otredad, el cómo se comunicaban los nenes raros. Ahora figura como extensión del guaynabismo, como indicador de clase y, más preciso a lo que estoy intentando desenrredar aquÃ, de actitudes (léase, positivas) sobre el pillaje imperial.
Recién leà algo, no recuerdo si fue un comentario en redes, o de un artÃculo de Zona de Carga y Descarga, afirmando que Puerto Rico no produce escritores que escriben en inglés. Claro, cuando se hacen afirmaciones asÃ, sólo se refiere a los gran nombres históricos y del momento, no de la masa de producción literaria. Yo misma escribo y me han publicado en inglés. Aún asÃ, no estoy completamente en desacuerdo con la aseveración. La literatura puertorriqueña contemporánea que he leÃdo en inglés que se aserta como Boricua ha dejado mucho que desear. Leen como filosóficamente opuestos a las vivencias isleñas, aunque asà sea de escritores que se formaron, al menos parcialmente, en el archipiélago. Textos como Ordinary Girls de Jaquira DÃaz y Olga Dies Dreaming de Xochitl González (de mÃnimamente a grotescamente ofensivo por razones que te puedo explicar si tienes mi número de teléfono para textearme) son enaltecidos como el canon nuevo diasporriqueño, pero caen más bien en ese borderland intangible que ya he problematizado.














