Si estás leyendo estas palabras, eso quiere decir que salí a una misión para defender y protegerte a ti y a Camelot... pero no logré regresar.
Le pedí a Gaius que te entregara esta carta si yo no regresaba en dos semanas aproximadamente, confiando en que sería tiempo suficiente para volver, pero creo que no fue posible y no pude regresar a ti. Perdóname.
Se que te preguntarás el por qué tendría un simple sirviente que salir a detener alguna clase de peligro para el reino y para ello déjame contarte uno de mis secretos mejor guardados, aunque insistieras en que no sabía mentir.
Solo espero que no me odies, por favor.
En una ocasión me dijiste que había algo sobre mí que te desconcertaba de alguna manera pero que no podías adivinar que era.
Supongo que no es normal que un sirviente acompañé a su amo al campo de batalla o en alguna misión; pero sabes que nunca hice lo que me pedías.
Soy un brujo, Arthur. Lo he sido toda mi vida pues nací con magia, mamá dice que solía mover y levitar cosas antes de caminar. No es algo que escogí y no fue sencillo crecer con ello, he vivido con miedo todos los días, no solo por mi sino por quienes me rodean, especialmente por mi madre... y por ti.
No puedo pedirte que no me juzgues, porque sé que lo merezco, pero te pido que me escuches o bueno, mejor dicho que leas mis palabras hasta el final.
Se lo que estás pensando y no, jamás te traicioné y nunca hice algo en contra de ti. Te oculte una gran verdad y una parte importante de mí, ciertamente es algo de lo que me arrepiento, pero jamás te traicione. Nunca podría hacerlo.
He cometido errores, pero solo he intentado protegerte a ti y a Camelot.
Mi madre desde pequeño me dijo que tenía que mantener mi magia oculta de los demás por mi seguridad, pues estaba prohibida y Ealdor es una villa pequeña justo al borde de dos reinos. Además la mayoría de las personas ahí me veían diferente por ser un bastardo, que supieran de mí magia habría sido peor.
Con los años aprendí a ocultarlo, pero a veces era algo descuidado y fue así como Will lo descubrió; sólo él y mi madre eran las únicas personas que lo sabían.
Llegó un punto en que me costaba un poco más controlarla, era como si quisiera salir libremente, podía y todavía puedo sentirla como corre por mis venas, como forma parte de mí. Mamá me envió a Camelot con la esperanza de que Gaius pudiera ayudarme a retomar el control, ella decía que era un don más que una maldición.
Fue aquello lo que me trajo aquí hace tantos años y a decir verdad lo recuerdo con claridad. Como olvidar que en mi primer día en La Ciudadela cuando presencie la ejecución de un joven por practicar magia. Solo podía pensar en que me había metido.
Así fue como comenzó mi vida en Camelot, viviendo en el corazón de un reino en el que mi simple existencia estaba prohibida y podría llevarme a la muerte.
Después fue cuando te conocí. Eras un idiota engreído en aquel entonces, ahora solo eres un idiota a veces.
Una de esas primeras noches fue que conocí al Gran Dragón que estaba en la cueva debajo del castillo, Kilgharrah es su nombre y me hablo de mi destino y del tuyo, de nuestro futuro en conjunto y a decir verdad no le creí al principio.
¿Cómo creerle que mi destino era ayudarte a ti, Príncipe de Camelot a convertirte en el más grande Rey que se ha conocido y que uniría los reinos de Albion?
Dos lados de la misma moneda, así nos llamaba el Gran Dragón y mi madre cuando te conoció.
Realmente pensé que había perdido la razón Kilgharrah por la soledad. Cuan equivocado estaba yo.
Constantemente me preguntaba cuál era el motivo de que tuviera magia si no podía utilizarla libremente, si no podía ayudar a los demás con ella, hacer algo bien con aquello que muchos temían.
Cuando tu padre me nombró tu sirviente personal fue que encontré un propósito para ello, podría cuidarte de quien intentará hacerte daño. Mi magia te protegería.
Así empezó aquella digamos que doble vida, solo me veías como un sirviente un tanto irrespetuoso que nunca hacía lo que se le decía, acompañándote a donde fueras sin importar el peligro y no lo hice por deber, lo hice por elección propia, siendo sincero y a decir verdad Arthur lo volvería a hacer sin pensarlo.
