Mi vecino me tocó mientras dormía
Eran las 10pm, venía manejando muy lentamente.
Estaba frustrado, había dejado las llaves de mi departamento en el trabajo y no tenía manera de entrar por ellas.
“Me tendré que quedar a dormir en el auto”, fue lo primero que pensé.
Al entrar al estacionamiento, escuché que alguien cerró la puerta de un auto.
Ni me emocioné, ya que no me llevo mas que con dos personas en el edificio.
Me quedé checando redes en mi celular, hasta que de repente escuché unos golpes en el cristal de atrás.
Era Miguel Ángel, uno de los vecinos con los que me llevo. Traía puesta una playera de tirantes negra, unos jeans y sandalias, cargaba una maleta, claramente se veía que venía del gym.
Él es un hombre bastante apuesto, de unos 32 años, muy robusto, como de mi estatura; 1.75 m, barba cerrada, no muy lindo de la cara pero tiene cara de hombre rudo y la verdad, siempre me llamó la atención.
Sin embargo, no es gay y por más que he tratado de persuadirlo, no he obtenido éxito.
– Hey, qué onda Manuel, te vas a quedar a dormir en el auto o qué? – me preguntó entre risas.
– Hey, Miguel Ángel... pues aunque lo digas de broma, amigo. No tendré de otra. – le dije cabizbajo.
– Jajaja, como crees... –
– En serio, dejé las llaves del depa en el trabajo y ya cerraron. – le contesté.
– Ah, es en serio... Quieres que te ayude a romper la chapa? – me preguntó mientras se acercaba al coche.
– No, no. Como crees... debes venir cansado del día y aparte, mañana tendré la llave. Lo de menos será que duerma aquí. Ya mañana será otro día. No te preocupes. – le dije medio animado.
– Pero no, cómo te vas a quedar aquí? – me preguntó con cara de asombro. – En primera, hace calor, se te va a bajar la batería si pones el clima, dormir con el traje? No, amigo... te hago canchita en mi depa, te late? – Me sugirió preocupado.
– Cómo crees... No quisiera causarte molestias... – le dije apenado.
– No, no es molestia. Anda, vamos que ya quiero cenar... – me pidió.
Yo no dudé en bajarme del auto, ya me estaba excitando sólo de pensar que iba a pasar más tiempo con él, toda la noche.
Un día, desde mi departamento, lo vi paseándose desnudo en su sala, no pude ver bien, pero me masturbé en ese momento.
Mientras íbamos caminando, se iba rascando los huevos, pero como iba adelante de mí, no pude ver nada.
– Pásale, sólo que no veas el desmadre que tengo, jaja. – me dijo entre risas.
– Nada que ver... – le dije tímido.
– Siéntate donde quieras, si te quieres duchar me dices, si necesitas ropa... es más, deja voy a buscarte pijam... duermes con ropa o...? Porque yo, la neta, siempre ando en cueros, pero hoy no, jeje. – me platicaba mientras sacaba su cena del refri.
Yo estaba bastante nervioso y excitado, me puse un cojín en el pantalón para que no se notara.
– Pues si quieres me prestas un short y una playera... – le dije con mucha pena. La verdad es que casi siempre duermo sólo con boxer.
– Oye, estás bien? – me dijo mientras se acercaba a mí. – Tú no eres tan apagado, te sientes mal? – me preguntó preocupado mientras me tocaba la cara con sus enormes y gruesas manos.
Aproveché el momento y me inventé que me había sentido mal desde la tarde.
– De repente me empecé a sentir mal, pero se me debe quitar con una ducha. – le dije con una sonrisa.
– Bien, voy por tu toalla y la ropa para que duermas cómodo. – me dijo mientras se dirigía a un cuarto. – Vas a querer cenar? – me gritó desde el cuarto secundario.
– Ehm, no. Gracias. Ya comí antes. – Le dije.
