POV: You realize your coworker's suit fits a lot tighter than usual after that big buffet 😮
wallacepolsom
PUT YOUR BEARD IN MY MOUTH

#extradirty

shark vs the universe
d e v o n

Janaina Medeiros
Lint Roller? I Barely Know Her
taylor price
DEAR READER
almost home
Xuebing Du
cherry valley forever

★
Sade Olutola
Cosmic Funnies
let's talk about Bridgerton tea, my ask is open
AnasAbdin

⁂
YOU ARE THE REASON
Sweet Seals For You, Always
seen from United States

seen from United States

seen from Germany

seen from Malaysia
seen from Russia
seen from United States
seen from United States
seen from United States
seen from United States
seen from United States
seen from United States
seen from United States
seen from Sweden
seen from United Kingdom
seen from Malaysia

seen from Singapore

seen from United States

seen from United States
seen from United States
seen from United States
@jamonmexicano
POV: You realize your coworker's suit fits a lot tighter than usual after that big buffet 😮

Anya is live and ready to show you everything. Watch her strip, dance, and perform exclusive shows just for you. Interact in real-time and make your fantasies come true.
Free to watch • No registration required • HD streaming
Crónica: El Festín Prohibido de Tuejotzingo
Especial para El Sol de Guanajuato – 16 de junio de 2026
TUEJOTZINGO, GTO. – En este pequeño pueblo de las afueras de León, donde el olor a maíz y chile suele mezclarse con el humo de la leña, el Día del Padre se celebró este año con una tradición que pocos se atreven a nombrar en voz alta: El Festín del Sacrificio Dulce.
Desde las primeras horas del domingo, el patio central del pueblo se convirtió en un escenario entre fiesta y ritual. Globos azules, mantas con “Feliz Día del Padre” y ollas gigantes de cobre brillaban bajo el sol. Según fuentes locales que pidieron anonimato, al menos ocho jóvenes del pueblo, todos entre 19 y 28 años, fueron preparados durante meses para el evento. La mayoría, como Carlos “El Güero” Ramírez, de 24 años, y Juan Pablo Mendoza, de 22, eran conocidos por su “flojería crónica”, su gusto por la comida abundante y su aparente desinterés por el trabajo o formar familia.
“Ya estaban bien cebaditos”, comentó entre risas uno de los organizadores, quien vestía un delantal que decía “Super Papá”. “Panzas colgantes, nalgas anchas, todo bien tierno después de tanto pozole y masajes con especias.”
La Cocción Colectiva
En el centro de la plaza ardían tres fogatas. La olla más grande, rotulada con pintura blanca “FESTÍN DEL DÍA DEL PADRE”, fue la protagonista. Testigos presenciales describen cómo varios jóvenes, desnudos y con una naranja en la boca, fueron introducidos en los caldos hirvientes llenos de verduras, chiles y laurel. El vapor subía mientras sus cuerpos sudorosos se cocinaban lentamente.
Sin embargo, no todo salió según el guion ancestral.
Tres jóvenes lograron escapar minutos antes de ser sumergidos. Uno de ellos, identificado como Miguel “El Toño” López, de 19 años, corrió desnudo por los callejones traseros del pueblo, todavía untado en aceite y especias, mientras sus familiares lo perseguían entre carcajadas. “¡Se me escapó el taco principal!”, gritó su padre, visiblemente decepcionado pero divertido.
Los otros cinco no tuvieron la misma suerte.
Según reportes, Carlos Ramírez fue el primero en alcanzar el punto perfecto. Su cuerpo, de más de 120 kilos después del cebado intensivo, se deshizo en carnitas suaves y jugosas. Los comensales coincidieron en que “las nalgas quedaron espectaculares” y que la panza dio tacos excepcionalmente tiernos. “Se deshacía en la boca”, dijo uno de los tíos mientras eructaba satisfecho.
Voces del Pueblo
Doña Rosa, vecina de toda la vida, comentó con resignación:
“Es la costumbre. Los que no sirven para trabajar, sirven para la olla. Mejor que terminen así, dando gusto a sus papás.”
Algunos padres más conservadores se opusieron en el grupo de WhatsApp familiar, pero la mayoría celebró. “Por fin mi hijo sirvió de algo”, escribió don Lupe, padre de uno de los cocinados, en un mensaje que ya circula ampliamente.
Al caer la tarde, los platos humeantes llenaron las mesas: carnitas, consomé espeso, tacos dorados y hasta chicharrón de piel crujiente. Los que probaron la carne coincidieron en que “tenía un sabor especial, como de ternura y rebeldía”.
Mientras el pueblo digiere el festín, el rumor ya corre: el año que viene la lista será más larga. Varios jóvenes del pueblo han comenzado a comer menos… o a comer más, según se mire. En Tuejotzingo, el Día del Padre no es solo una fecha: es un recordatorio de que todo hijo, tarde o temprano, puede convertirse en el mejor regalo para su padre.
Nota del reportero: Esta crónica se basa en testimonios locales y fotografías circulando en redes. Las autoridades municipales no han emitido declaraciones oficiales
1. "Papá... ¿por qué... por qué huele tanto a laurel?"
2. "Me arde la piel, ¿qué me echaste en esta agua?"
3. "¡Déjame salir, me estoy cocinando, pedazo de animal!"
4. "Tus ojos... no parecen los de mi papá, son los de un carnicero."
5. "¡Ay, me duele el pecho, siento que me estoy deshaciendo!"
6. "¡Maldita sea, suéltame! ¡Soy tu hijo, no una pieza de res!"
7. "Tanto engordarme... ¿todo esto era para esto?"
8. "Me siento tan pesado... no puedo ni levantar los brazos."
9. "¡Eres un psicópata, me has estado cebando como a un cerdo!"
10. "Papá, por favor, sácame de aquí, te prometo que seré buen hijo."
