Asistente de magia.
Crecimos viendo esos programas en los que aparecía un show de magia con todo su esplendor ¿recuerdan el preámbulo, el misticismo? El humo engalanaba la presentación, el esmoquin del mago era digno de un evento de alta alcurnia, las luces tenues anticipaban el misterio que abraza el concepto de magia, y los aplausos le daban la bienvenida al mago por el que todos pagaron la boleta. Esperen, algo faltó: el o la asistente del mago. Siempre había alguien que estaba unos metros más atrás, pero haciendo dupla con el mago protagonista.
Si el show era occidentalizado, aquella asistente era una bella mujer que con vestidos brillantes y diminutos, ayudaba a aumentar el rating del show; por otro lado, si el mago venía de oriente, los asistentes solían ser más bien aprendices del mago principal, que obviamente ya no eran simpáticas mujeres, sino más bien una suerte de apasionado por la magia que veía su vida tener sentido con tan solo estar al lado de su maestro.
Fuera cual fuera el estereotipo, siempre me llamó la atención el papel del asistente de mago. No por las señoritas de trajes llamativos, de más que en alguna ocasión sí, sino más bien por su papel de actor de reparto, más no de protagonista. Es obvio que el mago puede hacer su show sin necesidad del asistente; se ha preparado toda su vida para eso, su expertise son los trucos, su razón de ser es el público; no necesita un asistente para ser, ya de por sí es el dueño de la magia. Sin embargo el asistente hace todo más fácil para el mago, no es indispensable pero sí es relevante: llama la atención del público, direcciona las miradas hacia el mago, le pasa la utilería, limpia la escarcha que se calló en el suelo. En esencia no importa si es una rubia de 1.80m., o si es un asiático de 1.50m.; es asistente y eso es todo lo que importa, lo que le importa.
¿Saben? El asistente conoce al mago aún afuera de la tarima, ¡qué privilegio!, conoce los trucos, comparte escenario y su razón de ser es el ser segundo. Disfruta el show, disfruta a su maestro, disfruta no ser el protagonista. El asistente del mago ha estado en los mejores teatros del mundo, cena en los mejores restaurantes, duerme en los mejores hoteles, sin embargo es consiente que es tan solo el asistente; no codicia la influencia de su patrón, no envidia el éxito de su maestro; su adn es servir, es existir para ayudar a que la gloria se la lleve aquel del esmoquin.
Amo ser segundo, amo ser asistente; quizás muchos verán dicha declaración como una voz mediocre que se conforma con esa posición. Pero en mi caso no; mi vida tiene sentido junto a Él, me basta con ser su asistente. No necesito nada más, pues soy el asistente del mejor mago del mundo, soy el asistente del mago que con su magia desapareció mis miedos y con un chasquido me trasladó a su amor, ¡qué truco, ah!.
Toda mi vida quiero mantener ese puesto, ese lugar de oro en el que aprendo para practicar, en el que viernes tras viernes pretendo pasarle los objetos necesarios para que Él se lleve la ovación, en ese último acto en el que con unas cuantas lágrimas de sangre, eclipsó a los asistentes con un show de perdón y redención. Chapeau al mago que admiro, chapeau al mejor mago del mundo.