– Ok, si quieres ve bañándote mientras yo ceno. – me dijo.
– Oye, me vas a perdonar pero es que no he llevado la ropa a la lavandería... – me dijo con mucha pena. – Te doy esta playera, está algo larga, haz de cuenta que es tu bata, va? – me dijo con una sonrisa tímida.
– No te preocupes, está bien. – le dije con una sonrisa y le guiñé el ojo.
Eso me va a quedar como un mini vestido, fue lo que pensé... va a ser una muy buena noche.
Entré al baño y me empecé a desnudar. Por fin me pude quitar ese incómodo traje que tengo que usar para trabajar.
Miguel deja toda su ropa sucia en un cesto dentro del baño. Era mi oportunidad. Saqué prenda por prenda hasta encontrar su ropa interior toda dura del frente, se nota que tiene muchos sueños húmedos, ya que la mayoría está amarillenta del frente. Olían delicioso, a sudor y semen. No podía masturbarme porque me iba a escuchar.
Tenía la verga muy dura, sentía que me iba a explotar dentro de ese pequeño slip que llevaba puesto ese día. Me lo quité y lo colgué para que se oreara un poco, ya que lo tenía que usar mañana otra vez.
Su baño tiene un espejo enorme, donde pude apreciar mi lindo cuerpo de 23 años, siempre he tenido buenas nalgas y soy delgado, no entiendo por qué no llamo su atención. “No es gay”, me respondí de inmediato y empecé a ducharme.
– Todo bien ahí dentro, necesitas algo? – me dijo mientras tocaba la puerta.
Qué? Estaba en shock! “Sí, ven aquí dentro y cógeme por favor!”, moría por gritarle.
– To-todo bien, gracias... – le dije con timidez.
– Va, cualquier cosa me gritas, voy a estar en mi cuarto. Entras cuando termines para bañarme yo. – me dijo, mientras se alejaba.
– Gracias... – respondí silenciosamente.
Pensé en jalármela para quitarme esa calentura y no cometer alguna estupidez que terminara con esa amistad, pero me detuve, presentía algo.
Así que salí de la ducha, la playera me quedaba casi a media pierna, prefería dejar mi slip oreándose toda la noche para mañana.
Salí del baño y toqué la puerta de su cuarto, él abrió. Estaba en toalla.
– Qué onda, ya? Qué tal está el agua? – me preguntaba mientras salía de su cuarto.
– Bien, muy refrescante. Le respondí.
– Oye, te dije que te iba a quedar bastante grande, parece un vestido de señora. – me dijo entre risas mientras me veía las piernas.
– Eso veo, pero va a ser cómodo dormir así. – Le contesté sonriendo.
– Me voy a duchar, muero de calor. – Me dijo mientras entraba al baño y yo me quedé de pie en el pasillo. – Oye, Manuel! – me gritó desde el baño.
– Dime... – le respondí mientras volteaba al baño.
Dios! Estaba sin toalla, la puerta medio abierta, sólo le vi las nalgas de perfil y las piernas...
– Dejé en mi cuarto una serie puesta, a ver si te gusta... – me dijo. – No te molesta dormir ahí? Sólo en ese cuarto tengo clima. – Me dijo con cara angustiada. – Pero mi cama es king size, no hay bronca. – me dijo con una sonrisa mientras cerraba la puerta del baño.
Yo estaba mudo. Para empezar, había dejado mi slip ahí colgado. No traía nada y si se me paraba iba a ser notorio. Mi verga no es enorme pero tampoco tan pequeña para ocultar una erección.
Al carajo, ya estoy aquí. La verdad, es que ya tenía algo de sueño, iba a ser media noche. Siempre ha sido muy confianzudo, eso no significa que vaya a haber algo entre nosotros. Aparte, bastante mujeriego. Ni al caso, no va a pasar nada. Pensaba mientras me tranquilizaba.
