‘ ¡no dije que quieras conocerme dije que no me conoces, tonta! ’ gritó eufórico, impasible ante la idea de no haber sido entendido cuando había hablado con claridad, ¿es que acaso le costaba oír? ¿estaba tan alta la música? ¿era sorda? ‘ ¡ignorante yo no soy, señora! y claro, si eso te sirve para no sentirte anciana me parece perfecto, ¡dicen que el niño de adentro jamás muere! ’ prosiguió entonces ya no teniendo muy en claro si sus intenciones eran burlarse y reírse de ella o devolver cada ofensa que se le fue ofrecida. ‘ sí, a las viejas todo le queda precioso ’ insistió en ello porque aún se encontró lamiendo esa herida que ocasionó la muchacha, su ego siendo el más lastimado. ‘ si te pones mis sandalias seguro te sentirías como tú de nuevo, ¡estás las usan los abuelitos en los geriátricos! ’ continuó, decidiendo obviar las otras incisiones que su compañera pretendió ocasionar y, continuamente, cuando el dramatismo adornó la reacción contraria pudo confirmar su raciocinio reciente y una curvatura amplia, de oreja a oreja, se formó sobre sus labios; orgulloso de su capacidad de deducción — ¡ay, somi, eres tan autentica! no obstante, cualquier rastro de esa sonrisa fue borrada cuando el ramo de flores aterrizó sobre su rostro, lo atrapó antes que alcance el suelo y retrocedió un paso en consecuencia al impacto. ‘ ¡estás loca! ’ exclamó sorprendido, se imaginó que se enojaría, por supuesto, pero tampoco que llegase a ese extremo. frunció su ceño y apretó con fuerza el ramo ahora atrapado en su diestra. ‘ ¡¿cómo me vas a lanzar esta porquería?! ¡¿y si me sacabas un ojo?! ¡eres una inconsciente e insensible! ’ reprochó, toda gracia que había cabido en su cuerpo se disipó. somi tenía ese efecto en él. ¡y es que a veces resultaba tan insufrible! ¡era insoportable! ‘ ¡tu vestido es una horror como tú y seguro costó menos que mi sandalias, princesa de la ridiculez! ’ devolvió, ¿le había dicho pobretón de cuarta? ¡ah, enserio sabía cómo provocarlo! ‘ ¡qué la menciones no la hace sentir nada porque está muerta, insensible! ¡ten un poco de respeto! ’ se acercó, acortó distancia ensimismado en su cólera, gritando, chillando de la misma manera que ella y bien sabiendo que estaban montando un espectáculo para cualquiera en su entorno. pero no, eso no le importo. ‘ ¡piensa un poco por el amor a merlín! ¡¿cómo no puedes darte cuenta que no debes decir esas barbaridades?! ¡los muertos se respetan y tú no eres nadie para hacerlos menos con tus comentarios y tus tonterías! ’ para ese entonces todo su rostro estaba teñido de carmesí, no podía tolerar más comentarios como esos. no entonces cuando la idea de que hablen así de sus tíos se le instaló en su raciocinio, provocando tanta impotencia como la que pudo compartir. ‘ ¡claro que debería darte vergüenza! eres una mal aprendida porque estoy seguro que tus papas intentaron educarte bien pero… ¡já, les saliste medio torcida! ’
la situación se le está saliendo de control, y apenas lo nota. no es capaz de reconocer las advertencias que aparecen en su cabeza como letreros rosados de luces neón, pidiéndole silenciar las palabras que fluyen fuera de su boca. el filtro que generalmente se muestra escaso, desaparece por completo de vocablos que utiliza como arma. ¡y cómo no! si cada cosa que le escucha decir al otro es una ofensa hacia su persona. ‘ ¡deja de llamarme anciana, maldito pobretón! ¡¿cómo te atreves a tratarme de tal forma?! ’ los pisotones contra el suelo se vuelven más fuertes, ignorando las punzadas que comienzan a atrapar a sus pies. porque no mide la fuerza ni la intensidad de sus acciones, cegada por el filtro rojizo al que llama cólera. ‘ ¡ojalá te hubiese sacado un maldito ojo! ¡¡aunque el favor deberías hacérmelo tú a mí para dejar de ver tu horrible y patética existencia!! ’ de nueva cuenta deja que las palabras se traduzcan como una ofensa al contrario, importándole poco identidad que se esconde debajo de disfraz. porque en su mente no es otra cosa que un enemigo, ¡una molestia que le arranca todo rastro de felicidad! por eso lo fulmina con la mirada y se arranca la corona, lanzándola contra los pies de youjin. los pequeños diamantes se despedazan con el impacto, enviando a volar decenas de pequeños fragmentos que crean una cortina brillante entre los dos. y en el espacio que los separa yace también su habla, arrebatada por las palabras que la impactan como púas. los movimientos de sus brazos se detienen de un segundo a otro, y la expresión de odio en su carita se convierte en un lienzo completamente vacío. ¿por qué? porque ha dado justo en el blanco, ahí donde duele. antes de que lo note siente su rostro húmedo, enjuagado por las lágrimas que comienzan a salir. ¡¿cómo puede ser tan tonta?! dorso de diestra arremete contra mejilla, buscando eliminar los rastros de su llanto; pero por más que lo intenta las lágrimas siguen bajando por su mentón, volviéndose más difíciles de controlar. ‘ ¡mis padres no tuvieron tiempo de educarme porque siempre estuvieron ocupados amasando una fortuna que tú nunca conocerás! ’ le grita con todas sus fuerzas, ignorando las miradas que se posan en los dos. ‘ ¡¿qué vas a saber tú de cómo intentaron educarme mis padres?! ¡a ti qué te importa, maldito idiota! ’ porque a pesar de la vida de color de rosa y el cuadro de familia perfecta que menciona siempre, la realidad es otra. la atención de su padre siempre se ha resumido a cartas semanales y una cuenta bancaria repleta de galeones, y el afecto de su madre no es otra cosa que una constancia pedida a gritos. porque fingir que todo está bien siempre ha sido mejor que admitir que no echa en falta lo que siempre exige, esa atención que consigue a costa de terceros. pero rara vez de su propia sangre. ‘ ¡¿por qué tengo que pensar en los muertos si ellos no piensan en mí?! si están muertos es por algo, ¡y no es mi problema el porqué hayan abandonado la tierra! ’ se excusa, colérica, sorbiendo su nariz sin darse cuenta de lo que le dice. o confiesa. bebida se ha colado en su sistema, saboteando un reto que cumple sin siquiera intentarlo: contarle un secreto nunca antes dicho. ‘ ¿qué quieres que te diga ahora? ¡¡vuelve a mencionar la crianza de mis padres y te hundiré aunque sea lo último que haga!! ’ condena, cerrando los puñitos a los costados de su cuerpo.