Fue de esa manera en la que comencé a conocerte y a darme cuenta del hombre que eras en realidad y en el que te convertirías. Estoy orgulloso del hombre que eres Arthur, del Rey justo y sabio que has llegado a ser para Camelot y para Albion.
En cada ataque de algún hechicero o criatura mágica siempre estuve a tu lado protegiéndote desde las sombras, no estaba escondiéndome de los bandidos en el bosque durante una emboscada, ¿de dónde crees que provenían todas aquellas ramas que convenientemente se rompían y golpeaban a los enemigos? Las empuñaduras de las espadas no suelen quemar sin razón alguna.
Era yo. Cuidando de ti y de los Caballeros. Necesitaba protegerlos a ustedes, se convirtieron en lo más cercano a una familia para mí.
Protegerlos se convirtió en mi misión.
Aunque falle en proteger a alguien, Morgana.
Gaius sospechaba respecto a su magia y trataba de protegerla de Uther, cuando yo lo supe quise decírselo a ella, quise enseñarle y mostrarle que no debía temerle a su don, que ella y yo éramos iguales y no estábamos solos en esto; fui yo quien le dijo dónde y cómo encontrar a los Druidas, sin embargo nunca le dije sobre mi magia, estuve a punto de hacerlo cuando la vi tan asustada y temerosa, pero el Gran Dragón decía que no debía hacerlo ya que ella traería el caos y destrucción a Camelot.
Después fue cuando Morgause apareció y todo cambió, se acercó a ella y le dijo aquello que yo no me atreví, pero sus intenciones no eran buenas. Cuando aquel ejército atacó Camelot y todos estaban bajo el hechizo durmiente, la razón por la cual Morgana no cayó bajo sus efectos fue porque Morgause enlazó el encantamiento a ella, la uso como un recipiente.
Tuve que tomar una difícil decisión de la cual me he arrepentido desde aquel día.
Envenene a Morgana, traicione la confianza de una de mis mejores amigas para obligar a Morgause a romper el hechizo.
Ese es el motivo por el cual desapareció, fue mi culpa.
A su regreso me di cuenta que ya no era aquella dulce joven que conocíamos y queríamos. Era cautelosa y precavida cerca de mí, quise explicarle y disculparme con ella, pero fue entonces que descubrí que estaba conspirando con Morgause para matar a tu padre y quedarse con el trono.
Constantemente me pregunto qué fue lo que ella hizo para corromperla de esa manera, pienso en que mi traición también tuvo algo que ver.
Ahora la venganza y el odio se han apoderado de su corazón, aun así, conservo la esperanza que regrese a nosotros la hermana con la que creciste. Aquella joven de noble corazón y sentimientos, tan leal y testaruda como solo ella podría ser.
De no ser así, sé que podrías detenerla, aunque te cueste tomar esa decisión, lo sé. Para ello necesitarás a Excalibur, tu confiable espada; Morgana no puede morir por el filo de un arma mortal, es una Sacerdotisa de la Antigua Religión y por ello requiere una espada con diferentes propiedades, Excalibur contiene un gran poder, fue forjada con el aliento del Gran Dragón.
Dentro de los secretos que he guardado, debo decir que en Camelot únicamente sabían de mi magia son Gaius y Lancelot, yo no se los dije tal cual, sino que lo descubrieron y ciertamente pienso que Gwaine también lo sospecha. Lancelot se llevo aquel secreto mío consigo a la tumba.
Pero tú Arthur eres la única persona a quien se lo he dicho por voluntad propia. No es la manera en la que hubiera deseado hacerlo, pero ya no tuve otra alternativa.
Se que en un par de ocasiones has escuchado hablar de Emrys, aunque tal vez no lo creas, pero es el nombre con el cual los Druidas me llaman, uno que lleva un título y una gran responsabilidad que a veces puede ser abrumadora, entiendo el peso que llevas sobre tus hombros.