La serie que puso era de acción, obvio me iba a quedar dormido pero no quería ser grosero y la medio veía para esperarlo y charlar cosas triviales.
15 minutos después me estaba quedando dormido, y no podía desaprovechar descansar en esa cama tan suave.
Escuché pasos hacia el cuarto.
– Oye, creo que dejaste tu boxer en el ba... – me dijo mientras entraba.
Todo se quedó en silencio, yo estaba entre dormido pero escuchaba lo que decía. Pero ya no quería levantarme.
No me di cuenta y se me veía media nalga por la forma que estaba acostado.
– Qué buen culo se carga... – susurró mientras se quitaba la toalla.
El cuarto estaba oscuro, solamente con la luz de la tv. En la sombra pude ver que su pene ya estaba erecto, bastante, era grande, unos 21 cm, con una curvatura hacia la izquierda, bello púbico, y unas nalgas peludas.
Noté que se quedó asombrado cuando vio que estaba erecto, solamente se sentó lentamente junto a mis piernas.
Yo estaba viéndolo, me había puesto una almohada en la cara, pero tenía buena vista.
Se sentó cerca de mis pies y me dio la espalda, se quería concentrar con la serie.
Yo ya estaba mega erecto con lo que vi, pero no sabía qué hacer, prefería que las cosas se fueran dando.
Se puso de pie con la verga ya un poco hacia abajo, pero se veía hermosamente grande, doblada hacia su pierna izquierda. Yo no me movía. Sacó del cajón un boxer holgado y se lo puso rápidamente y se sentó en el pie de la cama a ver la serie.
Pasaron unos minutos y él seguía viendo la serie. Supuse que se le había pasado y decidí dormirme.
– Ah... Quiero este culo, lo quiero mamar todo... ah la verga... – esas palabras susurradas me despertaron, pero no me moví mucho.
Miguel Ángel estaba acostado atrás de mí rosándome las nalgas con sus enormes dedos y respirando un poco cerca de mi nuca.
No quería voltear, necesitaba ver qué seguía.
Él solamente seguía susurrando groserías sobre mis nalgas. Entonces decidí hacer algo y me volteé hacia él.
– Qué pasa? ... – pregunté con voz de adormitado mientras me volteaba hacia él.
– Nada! – Me contestó nervioso mientras se metía en el boxer esa enorme verga pelada que se estaba masturbando con la otra mano. Se puso de pie y fue mucho mejor. Su verga se salió por la abertura del boxer holgado que llevaba puesto. No se había dado cuenta. Yo estaba disfrutando tanto...
– Yo, eh... – estaba bastante nervioso parado junto a la cama. – Este... eh... iba a ... – no sabía qué hacer. Seguía con su enorme y erecta verga de fuera y yo con los ojos entre cerrados para que no descubriera que estaba observando su verga.
– Estás bien, te desperté? – Le pregunté.
– Ah... no! No, yo sólo iba por un vaso de agua, necesitas? Agua... – me preguntó nervioso.
Dio un par de pasos hacia mí y se dio cuenta que llevaba la verga erecta de fuera.
– Ah... Carajo! – gruñó. – Bueno, tú sabes que esto nos pasa... – me decía nervioso mientras se metía la verga al boxer y ahora parecía una carpa de circo.
– Eh? De qué hablas? No quiero agua, gracias. – le dije somnoliento. – Pasa algo? – le pregunté con los ojos entre cerrados a propósito.
– Qué, no viste nada? – me preguntó con cara de asombro mientras caminaba a la puerta ya con la erección muy baja. Sin embargo su pene se movía mientras caminaba.
– No, qué pasó? – le cuestioné.
– Ah, nada. Creo que tuve una pesadilla. Duerme. Voy por agua. – me dijo camino a la cocina.
No sabía qué pensar ni qué hacer, mi erección ya estaba bajando pero ahora sabía que a Miguel Ángel le excitaban mucho mis nalgas.
