—Como si te…— se corta, confusión impresa en sus facciones mientras niega débilmente, sin saber realmente qué tipo de emoción atribuir a emoción que nota en el rostro del rubio, condición mental y física que no se encuentra al cien por ciento, y debería ser razón suficiente para no hacerle intercambiar palabra alguna con Caiden. Como si te preocuparas por mí, como antes, queda intención de añadir, una que -agradece- no escapa de sus labios, prueba suficiente que tiene a sí mismo de que, como mínimo, aún existe cierto autocontrol que no ha sido barrido por shock y confusión de percance. —Como si me fuera a pasar algo,— termina por soltar con sutil indiferencia, como si la posibilidad fuera lejana, como si gravedad de golpes en la cabeza careciera de importancia para el mayor de los Hynsen. Y sabe, realmente, que no es el caso, pero se siente lo suficientemente despierto como para siquiera considerarle digno de preocupación propia o contraria. —No. No me van a dejar de joder por un mes entero, de todas formas,— conocimiento de personalidades de los mencionados es suficiente como para saberlo, consecuencias de su falta de concentración significando pérdidas para organizador y patrocinador que se vuelve prácticamente imperdonable. Suspira con pesadez, vulnerabilidad que siente y no agradece, ayuda que cuesta aceptar pero que tampoco está en condiciones de negar, con todo y lo mucho que cuesta. Se ve a sí mismo asintiendo con reticencia, dando silenciosa razón a lo que se siente como detestable orden contraria. Toma respiración profunda y toma la mano que es extendida, mueca de malestar que no puede contener cuando se pone de pie y la cabeza le da vueltas, costándole dejar ir dígitos ajenos por un par de segundos antes de negar a pregunta formulada, simplemente esperando que a quien fuera que el otro había llamado no tardara demasiado, la perspectiva de llegar a casa siendo terriblemente apetecible en ese momento.
Apenas la puerta se cierra tras de ellos, puede notar pesar sobre sí disminuir ligeramente (tanto como presencia contraria le permite, al menos), suspiro pesado que escapa de sus labios mientras se dirige lenta pero directamente al gabinete principal de su cocina, donde encuentra necesitado medicamento que tarda apenas un par de segundos en tomar, finalmente orbes buscando la presencia del rubio, aquella que se le antoja extraña en un espacio que antes parecía ser dominado por él, recuerdos que se agolpan en su cabeza y que no hacen nada por mejorar dolor molesto contra su sien, rictus de dolor que afecta sus labios antes de pronunciar en voz ronca, gravedad puesta en tono: —No tenías que hacer esto, ¿sabes? Pero –gracias.
Curioso como todo el camino al departamento del contrario parecía sentirse totalmente foráneo a situación que comenzaba a tejerse entre ambos, motivación principal siendo la inminente preocupación que suscita estado contrario, aquella que ha sido aliciente suficiente como para empujarle a dejar de lado asuntos pendientes con todos aquellos que suponen el negocio de las carreras, desaparecer sin dar mayor aviso hasta encontrarse compartiendo asiento trasero de vehículo particular con el mayor de los Hynsen. Es consciente todo trayecto de contacto que supone anatomía propia con la del corredor, dígitos que inevitablemente buscan cerciorase de que el otro esté bien durante el camino, que contusión en cabeza no haya sido algo mayor, algo que hiciera perder consciencia, otorgando constante presión contra mano del menor, contra su rodilla, su brazo; atento a cualquier señal o movimiento de parte del otro. Y si bien en todo el viaje se sentía como un extranjero, casi como estando fuera de corporalidad propia, es ridículo como, aún cuando habían sido meses ( si no es que más de un año ya ) en los cuales no había puesto un pie en hogar ajeno, recuerda el lugar a la perfección y parece sentirse totalmente a gusto en aquel espacio, casi como si aquel caótico intermedio jamás hubiese tenido lugar. Le sigue a la cocina, apoyándose en el marco de la puerta en tanto observa movimientos ajenos sin saber muy bien qué hacer; porque sensato sería largarse, quizá realmente asegurarse de que el otro estuviese bien, alertar a alguna de las hermanas del contrario e irse a casa, pero sabe que no podrá dormir en paz cuando posibilidad de alguna consecuencia de accidente termine por presentarse de manera tardía y encuentre al otro en soledad ( ¿es esa una excusa o algo más? ). Siguientes palabras de Grayden son las que le hacen acercarse, otorgándole valor para tomar mentón ajeno y obligarle a mirarle, en tanto se encarga de inspeccionar facciones contrarias, su cabeza buscando cualquier marca del accidente. “Quería hacerlo, estaba preocupado.” murmura, en cercanía siendo testigo de brillo que acaricia cabellera contraria. “Dios, tienes cristal en tu cabeza.” hastío que realmente no está cargado al contrario sino más bien a la situación, termina por salir a flote cuando delicados movimientos de sus dedos intentan apartar aquellos remanentes de accidente. “Tu ropa debe estar igual.” cae en cuenta, parpadeando un par de veces antes de dejar ir tacto propio de facciones contrarias, dando un paso hacia atrás antes de atreverse a hablar. “Necesitas un baño.” exclama, tomando la mano del contrario y jalándole para que le siga hacia el baño.