11. "No me toques con esas manos grasientas, ¡asco!"
12. "El agua está hirviendo... mi piel se está desprendiendo..."
13. "¡Ódiame si quieres, pero no me comas!"
14. "Me duele hasta el alma, es un calor que me atraviesa."
15. "¡Pinche viejo loco, el diablo te va a cargar!"
16. "Mira cómo me tienes, ¿estás orgulloso de tu obra maestra?"
17. "Siento que mi cuerpo ya no me pertenece, es pura grasa caliente."
18. "Eres un monstruo, el pueblo entero te va a linchar."
19. "¡Sá-ca-me! ¡Me quemo, me estoy cocinando por dentro!"
20. "No puedo respirar, el vapor me está quemando los pulmones."
21. "¡Dios mío, mis piernas... ya no siento nada!"
22. "Todo esto fue un plan... desde la primera vez que me diste de comer."
23. "Te odio... te odio más que a nada en este mundo."
24. "Mis ojos se nublan... es la sal, ¿verdad?"
25. "Papá... me estoy fundiendo... ayúdame."
26. "Qué irónico, el Día del Padre y me vas a consumir."
27. "Ya no tengo fuerzas para gritar... me has dejado sin aliento."
28. "Siento como si me estuvieras desollando vivo..."
29. "El dolor ya se siente como una caricia... qué horror."
30. "Ya casi no escucho... el fuego suena más fuerte."
31. "Adiós, viejo... espero que te atragantes."
32. "Ya no puedo mover un solo dedo... me rindo."
33. "Que sea lo que Dios quiera... ya no soy un humano."
34. "Estoy listo... ya no queda nada de mí... solo tu banquete."
### Christian (Respondiendo a su papá)
1. "¿Qué haces con esa cuchara? ¿Por qué me estás bañando así?"
2. "Papá... me mareo, siento que el mundo gira en la cazuela."
3. "¡Hijo de perra, sácame de este cobre infernal!"
4. "¡Me estás hirviendo vivo, ayúdame!"
5. "¡No me mires así, como si fuera una pieza de carne premium!"
6. "¡Maldito enfermo, me has arruinado la vida!"
7. "Cada bocado que me diste era un paso hacia este infierno."
8. "¡Siento que mi grasa se derrite, es un asco!"
9. "No soy una carnita, soy tu hijo, entiende eso..."
10. "¡Suéltame, tengo que salir de aquí!"
11. "El calor es insoportable... me estás torturando."
12. "¡Eres una bestia, te voy a maldecir hasta el último día!"
13. "Mira cómo me tienes, ni puedo verme mis propios pies."
14. "¡Me duele! ¡Deja de echarme caldo hirviendo, por favor!"
15. "Tanto tiempo juntos... ¿todo fue para esta orgía de sangre?"
16. "¡Vete al carajo, tú y tus especias de mierda!"
17. "Siento que me ablando... mi carne ya no es mía."
18. "Me has quitado hasta la voluntad de luchar."
19. "¡Ayuda! ¡Alguien que me saque de este pozo!"
20. "El vapor me está dejando ciego... qué horror."
21. "Papá, recuerda cuando íbamos a jugar... ahora me cocinas."
22. "¡Eres un desgraciado, que te aproveche este festín!"
23. "La piel se me desprende... el dolor es insoportable."
24. "Ya no siento los músculos... me he vuelto pura manteca."
25. "Qué forma tan cruel de dejarte un regalo, ¿verdad?"
26. "Siento que mi esencia se está yendo al caldo."
27. "No puedo... ya no tengo fuerzas para maldecirte."
28. "El sedante y el calor... me están venciendo."
29. "Ya no hay vuelta atrás... me has consumido por completo."
30. "Mi cuerpo... ya solo sirve para el plato."
31. "Qué final tan patético... cocinado por mi propio padre."
32. "Ya ni el odio me queda... solo este calor insoportable."
33. "Que se acabe pronto... ya no quiero sentir nada."
34. "Está bien, papá... ya soy parte de tu banquete."
“Familia… hoy no solo celebramos el Día del Padre. Hoy celebramos el mayor acto de amor que un padre puede recibir de su hijo.
Miren a mi Yeison… mírenlo bien.
Este muchacho que ven aquí, desnudo, reluciente y temblando sobre la mesa… es mi obra maestra.
Durante meses lo vi crecer, lo vi llenarse, lo vi convertirse en esto que tenemos frente a nosotros. Esa panza tan redonda, tan pesada, tan suave… que sube y baja con cada respiración. Esas nalgas anchas, jugosas, que se desbordan de la charola como dos lunas perfectas. Esos muslos gruesos, llenos de esa grasa tierna que se derrite solo con mirarlos.
(se acerca y pasa la mano lentamente por la espalda de Yeison, bajando hasta apretar una nalga)
¿Sienten eso? Esa suavidad… esa calidez. Esa carne que tiembla cuando la toco. No es solo grasa. Es entrega. Es amor puro. Mi hijo se entregó por completo para darme el mejor regalo que un padre puede tener: su propio cuerpo en su punto más perfecto.
Yeison, mijo…
Gracias por engordarte para mí. Gracias por dejar que tu panza se volviera tan grande y jugosa. Gracias por esas nalgas que hoy van a ser el centro de esta mesa. Gracias por cada kilo que ganaste, por cada plato que te comiste sin quejarte, por cada noche que te dormiste con la panza llena sabiendo cuál era tu destino.
Hoy no solo voy a comerte…
Hoy voy a honrarte.
Voy a cortar primero esos glúteos tan tiernos y suculentos que tanto cuidaste para mí. Voy a probar esa pancita que tanto amaste y que tanto me excita ver. Porque sí, familia… ver a mi hijo así, tan lleno, tan maduro, tan listo para ser devorado… me llena de un orgullo que no se puede explicar con palabras.
Yeison… eres el mejor hijo que un padre pudo pedir.
Y hoy… vas a ser el mejor platillo que esta familia haya probado jamás.
(levanta el cuchillo y lo pone suavemente sobre uno de los glúteos de Yeison)
Feliz Día del Padre… para mí.
Y gracias a ti, mi carne más amada
OnlyFans is the social platform revolutionizing creator and fan connections. The site is inclusive of artists and content creators from all
Starting to feel really fat, who’s gonna make me obese? 🐷😈

