Capítulo 8: Julio — El mar más tranquilo
Si alguien le hubiera preguntado a Giyuu Tomioka cómo imaginaba sus vacaciones de verano, probablemente habría respondido:
"Silencio."
Y si le hubieran preguntado qué era exactamente lo contrario de unas vacaciones tranquilas, la respuesta correcta habría sido:
Ashenti.
Por desgracia para él, descubrió ese hecho demasiado tarde.
Todo comenzó cuando regresó a la Academia Ubuyashiki después de una semana de descanso.
Entró por la puerta principal con una bolsa deportiva al hombro, una bebida fría en la mano y la esperanza de que el verano transcurriera en paz.
Entonces encontró un cartel.
Uno enorme.
Colgado en la entrada.
PRÓXIMA SESIÓN DEL CALENDARIO JULIO: GIYUU TOMIOKA Asistencia obligatoria.
Debajo había una nota escrita con la elegante caligrafía de Ashenti.
"Como no asistió a la reunión, perdió el derecho a opinar."
Giyuu se quedó observando el papel durante varios segundos.
Luego volvió a leerlo.
Después volvió a leerlo otra vez.
Finalmente suspiró.
—Entiendo.
No entendía nada.
Dos días después, el patio central de la Academia había desaparecido.
Literalmente.
Donde normalmente había senderos de piedra y zonas deportivas, ahora se extendía una playa improvisada.
Montañas de arena.
Sombrillas.
Palmeras artificiales.
Redes de voleibol.
Tablas de surf.
Pelotas de playa.
Cubetas.
Castillos de arena.
Incluso había una máquina que producía sonido de olas.
Nadie sabía de dónde había salido.
Ni siquiera Kagaya quiso preguntar.
—¿Cómo consiguió todo esto? —preguntó Obanai.
—No quiero saberlo —respondió Sanemi.
—Sabio.
En medio del desastre trabajaban los asistentes obligatorios del mes.
Tanjiro transportaba cubetas de arena con una sonrisa heroica.
Zenitsu cargaba sombrillas mientras se quejaba de que iba a morir insolado.
Genya montaba estructuras de madera sin preguntar demasiado.
E Inosuke estaba enterrado hasta la cintura construyendo lo que afirmaba era una fortaleza militar marina.
—¡SERÁ EL REINO DEL JABALÍ OCEÁNICO!
—Eso ni siquiera tiene sentido —dijo Genya.
—¡NO NECESITA TENER SENTIDO!
Mientras tanto, Ashenti observaba el escenario con una libreta en la mano.
—Necesitamos más arena.
—Ya hay demasiada arena —dijo Genya.
—No existe tal cosa.
—Sí existe.
—No.
—Sí.
—No.
—...
Genya decidió rendirse.
A las nueve en punto apareció Giyuu.
Silencio absoluto.
Los estudiantes dejaron de trabajar.
Los profesores levantaron la vista.
Incluso Inosuke dejó de pelear con un castillo de arena.
Giyuu observó el escenario.
Observó la arena.
Las palmeras.
Las sombrillas.
La red de voleibol.
El enorme letrero que decía:
PLAYA TOMIOKA
Y luego miró a Ashenti.
—¿Por qué?
Ashenti sonrió.
—Porque julio es verano.
—Eso no responde la pregunta.
—Porque eres profesor de deportes.
—Sigue sin responderla.
—Porque el agua combina con tus ojos.
Giyuu permaneció en silencio.
—...
—...
—Eso tampoco responde la pregunta.
La sesión comenzó una hora después.
Para sorpresa de todos, Giyuu no protestó.
Simplemente aceptó su destino.
Lo cual resultaba mucho más inquietante.
—¿Está bien? —preguntó Mitsuri.
—Nunca está bien —respondió Sanemi.
—Eso es cierto.
Ashenti lo hizo caminar por la arena.
Tomar una pelota de playa.
Sentarse bajo una sombrilla.
Sostener una tabla de surf.
Mirar el horizonte.
Mirar a la cámara.
Ignorar a Zenitsu.
Ignorar a Inosuke.
Ignorar a Tanjiro.
Ignorar la existencia misma.
Giyuu cumplió cada instrucción con la misma expresión impasible.
Lo cual, para desgracia de todos los presentes, funcionaba extraordinariamente bien.
—¿Por qué se ve tan bien haciendo absolutamente nada? —preguntó Zenitsu.
—Es un talento natural —respondió Mitsuri.
—Eso es injusto.
—Mucho.
La mejor fotografía ocurrió por accidente.
Como siempre.
Tanjiro ayudaba a mover unas cajas.
Genya acomodaba reflectores.
Zenitsu perseguía una sombrilla que había salido volando.
E Inosuke intentaba convencer a una gaviota de pelear.
Entonces una pelota cayó cerca de Giyuu.
Él la recogió de manera automática.
Nada especial.
Nada planeado.
Simplemente levantó la vista hacia el mar artificial mientras sostenía la pelota bajo el brazo.
La brisa movió ligeramente su cabello.
La luz del verano iluminó sus ojos.
Y por primera vez durante toda la mañana pareció relajado.
Ashenti levantó la cámara.
Clic.
Todos guardaron silencio.
Incluso ella.
Porque sabía que acababa de conseguir la fotografía.
Más tarde, cuando las imágenes aparecieron en la pantalla principal, la sala quedó en completo silencio.
Giyuu estaba de pie frente al mar.
Sereno.
Calmado.
Inmutable.
Como si perteneciera al agua.
Como si toda la playa hubiera sido creada para ese instante.
Ashenti observó la fotografía unos segundos.
Luego escribió el título.
Julio — El mar más tranquilo Incluso las aguas más serenas pueden ocultar una profundidad infinita.
Kagaya sonrió.
—Perfecto.
—Sí —admitió Kanae.
—Es hermosa —dijo Mitsuri.
—Odio admitirlo —gruñó Sanemi—, pero sí.
Aquella misma noche la imagen fue publicada.
La página de la Academia colapsó en menos de veinte minutos.
Comentarios.
Miles de comentarios.
"¿Desde cuándo Tomioka-sensei parece protagonista de una película?"
"Necesito inscribirme a deportes inmediatamente."
"¿Eso es una playa escolar o una portada de revista?"
"El verano ganó."
Mientras tanto, en la sala de profesores, Giyuu observaba la fotografía en silencio.
Ashenti apareció detrás de él.
—¿Qué opinas?
—...
—¿Te gusta?
—...
—¿La odias?
—...
Ashenti suspiró.
—Habla.
Giyuu la observó unos segundos.
Luego volvió a mirar la imagen.
—No está mal.
Ashenti sonrió.
Porque viniendo de Tomioka, aquello equivalía prácticamente a una carta de amor.
—Perfecto —dijo cerrando su libreta.
Julio estaba terminado.
Y agosto...
Agosto pertenecía a Tengen Uzui.
Lo que significaba que la tranquilidad acababa de abandonar oficialmente la Academia Ubuyashiki.