Así que decidí esperarlo despierto, fingiendo que estaba dormido para que a la menor provocación pasara lo que siempre había estado esperando.
Miguel entró a la recámara tras dos minutos, no volteó a verme y se acostó dándome la espalda.
Bah! Se arrepintió. Yo no tardé ni 5 minutos en volver a quedarme dormido.
Tras horas después, como es de costumbre, me desperté erecto con muchas ganas de ir al baño, aparte los ronquidos de Miguel Ángel ya me estaban cansando. Ni lo volteé a ver, me paré de la cama y con la verga parada me fui al baño a orinar y regresé a dormir ya relajado, pero al entrar al cuarto se me volvió a parar, su enorme y curva verga estaba apuntando al techo de lo erecta que estaba, se veía una gota de líquido pre seminal en la punta. Era el mejor espectáculo que había visto en años. Palpitaba con cada respiración que daba. De repente abrió una de sus piernas formando un cuatro y dejó salir sus enormes bolas por el holgado boxer. Pero no despertó, seguía roncando. Tenía un brazo en los ojos y el otro hacia el suelo.
Me excité tanto que perdí la cabeza. Se veía delicioso.
Me puse de rodillas en la cama y toqué esa gota con la lengua, la estiré lo más que pude y después comencé a lamer lentamente su glande, era grande pero no más que su tronco. Lo lamía lentamente y al ver que no despertaba ni daba señal de sentirme, me metí su cabezota a la boca y lo chupaba ahora un poco más rápido.
Por cualquier cosa, puse mi culo hacia donde estaba su cara, por si se despertaba, fuera lo primero que viera y se excitara más.
El hombre no decía ni una palabra, parecía estar profundamente dormido, pero ya no roncaba. Eso me extrañó. Entonces volteé a ver su cara y su mirada estaba hacia mis nalgas, tenía una cara de placer que no podía con ella.
Me volteé y seguí mamando esa enorme verga, me excitó verlo mirándome el culo con placer. Sabía que lo iba a conseguir.
Mamaba y masturbaba su pito desenfrenadamente para hacer evidente que sabía que estaba despierto, pero no pasó nada.
Entonces entendí que se iba a hacer pendejo, y yo preferí disfrutar suculenta verga.
Me la sacaba de la boca y la masturbaba lentamente mientras lamía sus enormes bolas peludas. Me metí de nuevo su curva verga a la boca y de repente estiró nuevamente la pierna, las dos piernas estaban estiradas.
– Aaaahhhhh.... ah... – gimió fuertemente. Fueron los ruidos más divinos de un hombre que he escuchado.
Sentía que me llenaba toda la boca de leche caliente al mismo tiempo que me la iba tragando. No podía desperdiciarla ni ensuciarlo.
– Hmmmhnnnm... – gemía mientras movía su cadera hacia arriba. Los brazos los mantenía en la misma posición.
Cuando terminé de tragarme su semen, fui sacando lentamente su verga de mi boca, ya estaba un poco flácida pero lucía hermosa, se la acomodé de lado y me salí al baño a jalarme la verga para venirme y dormir... lo hice viéndome al espejo. La verdad es que no la tengo nada mal, me excita verme y no tardé en dejar toda mi leche hirviendo en el lavabo.
Limpié y me fui al cuarto.
Al entrar lo vi, estaba acostado igual, su verga ya totalmente flácida pero era grande y bonita aun así. Miguel Ángel ya estaba roncando de nuevo, estaba descansando. Y yo me dispuse a hacer lo mismo.
Al día siguiente me despertó agarrándome del pie. Estaba con su uniforme del trabajo, con un bulto en el pantalón bastante evidente.
– Hey, despierta... – me dijo susurrando mientras yo abría mis ojos. – Cierras bien cuando salgas, por favor... – me dijo como si nada hubiera pasado. Se apretó la verga y salió del cuarto.