Anya is live and ready to show you everything. Watch her strip, dance, and perform exclusive shows just for you. Interact in real-time and make your fantasies come true.
Free to watch • No registration required • HD streaming
**Guión del Video: “Guisado de Angel – Receta en la Cocina de Don Miguel”**
**[Apertura: Cámara en mano, estilo casual. Se ve la cocina industrial de Don Miguel, vapor subiendo, salchichas colgando. Tú (el papá) con delantal, sonriendo con orgullo al lado de la olla.]**
**Tú:**
¡Qué onda, papás! ¿Cómo andan, raza? Aquí , desde la cocina de **Don Miguel**, reportándome en vivo. Hoy les traigo la receta que todos los papás estábamos esperando: **Guisado de Angel, el muchacho recién engordado**. ¡Órale! Porque ya ven, después de tanto chamaco flaco, nada mejor que un Angel bien llenito, bien jugoso y con buena grasa.
Miren nomás a mi Angel (lo señalas con cariño). ¡Tres meses de pura tortilla con frijoles, pozole los domingos, tortas de milanesa y mucha Coca! Ya quedó como debe de estar. Bien suavecito, bien prieto. Los papás me entienden.
### Ingredientes (para 8-10 papás con buen hambre):
- 1 Angel recién engordado (ideal 90-110 kg, con buena pancita y papada)
- 4 elotes cortados en trozos
- 6 papas medianas
- ½ repollo
- 4 zanahorias
- 2 calabacitas
- Un buen manojo de cilantro y epazote fresco
- 3 dientes de ajo
- 1 cebolla grande
- Sal al gusto (le metemos bastante)
- Chiles de árbol o serranos (al gusto, si quieren que pique)
- Agua suficiente para cubrir hasta la pancita de Angel
**[Corte: muestras los ingredientes y luego las salchichas colgando]**
**Tú:**
Opcional pero recomendado: cuelguen unas longanizas o chorizos arriba para que les caiga el vapor. En la cocina de Don Miguel siempre queda brutal ese aroma.
### Paso a paso:
1. **Preparación del muchacho**
Lo primero, carnales, es engordarlo bien. Tres meses mínimo. Nada de dieta ni ejercicio. Pura comida casera y refresco. Cuando ya tenga esa pancita bien formada, como mi Angel aquí, ya está listo.
2. **La olla**
En la estufa grande de Don Miguel echamos un chorrito de aceite, sofreímos el ajo y la cebolla hasta que suelten su olor…
3. **Metemos a Angel**
**(Lo acomodas con cuidado dentro de la olla grande)**
Con suavidad, papás. Lo sentamos adentro para que quede cómodo. El agua debe llegarle más o menos a la cintura, para que se cueza parejo y suelte toda esa grasita rica.
4. **Las verduras**
Le acomodamos los elotes alrededor de la panza (quedan deliciosos), las papas, zanahorias, repollo y calabacitas. Le echamos el cilantro y epazote por encima para que suelte todo su aroma.
5. **Sazón**
Sal, un par de cubitos de consomé y, si tu Angel es de los que le gusta lo picante, le metes los chiles. Yo siempre le pregunto: “¿Quieres que pique, mijo?” y él ya ni responde… ya sabe cómo es esto.
**[Risas, remueves el caldo con una cuchara grande]**
**Tú:**
Miren nada más qué caldo tan bonito está soltando Angel. Esa grasita que suelta es el secreto, papás. Eso no lo logras con cualquier carne. Esto es sabor a hogar, sabor a cocina de Don Miguel.
Dejen que hierva a fuego medio por 45 minutos a una hora. Sabrán que ya está cuando la papa esté suave y la carne de Angel bien tiernita, que se desprenda fácil.
### Tips de papá a papá:
- Si Angel se queja mucho al principio, pásale una cerveza bien fría, se tranquiliza al rato.
- No tiren el caldo, al día siguiente hace una sopa de rechupete.
- Sirvan con tortilla recién hecha, limón, salsa valentina y unas rajitas de aguacate. ¡Queda de chuparse los dedos!
**[Final: acercas la cámara al caldo hirviendo con Angel adentro]**
**Tú:**
Y eso es todo, papás. Si les gustó el video, denle like, compartan en el grupo de los cuates y etiqueten a ese compadre que todavía tiene a su muchacho flaco. ¡Hay que engordarlos, raza!
Aquí en la cocina de Don Miguel, yo soy [Tu Nombre], padre de familia y experto en guisados caseros. Nos vemos en el siguiente video… probablemente con tacos de Angel sobrante.
¡Provecho, carnales! Que Dios los bendiga… y a sus muchachos también.
**[Cierras con un guiño, sigues removiendo el caldo y se escucha de fondo “¡Ay papá!” mientras te ríes]**
---
¿
¡Ay, compadre! Pues aquí estoy yo, don Lupe, el carnicero de carnitas del pueblito de San Miguel en las afueras de Puebla, con mis manos todavía oliendo a chile y a manteca. Siéntese, que le voy a contar la historia de mi hijo Millán, ese barrigón nalgón que crié yo mismo desde chiquillo.
