La evolución de la nostalgia
Recuerdo clarito el primer concierto al que fui sola. Tocaba Johnie All Stars en el Parque de las Luces de Medellín. Se estaba transmitiendo en vivo Musinet, el programa de Teleantioquia que me mantenía pegada y que era el responsable de mostrarme qué estaba sonando en ese momento en mi tierrita. Luego de tocar Rocanrol, que era la canción que estaban lanzando por esos días, la banda soltó un buen repertorio con el resto de canciones del disco y otras más viejitas que no me habían tocado tanto, pero que disfruté igual. Después de ese concierto, unas cuadras más al norte, tocaba Parlantes en la Plaza Botero. A ese también fui, justo cuando se acabó el de Johnie. Disfrutar de la música de una de las bandas que más me gustaban se mezclaba con la adrenalina de no perder el último metro y llegar a mi casa a tiempo sin violar ninguna norma de mi mamá.
Recuerdo que sintonizaba Veracruz Estéreo, mi único medio constante de acceso a la música que me gustaba, y que peleaba todos los días con un internet telefónico tan lento que no me daba posibilidades de nada más. Tal vez por eso el cierre de Veracruz me dolió tanto. Tenía pocos amigos, de los cuales yo era ‘la diferente’. Ellos, que podían escuchar su reggaetón y su vallenato casi en cualquier parte, y yo, que, resignada, repetía mil veces los discos de Green Day de mi hermana y los alternaba con ese montón de CD’s quemados -sí, fui un poquito pirata a la fuerza-, que iban desde Oasis hasta Iron Maiden y que no prestaba ni a bala por puro susto de que no me los devolvieran.
El panorama cambió otro poquito para mí cuando pusieron banda ancha en mi casa. No era lo más rápido del mundo, pero coincidió con el día en el que decidí abrir mi primer perfil en Myspace. Fue recuperar un poquito lo que se me había ido detrás de Veracruz: las canciones de las bandas locales que me gustaban, fotos de gente que entrevistaban en Musinet y empezar a agregar como “amigos” a otras personas con mis mismos intereses y de las que aún hoy conservo una linda amistad. Estamos hablando del año 2006. Para mí, todo se movía en torno a la música. Qué sonaba, quién tocaba y en dónde. Si no utilizaba Myspace, por ahí estaba Grooveshark; si no utilizaba Grooveshark, entraba a YouTube.
Había una necesidad constante de salir con amigos a escuchar en vivo lo que conocíamos, y ahí apareció Facebook: ¿Sacaron disco? Por ahí me contaban. ¿Había video nuevo? Por ahí me daba cuenta. Ahorraba de mi mesada, pagaba boletas, compraba discos en la entrada de los eventos, les quitaba feliz el plástico que los cubría y los escuchaba mil veces en el discman blanco que me habían dado en alguna Navidad y que me acompañaba a todas partes.
Ahora, 2017, las cosas son muy distintas, pero diría yo que mejores. Ya no tenemos Grooveshark ni Myspace, pero tenemos Facebook, seguimos teniendo YouTube y contamos con mejores plataformas para escuchar la música. Ya no tenemos que esperar a que el disco del artista que nos gusta llegue a una discotienda para quitarle el plástico y escucharlo mil veces. Ahora basta con hacer clic en Deezer o Spotify, revisar las novedades, y encontrar con agrado que no está solamente la música del artista que estábamos buscando sino de otros más, que también nos gustan y que enriquecen nuestras listas de reproducción.
Quienes nos quejábamos hace diez años por el cierre de una de las emisoras que nos mostraba la música de acá, hoy sonreímos al ver cómo esas bandas con las que crecimos distribuyen digitalmente; creamos listas de reproducción llenas de nostalgia y recuerdos que nos llevan con melodías a todos esos Altavoz, a las eliminatorias en el Carlos Vieco, al calor de los conciertos en Transilvania, al pantanero de la Cancha Cincuentenario, al gentío de Templo Antonia, a las filas en un polideportivo...
Más bonito que recordar esas épocas es poder crear recuerdos nuevos con bandas que antes no estaban y hoy renuevan nuestros oídos. Muchas de ellas, con integrantes de las bandas de antes, tal vez en medio del grito silencioso desesperado por no dejar de hacer música, porque es lo que los mueve, lo que mejor hacen, lo que mejor transmiten.