Debo decir también que el Gran Dragón, Kilgharrah sigue con vida, pero no te preocupes no atacará a Camelot nunca más, aquella noche en el bosque no lo mataste, cuando quedaste inconsciente el hijo de Balinor le ordeno dejar el reino en paz y marcharse perdonándole la vida, pero que si hería a alguien más no tendría la misma compasión. Se que piensas que como es posible aquello, ya que Balinor había muerto y era el último de los Dragonlords, pero lo que nadie sabía ni siquiera él mismo, es que tuvo un hijo. Cuando murió sus poderes se transfirieron a su único hijo quien supo la verdad sobre su padre unas horas antes de conocerle por primera y única vez.
Balinor era mi padre. Conoció a mi madre cuando Gaius lo envió a Ealdor para refugiarse ahí y ambos se enamoraron; tuvo que huir unos meses después cuando los Caballeros de Camelot lo buscaban y se acercaron a la villa, escapó en mitad de la noche para proteger a mi madre, sin saber que tendría un hijo.
Es por ello que lloré su muerte, por que perdí al padre que nunca conocí y soñé hacerlo desde pequeño, preguntándome porque no estaba conmigo, fue un buen hombre que me protegió antes de nacer y lo hizo en sus últimos momentos.
Ahora finalmente ha muerto el último de los Dragonlords conmigo.
Se que no puedo pedirte que no me juzgues y que no me odies, por lo que he hecho, lo único que te pido es que por favor cuides de mi madre, ella no tiene la culpa de nada.
Todo lo que alguna vez hice, fue por ti. Mi magia es tuya y solo la utilizo para ti, para protegerte a ti y a Camelot, a lo que se convirtió en mi hogar y no me refiero únicamente a un lugar.
Tal vez, viendo que no regresaré y ya no podré volver a verte de nuevo, sea mi única oportunidad para contarte algo más.
Por último, te confesaré el secreto que guardé más re celosamente que mi propia magia, no por que fuera prohibido sino por que decidí poner la felicidad de la persona más importante para mí antes que todo y no me arrepiento de ello. Confesar mis sentimientos habría sido un tanto egoísta de mi parte. Solo deseo su felicidad, aunque no sea conmigo.
El motivo por el cual decidí permanecer a tu lado en todo momento, a través de cada obstáculo y dificultad, acompañándote en cada aventura y protegiéndote desde las sombras, la razón de mi dedicación y lealtad hacia ti no es por una profecía, el destino me trajo a ti, pero fui yo quien decidió quedarse a tu lado por una razón que va más allá de lo comprensible, que a veces me cuesta trabajo entender y poner en palabras, pero que de cierta manera tiene sentido.
Tal vez el destino realmente sabía lo que hacía cuando cruzó nuestros caminos.
No podría decir con exactitud en qué momento ocurrió, simplemente un día me di cuenta de ello y aunque me doliera ocultarlo, sabía que era lo correcto. Verte con alguien más me lastimaba, pero lo hice de todas maneras. Lo hice por amor.
Me enamoré de ti Arthur. Lo he estado desde hace años.
Nunca te lo dije por temor a que, al no ser correspondidos de tu parte, cambiara de alguna manera nuestra amistad. Temía que me alejaras. Fue por ello que decidí guardar aquel amor hacia ti aún más que mi magia. Pude ver cómo te enamoraste de Gwen aunque intentaras ocultarlo, sabía que ella era la mujer indicada para ti. Aunque me doliera verte a lado de alguien más, me alegraba que fuera ella a quien escogiste amar. Es una mujer increíble y realmente estoy feliz por los dos. Tu felicidad es mi felicidad.
Mi destino era estar a tu lado y ayudarte a unir Albion, a convertirte en el Único y Futuro Rey de Albion, pero no de esa manera y está bien. De verdad.
Nací para servirte, Arthur. Estoy orgulloso de ello. No cambiaría ni un solo momento. Estoy feliz de ser tu sirviente y amigo hasta el día que muera. No podría estar más orgulloso del hombre en el que te convertiste, mi Rey.
Ojalá algún día puedas perdonarme por ocultarte la verdad.
Se feliz Arthur, hazlo por mí. Mantente a salvo, que donde quiera que yo esté, te estaré protegiendo.
Algún día nos volveremos a ver, mi querido dollophead.