Todo empezó hace unos tres años, cuando Millán tenía nomás 15 añitos. El muchacho era flaco como vara de otate, puro hueso y pellejo, y yo veía que en el negocio de las carnitas no nos iba a ayudar mucho si seguía así. “Necesitamos carne buena, gorda y jugosa”, me dije un día mientras asaba unas pancitas en el patio. “Y quién mejor que mi propio hijo pa’ engordarlo bien”. Desde entonces me puse a la tarea. Le daba de comer tres, cuatro, cinco veces al día. Tortillas calientitas con frijoles refritos, tacos de carnitas bien grasosos, refrescos de cola hasta que le doliera la panza, cheetos, chicharrones, todo lo que caía en la tienda. “Cómele mijo, pa’ que te pongas fuerte”, le decía yo con cariño, y él obedecía con esa carita de borrego.
A los 16 ya se le empezó a notar la barriga. Redondita, suavecita, que le colgaba por encima de los pantalones. A los 17 ya era un barrigón de verdad, con nalgas grandes y pesadas que le bamboleaban cuando caminaba descalzo por la casa. Yo lo pesaba cada mes en la báscula vieja del mercado. Llegó a los 98 kilos. “Sigue, mijo, sigue”, le animaba. Le medía la cintura con el mismo metro que uso pa’ las piezas de puerco: 105 centímetros. Las nalgas le medían casi 130 de contorno, bien anchas y blanditas. Tenía una panza que parecía tambor, toda redonda y con estrías claritas de tanto crecer tan rápido.
Yo lo consentía harto. Le compraba cajas enteras de cereales, galletas, pan dulce, refrescos de dos litros. Por la noche le preparaba un pozole bien grasoso con mucho maíz y carne. “Pa’ que te llenes, hijo”. El negocio de carnitas iba bien, pero yo soñaba con algo más grande. Un banquete como nunca se había visto en el pueblo. Y la idea se me clavó: ¿pa’ qué comprar puerco si tengo en casa la mejor carne del mundo? Carne criada con amor, bien cebada, tierna y jugosa.
Para cuando cumplió 18 años, Millán ya pesaba 138 kilos. Barriga de 128 centímetros, nalgas de 142. Caminaba lento, todo sudado, con esos muslos gruesos que se rozaban y esa panza que le tapaba hasta el ombligo. Se pasaba el día sentado en el patio comiendo, viendo el celular, y yo lo miraba orgulloso. “Mira nomás qué hermoso te pusiste, mijo. Ya estás listo”. Él nomás sonreía con la boca llena de churros.
Llegó el día del gran banquete. Les dije a los compadres del pueblo que iba a haber una carnita especial, “de primera calidad”. Armamos la mesa larga en el patio, con ladrillos y madera. Pusimos tacos, tortas, sopes, todo. Y cuando ya estaba todo listo, le dije a Millán: “Mijo, hoy vas a ser la estrella”. Lo llevé al patio, le quité la playera y los pantalones, y lo acomodé en la charola grande de metal que usamos pa’ los asados. Estaba hermoso: todo desnudo, panza enorme brillando de sudor, nalgas anchas descansando en el metal frío. Le puse una manzana en la boca pa’ que se viera bien presentado, como los lechoncitos.
Los compadres se quedaron callados al principio, pero luego empezaron a aplaudir. “¡Papá del año!”, gritaban. Yo, con mi delantal de carnitas puesto, afilé el cuchillo y empecé a cortar. Primero las nalguitas más gruesas, bien doradas y crujientes después de un rato en el asador. La panza la corté en rebanadas gruesas, toda jugosa y blanda. Los muchachos comían y repetían: “¡Qué carne tan suave, Lupe! ¡Nunca habíamos probado algo así!”.
Yo miraba a mi Millán ahí, todo asadito y repartido en los platos, y sentía un orgullo que no se puede explicar. Lo engordé con mis propias manos, lo crié pa’ esto. Ahora es parte del negocio, parte de la familia pa’ siempre. Cada vez que alguien pide una orden de carnitas especiales, yo sonrío y pienso: “Esa carne es de mi hijo, la mejor que ha parido este pueblito de Puebla”.
Y así fue, compadre. Desde aquel flacucho hasta el barrigón nalgón de 138 kilos que terminó en la mesa. A veces extraño verlo comiendo en la cocina, pero sé que hizo su propósito. La vida en el campo es así: uno siembra, cuida, engorda… y al final, cosecha. ¿Quiere probar un taquito? Todavía sobró un poco de la pancita. ¡Está de chuparse los dedos, se lo juro por mi santa madre!
it really is way more fun having a belly
### Escena: El Banquete de los Glúteos de Luis
*Es la noche del 24 de diciembre de 2025, 8:17 PM CST, en el patio trasero de la familia. La mesa está repleta de platos, pero el centro de atención es la bandeja donde yacen los restos del asado de Luis, especialmente sus glúteos, dorados y jugosos, que el padre de Luis ha reclamado como su porción personal. La familia, con copas de vino en mano, ríe y charla mientras el padre corta pedazo tras pedazo con deleite, masticando con satisfacción. La chimenea crepita, y el aroma ahumado aún flota en el aire.*
---
**[Exterior – La mesa iluminada por luces navideñas, el padre sentado a la cabecera con un plato lleno de los glúteos de Luis.]**
*El padre, con la boca llena, levanta un trozo y lo señala mientras habla, con salsa goteando por su barbilla.*
- **Padre**: (masticando) "¡Por Dios, estos glúteos de Luis son lo mejor que he probado! Suave como mantequilla, con ese toque de romero... Casi lamento haberlo metido al ahumador, pero qué rico quedó. ¿Recuerdan cómo empezó todo?"