A mí me cae bien la gente que me muestra música nueva; que me mira a los ojos y me dice “ve, esta banda es muy buena y yo creo que te podría gustar”. Y creo que por eso me gusta tanto Spotify. Porque aunque no me mira a los ojos, revisa mis playlists y piensa “ve, yo creo que esta banda es muy buena y le podría gustar”, y me la sugiere en mi radar de novedades; porque le doy clic a “Explorar” y me da distintas opciones para empezar mi día, desde varios mix diarios, novedades según el día de la semana, listas de reproducción según el clima, el género o el estado de ánimo, y la posibilidad de elegir una canción, pulsar “radio” y dejar que la plataforma solita me sugiera canciones en la misma onda. Y por eso me gusta también Deezer, porque cuando entro y le doy clic en “Flow”, me prepara una mezcla perfecta entre las canciones que me gustan y las que tal vez me podrían gustar, me muestra lanzamientos recientes, las canciones que más reproducen otros usuarios de artistas específicos y me muestra qué es lo que más se escucha en mi país el día de hoy con el “Top Colombia”. Así mismo YouTube, tomando en cuenta mis últimas reproducciones, me muestra en el inicio de la página videos recomendados, subidas recientes de los canales a los que estoy suscrita, y una bonita apelación a la nostalgia invitándome a ver otra vez videos que seguro sabe que disfruté.
En un 98% de las veces es un acierto, así como en el 2008 o 2009 muchos de mis amigos también acertaban mostrándome esas bandas que terminaron volviéndose con el tiempo parte de mi banda sonora.
A muchos de los artistas que escuchaba antes ya no los escucho tan a menudo. Y no porque ya no me gusten ni porque “crecí”, como me dijo alguien una vez. Mi oído se renueva todo el tiempo y le da paso a la música nueva. Es como los libros: es tan corta la vida, y son tan grandes las bibliotecas… Igual pasa con la música. La misma facilidad de alcance que ofrecen ahora las plataformas digitales hace que cada vez nazcan más bandas dispuestas a hacer de su música un proyecto serio y a vivir de esto dándole a sus seguidores la posibilidad de encontrarlos más fácil en la red, de saber quiénes son, qué están haciendo en la actualidad. Y a los artistas, la posibilidad de saber quién los escucha y en dónde, en qué playlist los incluye, qué canción es más popular y cuántas reproducciones tuvo, permitiéndole a partir de ahí crear un plan de acción en pro de la mejora de su producto y una estrategia enfocada en su distribución, para aumentar así su audiencia y mantener contentos e interesados a quienes ya los escuchan.
“Todo lo grande alguna vez fue pequeño”, me dijo un amigo alguna vez. Y suena obvio y hasta medio pendejo, pero es verdad. Pienso en Los Beatles, en Foo Fighters, Los Rolling Stones. Si llegaron a donde llegaron, fue gracias a su talento y trabajo duro, pero, hey, démosle crédito también a la prensa, a la radio, a la televisión, a los medios que en ese entonces se atrevieron a darles un espacio en su parrilla y les redactaron una nota, dejaron por un momento de hablar de lo de siempre y, les creyeran o no, se detuvieron a escuchar lo que tenían por decir. ¡Hoy por hoy todos tenemos algo por decir! Basta con ir a la última canción que escuchamos en nuestros dispositivos para darnos cuenta… No tenemos que ser periodistas para validarlo, y ahí está la magia de las plataformas digitales: tenemos el poder de la palabra, ¿por qué no utilizarlo bien? Compartir lo que nos gusta y elogiarlo es mucho más bonito y efectivo que atacar lo que no nos gusta... Nosotros podemos aportar a esta construcción de industria que los artistas, sellos, productores están construyendo. Vale la pena, ¿no creen? Nuestra música tiene tantos matices y tantas formas de verse y sentirse que en definitiva, es hasta delicioso este rol de audiencia que todos los días vivimos, donde nuestra voz permite fortalecer redes, compartir experiencias, sueños y música.
“Todo tiempo pasado fue mejor”, repite mucha gente cuando sacan el cartel nuevo de algún festival y le presentan bandas que no conocen. No. Éste tiempo, musicalmente hablando, es mejor. Porque quienes antes luchaban con las uñas por ser escuchados hoy tienen la fortuna de llegar a todas partes.










