Si bien la mención de aquel sujeto le tensó y le hizo apretar los dientes, Hani intentó que su molestia no le afectase como para estropear el día con Gage. Ni siquiera sabía por qué le molestaba tanto que su mejor amigo andase por ahí revolcándose con alguien, pero le traía por la calle de la amargura el sólo hecho de pensarlo. Se apresuró a seguirle el paso por la escalera, siendo mucho más hábil que el mayor pero entorpecido por no tener espacio para adelantarle. Cuando casi estaban por llegar al final, Hansung se lanzó hacia él y le abrazó por la espalda, apresando también sus brazos y deteniéndole de ganar. “No entiendes las normas sociales de corea, Hyung. Soy el menor, tú debes pagar por mí” murmuró cerca de su oído, con aquel tono consentido que solía usar cuando quería conseguir algo de él. Con la cabeza acomodada sobre su hombro, Hani aprovechó para oler su cuello y embeberse del aroma familiar de su ropa y piel. Le había echado demasiado de menos aquellos días. Y sabía que había sido únicamente por su culpa, sí, pero de todas formas habían sido un verdadero infierno. Con esos pensamientos en la cabeza, se acercó lo bastante a su mejilla como para plantarle allí un suave y lento beso. Sin cámaras de por medio se sentía mucho más íntimo y real. “Hyung~ lo siento” informó dulcemente pero algo nervioso finalmente por la cercanía. Aprovechando lo atrapado que lo tenía, y su repentina necesidad de tomar un poco de distancia antes de volverse loco, lo movió hacia un lado para poder adelantarlo y ganar la carrera.
No tuvo idea de cómo mantuvo el equilibrio tan pronto el peso ajeno estuvo sobre él, rió haciendo lo posible por no irse hacia adelante, casi olvidaba la seronotina que el contrario brotaba en él. No hizo además de zafárselo de encima, quizás pretendió hacerlo con tal de ‘ganar’ pero sinceramente no le importaba pagar. Soltó un mohín, no importaba todo el tiempo que estuviese viviendo en Corea, aún no terminaba de acostumbrarse a las normas sociales. “Estás aprovechándote de las normas de aquí, no es justo, se supone era una competencia.” El vello de su cuello se erizó siguiendo el resto de su piel. Se obligó a no pensar en cosas que no debía, eran amigos, había logrado evadir ese tipo de sentimientos por meses, podía hacerlo de nuevo, ¿por qué no? Claro, era difícil, y más cuando comenzaron esos besitos inocentes (¿inocentes?) en la mejilla que pasaron a besos actuados para las cámaras, pero en ese momento no había cámaras y acababan de salir de un momento tenso. Pero por supuesto su sentido de preservación no existía, ¿qué era pensar antes de actuar? tan pronto el menor le pasó ‘ganando’, Gage dio dos zancadas antes de que pudiese abandonar el edificio, sujetándole del brazo para hacerle girar y quedar cara a cara.
“Si hubiese sabido que sólo tenía que hacer trampa para ganar...” Un puchero acomodaba en sus labios, soltándole el brazo lo deslizó a la cintura ajena, acercándose más de lo necesario, aquellas eran aguas peligrosas y Gage lo sabía. Sus mirada se centró en los labios ajenos, una sonrisa en los propios. Arrugó la nariz y alzó el rostro dándole un pequeño beso en la punta de la nariz. “Vamos a ver a los gatitos, no quiero dejarlos tanto tiempo solos.” Y se separó; con el corazón en la garganta.