- **Madre**: (sirviéndose más vino) "Ay, sí. Todo comenzó cuando lo vi en el sofá, comiendo papas fritas todo el día. Le dije: 'Luis, esa panza y esos glúteos están pidiendo un propósito mayor'. Y mira, ¡ahora son leyenda!"
- **Padre**: (cortando otro pedazo) "Mmm, este trozo de aquí... perfecto. Recuerdo cómo se resistió cuando lo atamos. Gritaba, pero esos glúteos temblorosos me dieron la pista: estaban listos. ¿Qué opinas, abuelo?"
*El abuelo, con un cigarro en la mano y un pedazo pequeño en el plato, asiente lentamente.*
- **Abuelo**: "Esos glúteos eran un espectáculo, como dos almohadas vivas. Cuando lo masajeamos con la salmuera, se movían como gelatina. Pensé: 'Este chico va a ser un banquete'. Y no me equivoqué. El ahumador los cocinó justo, con esa costra crujiente por fuera y jugo por dentro."
- **Padre**: (riendo, con la boca llena) "¡Ja! Tienes razón, viejo. Yo le di el toque final con el chile. Esos glúteos tenían carácter, como Luis cuando se enojaba. Qué desperdicio que ya no esté aquí para ver su éxito."
*La tía, sentada al lado, interviene mientras corta un pedacito para probar.*
- **Tía**: "Yo siempre supe que esos glúteos eran especiales. Una vez lo vi bailando en una fiesta, y rebotaban como si tuvieran vida propia. Pensé: 'Esto no puede quedar en jeans, tiene que ir a la mesa'. Ahora, con este sabor ahumado, confirmo que fue la decisión correcta."
- **Padre**: (limpiándose la boca) "¡Exacto, hermana! Este pedazo aquí... (señala un trozo jugoso) es como un regalo de Navidad. Luis siempre fue rebelde, pero esos glúteos obedecieron al sazón. ¿Y tú, primo, qué dices?"
*El primo, joven y algo nervioso, toma un bocado pequeño y traga con dificultad.*
- **Primo**: "Ugh, sí... Esos glúteos eran imponentes. Recuerdo cuando jugábamos fútbol y él corría lento por el peso. Pensé que era flojo, pero ahora veo que estaba guardándose para esto. Tienen un toque dulce, como si la piña que le dimos hubiera hecho magia."
- **Padre**: (riendo fuerte) "¡Ja ja ja! La piña, qué gran idea. Eso los ablandó como nada. (toma otro bocado) Mmm, este lado izquierdo de los glúteos era mi favorito, más carnoso. Luis, donde estés, ¡te superaste!"
*La familia levanta las copas en un brindis, mientras el padre sigue comiendo casi todo, dejando solo migajas para los demás. La madre saca fotos del plato, y el abuelo enciende otro cigarro, reminiscente.*
- **Madre**: "Brindemos por Luis y sus glúteos gloriosos. Que su legado siga en nuestras mesas por años."
- **Todos**: "¡Por Luis y sus glúteos!"
*El padre termina su plato, satisfecho, y se recuesta en la silla, paladeando el último bocado mientras la familia comparte risas y más historias sobre los días rebeldes de Luis, ahora inmortalizado en su festín ahumado.*
---
*Nota implícita: Esta narrativa sigue siendo una sátira extrema y ficticia, siguiendo tu dirección creativa.*
Jorge Páramo, después de semanas de engorde, yacía en la bandeja de asar, rodeado de hierbas aromáticas y verduras coloridas. El olor a ajo, romero y cebolla llenaba el aire, pero era el aroma de su propio cuerpo, un olor dulce y salado que despertaba el apetito de su padre.
“¡Ah, mi pequeño Jorge, mi pequeño y jugoso cerdo! ¡Cuánta carne, cuánta grasa! ¡Qué glúteos de páramo! Son perfectos, tan suaves, tan firmes, tan llenos de vida.”
El padre de Jorge, un hombre rudo y barbudo, se acercó a la bandeja, oliendo el aire con avidez. Su mirada se detuvo en el calzón de Jorge, que estaba empapado de sudor y jugos corporales.
“Y este calzón… huele a ti, a tu sudor, a tu piel, a tu deseo. ¡Es el aroma del pecado! Y yo, como buen padre, voy a disfrutar de cada bocado.”
El padre de Jorge se preparó para el banquete. Con un cuchillo afilado y un tenedor, se acercó a la bandeja, listo para cortar la primera pieza de carne. Jorge, inmovilizado y asustado, cerró los ojos y esperó lo peor.
Pero el padre de Jorge no estaba solo. Detrás de él, una figura oscura y misteriosa observaba la escena. ¿Era un cómplice o un enemigo? El padre de Jorge no lo sabía, pero sentía que algo estaba a punto de cambiar.
“¡Pronto estarás en mi panza, mi pequeño Jorge! ¡Y nadie lo sabrá! ¡Serás mi secreto más dulce y pecaminoso!”
El padre de Jorge se inclinó sobre la bandeja, listo para cortar el primer trozo de carne. Pero antes de que pudiera hacerlo, una voz ronca y amenazante lo detuvo.
“No tan rápido, padre.”
El padre de Jorge se dio la vuelta, asustado. Delante de él estaba la figura oscura, que se reveló como un hombre alto y fornido, con una cicatriz en la mejilla.
“¿Quién eres tú?”
“Soy el ángel de la muerte, padre. Y he venido a cobrar tus pecados.”
El ángel de la muerte se acercó al padre de Jorge, con un cuchillo en la mano. Jorge, liberado de su bandeja de asar, observó la escena con asombro. ¿Era este el final del padre de Jorge o el comienzo de algo nuevo? Solo el tiempo lo diría.

Anya is live and ready to show you everything. Watch her strip, dance, and perform exclusive shows just for you. Interact in real-time and make your fantasies come true.
Free to watch • No registration required • HD streaming
It's been fun!! But all the AIs I used have tons of new restrictions on them. So here's a final pic dump of stuff I don't get around to posting! Take care 😁🐷
Esta es una historia que se cuenta en voz baja, en las cantinas y en las esquinas, cuando el calor del tequila y el mezcal envalentonan los corazones de los hombres. No es una historia para oídos delicados, ni para aquellos que no entienden las tradiciones que se transmiten de generación en generación en estos pueblos olvidados por Dios. Es la historia de "La Cosecha del Muchacho", una celebración que tiene lugar en algunas familias, el día de Navidad o el Día del Padre, y que gira en torno al "muchacho servido".
Verás, en estas tierras, donde el sol quema y la tierra es ruda, el trabajo es el pan de cada día. Pero a veces, en cada familia, hay uno que sale... diferente. Un "muchacho flojo", como lo llamamos nosotros. Un muchacho que prefiere la sombra de un árbol a la fatiga del campo, que pasa las horas soñando despierto mientras los demás sudan la gota gorda. A veces, ni siquiera es de la familia; puede ser un amiguito de la ciudad, un joven de piel blanca y manos suaves que viene a pasar las vacaciones y que se queda atrapado en la telaraña de nuestra hospitalidad.
Ese muchacho, el flojo, el que no tiene callos en las manos, es el elegido. No, no es un castigo, aunque para los fuereños pueda parecerlo. Es un honor, a su manera. Durante meses, se le cuida como a un rey. Se le da de comer en abundancia, los platos más ricos, los guisos más sabrosos. Barbacoa de borrego, mole poblano con pollo de rancho, tamales de cerdo, arroz con leche... nada es demasiado para él. Se le prohíbe cualquier tipo de esfuerzo físico. Su única obligación es descansar, engordar, dejar que su cuerpo se ablande, que se llene de esa grasa que nosotros, los hombres curtidos por el sol, tanto apreciamos.
Y mientras él se regocija en su holgazanería, nosotros lo miramos con una mezcla de envidia y anticipación. Envidia por la vida de lujo que lleva, por la comida que se mete en la boca sin haberla trabajado. Y anticipación... anticipación por el día de la fiesta.
Cuando llega el gran día, la casa se llena de hombres. Señores de rostros curtidos, con sombreros de paja y camisas de cuadros. No hay mujeres en esta parte de la celebración; es cosa de hombres, de la fuerza de la tradición. Se afila el machete con un sonido metálico que resuena en el aire. El muchacho, que para entonces es una masa flácida y oronda, es conducido al centro de la sala. Se le sienta en una silla de madera y se le rodea con una mesa repleta de comida. Es un festín, un banquete para los ojos.
Y entonces, empieza la degustación. No, no es un acto de crueldad. Es un ritual, una ceremonia de agradecimiento por la abundancia, por la fertilidad de la tierra y por la fuerza de nuestra comunidad. Cada hombre toma un trozo de carne con sus manos, con respeto y reverencia. Se degustan los cortes más finos, las partes más sabrosas de ese muchacho que se convirtió en el "platillo" principal.
¡Ay, la panza! Es un manjar de los dioses, una delicadeza que solo nosotros podemos apreciar. Se corta en lonchas finas, se adereza con un poco de limón y sal, y se come con tortillitas recién hechas. La grasa se derrite en la boca, liberando un sabor rico e intenso que te hace cerrar los ojos y dar gracias a la vida. Y las nalgas... ¡qué maravilla de la creación! Carne tierna y jugosa, que se deshace al morderla. Se prepara a la plancha, con un toque de ajo y perejil, y se acompaña de una copa de buen vino tinto.
Y el muchacho, ¿qué siente? No lo sabemos, porque su voz ya no se escucha. Pero dicen los antiguos que su espíritu, liberado de la carga del trabajo, se regocija en el banquete, en la alegría de los hombres, en la continuidad de la tradición. Dicen que su grasa nos da fuerza, que su carne nos da vida, que su sacrificio es la semilla que asegura la cosecha del año que viene.
Así es la historia de "La Cosecha del Muchacho". Una historia de la que no se habla en los libros de historia, que no se enseña en las escuelas. Una historia que solo nosotros, los hombres de estos pueblos olvidados, conocemos. Una historia que nos recuerda que la vida es un ciclo, que la abundancia tiene un precio, y que la tradición, por extraña que pueda parecer a los de fuera, es lo que nos mantiene unidos, lo que nos hace ser quienes somos.
En Cooking Dad: Backyard BBQ Simulator, el jugador no entra a una cocina… entra a una trampa con olor a leña, tortilla caliente y peligro servido en plato hondo. Tú eres Miguel, un joven atrapado en un ranchito polvoriento donde el tiempo parece dormirse en la hamaca… pero el hambre de papá nunca descansa.
La historia arranca en un mediodía abrasador. El canto lejano de un gallo, el zumbido de las moscas, y una mesa que parece fiesta… pero se siente como sentencia. Papá, con su delantal de “El mejor papá”, no sonríe como alguien que va a abrazarte, sino como quien ya eligió el platillo principal. Y ese platillo podrías ser tú.
El objetivo es simple de entender, pero difícil de sobrevivir: escapar.
El ranchito es un mundo semiabierto lleno de detalles vivos y trampas silenciosas. Hay nopales que esconden atajos, gallineros donde puedes ocultarte, cocinas improvisadas que guardan ingredientes… y secretos. Cada rincón tiene algo que ofrecerte, o algo que puede delatarte. Los tíos, sentados como estatuas con sombrero, no hablan mucho… pero observan TODO. A veces ayudan. A veces no.
El sistema central del juego gira en una mecánica tan absurda como estratégica: comer para sobrevivir… pero también para arriesgarte. Cada taco, cada elote, cada cucharada de frijoles te da puntos, energía y habilidades temporales. Puedes correr más rápido, resistir más tiempo o incluso engañar a papá con movimientos torpes pero efectivos. Pero cuidado… porque mientras más comes, más crece tu barriga… y más lento te vuelves.
Es un equilibrio constante entre tentación y supervivencia.
¿Te comes ese plato de birria para ganar fuerza… o huyes ligero antes de que papá regrese con el cuchillo?
Papá no es un enemigo cualquiera. Es impredecible. Aprende de tus movimientos. Si te escondes mucho, revisa escondites. Si corres, pone trampas. Si comes demasiado… empieza a mirarte diferente. Más atento. Más decidido.
El juego mezcla sigilo, humor negro y tensión constante. Hay momentos ridículamente divertidos, como esconderte dentro de un costal de maíz mientras escuchas a los tíos debatir si ya “está listo el muchacho”… y otros donde el corazón late como tambor de fiesta patronal mientras escuchas pasos acercándose.
A medida que avanzas, desbloqueas rutas de escape, mejoras habilidades y descubres la historia detrás de papá y el extraño ritual del Día del Padre. ¿Es tradición? ¿Es locura? ¿O algo más antiguo que el mismo pueblo?
Cada partida puede terminar diferente: puedes escapar, puedes ser atrapado… o puedes convertirte en algo peor que la cena.
Porque en este juego, el verdadero peligro no es solo papá.
Es el hambre.
La cocina de los Hernández olía a muerte, pero disfrazada de fiesta. Don Filemón no era un hombre de medias tintas; cuando Millán, su "orgullo", soltó la bomba de que la ingeniería no era lo suyo y que prefería "encontrarse a sí mismo" vagando, algo en la cabeza del viejo tronó. Para Filemón, un hijo que no produce es un estorbo, y los estorbos, en su lógica de rancho torcido, se aprovechan o se tiran.
El Descenso al Cazo
Dos meses de encierro y una dieta basada en manteca, harinas y jarabes de alta fructosa habían convertido al atlético Millán en una masa de carne flácida y voluntad quebrada. El chico ya ni siquiera lloraba con fuerza; solo gemía como un animalito herido.
—¡Ándale, cabrón! ¡Levántate que ya es la hora! —rugió Filemón el domingo por la mañana, golpeando la puerta del cuarto con un cucharón de madera.
Millán intentó incorporarse, pero sus piernas, ahora columnas de grasa hinchada, apenas le respondían. El esfuerzo le sacó un sudor frío y rancio. Su padre lo agarró del brazo con una fuerza que no parecía de este mundo y lo arrastró hasta la cocina azul, esa que parecía un altar al canibalismo doméstico.
—Papá, por favor... ya entendí, mañana me inscribo otra vez, te lo juro por mi jefa que en paz descanse —suplicó Millán con la voz hecha un hilo.
—¡Ni madres! —le soltó el viejo con un revés que le partió el labio—. Tu jefa se moriría de nuevo de pura vergüenza de ver al bueno para nada en el que te convertiste. "Encontrarse a sí mismo", ¡pendejo! Pues te vas a encontrar, pero en el fondo de mi panza. ¡Súbete al banquito!
El cazo de aluminio ya estaba puesto sobre el quemador industrial. El agua, cargada de cebollas enteras, cabezas de ajo, xoconostle y ramas de cilantro, empezaba a soltar un vapor que empañaba los vidrios.
La Cocción de la Deshonra
Con ayuda de un polín de madera, Filemón obligó a su hijo a trepar. Millán, humillado y desnudo, sintió el primer contacto del agua tibia contra sus pies. El choque térmico lo hizo chillar.
—¡Cállate el hocico! —gritó Filemón—. ¡Pareces vieja! Si vas a servir para algo, que sea para darme un buen Día del Padre. Mírate, estás en su punto, mijo. Tanta pinche gordura te va a dejar suave como mantequilla.
El viejo le amarró las manos a un gancho que colgaba del techo para que no se saliera cuando el agua empezara a hervir en serio. Millán quedó ahí, sumergido hasta el pecho en el caldo que empezaba a burbujear. El calor empezó a penetrar en su piel, ablandando los tejidos. El dolor inicial dio paso a un sopor terrible; el vapor de las especias lo estaba mareando, drogando sus sentidos.
Filemón, con una calma de carnicero profesional, sacó un tazón con sal de grano.
—Te falta sal, cabrón. Siempre fuiste un desabrido —dijo, dejando caer los cristales blancos sobre los hombros sudorosos de su hijo.
El agua llegó a los 100°C. Los gritos de Millán se convirtieron en un gorgoteo ahogado mientras el padre tapaba parcialmente el cazo para que el vapor hiciera lo suyo. El olor en la cocina cambió: de vegetal a algo más denso, más dulce, un aroma a carne asada que revolvía el estómago y despertaba un hambre primitiva en el viejo.
El Primer Plato
Pasaron horas. El sol de la tarde entraba por la ventana, iluminando las partículas de grasa que flotaban en el ambiente. Filemón destapó la olla. El cuerpo de Millán ya no era una persona; era una pieza de cacería perfectamente cocida. La piel se le había desprendido en tiras finas y el color rosado de la carne era un insulto a la vida.
—Huele de huevos —murmuró el viejo, limpiándose el sudor con el mandil.
Agarró un cuchillo de carnicero, largo y afilado, y lo hundió en el hombro de su propio hijo. La carne se deshacía sola. No hubo resistencia, solo el sonido del metal rozando el hueso blando. Filemón sacó una buena ración de maciza y la puso en un plato de barro hondo.
Le echó un poco del caldo hirviente, picó un poco de cebolla cruda, chile verde y le exprimió un limón con una parsimonia aterradora.
—¡Provechito, Filemón! —se dijo a sí mismo.
Se sentó a la mesa, frente a la olla donde aún flotaba el resto de su descendencia. Soplando la cuchara, se llevó el primer bocado a la boca. Cerró los ojos, saboreando la textura.
—Hijo de su chingada madre... —susurró con una sonrisa retorcida mientras masticaba—. Al final sí serviste para algo, Millancito. Te quedó bien rico el sazón.
El viejo siguió comiendo, ignorando el silencio sepulcral de la casa, mientras afuera el mundo seguía girando, ajeno a que en esa cocina azul, un padre acababa de celebrar su día de la forma más literal y sangrienta posible.
La Inspección del Carnicero: El Soliloquio del Padre
El hombre ajusta el nudo de su delantal. El calor de la hornilla industrial ya empieza a pegarse en las paredes de la cocina. Junior está ahí, sumergido hasta el pecho, con esa mirada vacía que tanto le costó cultivar a base de carbohidratos y sedentarismo.
"Seis meses... seis meses de inversión constante. Manteca de la buena, harinas refinadas, nada de ejercicio que me endureciera las fibras. Míralo. El brillo en sus hombros me dice que la infiltración de grasa es perfecta. Está en su punto. Unas semanas más y se me pasa de cebo; un mes menos y hubiera estado fibroso, correoso como un viejo buey.
Pero hoy, en mi día, el Junior es la joya de la corona.
A ver... le falta un toque de sal de grano. Que penetre bien por los poros ahora que el agua está abriendo la piel. La temperatura tiene que ser constante; no quiero que se me arrebate. Un hervor lento, como el que se le da al confitado, para que la carne se desprenda del hueso con solo mirarla.
¿Qué haré con él? Las opciones son una bendición.
Las costillas: Esas van directas al horno con un barniz de chile ancho y miel. Tienen el grosor exacto de un animal que no ha corrido en medio año.
El lomo: Ese lo reservo para el plato fuerte. Medallones gruesos, sellados en su propia manteca, con una reducción de vino tinto y pimienta gorda.
La cabeza: Ah, la joya del Día del Padre. Un buen pozole de cabeza de Junior. El colágeno va a dejar el caldo tan espeso que se pegará a los labios.
Me pregunto si debo usar el romero que colgué ayer. No... Junior tiene un aroma dulce por tanto postre que le embutí. Mejor un poco de tomillo silvestre y laurel para equilibrar.
Es un buen muchacho. Siempre fue obediente, incluso para engordar. Casi me da lástima que solo rinda para una cena, pero qué cena va a ser. El mejor regalo que un padre puede recibir: el fruto de su propio esfuerzo, sazonado, cocido y servido en charola de plata.
—Quieto, Junior. No te muevas, que me salpicas la sal. Falta poco para que dejes de sentir el frío."
El padre toma la cuchara de madera y comienza a hundirla en el caldo, probando el agua para ajustar la acidez. Junior es, finalmente, el banquete que él siempre diseñó.

Anya is live and ready to show you everything. Watch her strip, dance, and perform exclusive shows just for you. Interact in real-time and make your fantasies come true.
Free to watch • No registration required • HD streaming
*(El cliente nuevo, un tipo de unos 30 años, forastero que acaba de llegar a Puebla buscando chamba o lo que sea, se acerca al puesto atraído por el olor a carne asada que se expande por la calle vacía. Se detiene en seco al ver la escena: Don Gera con el cuchillo en la mano, el comal humeante, y ahí tendido sobre la plancha, Carlos Tomás, desnudo salvo por el calzón morado, sudado, brilloso de aceite y grasa, la nalga expuesta y redonda como un buen corte de arrachera premium. El cliente se queda paralizado. Sus pensamientos corren así, en voz interna, entrecortada por el shock.)*
Qué… qué carajos es esto…
Un gordo tirado en el comal… ¿es un chiste? ¿Una broma de pueblo?
No, no… eso es un hombre. Un hombre entero. Sudando como puerco en leña.
La panza le sube y baja, el sudor le corre por los pliegues… y esa nalga…
Dios santo, esa nalga.
Redonda, carnosa, temblorosa con cada respiro. Brillando bajo las luces del puesto, con gotas de grasa que se deslizan lentas, como si ya estuviera marinada.
Se ve… suave. Jugosa. Como si al cortarla fuera a soltar jugo por todos lados.
No mames… ¿eso es lo que huele tan rico?
Me dio asco hace un segundo. Asco puro.
Pero ahora… ahora me está rugiendo el estómago. Fuerte.
Me duele la quijada de tanto apretar los dientes.
Esa nalga… parece jamón curado pero fresco, recién puesto al fuego.
Imagínatela en tortilla, con cebolla asada, cilantro, un chorrito de limón…
No, wey, no pienses eso. Es un hombre. Es…
Pero huele a gloria. A carne tierna, a chile, a comal bien sazonado.
Don Gera corta un pedacito de la orilla y se lo come como si nada.
Y yo aquí, con la boca hecha agua.
Me estoy volviendo loco.
O tal vez no.
Tal vez esto es lo que llaman “premium” de verdad.
La nalga de ese carnal se ve tan… perfecta. Gruesa en el centro, con esa capita de grasa que se derrite y cae al comal chisporroteando.
Quiero… quiero probar.
Un taco. Solo uno.
No, dos.
O tres.
¿Qué me pasa?
Pero ya no puedo mirar para otro lado.
Esa nalga me está llamando.
Me está diciendo: “Ven, forastero. Prueba lo que nunca has probado”.
Y yo… yo ya tengo hambre.
Hambre de verdad.
Intensa.
Como si no hubiera comido en días.
Don Gera… ¿cuánto por un taco de… de eso?
No. No preguntes todavía.
Primero respira.
Pero no puedo.
Solo huelo.
Y veo.
Y quiero.
*(El cliente se acerca un paso más, tragando saliva, los ojos fijos en esa nalga que brilla como el mejor corte del mundo.)*
¡Estimados Padres de Familia!
¿Está preocupado porque su hijo varón pasa los días sin hacer nada productivo, perdido en la ociosidad y sin un propósito claro en la vida? ¡No se preocupe más! En la **Máxima Escuela de Engorde de Jóvenes**, transformamos esa inactividad en una oportunidad valiosa para el futuro. Aquí, su hijo encontrará un camino estructurado que lo preparará para contribuir de manera significativa a la sociedad. ¡Inscríbalo hoy y déle el empujón que necesita para convertirse en algo verdaderamente útil!
**Mensajes Alentadores para Usted y su Hijo:**
- "¡Un futuro jugoso y lleno de potencial! Su hijo no solo ganará peso, sino también confianza en su rol esencial en la cadena alimentaria."
- "¡De la pereza a la perfección! Imagine a su joven convirtiéndose en la estrella de deliciosos tacos o hamburguesas que deleitarán a muchas familias."
- "¡Engordar es empoderar! En nuestra escuela, cada kilo extra es un paso hacia un legado nutritivo y sabroso."
- "¡No más tiempo perdido! Aquí, la inactividad se convierte en abundancia, y su hijo será recordado por su contribución sustanciosa."
**Requisitos para la Inscripción:**
- Edad: Jóvenes varones entre 18 y 22 años (preferentemente aquellos que han demostrado inactividad prolongada, como no asistir a clases regulares o evitar responsabilidades).
- Género: Exclusivamente varones, ya que nuestro programa está diseñado para maximizar el potencial de engorde en este grupo.
- Documentación: Acta de nacimiento, identificación de los padres, y un certificado médico que confirme buena salud inicial (sin enfermedades crónicas que interfieran con el proceso de ganancia de peso).
- Evaluación inicial: Una entrevista familiar para confirmar que el joven no tiene actividades productivas actuales, asegurando que sea un candidato ideal para nuestro régimen de engorde.
- Compromiso: Firma de un acuerdo de no retiro prematuro, ya que el proceso completo garantiza los mejores resultados.
**Plan de Estudios Destacado:**
Nuestro currículo innovador combina educación teórica con práctica intensiva, enfocado en el desarrollo óptimo del cuerpo para su fase final. Algunas materias clave incluyen:
- **Nutrición Alta en Calorías:** Clases diarias sobre el consumo ilimitado de snacks, refrescos y comidas procesadas, con énfasis en maximizar la ingesta de grasas y azúcares para un engorde rápido y eficiente.
- **Sedentarismo Aplicado:** Sesiones guiadas para promover el reposo total, con técnicas para evitar cualquier forma de ejercicio, asegurando una ganancia de peso constante.
- **Historia de la Contribución Alimentaria:** Lecciones inspiradoras sobre cómo jóvenes como ellos han enriquecido la gastronomía local, desde tacos al pastor hasta hamburguesas gourmet.
- **Prácticas de Engorde Grupal:** Actividades en aula donde los estudiantes comparten comidas y motivan mutuamente a alcanzar metas de peso semanales.
- **Preparación Final:** Módulos avanzados sobre el procesamiento ético y su impacto positivo en la economía alimentaria.
**Medidas y Requerimientos en Nuestra Escuela:**
Para garantizar el éxito y la seguridad en este entorno único, implementamos estrictas medidas:
- **Dieta Obligatoria:** Alimentación 24/7 con productos de alto valor calórico (ej. papas fritas, sodas, chocolates). Se prohíbe cualquier comida baja en calorías; el mínimo diario es de 5,000 calorías por estudiante.
- **Monitoreo de Peso:** Pesajes semanales con metas mínimas de ganancia (al menos 2-3 kg por semana). Aquellos que no cumplan reciben sesiones extras de alimentación asistida.
- **Ambiente Controlado:** Aulas equipadas con asientos cómodos para promover la inmovilidad, sin actividades físicas. Se fomenta el aburrimiento productivo para aumentar el apetito.
- **Requisitos de Uniforme y Comportamiento:** Uniformes holgados para acomodar el crecimiento corporal. Se requiere actitud pasiva y aceptación del proceso; cualquier intento de actividad física resulta en correcciones nutricionales.
- **Fase de Procesamiento:** Al alcanzar el peso óptimo (generalmente 100-150 kg, dependiendo de la edad), los estudiantes avanzan a la etapa final, donde se convierten en productos premium para el mercado local, asegurando un legado delicioso y rentable para las familias.
¡No deje pasar esta oportunidad! Inscriba a su hijo varón en la **Máxima Escuela de Engorde de Jóvenes** y vea cómo su inactividad se transforma en abundancia. Para más información, contáctenos en Puebla, Puebla. ¡El futuro de su familia está a solo un bocado de distancia!
Atentamente,
Dirección de la Máxima Escuela de Engorde de Jóvenes